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EL ANAQUEL DE LAS IMÁGENES EN MOVIMIENTO

El emperador Carlos V pasó los últimos años de su vida en un convento de los Jerónimos. Entre los montes de la siempre inclemente Extremadura, el Emperador se hizo edificar una villa aledaña al monasterio, en la que Dios y el sonido de su corazón amplificado por el coro disonante de una espectacular colección de relojes fueron su principal compañía. Mario Praz[1] entiende esta afición de Carlos V por el funcionamiento y construcción de los relojes como una variación de su pasión por los autómatas. En esa época, pájaros, dragones guardianes y bailarines, se movían e incluso emitían sonidos gracias al paso del agua por engranajes de tubos, poleas y lengüetas, o a ingeniosos juegos de resortes. Los Jerónimos, al ver estas criaturas mecánicas, pensaban que el soberano retirado era en realidad un mago experto en las ciencias de lo siniestro.

Gabinete, vista de instalación en Galería Gabriela Mistral. Todas las imágenes son cortesía de los artistas

Hoy, en Gabinete, la actual exposición de la Galería Gabriela Mistral, un niño y una rama que se mueven bajo el influjo de la electricidad reviven el inquietante desconcierto de los vecinos de Carlos V ante los autómatas. El niño (El Accidente de las Espinas III: Viajero de Marcos Sánchez), la primera de estas máquinas emuladoras, tiene una cara pálida e inexpresiva casi hasta la transparencia, una cara de nada. Sus ojos, dos agujeros redondos, su boca y nariz apenas perfiladas, se dedican por completo al oficio de callar. Frágil, pequeño y arrodillado en un espacio de circulación de la galería, el niño-autómata podría parecer un maniquí olvidado tras el desmantelamiento de una vitrina de Gath y Chaves. Este equívoco podría perpetuarse en caso de que el espectador sea impaciente y/o distraído. El niño efectivamente algo hace: toca con un palito un tronco que se retuerce, fragmenta  y reintegra en el suelo, pero esto ocurre tras largos intervalos de quietud. Por otra parte, el ritmo de los movimientos que ejecutan niño y tronco es irregular. De este modo, acción e inacción se combinan para acrecentar la sorpresa que provoca estar frente al movimiento de un autómata.

Marcos Sánchez, El Accidente de las Espinas III, 2011, Autómata

Cuento aparte merecen los pedazos de una rama que se mueven en la sala interior de la galería. Se trata de El Accidente de las Espinas IV: Rama, el segundo de estos vástagos de la extrañeza. A diferencia del otro autómata, éste deja ver el engranaje, ostenta parte del esqueleto que estructura el artificio. Curiosamente, estos fragmentos que se contorsionan individualmente no pierden de vista el todo al que pertenecen: permiten ver los árboles sin dejar de ver el bosque.

Marcos Sánchez, El Accidente de las Espinas IV, 2011, Autómata

Creo que algo similar ocurre con Ciudades son imágenes, la animación cuadro a cuadro que Paula Dittborn confeccionó a partir de postales. Ante nuestros ojos, paisajes turísticos se dibujan y desdibujan para dar paso a un nuevo lugar sin borrar del todo la presencia del anterior. La forma es el accidente que posibilita la metamorfosis. Así, sombras proyectadas en una plaza de Siena se transforman en palmeras y luego, de un momento a otro, ya no vemos del todo la plaza ni Siena, vemos una playa de Rio de Janeiro con el Corcovado de fondo. Esta imagen también huye dejando una estela: el Corcovado se convierte en el Planetario, Río en Santiago. En las vitrinas ubicadas al fondo de la primera sala se devela parte de su proceso constructivo: algunas de las postales originales, algunos de los dibujos que mudaron suelos, edificios y palmeras.

Un tercer tipo de movimiento agita los grabados de la serie Black Mail de Paula Dittborn: la soterrada actividad de las aguas de la memoria tratando de atrapar un recuerdo, de identificar a qué película corresponde el fotograma que enmarca la ventana del sobre americano. Aparentemente estos grabados congelan escenas en las que uno o más personajes se trasladan en un auto. Sabemos que esta clase de escenas testimonian por lo general dos tipos de actividad: la del auto recorriendo una ruta y la de los personajes conversando. Sabemos también que muchas veces el desplazamiento del auto no es real, que incluso el auto tampoco lo es, que es el escenario, el paisaje que circunda la carretera o las calles, el que cambia con el fin de generar la ilusión de movimiento. Respecto al diálogo entre los personajes, éste puede incluso ser un monológo y limitarse, por ejemplo, a evocar las cavilaciones del conductor a través de una voz en off, una canción o la propia alocución del personaje parapetado en la confortable intimidad que ofrece la soledad de un auto que recorre una carretera perdida. La cámara enfoca la totalidad del parabrisas; la ventana del sobre americano enmarca la escena situándonos en el lugar desde el cual la cámara registró los movimientos del auto, de los personajes, instándonos a reconocerlos y a recrearlos.

Praz considera que mientras la mayoría de los autómatas remedan los gestos y actos del hombre, el reloj imita el ritmo de la vida, palpita como un corazón, transforma el tiempo en criatura viva. Las imágenes en movimiento de esta exposición también operan como autómatas: imitan el pulso de la memoria y convierten la galería en una plataforma para el recuerdo.

Marcos Sánchez y Paula Dittborn, Vitrina con objetos y cerámicas, 2011
Paula Dittborn, cerámicas, 2011

[1] «Vanitas», Traducción del italiano de Fernado Pérez. Revisada y anotada por Pablo Chiuminatto. Vértebra # 10: 120-29.

Gabinete: Paula Dittborn y Marcos Sánchez

Por Caroll Ventura

En Gabinete, la actual exposición de la Galería Gabriela Mistral, los artistas Marcos Sánchez y Paula Dittborn reúnen un conjunto de obras que reflexionan en torno al tema de la memoria, una de memoria personal, subjetiva, y por lo tanto sujeta a contradicciones. La memoria es considerada desde la perspectiva del dibujo, tomando en cuenta para ello la consideración que se ha hecho de la manualidad como un método de memorización y recuerdo aún más efectivo que la visualidad. La “cosa mentale” de Leonardo: mental/material, manual/rememorable.

En El accidente de las espinas I, Marcos Sánchez recrea en un conjunto de dibujos sus recuerdos de la infancia. Sin embargo, al verlos, nos damos cuenta de que las escenas representadas nunca se produjeron de esa manera, ya que los dibujos remiten a situaciones inverosímiles. Es así como la cabeza de un gato de la fortuna es el telón de fondo de un niño que empuja con un palo una mano amputada botada en el piso. Los dibujos parecieran ser ilustraciones para cuentos infantiles que no existen: imágenes que sugieren la existencia de una ficción que las justifica, pero a la que no tenemos acceso.

Marcos Sánchez, El Accidente de las Espinas I, 2011, Lápiz de color, tinta y esmalte de uñas sobre papel

Casa es una video-instalación que encarna de cierta manera la idea de que existe un vínculo entre memoria y espacialidad. Esta obra consiste en una maqueta inspirada en el lugar en el que vivió Marcos Sánchez hasta los diez años. Posee en su interior dos o más monitores de video de pequeño formato, cada uno de los cuales transmite una animación (Bosque). Para poder verla, hay que mirar a través de uno de los orificios que hay en la casa, como todo buen voyeur. Se trata por lo tanto de la materialización de esa “casa de la memoria”, de ese lugar en el que se relacionan el recuerdo (tiempo pasado) y el espacio (recorrido presente). Por otro lado, la reducción de lo grande a lo pequeño remite automáticamente a Alicia en el país de las maravillas y a Los viajes de Gulliver: una vez más, los cuentos infantiles.

Marcos Sánchez, Casa, 2011, Madera, plástico televisores portátiles, pintura. Tres animaciones cuadro a cuadro con sonido, al interior de una casa en miniatura, accesibles a la vista a través de agujeros

En la animación Bosque, parte I, el artista hace evidente el método con el cual antiguamente se animaba: mediante la utilización de diferentes transparencias sobre las cuales se dibujaban sólo algunas partes de la escena (un brazo, un personaje entero, las hojas de un árbol, etc.). Se hace posible vincular esos dibujos con otras obras gráficas pertenecientes a la historia de la pintura, tales como los bocetos para El juramento de la cancha de pelota de J.L.David.

Paula Dittborn presenta Ciudades son imágenes, un dibujo animado en donde los paisajes dan pie a situaciones inverosímiles, cargadas de un humor sin muchas complejidades. El plano general que caracteriza a las imágenes tomadas de postales, sumado al movimiento cotidiano de los elementos que las componen, generan una suerte de trama o textura en movimiento, en donde se olvida la identidad individual de cada cosa representada. Se pasa de una visión macroscópica a una visión microscópica, obviando en el camino el punto medio desde el cual percibimos nuestro entorno.

Paula Dittborn, Ciudades son imágenes, 2011, animación cuadro a cuadro (proyección al fondo)

Otro de sus trabajos, Black Mail, consiste en un conjunto de sobres americanos con ventana en cuyo interior fueron colocadas diferentes imágenes, linografías realizadas en base a las escenas cinematográficas en las que dos personajes viajan en un auto. Se pone en abismo la relación entre ambas dimensiones: ficticia y real.

Es así como las imágenes en movimiento de esta exposición operan como autómatas: imitan el pulso de la memoria y convierten la galería en una plataforma para el recuerdo.

Paula Dittborn, Black Mail, 2011, Linografías sobre papel al interior de sobres americanos con ventana

Gabinete

Paula Dittborn y Marcos Sánchez

Del 16 de Junio al 19 de Agosto del 2011

Galería Gabriela Mistral, Alameda 1381, Santiago, Chile

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Marcela Labrana y Caroll Ventura

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