Marea: Arte y espacio marítimo reúne una selección de obras que retrata e investiga en distintos formatos la poderosa carga simbólica de esta gran superficie de agua. Decir retrato es, por supuesto, hablar de una indagación de la pintura en el carácter de una persona o de un paisaje guiada por un deseo de  poseer y destacar los rasgos físicos que se despliegan ante la mirada. Pero allí donde el paisajismo en tierra permite la estabilidad, la calma, la posesión de una serie características, en el mar, su inquieta superficie líquida recubre y oculta una profundidad siempre desconocida. De ahí su inevitable atractivo romántico, su tempestuosa cita con la historia del arte moderno, su fuerza simple e irreductible.

El mar, la mar, como la conocen los que trabajan sobre sus aguas, aparece como una negación evidente: todo lo que vemos es un indicio de lo insondable. “Templo del tiempo” lo llama Paul Valery en su poema El cementerio marino. De manera próxima, el texto que Gonzalo Ilabaca presenta como contribución a esta muestra continúa la indagación en esas profundidades al preguntar por el mar en Valparaíso, una ciudad al borde del mar, cuya historia fue hecha en el mar y que, sin embargo, hoy se encuentra separada de su orilla por una alambrada interminable. Pregunta allí en sus líneas Ilabaca: 

¿Dónde está el muelle fiscal, el muelle de pasajeros, los baños de mar en Barón, la base aeronaval con sus hidroaviones en las Torpederas, la Casa de Botes que albergaba al Club de Regatas de Valparaíso, los obreros de la huelga portuaria de 1903? ¿Dónde están los vapores Perú, Orissa, Reina del Pacífico, Potosí, de la Pacific Steam Navigation Company, que fundara Willian Wheelwright, pioneros en la navegación a vapor en el Pacífico? ¿Dónde están los vapores  de la Italmar que unían Génova con Valparaíso: el Verdi, el Donizetti y el Rossini que, en sus menús, todos los días tenían pastas y minestrone?

Este recuerdo que unifica los recuerdos de manera anárquica y persistente, encadena la infinidad de momentos surgidos del mar, todas las vidas que allí se forjaron, los barcos y traslados, los descubrimientos, las tragedias, las ilusiones y aventuras.

Máximo Corvalán-Pincheira, Aziz. Vista de la instalación en "Marea: Arte y espacio marítimo", Centex, Valparaíso, Chile, 2019. Foto cortesía de Centex
Máximo Corvalán-Pincheira, Aziz. Vista de la instalación en "Marea: Arte y espacio marítimo", Centex, Valparaíso, Chile, 2019. Foto cortesía de Centex

En Marea: Arte y espacio marítimo, que se presenta en el Centro de Extensión (Centex) del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, en Valparaíso, hasta el 28 de julio, participan Juana Guerrero, Thomas J. Somerscales, Gonzalo Ilabaca, Ejercicios Impermanentes, Teresa Aninat, Claudia Müller, Gianfranco Foschino, Colectivo 22bits + Rosa Oyarce, Pilar Quinteros, Enrique Ramírez, Máximo Corvalán-Pincheira y Cristo Riffo. 

Máximo Corvalán-Pincheira presenta su trabajo Aziz, una instalación compuesta por un video y un espejo de agua que vibra con un mecanismo electromagnético en función del audio del relato de Azis Faye, un inmigrante de Senegal, África Occidental, que se instala ilegalmente en la ciudad de Barcelona, España, tras cuatro intentos de cruzar por mar en una pequeña barcaza.   

“Muchos de mis trabajos abordan el mar de una manera política, bajo la idea de un paisaje inabarcable, un escenario perfecto para hacer desaparecer personas, por ejemplo. Para quienes ‘buscan’, la naturaleza es un signo que se transforma y que obliga a conocer su comportamiento, no solo en el océano, sino también en el desierto, los bosques e incluso en los procesos materiales de sus propios familiares desaparecidos”, asegura.

“Por otra parte, en el trabajo que estoy presentando en el Centex, el mar aparece como una frontera natural que ha visto ahogarse a miles de inmigrantes tratando de tener una mejor vida. La obra hace un homenaje a todos los que, al intentar cruzar desde África a Europa, se han ahogado, a vista y paciencia de todo un continente”, señala Máximo Corvalán.

Teresa Aninat, Pasión Austral, parte de la exposición "Marea: Arte y espacio marítimo", en Centex, Valparaíso, Chile, 2019. Foto cortesía de Centex

Pasión Austral es un proyecto de investigación de la artista Teresa Aninat sobre la relación entre el arte como exploración y, en esa medida, cómo la navegación marítima se afana en abrir rutas y descubrir nuevos continentes. La autora rescata la utopía del territorio inexplorado a través de una serie de exploraciones por los confines del continente sudamericano, rescatando, desde la óptica del arte, las historias de los primeros exploradores y los signos y ritos del mundo marítimo.

La exhibición Pasión Austral incluye la intervención sonora que la artista realizó en el Cabo de Hornos el 29 de enero de 2016, en el marco de la conmemoración de los 400 años de la apertura de este paso marítimo. Se trata de un fragmento del diario de viajes de Jacobo Le Máire y Guillermo Cornelio Schouten (descubridores del Cabo de Hornos) que, gracias al esfuerzo de la artista, fue transmitido en código Morse por radioaficionados del mundo.

“Esta es una obra que surge desde un viaje por mar adentro hacia lugares remotos como el Cabo de Hornos. El escritor Antonio Tabucchi reflexiona sobre la dicotomía Mar/Tierra, lejanía /permanencia. El mar como viaje y lejanía representa la sed de conocimientos, de aventuras, de abrazo de lo desconocido; la tierra, en cambio, aparece como reflejo sobre lo ya conocido, sobre los orígenes y las raíces, la identidad”, afirma Teresa Aninat.

“Esta sed de búsqueda por lo desconocido en los mares australes es lo que presenta mi trabajo traducido en fotografías, sonidos y dibujos que configuran una bitácora visual. Esta búsqueda de conocimientos y de lejanía es lo que debería acoger el arte para hablar sobre el mar”, señala la artista.

Cristo Riffo, Las Ciudades Invisibles, parte de la exposición "Marea: Arte y espacio marítimo", en Centex, Valparaíso, Chile, 2019. Foto cortesía de Centex
Cristo Riffo, Las Ciudades Invisibles, parte de la exposición "Marea: Arte y espacio marítimo", en Centex, Valparaíso, Chile, 2019. Foto cortesía de Centex

El creador de arte electrónico Cristo Riffo presenta la obra Las Ciudades Invisibles, una máquina para contemplar el proceso de descomposición de un ente orgánico que permite visibilizar, a través de la proyección ampliada de un microscopio, las diferentes  etapas y secciones de un objeto marino. Se trata de una prótesis visual, capaz de agrandar la imagen y acercar a la biología a su punto de figuración gráfica.

“Yo soy nacido y criado en el sur, en Puerto Montt, y me vine a estudiar a Valparaíso. Durante grandes periodos de mi vida estuve en ciudades de mar. Creo que el paisaje siempre influye la forma nuestra forma de ser. Claro, el mar no es mi tema directo, pero en la obra que hicimos para este ciclo hubo una reflexión a la que le venía dando vueltas: cómo es la relación entre el mar y la memoria. Pero no la memoria política, sino una memoria biológica. Siempre he pensado que el mar es la madre de toda la vida en la tierra”.

“Hay una tensión que existe entre los seres, que van chocando entre sí, van friccionando. De ahí empieza la vida que es, básicamente, la transferencia de información de un organismo a otro. Eso es la memoria. Me interesaba mucho hablar sobre un tema que es específico acá en la zona, que es pensar el mundo social de los seres humanos, como el agua para los peces”.

Riffo también quiere mostrar cómo hacer que un organismo de un lugar local -el alga que es protagonista de su obra y fue extraída de la Caleta Portales- pueda sobrevivir fuera de ese contexto. “Quiero evidenciar lo difícil que es que mantener la vida, lo frágil que es y lo invisible que tiene ese mundo interior. Dentro de cosas que son muy pequeñas, hay un mundo inmenso, y cómo dentro de ese mundo inmenso hay un tejido complejo, como el tejido social donde vivimos”.

Juana Guerrero, Necia (stills de video), parte de la exposición "Marea: Arte y espacio marítimo", en Centex, Valparaíso, Chile, 2019. Cortesía de la artista

Necia (2016) es una video instalación a tres pantallas ubicadas a los pies de los visitantes. Las imágenes muestran la acción insistente de la artista, Juana Guerrero, azotada por el oleaje, cavando con el agua hasta la cintura, en alusión directa al gesto desesperado de aquellos que aún buscan los rastros de sus familiares. Esta performance fue registrada a lo largo de tres años en la Playa Blanca de Pisagua, donde funcionó un campo de detención y tortura durante la dictadura militar.

“Me interesó pensar el mar como una elemento fuerza imponente y cambiante. Durante el transcurso de la acción, que fue realizada en distintas épocas del año, fui testigo de cómo el mar se manifestó en distintas intensidades. Hubo días en que se mostró calmo, mientras que otras veces fue bravo. Bajo este contexto, el video performance estremece en el dificultoso acto de excavar y remover la orilla de la playa. Sin embargo, podemos apreciar que la fuerza poderosa del mar impide la acción. De esta manera, los movimientos infructuosos son una consigna política que pueden ser asemejados a los incansables esfuerzos de las víctimas por quebrar el destino de un sistema político que ha negado sistemáticamente su responsabilidad de éstos y otros hechos dolorosos en la historia de nuestro país”, asegura.

“Creo que existen muchas formas de abarcar artística y críticamente temáticas sobre el mar. Desde mi punto de vista considero necesario crear una reflexión en torno a esta fuerza que ha sido testigo de un y mil sucesos que han ocurrido y que ocurren hoy en día. Desde la violación a los derechos humanos, las guerras sobre territorios marítimos, la contaminación, la extracción desmesurada y así podría seguir nombrando hechos que dan cabida a la discusión y la acción”, señala la artista.


Marea: Arte y espacio marítimo se puede visitar de lunes a viernes entre las 10:00 y 19:00 horas, sábados y domingos de 11:00 a 18:00 horas, en CENTEX, Sotomayor 233, Valparaíso. Entrada liberada.