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SACO. CINCO AÑOS DE GESTIÓN DE ARTE EN EL DESIERTO

La Semana del Arte Contemporáneo (SACO) se ha consolidado como un importante evento en el panorama cultural chileno. Son ya cinco años de recorrido de esta iniciativa que se despliega por la región de Antofagasta, en el norte de Chile, impulsado por el colectivo autónomo SE VENDE Plataforma Móvil de Arte Contemporáneo, que opera desde hace 12 años bajo la dirección de Dagmara Wyskiel y la producción de Christian Núñez.

Este año tuve la oportunidad de viajar y conocer de cerca SACO, que como un ente vivo en medio del desierto ha sobrevivido y crecido en circunstancias adversas: un área geográfica, socio-política y cultural en la que a veces pareciera que todo se ha echado al olvido, donde la escuela de arte más próxima está a poco más de mil kilómetros de distancia -en la ciudad de Valparaíso-, donde los recursos de todo tipo son escasos, con excepción del humano.

SACO se ha convertido así en un núcleo permanente de reflexión, crítica y diálogo a través de la obra de arte, en un territorio marcado por la inexistencia de instituciones dedicadas a perseguir estos fines. Ha suplido la carencia histórica de una política pública dirigida a la formación de artistas y puesta en circulación de obra. En la mismísima capital mundial de la minería de cobre, propone como alternativa profundizar en excavaciones no menos valiosas, ni menos urgentes y de una riqueza renovable: la creatividad y el diálogo.

Esta labor se ha ido perfilando rigurosamente a través del tiempo. SACO no sólo representa a este punto una exhibición de artistas tanto de la región como de diversos países, sino que su nombre ha pasado a ser sinónimo de gestión estratégica pero a la vez sensible. Junto a la plataforma de exposición, y como parte de un programa mucho más amplio, SACO viene desarrollando desde el inicio una residencia en Quillagua, un poblado aymara ubicado a 280 kilómetros al norte de Antofagasta, con 120 habitantes (según el último censo), conocido ampliamente como “el lugar más seco del mundo”.  Tanto la residencia como la exhibición tienen presentes el uso del espacio público u operaciones desde el territorio, apuntando siempre a una incidencia efectiva y afectiva en la sociedad y el contexto en que se desarrollan.

A lo largo de todo el año desarrolla además programas de educación y formación, actividades gratuitas con el público -como visitas guiadas que involucran establecimientos educacionales-, conferencias y talleres para abordar los procesos de obra o temas relacionados con la práctica artística en sus manifestaciones más amplias, actividades todas que se sistematizan y consolidan a partir de este año en el Instituto Superior Latinoamericano de Arte (ISLA). Esta instancia formativa y autogestionada de SE VENDE propone generar redes y audiencias, acogiendo proyectos que provoquen movilidad cultural en la ciudad, siendo al mismo tiempo un Centro de Residencias Artísticas que se proyecta bajo un modelo de autosustentabilidad. Ocupa una casona en el centro sur de Antofagasta y este año está recibiendo a diversos actores culturales provenientes de lugares como Tocopilla, Calama, Berlín y Londres. Ante la falta de escuelas de arte y espacios de formación en la región, ISLA representa un paso lógico y consecuente con la trayectoria de SE VENDE.

Al ritmo de su crecimiento de los últimos sus cinco años, el proyecto SACO ha ganado la colaboración y el compromiso de patrocinadores y aliados tanto públicos como privados, como Minera Escondida (operada por BHP Billiton), el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), Fundación Ruinas de Huanchaca, MINEDUC Antofagasta, el Consejo Regional de la Cultura y las Artes de Antofagasta, el Museo de Artes Visuales (MAVI), la feria de arte FAXXI, la Corporación Cultural PAR y escuelas municipales.

Multicultural, transdisciplinario  y de carácter nómada, SACO apunta a integrar y poner en diálogo los contextos barrial, ciudadano, regional, nacional e internacional mediante el cruce de experiencias de carácter colaborativo, abordando siempre, a través de la mirada de artistas, curadores e investigadores, temas contingentes como la política, el patrimonio, aspectos de carácter sociológico, el medio ambiente, la emergencia de gestiones de arte autónomas en regiones o en zonas periféricas a los epicentros, o la crisis generalizada de la educación artística en Chile.

Este año el tema central de SACO no es menos pertinente. Artistas y curadores invitados reflexionaron, desde miradas amplias, a veces de forma directa o tangencial, el tema de la emigración. Representando su lugar de origen y también reflejando su experiencia cultural emigrante, seis artistas produjeron a lo largo de 10 días obras enmarcadas por su experiencia personal, formulando preguntas en torno a la idea de identidad y los procesos de migración. Los trabajos están instalados hasta el 13 de septiembre en el Muelle Histórico de Antofagasta –un lugar que simboliza el tránsito de inmigrantes-, en una muestra que apropiadamente lleva por nombre One Way Ticket.

Cada artista invitado para esta edición representa en sí mismo la condición de inmigrante: Ángel Delgado es cubano y vive en Estados Unidos; Bogdan Achimescu transitó desde Rumania a Polonia; Paula Quintela, desde Chile a Australia; Johannes Pfeiffer, desde Alemania a Italia; Alicja Rogalska, desde Polonia a Inglaterra; Teresa Solar, desde Egipto a España. Algunos de estos artistas trabajaron junto a los curadores Flavia Introzzi (Argentina/España), Krzysztof Gutfranski (Polonia) y Marisa Caichiolo (Argentina/EEUU). Teresa Solar y Bogdan Achimescu son los artistas que en esta edición realizarán la residencia en Quillagua.

En esta entrevista, Dagmara Wyskiel nos habla sobre la importancia de instalar el tema de la inmigración en Antofagasta y en Chile mismo, entendiéndolo no desde una perspectiva de la economía o la estadística, sino como experiencia humana trascendental de un “antes y un después”.

Dagmara Wyskiel, directora de SACO. Foto: Sebastián Rojas

Alejandra Villasmil: Quisiera partir conversando sobre el concepto curatorial de esta edición de SACO. Cuéntame un poco cómo llegaste al tema de la emigración, tal como lo defines en tu texto curatorial, donde vas más allá de una cuestión meramente geográfica, de estos viajes o traslados físicos, para enfocarlo en una dimensión más bien poética.

Dagmara Wyskiel: Para mí siempre estuvo claro que el tema de la emigración iba a salir en algún momento en SACO. Estaba buscando la manera de enfrentar ese tema de manera diferente a lo que por ejemplo normalmente uno percibe en los medios de comunicación. Primero tuve que responder a la pregunta que me hacía a mí misma sobre qué es lo que me molesta tanto de las noticias chovinistas y aún de las que de verdad a primera vista dan la impresión de ser objetivas, y me di cuenta que era la ausencia del factor humano. Y que el factor numérico que normalmente tiene tanta presencia en los medios de comunicación provoca la división entre nosotros y ellos. “Ellos son los diez mil nuevos inmigrantes que cruzaron la frontera durante el último mes”, por ejemplo. Entonces de ahí nace la convicción de no invitar a artistas que hablen desde la inmigración desde la instigación artística netamente, sentados desde la seguridad y comodidad de su sillón. Surge entonces la idea de invitar a artistas que no van a tomar probablemente ese tema como investigación artística, entendida de esa manera más tradicional, clásica del arte contemporáneo, sino que van a adentrarse en las zonas más sensibles de su vida, de su historia, de su experiencia y van a poner la oreja (que es raro que suceda) en lo interno.

AV: Son artistas que han salido de sus países, han estado transitando distintos lugares hasta llegar a instalarse a un país distinto. La obra de estos artistas está cargada de muchas historias, de todos esos recorridos. ¿Cómo se han insertado estos artistas en el contexto de Antofagasta y en el contexto chileno? Porque obviamente Chile es un país que no ha tenido tradicionalmente el flujo de inmigración que tienen otros países de Latinoamérica.

DW: No, Antofagasta es una ciudad históricamente construida por inmigrantes.

AV: Antofagasta si tiene esta tradición, pero en Chile en general no sucede y ahora está acogiendo muchos más inmigrantes. La sociedad chilena está aprendiendo a convivir con esta realidad. Como extranjera que soy, residente hace nueve años acá, lo veo como un fenómeno reciente…

DW: Por supuesto. Para la línea curatorial de todas las ediciones de SACO siempre se busca un tema que sea a la vez muy relevante a escala local y a escala global. Antofagasta fue fundada por inmigrantes; acá hay un mix de migraciones internas y externas porque la ciudad ha sido una fuente de trabajo muy atractiva desde hace décadas. Entonces yo me preguntaba cómo puedes construir algo como arraigo, como identidad en una ciudad donde nadie es de aquí. O que incluso si es de aquí, no quiere reconocerlo. No es cool decir soy de Antofagasta, es mejor decir soy de Concepción o de Temuco. Antofagasta nunca tuvo belleza, por lo tanto, la gente no se podía encantar con ella, cosa que está cambiando muchísimo con las nuevas generaciones. Hace unos diez o doce años empieza la gran ola de inmigración latinoamericana, principalmente con la llegada de los colombianos, pero no solamente a la ciudad de Antofagasta. Esto provoca una división de la comunidad, de si estás en pro o en contra. Yo creo que la gran mayoría está absolutamente a favor, pero hay grandes focos de resistencia. Frente a la migración tienes acá dos tipos de reacciones: los que solamente comentan, y obviamente movimientos chovinistas extremos. Por otra parte, hay organizaciones cristianas, no cristianas y no gubernamentales que de alguna manera ayudan a los inmigrantes en su primer periodo de estadía en Antofagasta. Ahora, con todo el valor que eso tiene, me parece que hay una falencia tremenda en enfrentar el tema: o se rechaza, o se paternaliza… casi se victimiza.

AV: Es una visión más condescendiente. Como más políticamente correcta pero a un nivel lastimero…

DW: Y es muy peligrosa porque empiezas a acostumbrar a la gente, por ejemplo, a darle la leche a los niños que no tienen leche, pero a la larga ese no puede ser el único camino.

Entonces, traer a artistas internacionales, todos inmigrantes que han logrado probablemente con diversas historias— muy complejas— generar una propuesta, un cuerpo de obra muy potente, una carrera profesional, una continuidad de trabajo y de circulación de sus trabajos, me parece uno de los caminos para tratar ese tema. Los programas que han desarrollado, las charlas, los talleres, todo lo que hacen los artistas previo o durante su estadía acá apuntan a eso.

Angel Delgado, Destino Soñado, 2016, instalación en el Muelle Histórico de Antofagasta de sábanas usadas por inmigrantes en campamentos, con palabras pintadas con barro que representan los sueños de cualquier emigrante. El artista intercambio sábanas nuevas por usadas con estos inmigrantes colombianos. Foto: Sebastián Rojas
Angel Delgado, Destino Soñado, 2016, instalación en el Muelle Histórico de Antofagasta de sábanas usadas por inmigrantes en campamentos, con palabras pintadas con barro que representan los sueños de cualquier emigrante. El artista intercambio sábanas nuevas por usadas con estos inmigrantes colombianos. Foto: Sebastián Rojas

AV: Me viene a la mente la obra de Ángel Delgado, que trabajó con las comunidades, en los campamentos en su mayoría de colombianos. Todos los artistas hicieron acciones directas, fueron a los liceos donde la mayoría de los chicos son inmigrantes. Se plantea entonces un diálogo, hay una intervención social que para ustedes es importante como parte del proyecto.

DW: Primero está el trabajo con los liceos, donde está el grupo etario más abandonado, donde la urgencia es extrema. He trabajado diez años en docencia con estudiantes de esa edad, y creo que es una edad increíble, donde te transformas de un capullo a una mariposa, pero aún no sabes qué eres. Entonces necesitas que alguien te escuche, te explique, te de ejemplos, que alguien converse contigo. Esos chicos normalmente están abandonados, las familias no tienen tiempo. Normalmente son niños de familias de bajos recursos, los papás trabajan, trabajan, trabajan para asegurar un nivel de vida mínimo, el colegio no te da nada, la sociedad no te da nada, lo único que exigen de ti es el Simce y la PSU… vales lo que sacas en ese puntaje. Además están otros dramas, de violencia, de drogadicción. Entonces nosotros hacemos un esfuerzo especial pensando en esos que en dos años más van a empezar a votar en este país; hay que concentrarse en construir el sistema valórico, en hablar sobre el mundo, sobre el arte, sobre cultura, sobre identidad. Entonces vamos trabajando con esos jóvenes en siete liceos municipalizados, no sólo en Antofagasta, sino que tratamos de expandirnos hacia la región.

No sé si podemos decir que ellos buscan el arte, yo creo que buscan cualquier otro referente que no sea las tres o cuatro posibilidades que tienen en la casa, el barrio y el colegio. Entonces eso es tremendamente importante.

Segundo, lo que hablabas de las tomas… por supuesto, tenemos artistas que trabajan con nosotros, locales, como Cristián Ochoa, que han realizado muchos proyectos personales con la gente y con una humildad impresionante.

AV: Tiene un punto de vista comprometido, no es una visión desapegada. Porque hay artistas que abordan estos problemas políticos-sociales, que son bien delicados, de manera más bien sensacionalista…

DW: Claro, eso es terrible, es sensacionalismo. “Voy a sacar la foto de la habitación más pobre, más terrible, más abandonada”… Hemos tenido casos así, y lamentablemente suele suceder. Pero somos cuidadosos porque nos hemos dado cuenta que el trabajo curatorial va por la selección paralela, donde el tipo y calidad de la obra y el lenguaje que maneja el artista tienen que coincidir con el tipo de persona que es. Tiene que ser así porque la gente no es tonta, la gente siente cuando alguien lo mira de arriba, cuando quieren manipularlos, cuando los tratan como algo exótico. La confianza que hemos construido a través de años hay que cuidarla mucho. Los pobladores son engañados, abusados por el gobierno regional, por la empresa privada, por todo el mundo… entonces obviamente son muy desconfiados. Hay gente que vive en tomas que cuentan públicamente sus historias creyendo que les van a ayudar de verdad, y no es así. Como ocurrió con Chilevisión, que hizo reportajes sensacionalistas sobre sicarios, haciendo muy difícil volver a abrir las puertas de esas casas.

Paula Quintela, En Tránsito, 2016, vista de l instalación en el Muelle Histórico de Antofagasta. La obra se refiere a la intensidad emocional de la partida y a cómo la casa se transforma en el refugio que nos contiene cuando nos enfrentamos a un mundo desconocido en el cual nos vemos obligados a reinventarnos para sobrevivir. Foto: Sebastián Rojas
Alicja Rogalska, Monumento a las Víctimas del Capitalismo, 2016, bandera anunciando el proyecto, actriz, caja de recolección de dinero y libro de donantes. El público podrá donar monedas, la materia prima para el futuro monumento, y compartir sus opiniones y/o ideas en el libro. Foto: Sebastián Rojas

AV: SACO ha venido trabajando en colaboración con las autoridades locales y nacionales y viene desarrollando un trabajo continuo a lo largo del año, ahora canalizado a través de ISLA. Es decir, que es un trabajo de todo un año, que no termina ni tiene como destino final la exhibición. Lo hacen a través de las actividades de formación continua del colectivo SE VENDE, apoyándose también en las relaciones y vínculos que han ido generando con la comunidad y con las autoridades, con el sector privado.

DW: Tenemos una red muy potente en este momento, en todos los sentidos, tanto de colaboraciones, de financiamiento, de medios, y eso nos da también la energía, la seguridad de seguir con el proyecto. Por supuesto no es fácil; en todo Chile no es fácil, en la región de Antofagasta menos aún, pero no nos interesa la noción de “evento por evento”, eso lo tenemos claro. SACO es el motor que atrae a la gente, que atrae a los medios, que atrae los fondos por supuesto también, porque todo eso se conjuga entre sí. Pero el trabajo de SE VENDE ya lleva 12 años. Trabajamos en formación casi todo el año.

Creo que la pequeña escena local ya está lista; quiero invitar también a algunos interesados de regiones vecinas para empezar a generar líderes. Yo sé que esa palabra es un poco del mundo mercantil, pero creo que hay líderes para generar proyectos micro-curatoriales. Entonces queremos prepararlos para que no se queden sentados en Antofagasta esperando a ese curador de Santiago que venga y los invite a algún proyecto. Entregarles las primeras herramientas para que puedan iniciar pequeños proyectos curatoriales, ni siquiera regionales, de repente barriales, ¿me entiendes?

El plan de formación que tenemos contemplado para el próximo año incluye el trabajo con profesores, investigación, el programa Desiertos Intervenidos, y antes de SACO6 haremos un taller de iniciación en micro-curatorías.

AV: ¿Cómo articulan ustedes este plan con lo que viene desarrollando este año el CNCA con el Programa Traslado? ¿Hay una coordinación entre ustedes o son dos cosas que se dan de manera paralela? ¿Casualmente han coincidido en que es necesario hacer este trabajo?

DW: Hay una clara coincidencia. Nosotros ya hemos realizado cuatro residencias anuales en Quillagua. El año pasado se acercó a nosotros el CNCA proponiendo generar en conjunto una residencia a escala nacional en Quillagua. De alguna manera se llegó al acuerdo de que era el momento oportuno y que había que empezar a trabajar con residencias. Y eso quedó demostrado con el éxito absoluto de la convocatoria: 120 postularon para los diez cupos disponibles. Ese proyecto piloto fue muy bien evaluado por el Consejo. De hecho terminó con una exposición en la Galería Gabriela Mistral, en Santiago. Estoy contenta de ver que de ese proyecto piloto, el CNCA optó ya por un proyecto mucho más ambicioso, mucho más grande. No entiendo muy bien cómo funciona (risas), pero es mi lectura.

Algo importante de SACO es que la comunidad aporta mucho más a los artistas que los artistas a la comunidad. Ese mesianismo de que “voy a la toma, a Quillagua, y yo ahí los voy a evangelizar porque les voy a mostrar lo que es arte contemporáneo” me parece pretencioso y ridículo. Es lo contrario. Nosotros nos nutrimos tremendamente de esa gente; vemos vida, vidas. Es una riqueza que tenemos que cuidarla; tenemos que generar proyectos que con mucho respeto compenetren esos espacios. Es muy importante que sean pertinentes. Y con el Consejo pues tenemos muy buenas relaciones, tanto a nivel regional como nacional.

Teresa Solar, Fata Morgana, paisaje cairota, instalación sonora, 2016. "Espejismo sonoro" que superpondrá el paisaje acuático de la ribera del río Nilo al horizonte portuario de Antofagasta, reproduciendo como sinfonía discordante las diferentes melodías y canciones de las barcas en El Cairo. Foto: Sebastián Rojas
Johannes Pfeiffer, Barco de solo ida, 2016, escultura con alambres suspendida desde pilares del Muelle Histórico de Antofagasta. Una metáfora al viaje sin retorno ("One way ticket"). Foto: Sebastián Rojas
Bogdan Achimescu, Hermitage (Ermita), 2016, pintura sobre los cristales del muelle. Las siluetas simbolizan a los inmigrantes que día a día arriesgan sus vidas cruzando mares y océanos. Foto: Sebastián Rojas

AV: A ustedes les interesa por supuesto activar la escena local. Eso, digamos, es el foco central. Pero también trabajan con artistas que vienen de afuera. Ahí también hay un interés por abrirse hacia el mundo, por traer otras miradas. Quieren crear vínculos, no sólo dentro de Antofagasta, o dentro de Chile, sino entre Antofagasta y Chile con otros países. Porque estamos hablando de distintos alcances geográficos, ¿no?

DW: Como círculos… de lo más pequeño a lo más grande… Sí, nos interesan todos esos cruces. Una red no se define por si es de índole local, regional, zona norte, nacional o internacional, sino por qué podemos darnos mutuamente, por si trabajamos de manera parecida, por si en el fondo si a las preguntas más trascendentales de la zona tenemos respuestas más o menos similares. Nosotros mantenemos relaciones muy vivas con Tucumán, en Argentina, relación que heredamos de la Trienal de Chile. Probablemente hoy en día es único resultado vivo de la Trienal. Y como ves, por los artistas aquí presentes en SACO5, tenemos redes en varios países. Esos artistas también hacen escuela en Antofagasta. Los traigo y de alguna manera trabajan con los jóvenes y artistas emergentes aquí.

AV: Hablando ya de la escena local de Antofagasta, ¿cuál es tu “diagnóstico? Me dijiste que tú veías que la escena ya estaba “lista”. ¿Qué es lo que observas actualmente?

DW: Una escena emergente muy rica en el sentido de que absorbe como esponja. Sumamente arraigada, o sea, no son inmigrantes de paso. Son personas que sí viven en la ciudad y quieren desde aquí proyectarse al país, hacia el mundo. Con falencias en formación, pero por eso trabajamos.

AV: Sí, aquí no hay escuelas de arte…

DW: La última escuela de arte en Chile hacia el norte está en Valparaíso… es así de grave. Las universidades del norte lo que cumplen es el rol de institutos mayores al servicio de la gran industria. Eso es lo grave. Entonces por eso también tienes tan pocos artistas profesionales. Porque entenderás que quién va a apostar a mandar a su hijo o hija a estudiar a Santiago o Valparaíso, cuando eso cuesta una locura. Y para colmo, con un futuro que si es tan difícil aquí, allá es absolutamente ser cesante; o sea, servir café cortado. No es posible encontrar trabajo. Entonces, los artistas de acá son casi todos autodidactas, casi todos jóvenes que ha realizado alguna carrera de diseño, arquitectura, periodismo o ingeniería. Muchos ingenieros sacan el título para entregárselo al papá que lo exige y después empiezan a dedicarse al arte. Pero eso tiene su ventaja: vienen a nosotros más maduros. No vienen cachorros de 17 años.

AV: Tampoco están contaminados por toda esta cuestión del “mundo del arte”, ¿no?

DW: Sí, eso es maravilloso. No sospechan la existencia del mercado del arte. Nadie les reconoce el trabajo que hacen, por lo tanto el motor es absolutamente espontáneo: lo hago porque me nace. O sea, ni se me ocurre que lo podría vender, ni tengo siquiera donde exponerlo. A quienes se los muestro no lo entienden, y sin embargo sigo insistiendo. Entonces eso es lo bello, es lo que me encanta. Es como cuando empiezas a sembrar: cada hojita que salga, que logre traspasar la superficie de la tierra, la cuidas y la riegas. No todas van a llegar a ser plantas grandes, lo tenemos claro, pero estamos en ese proceso: cómo regar las plantitas en el desierto.

El artista Johannes Pfeiffer durante una de las charlas en un liceo municipal de Antofagasta, parte de las actividades de SACO de formación e intercambio con la comunidad antofagastina. Foto: Sebastián Rojas

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Alejandra Villasmil

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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