El pasado 18 de octubre se inauguraba Genio Doméstico, la primera exposición en Chile de la pareja de artistas argentinos Chiachio & Giannone, presentada por Isabel Croxatto Galería en el marco de la última edición de Galería Weekend Santiago, coincidiendo con el inicio de las protestas que comenzaban en paralelo esa noche en Santiago y que rápidamente se expandirían a lo largo de Chile. Los artistas llevaban una semana en el país, alcanzando a notar los primeros signos de efervescencia en las calles, y se quedarían cinco días más, a pesar de la consiguiente cancelación de las actividades relacionadas a su muestra y al festival de las galerías de arte, en medio del estado de excepción constitucional y toque de queda que rigió durante esos días.

Los inicios de Chiachio & Giannone se remontan a 2003, año en que Leo Chiachio (Buenos Aires, 1969) y Daniel Giannone (Córdoba, 1964) se conocen, se enamoran y dejan atrás sus carreras individuales como pintores para cambiar los pinceles y pinturas por agujas e hilos, creando como un colectivo y trasladándose hacia el arte textil. Dieciséis años después, su trabajo es reconocido en gran parte del mundo, habiendo expuesto en América, Europa y Asia, y siendo galardonados con el Premio Adquisición Presidencia de la Nación a la primera mejor obra en el 108° Salón Nacional de Artes Visuales, máximo reconocimiento entregado a los artistas visuales en Argentina.

Chiachio & Giannone llegan a Chile tras presentar su proyecto Celebrating Diversity en The Museum of Latin American Art de Los Ángeles (MOLAA), y exponen en Isabel Croxatto Galería hasta el 27 de noviembre una selección representativa de su trabajo, con piezas creadas entre 2007 y 2018, incluyendo la arpillera Paz, un tributo del dúo argentino a la artista, folclorista e investigadora chilena Violeta Parra. En el texto curatorial de la muestra, Cynthia Francica, Doctora en Literatura Comparada y experta en estudios de género, expresa: “A partir del gesto del bordado, la exposición Genio Doméstico de Chiachio & Giannone re-imagina la intimidad del hogar como una fuerza en perpetua expansión, […] investigando de manera sostenida espacios íntimos, imaginarios disidentes de familia y modos de afectividad queer. A través de los años, los artistas continúan auto-retratándose sin tregua en culturas, espacios y tiempos distantes junto a su perro Piolín. Chiachio & Giannone barroquizan la técnica del bordado conforme a una sensibilidad queer”.

Leo Chiachio y Daniel Giannone conversaron al teléfono desde Buenos Aires con Artishock acerca de su trabajo como pareja en la vida y en el arte, el cambio de lo individual por lo colectivo, y sus experiencias con el estallido social que actualmente vive Chile.

Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González
Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González

Nicolás de Sarmiento: Ustedes se definen como “un artista con dos cabezas y cuatro manos”. ¿Cómo llegaron ambos a dejar sus carreras anteriores en el arte y pasaron a fusionarse en este colectivo o dúo que es Chiachio & Giannone?

Leo Chiachio: En realidad, nunca hubo una intención desde el comienzo de decir: “Vamos a ser esto”, sino que se dio naturalmente. Estas reflexiones uno las tiene mucho tiempo después. Nosotros empezamos a trabajar así naturalmente. Aquí, en Buenos Aires, en esa época [en 2003] vivíamos una gran crisis social –quizás un paralelo a lo que está pasando ahora en Chile –, y trabajábamos un poco en consecuencia de todo el caos que teníamos alrededor. Nunca hubo una intención al principio de decir: “Somos un artista con dos cabezas y cuatro manos”; eso devino del hacer, del trabajar. Cada uno tenía una carrera individual, éramos mucho más jóvenes entonces… Esas carreras incipientes, en un momento de tanta crisis, se atan con alambre, todo es endeble.

Daniel Giannone: Sí había una constante: nosotros teníamos una necesidad de compartir, de hacer algo juntos y de conocernos más. El arte – y más concretamente, el bordado – fue lo que nos permitió comenzar a andar por un mismo camino, a la vez que nos íbamos conociendo. Todo sucedió simultáneamente. Eso fue lo interesante: cómo el arte nos acercó, nos hizo sentirnos mejores estando juntos. De ahí viene la elección.

N.d.S: Ambos son pintores de formación, y la pintura era la disciplina que ustedes seguían antes de comenzar a trabajar juntos. ¿Cómo fue ese cambio, la transición, de la pintura al bordado? ¿Por qué escogieron trabajar con el bordado?

D.G: En realidad, nosotros nos definimos como pintores y nunca nos fuimos del territorio de la pintura, porque nuestra actitud es la de ser pintor. La actitud que tenemos hoy, manejando en una mesa donde hay planchas, tijeras, hilos, agujas, telas, es la misma que teníamos cuando teníamos bastidores, caballete, pinceles, óleos y acrílicos. La técnica que decidimos utilizar al momento de comenzar a trabajar juntos, y al tener un proceso creativo de a dos, fue el bordado porque encontramos en ello la posibilidad de poder aplicar todo lo que sabíamos hacer, que es manejar el color. Además, es una técnica con la que no nos identificaban a Leo Chiachio y Daniel Giannone, pero sí era posible que comenzaran a identificar a Chiachio & Giannone con esa técnica. Por otro lado, lo que nos interesaba era que fuera una técnica relegada al mundo femenino, con lo cual, a modo de gesto político, podíamos dar otro sentido a esa voz: una familia homoparental que decide contar su historia con el bordado.

N.d.S: La primera vez que comenzaron a trabajar con el bordado fue a partir de una invitación que les hacen a intervenir una tienda abandonada en Buenos Aires…

D.G: Era un evento que se hacía en Buenos Aires, Estudio Abierto. Ya no existe este evento, entonces se hacía de forma anual, y en él los curadores invitaban a artistas de todas las disciplinas a apropiarse del espacio y generar obra in-situ. Nosotros recibimos una invitación de parte de Ana María Battistozzi, curadora de arte y entonces directora de Estudio Abierto, para armar y presentar un proyecto para la tienda Harrods, la famosa y prestigiosa tienda inglesa que tiene una ubicación y una sede increíble en Buenos Aires en la esquina de la peatonal Florida y Avenida Córdoba. Fue ahí donde nosotros hicimos nuestra primera intervención juntos: una obra que se llamó Hechizo, donde estábamos los dos retratados en pintura y bordado sobre un colchón como soporte, durmiendo juntos, abrazados y desnudos, con muchos sapitos, ranitas y vaquitas de San Antonio que nos despertaban de ese letargo y sueño.

N.d.S: ¿Cómo nace esa colaboración? ¿Por qué es que deciden tomar el bordado en ese contexto? Hablamos del año 2003, plena crisis política, social y económica en Argentina.

L.C: En ese momento nos conocemos, estamos juntos, empezamos a salir y después a vivir juntos; nos visitábamos cada uno en su taller, viendo lo que el otro estaba haciendo… Así una cosa llevó a la otra, y en un momento surge esta invitación. Ahí dijimos: “Bueno, es el momento de hacer algo juntos”. No sabíamos qué iba a suceder, no hubo una especulación acerca de qué podría funcionar de tal o cual manera. Lo hicimos. Lo increíble es que ese proyecto, Estudio Abierto, tenía una galería joven que se llamaba Sonoridad Amarilla, donde nos invitan a hacer una muestra con nuestro trabajo. Entonces no teníamos un cuerpo de obra, no teníamos nada más que el colchón. Nosotros dijimos que sí y ahí nos pusimos a trabajar juntos, aunque ya veníamos uno metiendo la mano en el trabajo del otro.

D.G: A partir de esa invitación fue que comenzamos a realizar lo que denominamos hoy cuerpo de obra de Chiachio & Giannone.

L.C: Fue un desafío y nos encantó, y lo hicimos. Todo a partir de ese colchón. Ahora, nosotros igual teníamos ganas de seguir haciendo cosas, no fue que dijimos: “Vamos a hacer el colchón y listo”. Esa misma noche de la inauguración, ya que estábamos con esto y con eso, nos dijimos: “Hagámoslo”. Y así fue como empezó.

Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González
Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González
Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González
Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González
Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González

N.d.S: Es curioso que la primera obra que hacen en conjunto, este colchón, sea un autorretrato, lo que se volvió parte de su trabajo más representativo y reconocible. El autorretrato puede ser un ejercicio de autoexploración, de descubrimiento, pero también tiene algo de vanidad. Los suyos son autorretratos que toman meses en completarse y en ellos se metamorfosean, se convierten en – por ejemplo, en las obras que se exhiben ahora en Isabel Croxatto Galería – indios guaraníes, geishas, aborigen y conquistador; se presentan en escenarios domésticos y en representaciones de estereotipos gay. ¿Cuáles son las dimensiones políticas del autorretrato para ustedes?

L.C: Como vos nombraste, tiene varias. Una de ellas es el concepto del tiempo, de tratar de recuperar ese tiempo en el que no estuvimos juntos, de recuperar el tiempo en el momento en que estamos haciendo cada uno de los retratos porque sabemos que, una vez pasado el tiempo, no vamos a volver a ser como nos estamos retratando. Es una especie de melancolía de lo que estamos siendo. El presente no existe, sólo existe el pasado y el futuro. El presente como tal no existe, porque en el momento que lo decís, ya deja de ser. Hay algo de esa melancolía en el retrato. Por otro lado, la representación – o la auto-representación – tiene que ver con nuestro narcisismo, es cierto, y también con poder ser la tela de todas aquellas cosas que se nos ocurren y poder decírnoslo a nosotros mismos. Nos reímos nosotros primero.

D.G: Es dar rienda suelta a todo el mundo onírico, hacer realidad nuestros sueños. No ponemos límites, por ejemplo, al decidir travestirnos. Nos convertimos en todo lo que queramos ser. Eso es liberador. Así como cuando bordamos tratamos de borrar todo lo que son los límites entre género y oficio, al retratarnos también borramos todo límite, las posibilidades de lo masculino y lo femenino… de sentirnos libres de elegir y optar.

N.d.S: Su obra también puede verse desde otro prisma político, desde la materialidad a la estética y las temáticas que tocan, como me contaban acerca del reconocimiento a artistas mujeres, temas de diversidad sexual… Considerando los tiempos que estamos viviendo, ¿qué tanto de activismo hay en el trabajo de Chiachio & Giannone?

L.C: Hay mucho. La técnica es importante, nos encanta: nos encanta ver nuestros trabajos bordados, nos gustan las superficies, nos gusta hacer las cosas, pero lo fundamental es el concepto de nuestro trabajo, que no es uno sino varios. Va por ahí el tema para nosotros. Creo que el impacto al hacer los bordados, lo que cala más profundo y fundamentalmente desde el momento en que empezamos a trabajar, es la disolución del “yo” por un “nosotros”, un “nosotros” que termina siendo un “uno”. Trabajamos por los derechos de la comunidad LGTB, por el matrimonio, por las configuraciones nuevas de familias homoparentales… esto hace 18 años.

D.G: También por los cuerpos disidentes, porque nosotros nunca nos retratamos como dos modelos gays, mira que en la cultura gay – sin ánimos de generalizar – hay un cierto culto al cuerpo. Nosotros no nos paramos en ese lugar.

L.C: Hay estereotipos y nos gusta trabajar con esos estereotipos, hay un sentido del humor en ello. Hay mucho de lo político, y cómo eso se replica en las voces o miradas de otros y otras, quienes ven el trabajo. Hay gente que de pronto no tiene esa voz o el espacio para decir lo que decimos. Entonces, como artistas, ser sus portavoces también es un hecho político. El hablar de estas familias homoparentales, con el retrato familiar y los perros… Hay gente que no tiene esta voz.

Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González

N.d.S: Encuentro muy interesante lo que dijiste, Leo, acerca de la “disolución del yo”, que se amalgama y convierte en un “nosotros”, teniendo en cuenta que, en general, el mundo del arte y los artistas suelen – solemos – tener un ego muy grande…

L.C: Imaginate dos egos juntos [ríe].

N.d.S: Y pienso también en otras parejas de artistas. Ustedes contaban que empezaron a colaborar de a poco conociéndose, y pienso en Christo y Jeanne-Claude, donde ella entra en el mundo del arte a través de él; Marina Abramovic y Ulay…

L.C: Con Christo lo que pasa es que nadie se acuerda de ella, de Jeanne-Claude. Dicen: “Los edificios envueltos de Christo”, y vos ves que la borran a ella. Y con Marina Abramovic, se borra a él, a Ulay. Lo que no sucede, por ejemplo, con Gilbert & George…

D.G: O Pierre & Gilles…

L.C: Son los dos. Es un tema. Hay ciertas resistencias a pensar esto, porque da miedo pensar en esta ruptura del “yo”.

N.d.S: Claro, porque finalmente ¿quiénes somos – quién soy si no soy yo?

L.C: A veces yo lo pienso como sociedad. Nosotros somos lo que somos porque hubo una generación detrás que hizo cosas para que nosotros estemos acá. Hay otros que hicieron cosas para que nosotros seamos. Yo no puedo pensar solo, aislado de un contexto. Mi formación es en las escuelas públicas de arte, entonces tenés que pensar que hay políticas públicas que pagaron esas escuelas para que yo tuviera educación. Existen instituciones, como el Fondo Nacional que ayuda a los artistas, y así miles de cosas. No puedo pensar un “yo” aislado de todo. Por eso, a veces pienso en esta ruptura del “yo” en pos de algo social, algo más complejo…

N.d.S: El “yo” versus el “nosotros” es un acto político, considerando que la sociedad actual en occidente es increíblemente individualista, y eso es algo que también podemos ver en la crisis que vivimos actualmente en Chile.

D.G: Exacto.

N.d.S: Esta es primera vez que ustedes exponen en Chile, ahora con Genio Doméstico en Isabel Croxatto Galería. Les tocó en una fecha muy especial, el 18 de octubre, la noche del estallido, jornada en que las protestas comenzaron a desatarse, desde Santiago se expandieron a todo el país. La inauguración fue en el marco de Galería Weekend, que finalmente terminó por cancelarse a medio camino. ¿Cómo vivieron ustedes esta experiencia, estar en Chile cuando se desató todo?

L.C: Estuvo bueno estar esa semana previa en Chile porque, además de estar trabajando en la galería de Isabel Croxatto, estuvimos un poco en las calles. Lo vimos, se sentía un poco el estallido que venía.

D.G: Se podía percibir que comenzaba a gestarse, que había un cierto descontento, lo que presenciamos cuando tomamos el metro y unos estudiantes se subieron, hablaron y cantaron, e invitaban a que la gente se manifestara acerca del precio del boleto. En Buenos Aires concretamente somos una sociedad en la que estamos acostumbrados a esas manifestaciones sociales, donde la gente en cualquier momento y en cualquier esquina encuentra, durante los 365 días del año, una manifestación más o menos concurrida. Para nosotros no fue tan impactante que la gente expresara su descontento. Lo que sí fue fuerte para nosotros fue ver la presencia policial en las calles, la presencia del Ejército… Yo me formé en la etapa de la dictadura militar en Argentina, y para mí ver militares en la calle automáticamente me retrotrae a un periodo muy nefasto que vivimos aquí, en nuestro país.

L.C: Hablando con unos amigos españoles, nos dimos cuenta qué es lo que nos traía mucho resquemor, por ejemplo, perder la libertad. Eso fue tremendo, porque con el toque de queda perdés la libertad. Es fatal entenderlo de esa manera, porque un gobierno te está diciendo: “Usted no puede salir más a partir de las siete de la tarde, y si lo ven, los militares lo van a tirotear”. Entender eso, como país vecino, es fuerte y triste. Nosotros volvíamos a nuestro país, a las problemáticas que tenemos. Fue triste, porque en vez de que se haya armado un diálogo, el poder hizo todo lo contrario. Eso es triste. Por suerte, la gente siguió en la calle y sigue reclamando. El deseo nuestro es que todo vaya para una sociedad más equitativa, más pareja.

D.G: Otra cosa que para mí fue importante fue que la gente que vos veías en la calle, que se tomaba la calle – tanto a través de los medios como en los horarios en que podíamos transitar por la ciudad –, atravesaba todas las clases sociales. No era que el descontento solamente fuera en los estudiantes o la gente pobre, sino que hay un descontento generalizado, y en eso hay una diferencia con respecto a la Argentina. Por la poca gente con la que pude hablar, y que no pertenece a la clase obrera – por decirlo así –, apoyaba ese reclamo. Para mí eso es importante, eso es muy diferente aquí en Buenos Aires. Me pareció muy interesante que gente que no se estaba tomando las calles considerara que era válido y era un derecho el salir a reclamar.

L.C: No estamos para nada de acuerdo con ningún hecho violento, y más que todo los hechos violentos de parte del poder. Eso se tiene que investigar, y la justicia debe actuar. Ojalá que se logren cosas buenas para el pueblo chileno.

Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González
Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González
Vista de la exposición "Genio Doméstico", de Chiachio & Giannone, en la Galería Isabel Croxatto, Santiago de Chile, 2019. Foto: Sebastián González

N.d.S: Se dio también la coincidencia que, en su exposición en Isabel Croxatto, se presenta una obra llamada Paz¸ un tributo a Violeta Parra. La obra en la que ustedes se basan, una pieza homónima de Violeta Parra que actualmente se exhibe en el Museo Violeta Parra, también es un llamado pacifista contra la guerra, la injusticia social. Se dio en este contexto, y ha habido un gran interés en esa obra de parte de la prensa y del público. Fue una bonita coincidencia.

L.C: Es linda coincidencia, pero una triste coincidencia también – no por Violeta, sino que hay que pensar que cuando Violeta hace esta obra y en qué año la hizo… y estamos a 2019, y se sigue reclamando casi las mismas cosas. ¿Qué nos pasó como sociedad? Ese vínculo que hicimos con la obra de Violeta tiene que ver con nuestro amor por su trabajo, por ella, por lo que significó. Justo se dieron los acontecimientos, y justo llevamos esa obra a Santiago, y surge esto. Es interesante cuando el arte está en sintonía con lo que está sucediendo.

D.G: Inclusive, ese trabajo que hicimos sobre Violeta es algo que hicimos antes de recibir la invitación de Isabel Croxatto. Era un tema que a nosotros nos interesaba trabajar por muchas aristas, pero partiendo por el hecho de que nosotros fuimos jóvenes y crecimos escuchando a Violeta. Ella fue una cantautora que escuchamos mucho durante nuestra adolescencia, reclamando y hablando por el pueblo, por los campesinos, y parecía que nos cantaba a nosotros y estábamos separados por un cordón andino, pero era una realidad que también nos tocaba y por eso tenía tanta cabida aquí. Después, cuando recibimos la invitación de poder llevar la obra y poder mostrarla en la ciudad donde Violeta pensó ese trabajo, es para nosotros resignificar lo que nosotros pensamos y trabajamos mientras bordábamos a Violeta. También hay otra obra que estamos exponiendo en la galería, Bomberos, que es un tapiz que hicimos hace mucho tiempo, en donde nosotros estamos siendo salvados de un gran fuego. Uno de los medios que nos cubrió en Santiago publicó una nota donde dice: “Hombres maduros…”

L.C: No, no dice eso [ríe].

N.d.S: Los “madurones”.

L.C: “Las Condes se enciende… con madurones…”

D.G: “Madurones argentinos se encienden en Las Condes” [ríe]. También es un trabajo coincidente, como la gente le hizo una lectura tanto a lo de Paz como a esta cosa del fuego. Fue una cosa que me llamó mucho la atención: el titular que pusieron, que es metafórico pero que también hace referencia al momento social e histórico. Nosotros no nos dimos cuenta, pero sí nos damos cuenta de que presenciamos un momento histórico para la sociedad chilena.

L.C: Y también para América Latina, que está tomando nuevos rumbos, más justos creo. Que en Chile pase esto habla de que lo que estaba pasando no estaba funcionando, sino la sociedad no estaría reclamando. Pasa en Argentina, en Bolivia, en Brasil… Para mí, la región está mirando para un lado distinto.

N.d.S: A propósito de esto, ¿cómo creen ustedes que el arte puede tomar los descontentos y las demandas sociales? ¿Cómo lo abordan ustedes, tanto desde las obras que realizan como dúo, así como las piezas colectivas que trabajan con distintas comunidades en los lugares que exhiben?

L.C: No sé si el arte debería hacer eso. Yo creo que los artistas tenemos que trabajar con absoluta libertad; y cuando se empiezan a cruzar las historias, lo que sucede en las sociedades y las producciones artísticas, ahí algo emerge. No creo mucho en los artistas que especulan con lo que sucede socialmente para hacer algo en consecuencia, no creo mucho en esas maneras. Sí creo en los artistas que trabajamos, y que trabajamos en estos contextos y que vivimos en realidades particulares, y que se produzca a partir de eso. Si te ponés a pensar en la historia lineal del arte, como se podría llegar a construir, cuánto son diez años, ves que es nada. Por eso hay que trabajar, y yo creo que después, en un tiempo, alguien armará una historia del arte, porque sabemos que es así.

D.G: ¿Cómo va a ser contada?

L.C: ¿Cómo se va a contar la historia del arte del comienzo del milenio? Porque somos el comienzo del milenio, son 19 años después del cambio de milenio. ¿Cómo contarán la historia en 50 años? ¿Quién se va a ocupar de contar la historia? ¿Quién armará la historia del arte?


Imagen destacada: Leo Chiachio y Daniel Giannone. Foto: Nicolás de Sarmiento para Artishock

The following two tabs change content below.

Nicolás de Sarmiento

Nace en La Serena (Chile) en 1987. Es publicista, editor y comentarista de arte. Licenciado en Comunicación Persuasiva por la Universidad del Desarrollo (Santiago de Chile). Ha seguido estudios libres en marketing cultural y formación de audiencias, y cursos sobre arte moderno y contemporáneo con instituciones como The Museum of Modern Art de Nueva York. Fue fundador y editor general del blog de arte ANTE Santiago. Actualmente es editor general en Artishock.