En Mi nombre es Lima, Miguel Ángel Ríos (1953) recupera la tradición y el imaginario de la cultura Moche del siglo II y V de la provincia de Trujillo, donde a partir de una investigación de las piezas arqueológicas de la colección del Museo Rafael Larco, empieza a darle forma a una serie de obras en relación al erotismo, el humor y lo onírico.

Mi nombre es Lima está anclada sobre el territorio y el imaginario latinoamericano, pero también explicita una forma de capitalizar la experiencia del artista sobre el uso de alucinógenos que excede al propio cuerpo y que necesita de una proyección extrapersonal para ser narrada.

Ríos realizó viajes a Huancabamba, Salala, Piura y al sur de Perú para ingerir el cactus de San Pedro en pleno paisaje abierto. Después de la ingesta, el artista afirma que la percepción de la realidad se expande a otros niveles y el límite que estabiliza la observación, se pierde. Producto de eso, surgen varias de las piezas exhibidas en la exposición: dibujos, pinturas y dos animaciones (las primeras realizadas por el artista) que son parte fundamental y dividen a la exposición en dos estados. En ambas aparece Lima, un personaje que atraviesa un viaje lisérgico y erótico, donde cuerpo, sexo y naturaleza son parte de lo mismo. Estas animaciones, a diferencia de las demás obras que poseen una paleta vibrante y saturada, están en blanco y negro, ubicadas en pequeños cubículos que dividen en dos a la galería. Funcionan como una pausa, un momento de suspensión dentro de todo el viaje introspectivo.

Miguel Angel Ríos, Mi nombre es Lima. Vista de la exposición en Barro, Buenos Aires, 2019. Cortesía: Barro
Miguel Angel Ríos, Delirium Tremens, 2017-2019, 31 dibujos en acuarela, tinta, acrílico, lápiz sobre papel, 50 x 490 cm. Vista de la exposición en Barro, Buenos Aires, 2019. Cortesía: Barro
Miguel Angel Ríos, Echinopsis pachanoi, 2017, 10 dibujos en acuarela, tinta, acrílico, lápiz e impresión sobre papel, 103 x 317 cm. Vista de la exposición en Barro, Buenos Aires, 2019. Cortesía: Barro

Esta muestra tiene un carácter importante en relación a la reflexión sobre cómo son interpretadas e iconizadas las culturas precolombinas por la historiografía, a veces sin tener en cuenta los procesos de colonización y exterminio. Esta exhibición puede funcionar como un ensayo visual sobre estas culturas a través no sólo de la investigación, sino también desde la invocación y haciendo carne los ritos propios de estas culturas.

Según Foucault, el siglo XVIII sería el comienzo de una edad de represión, propia de las sociedades llamadas burguesas, y de la que quizás todavía no estaríamos completamente liberados. A partir de ese momento, nombrar el sexo se habría hecho más difícil y costoso. Como si para nombrarlo en lo real primero hubiese que reducirlo en el campo del lenguaje. Pero en realidad, lo propio de las sociedades modernas no es que hayan obligado al sexo a permanecer en la sombra, sino que ellas se hayan destinado a hablar del sexo siempre, haciéndolo valer, poniéndolo de relieve como si fuese lo oculto.

No hay que olvidar que el catolicismo al hacer del sexo, por excelencia, lo que debe ser confesado, lo presentó siempre como el enigma inquietante: no lo que se muestra con obstinación, sino lo que siempre se esconde.

La multiplicidad de órganos sexuales y las escenas orgiásticas de las obras de Ríos van en la dirección contraria. En ellas no hay represión, ni obstinación. Tampoco el acto sexual es lo primordial, sino una parte más del delirio onírico, surreal y atemporal.

Pensar una historiografía en éstos términos, basada en sensaciones más que en hechos, en estados de ánimos más que en actos cronológicos, puede ser uno de los susurros que Lima nos esté compartiendo.

Miguel Angel Ríos, Mi nombre es Lima. Vista de la exposición en Barro, Buenos Aires, 2019. Cortesía: Barro
Miguel Angel Rios, Nap with elves, 2018, lápiz, tinta y acrílico sobre papel, 58,8 x 84 cm. Vista de la exposición en Barro, Buenos Aires, 2019. Cortesía: Barro

Mi nombre es Lima, de Miguel Ángel Ríos, se puede visitar hasta el 12 de octubre de 2019 en la galería BARRO, Caboto 531, La Boca, Buenos Aires.

Imagen destacada: Miguel Angel Ríos, San Pedro que estás en los Andes, 2018 – 2019, Cibachrome, 149 x 260 cm. Vista de la exposición en Barro, Buenos Aires, 2019. Cortesía: Barro.

The following two tabs change content below.

Rodrigo Barcos

Nace en La Plata, Argentina, en 1991. Egresado del Bachillerato de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente estudia una licenciatura en Políticas Culturales en la UNTREF. Fundador de la galería BÚM en La Plata y Museo Inmaterial en la República de los Niños. Colabora para distintas revistas de arte. Trabaja y vive en Buenos Aires.

Latest posts by Rodrigo Barcos (see all)