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NICOLÁS FRANCO

El trabajo de Nicolás Franco (Chile, 1973) se vincula a las prácticas de apropiación y post-producción en el arte. Su obra se nutre y desarrolla a partir de la fotografía histórica, documentos y archivos, textos literarios y el cine negro, entendidos como soportes y portadores de una rica gama de simbolismos y referentes visuales.

Estos medios son alterados y puestos en tensión a través de operaciones como la superposición, el ocultamiento y las conexiones fortuitas de imágenes para dar con formas que escapan a las clasificaciones tradicionales y con lecturas expandidas hacia lo evocativo y misterioso. Para Franco, el proceso creativo es una constante búsqueda del asombro, más que de significados.

El artista regresó de Londres a fines del año pasado, donde realizó una residencia en Gasworks como parte de la Beca AMA que patrocina el coleccionista chileno Juan Yarur, a través de su fundación. Allá, por tres meses, desarrolló un nuevo conjunto de obras que se expondrá a partir del próximo mes de marzo en el Museo de Artes Visuales (MAVI) de Santiago.

La siguiente es una entrevista realizada al artista en su taller, en la que conocemos más de cerca sus aproximaciones y métodos para producir una obra de carácter propio.

Taller del artista Nicolás Franco. Foto: Sebastián Valenzuela

Alejandra Villasmil: Estando en tu taller, para mi es interesante que conversemos sobre tu proceso de obra. Tus trabajos parten por lo general de campos expandidos del arte, es decir, del cine, la fotografía histórica, la cultura popular y también de la literatura. Eso es muy notorio en el caso de las obras bidimensionales, pero en el caso de las esculturas, ¿cómo nacen?

Nicolás Franco: La mayoría de mis esculturas son dispositivos que ponen en función determinados elementos. Son como esqueletos a los que se les van agregando pedazos de materia. Pueden ser fotografías, textos, acciones o incluso el espacio mismo donde se ubica la obra, como fue el caso de la instalación que realicé en la Trienal de Chile. También surgen del documento audiovisual. Pueden ser testimonios de gente que relata en algunos casos su historia personal, gente que he entrevistado. Es documental porque da cuenta de algo que ya pasó.

A.V: ¿Entrevistas a personas?

N.F: La última vez que trabajé con audio fue en el 2008, en la obra Obituario. Los audios correspondían a entrevistas en las que diferentes personas relataban el momento más peligroso de sus vidas. En ese entonces me interesaba no sólo la retórica del relato, sino cómo éste podía generar estructuras formales de presentación, cómo sugería materiales que permitieran su interacción con el espacio de exhibición.

A.V:¿Cómo es la investigación en el caso del archivo audiovisual? ¿Cómo llega a tu trabajo y qué pasa con esas imágenes, su significado original y el que le otorgas al alterar su sentido?

N.F: No me atrevería a decir que realizo una investigación propiamente tal. El cine es parte importante de mi relación con las imágenes y el arte. Muchas de las cosas que uno ve por primera vez las ve en una pantalla y pienso que eso es algo significativo. Mi trabajo tiene mucho que ver con la casualidad, con el encuentro. Siempre me ha interesado tratar de aislar ese momento en el que una imagen se convierte en idea, ese encuentro con algo que te destapa la cabeza y te hace tomar acción, y el cine es un gran generador de encuentros inesperados, y por lo mismo de estados productivos importantes.

A.V: Entonces es un material…

N.F: Me parece un medio interesante para explorar el subconsciente y cómo éste almacena fragmentos de información que, reales o ficticios, son parte de nuestra configuración.

Taller del artista Nicolás Franco. Foto: Sebastián Valenzuela
Nicolás Franco en su taller. Foto: Sebastián Valenzuela

A.V: ¿Recolectas imágenes? ¿Vas almacenando o guardas algún tipo de archivo? ¿Las ves en grupos, o vas tomando de una en una? Es decir, ¿cómo parte tu vinculación con las imágenes y el trabajo con ellas?

N.F: No tengo un guión definido. El único tema que de verdad me interesa es el misterio que ciertos artefactos acarrean; más que un tema es un sentimiento, una premonición, y en base a estos parámetros genero obras. El proceso creativo es para mí una búsqueda por el asombro, no por el significado, y por eso no me siento cómodo explicando mis obras, ya que por sus características, muchas de ellas no pueden volverse hacia lo que dicen so pena de destruirlas.

A.V: ¿Cuando te refieres al asombro, es el asombro en ti o el asombro que crees puedes generar en otros?

N.F: Es lo mismo.

A.V: ¿Buscas poner en palabras el asombro, definirlo?

N.F: En ningún caso definirlo, pero si quizás enmarcarlo o aislarlo.

A.V: ¿Como los surrealistas?

N.F: Lo interesante de los surrealistas es que no trataron sólo de definir un asunto, sino de abrazarlo. Hay una frase de Bretón que define muy bien su postura: “Lo más admirable de lo fantástico es que lo fantástico no existe, todo es real”.

A.V: ¿Cómo asocias las imágenes? Se qué es una pregunta difícil porque, como dices, es todo muy visceral, no hay fórmulas. Es decir, en tu trabajo hay mucho de ocultamiento. Hay imágenes censuradas o poco develadas, unas se tapan con otras, o una imagen no aparece completa o su información es obliterada o es cortada por otra imagen…

N.F: Creo que el concepto de abstracción sirve para responder esa pregunta, porque ofrece la capacidad de comunicar, pero no de narrar o comunicar algo especifico. Por ejemplo, un conjunto de imágenes documentales combinadas entre ellas pueden generar un cuerpo abstracto de pensamiento y no hay nada menos abstracto que una foto documental, al menos conceptualmente. Creo que a partir de estas nociones, propias de las artes visuales, se pueden tocar temas diversos de manera solapada, como en segundo plano, de fondo. Siempre me he sentido más cercano a lo borroso que a lo nítido, por eso me interesa el blanco y negro, porque la distorsión es parte de su lenguaje. Generar una imagen nueva nunca me ha interesado, sino agarrar cosas que están dando vueltas y mostrarlas de otra manera. Me interesa que la gente vea que el arte puede ser algo fácil, que el artista no es una persona que está en un pedestal.

A.V: O una persona que tiene un discurso previo a la obra, y una obra a la que se le hacen lecturas posteriores, cerradas…

N.F: Las cosas bien hechas están bien hechas. Por ejemplo, dos artistas que admiro muchísimo como Alfredo Jaar y Santiago Sierra tienen las cosas clarísimas y me parecen unos maestros en lo que hacen. Ahora, hay otros que trabajan con grandes temas y que son pésimos artistas. Lo importante no es el tema, sino cómo se trabaja.

Taller del artista Nicolás Franco. Foto: Sebastián Valenzuela
Taller del artista Nicolás Franco. Foto: Sebastián Valenzuela

A.V: De todos modos, utilizas imágenes que, en algunas personas, pueden producir rechazo. Ahora, al mismo tiempo, las trabajas hasta un punto en que se vuelven seductoras. Esa es, para mí, una tensión deseable cuando uno se enfrenta a una obra de arte…

N.F: La seducción es algo subjetivo; lo que puede ser atractivo para unos es repulsivo para otros. No es algo que me plantee al realizar obras.

A.V: Tu trabajo también tiene mucho que ver con el cruce de medios. ¿Podrías elaborar más sobre esto?

N.F: El proceso artístico es un choque entre la idea y el material… en eso nos pasamos la vida y, a mi parecer, el cruce de medios permite que este diálogo sea más directo. Por ejemplo, he estado trabajando con la idea de hasta qué punto una imagen enmarcada es una imagen o es una escultura. Utilizar el vidrio como parte de un proceso escultórico, no simplemente como un material que protege una foto. Es un material que tiene tridimensionalidad, que da volumen, que da un brillo, y que básicamente afecta la imagen. O por ejemplo esta pieza, que está hecha con una estructura de hierro vieja, que se pega a la pared y sobre esa composición que genera la estructura en la pared se empiezan a agregar imágenes. Es un sistema de composición que me sirve para reutilizar ciertas imágenes que me interesan. Es un collage tridimensional, o una escultura con imágenes. Se trata de cómo llevar la imagen a un cuerpo tangible, que incluso pueda cambiar de lugar.

A.V: Es lúdico…

N.F: No sé si lúdico sea la palabra correcta, definitivamente puede ser parte del proceso, pero obviamente no es el proceso.

A.V: Lo digo en un buen sentido… Las imágenes, ¿las imprimes tú mismo?

N.F: Casi todo lo hago acá. No me gusta mucho salir del taller. Lidiar con maestros en Avenida Matta me parece una tortura, necesaria, pero tortura al fin. Además imprimir por mi cuenta me da una ventaja, en cuanto a que puedo arriesgar mucho más material y, sobretodo, capitalizar en obras información que va apareciendo en el proceso mismo de ejecución.

A.V: Cuando veo todo el material que guardas, tantas imágenes y referentes, no puedo evitar preguntarme de nuevo cómo sabes qué va con qué y en qué punto has dado con una de todas las posibles obras.

N.F: Las cosas hay que verlas, hay que ver si funcionan, ver qué tipo de comunicación establecen, ver qué tanto o que tan poco dicen. Para mi el problema siempre está en decir más de lo que uno quiere, y no al revés.

 

Alejandra Villasmil, directora de Artishock, junto al artista Nicolás Franco en su taller. Foto: Sebastián Valenzuela
Taller del artista Nicolás Franco. Foto: Sebastián Valenzuela

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Alejandra Villasmil

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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