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Luis Romero:borderline

Luis Romero (Caracas, 1967), creador multifacético y agudo observador del entorno inmediato, inicia su actividad expositiva en los tempranos años 90 y desde entonces ha desarrollado una significativa trayectoria, fundamentada en propuestas de naturaleza transdisciplinaria y en la exploración de diversas formas y lenguajes de representación visual que coexisten en el ejercicio de su práctica artística.

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Vista de la exposición Borderline, de Luis Romero, en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

Como consecuencia de un pensamiento relacional y dialógico, su trabajo emprende una incesante revisión de los diversos principios de la percepción, así como de la conceptualización de realidades contextuales. En sus primeras obras el discurso plástico se construye a partir de una puntual y perseverante recopilación y reciclaje de imágenes y objetos, textos y tipografías encontradas que -mediante el uso de técnicas mixtas y formatos diversos, tales como el dibujo, la pintura, el ensamblaje y el collage-, despliegan un universo de relaciones iconográficas que provienen del ámbito doméstico y de la esfera urbana vinculadas, de igual forma, a una lógica biográfica.

El relato fragmentado que se organiza entre la palabra, la imagen y el espacio trasciende la experiencia personal y se proyecta -con el nuevo milenio- hacia una eventual abstracción de las formas. Un renovado interés por la tradición de un arte no representacional lo impulsan hacia la indagación sistemática de una geometría comprometida con las políticas de la representación, con la capacidad de significar las diversas realidades y la posibilidad de expresar sentido. La construcción de ideas abstractas en la reciente propuesta de Romero, nace de la imaginación y de la comprensión consciente, aunque no infalible, del mundo.

En términos de contemporaneidad, los artistas que comparten una sensibilidad común dirigida a repensar el legado moderno retoman y subvierten el sentido original de la abstracción y, en un gesto no exento de ironía y cuestionamiento, redefinen sus poéticas de acuerdo a los inéditos y variados escenarios posibles. El concepto mismo de la no representatividad es replanteado críticamente, incorporando -entre otros-, los asuntos relacionados a la  identidad histórica e individual, al espacio social y público, y al lenguaje comunicacional, en una negociación en la que se hace coincidir la experiencia de lo cotidiano con la intertextualidad de signos propios e introspectivos.

La indagación de Romero -lejos de centrarse en la fractura de los postulados modernos, la nostalgia por las vanguardias y la noción autorreferencial de un arte distanciado de lo real-, avanza hacia una propuesta plena de significados que nace precisamente de una realidad contingente, la suya. El paradigma cartesiano, sustentado en un  argumento racional y explícito, ha  dado paso a una práctica que no pretende confrontar relaciones binarias entre las formas de representación -figurativas o abstractas-; por el contrario, construye un comentario distintivo demarcado en una operación creadora que expande el alcance de la percepción visual y los límites de la subjetividad. Heredero de sólidas tradiciones formales, controla la rigurosa geometría y la lógica reticente del minimalismo, junto a la conceptualización de las ideas, en obras que exponen, mediante eficaces estrategias de producción y sensibilización estética, una evasiva interpretación de sus contenidos. Allí yacen los argumentos que dan sentido a su planteamiento.

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Luis Romero, izq; Independientes, 2014-2015, monotipos litográficos sobre papel; centro: Tu y Yo, 2015, papeles impresos y vidrio; der: D.R.O, 2014-2015, caucho. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

 

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Luis Romero, abajo: Tu y Yo, 2015, papeles impresos y vidrio; al fondo: D.R.O, 2014-2015, caucho. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

 

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Luis Romero, Tu y Yo, 2015, papeles impresos y vidrio. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

Bordeline, primera  exposición  individual de Luis Romero en los espacios de la galería Alejandra von Hartz, en Miami, reúne su más reciente cuerpo trabajo, que refiere fundamentalmente a la representación de dos asuntos diversos -uno estructural y otro emocional, a partir de los cuales se construye la propuesta museográfica. En términos coloquiales, la expresión que da nombre a la muestra bien pudiese revelar resonancias con conceptos extensibles a las nociones de crisis, desajuste o conflicto, al tiempo que atraviesa la memoria semántica de los términos Border y Line, en un ejercicio por contextualizar las relaciones formales supeditadas a lo limítrofe y lo fronterizo; la polarización y la dicotomía, la inestabilidad y el vacío.

La instalación consta de un vasto repertorio de obras desarrolladas en series individualizadas, afianzando un vocabulario visual híbrido de amplio espectro, en el cual la representación de una geometría afectiva es expresada indistintamente mediante el uso  de técnicas gráficas tradicionales o materiales y  tecnologías provenientes de la industria.

La serie Dependientes podría considerarse como el punto de arranque de la propuesta. En la secuencia de 7 monotipos impresos en tinta litográfica sobre papel, confluyen los contornos de dos pirámides truncadas diferenciadas en distintas gradaciones de color. Estas figuras geométricas planas comparten un mismo espacio dinamizado por un movimiento virtual, a partir del cual giran a su libre albedrío y se superponen para crear una tercera forma que deviene en el segmento inédito que ambas comparten. El yo, azul, y el otro, rojo, se traducen así en los referentes cromáticos de signo opuesto y complementario. Por el contrario, en Independientes, la geometría lineal y descriptiva de estas  mismas formas trapezoidales inician un sistema de desplazamiento en un intento por emanciparse y adquirir su expresa autonomía, a la cual no se incorpora ninguna otra opción.

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Luis Romero, izq: Dependientes, 2014-2015, monotipos litográficos sobre papel; der: No todo lo que brilla es oro, acero inoxidable y película dorada, 2014-2015. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

 

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Luis Romero, No todo lo que brilla es oro, acero inoxidable y película dorada, 2014-2015. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

 

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Luis Romero, No todo lo que brilla es oro, acero inoxidable y película dorada, 2014-2015. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

 

Suite sustancial revalida -en una edición de 21 xilografías- la exploración de las infinitas dislocaciones y conjunciones que estas geometrías alteradas enfrentan. Las tensiones que se ejercen entre equivalentes y desiguales describen una suerte de bitácora inconsciente de significantes estructurales en la libérrima proyección de líneas, prismas y poliedros. Asimismo, Ejes, una inmensa retícula tridimensional de barras rebatibles, no solo modifica el espacio  cuando colapsa una de sus coordenadas -la roja-, sino que también invierte los planos y, con ello, las relaciones entre el horizonte y la verticalidad.

En consecuencia, el relieve -producido en acero y hojilla dorada- No todo lo que brilla es oro impone un momento reflexivo que descarta toda apariencia conocida y similar. Se cuestiona cómo me proyecto ante el mundo. En este polifacético registro especular -de una superficie cuya angulación fragmentada en triángulos retiene al espectador en diversas apariencias caleidoscópicas-, lo racional y lo psíquico resultan incontrolables, pues reflejan una imagen deformada de la realidad. Por ultimo, Lego-Ego, un conglomerado de matrices circulares y concéntricas, recortadas y ensambladas a la pared, reducen progresivamente su diámetro en un intento por describir ese espacio infinito hacia lo interno, hacia el fondo, hacia el meollo identitario, que no es otra cosa que el reconocimiento del Yo en la dimensión del vacío.

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Luis Romero, izq.: No todo lo que brilla es oro, acero inoxidable y película dorada, 2014-2015; der: Serie Sustancial, xilografias sobre papel de algodón, 2015. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

 

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Luis Romero, Serie Sustancial, xilografias sobre papel de algodón, 2015. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

Desde otra perspectiva de representación, D.R.O revela, en cada pieza, las  incisiones de círculos diversos que se extienden en la superficie del caucho neopreno negro, irradiando una geometría de relaciones y límites aleatorios. Esta serie, que pudiese tener antecedentes en su atracción por las configuraciones astrales y el reciclaje de estrategias formales y materiales, reconfigura las conexiones afectivas con la obra del creador venezolano Roberto Obregón, como un homenaje de amistad y aprecio.

Un tercer grupo de obras corresponde a la serie de collages intitulada Parcial. En cada uno de ellos se distingue una compleja composición abstracta de encuadres y marcos desarticulados que localizan o delimitan una informe y perturbadora mancha negra -concentración de humores y entidades desoladas-, o tal vez, el monstruo kafkiano atrapado en las dislocadas estructuras mentales.

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Luis Romero, Timeline, 2014-2015, caucho. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

Con Borderline, Romero reivindica el lenguaje de la abstracción para significar las más complejas contradicciones de la experiencia individual. La suya, corresponde, asimismo, a una investigación estética de naturaleza abstracta inscrita en los infinitos registros visuales y posibilidades de ensayo, donde el uso del color, la composición, las relaciones espaciales, los volúmenes y las figuras geométricas, los procesos seriales y la reiteración de formas se constituyen en las herramientas que participan de una práctica artística entregada a la recuperación de una percepción sensible de su mundo interior, comprendido entre la conciencia individual y la noción de otredad. Por ello, subrayamos, aplica una geometría imaginada, arbitraria, caprichosa, voluble e inestable, concebida para conceptualizar desde la entrañable subjetividad y las emociones subyacentes, formas visuales que revelen lo espiritual de la existencia en un intento ambiguo para despistar al espectador en la transcripción abstracta de  una posible narrativa.

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Luis Romero, Lego-Ego, 2013, ensamblaje de cartón, tinta litográfica y talco. Vista de la exposición Borderline en la galería Alejandra von Harz, Miami, 2015. Foto: Oriol Tarridas

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