Mônica Hoff (Porto Alegre, Brasil, 1979) es educadora, artista, curadora y máster en Historia y Teoría del Arte por la Universidade Federal de Rio Grande do Sul (Porto Alegre). Actualmente realiza su PhD en Procesos Artísticos Contemporáneos en la Universidad del Estado de Santa Catarina (Florianópolis, Brasil), en el que busca analizar los cruces entre arte y educación, principalmente desde metodologías artísticas que se convierten en pedagogías instituyentes en escuelas creadas por artistas. Sus intereses no se centran tanto en las prácticas artísticas objetuales o en las prácticas pedagógicas convencionales, sino que intenta desplazar a estas constantemente para pensarlas en fricción y desde otro lugar. “El arte es lo que hace la educación ser más interesante que el arte, y la educación es lo que hace el arte ser más interesante que la educación”, asegura, haciendo un juego con la conocida frase de Robert Filliou cuando este menciona la potencia, y condición de existencia, que hay en la relación entre arte y vida.

Hoff estuvo en Chile entre el 22 y el 29 de marzo pasados participando en la segunda versión de Fragua Arte Contemporáneo Sur, un programa de investigación y creación artística con formato de residencia en la ciudad de Valdivia, al sur del país. Esta iniciativa, llevada adelante por las directoras de la Galería Barrios Bajos en esa ciudad, Gabriela Urrutia y Elisa Figueroa, contó con la participación de alrededor de 60 estudiantes, artistas, educadores y cientistas sociales de diversas partes de Chile, con diversas experiencias e intereses. Para esta versión de Fragua se definieron seis ejes de trabajo y, para cada uno de ellos, se realizó un workshop guiado por un profesional invitado. Para el eje Arte / Educación, la invitada fue Mônica Hoff, para quien Fragua es “un proyecto con una relación de escala, temporalidad y espacio muy especial, pues nos invita a debates y a la construcción de procesos de aprendizaje y escucha y zonas de afecto muy específicos”.

Hoff se ha dedicado a promover experiencias que estimulen la curiosidad, el pensamiento crítico y poético y el trabajo colaborativo en programas públicos y educativos de alto impacto. Es así como trabajó por diez años en la coordinación general del proyecto pedagógico de la Fundación Bienal del Mercosur, donde poco a poco fue aprendiendo que abrir espacio “a la escucha y al hacer juntos (no solo al pensar juntos)” invita más a la participación activa y a la acción compartida que proyectos totalmente dirigidos y con instrucciones muy determinadas. “Mientras más la institución mete la mano, programando y armando todo, más la experiencia se vuelve una experiencia dirigida y menos espacio hay para la construcción de procesos de aprendizaje que aún no existen o tienen nombre, o sea que inauguran otras formas de pensar, hacer y estar en el mundo”, señala.

Para lograr una genuina experiencia de trabajo, Hoff necesita generar una situación en la que el grupo se vuelva una comunidad. En este sentido, el compartir es un punto clave para establecer confianzas y actitudes de generosidad dentro de cualquier equipo humano, más aún para suscitar una experiencia creativa. Además, ve necesario trabajar desde lo corporal y lo espacial, en un contexto específico y cambiante al mismo tiempo, donde los participantes “se puedan escuchar entre sí y puedan aprender y desaprender entre ellos” y, de esta forma, reflexionar acerca de “qué se quiere aprender con todas las ganas, cómo construir metodologías político-poético-pedagógicas para lograrlo y, al final, cómo enseñar aquello que en realidad se quiere aprender, es decir, cómo enseñar aquello que creemos que no sabemos”.

Arte / Educación, taller dictado por Mônica Hoff en Fragua, Valdivia, Chile, 2019. Cortesía: Mônica Hoff/Fragua

Alejandra Rojas Contreras: ¿Qué distingue al arte propiamente? ¿Cuál sería su singularidad dentro del campo del saber? 

Mônica Hoff: Creo que el arte es capaz de contener a otras áreas del saber de una manera que esos otros campos no le pueden contener -por su carácter poético, que a la vez comporta elementos políticos y pedagógicos, y su capacidad de imaginación. También por su posibilidad de poner en el mundo las cosas que ya están en él, pero de otra manera, como si fuera por primera vez.

ARC: ¿Cómo se desarrolló el trabajo en Fragua 2019?

MH: Se realizó a partir de tres conceptos, o provocaciones: (1) pedagogías a pie, (2) conocimientos mojados y (3) ficciones visionarias. Por ‘pedagogías a pie’ me interesaba que trabajáramos la idea de pedagogía en desplazamiento, irregular, ambulante, una pedagogía que nunca podrá ser previa sino construida en tiempo real junto a la misma experiencia. ‘Conocimientos mojados’ es una expresión utilizada por Paulo Freire en muchos de sus textos, y que tiene que ver con conocimientos mojados de vida y de existencia, o sea, que va más allá de los saberes normativos y reglados institucionalmente; son los conocimientos que nos cruzan el cuerpo y para los cuales no necesariamente tenemos nombres o definiciones previas. Finalmente, la ‘ficción visionaria’ la tomo particularmente de Vilém Flusser, filósofo checo-brasileño, que trataba de hacer una especie de filosofía imaginativa, o especulativa, desde el lenguaje y la poesía.

En términos prácticos, la suma y fricción entre estos tres conceptos a lo largo de tres días resultó en ejercicios de caminar y desplazarnos todo el tiempo, cambiando el ritmo para cambiar la cabeza, y por lo tanto el pensamiento, y así en un ejercicio de ficción visionaria desde los conocimientos mojados y tomando la pedagogía a pie como metodología, repensar las ideas que están puestas en el mundo generando otras palabras, conceptos e imágenes. Entre ellos están “utopía futura de cuerpo fluvial”, “acción laguna mental a escala humana”, “conocimiento experiencial del caer”, “oralidad del cuerpo colectivo”, “la horizontalidad de la incertidumbre”, “pensamiento nómada goteante”, “utopía futura del cuerpo fluvial”, “vivos flotando en movimiento oral”, “desaprender en tiempo real”, “horizontalidad refrescante”, etcétera.

La educación y el arte tienen elementos poéticos, políticos y pedagógicos que no se pueden dejar de lado. Por esto, se planteó el vivir el espacio desde lo político y territorial, pero también desde lo imaginativo y poético, considerando tanto su historia más presente, por ejemplo, el terremoto de Valdivia (de 1960), como lo que todavía sigue olvidado, o sin ser habitado desde sus orígenes, como fue el caso de la visita que hicimos a la Isla Mancera (llamada también Guiguacabín, que significa silbido del viento) para leer sobre el viento, escucharlo de distintas maneras, estar juntos en un contexto donde no conocíamos las reglas, compartir, leer a Flusser y a Silvia Rivera Cusicanqui y hablar sobre la importancia de descolonizar el inconsciente en una isla de origen mapuche (Guigacabín) que, tomada por colonizadores en 1635, pasa a asumir el nombre de un general (Mancera) y nadie lo cuestiona, pero cuando estás allá se entiende perfectamente por qué se llama “silbido del viento”. Son cosas muy sutiles, pero muy importantes si creemos de verdad en la importancia de descolonizar el pensamiento, las palabras y el aprendizaje.

Arte / Educación, taller dictado por Mônica Hoff en Fragua, Valdivia, Chile, 2019. Cortesía: Mônica Hoff/Fragua
Arte / Educación, taller dictado por Mônica Hoff en Fragua, Valdivia, Chile, 2019. Cortesía: Mônica Hoff/Fragua

ARC: ¿Qué ha inspirado tu trabajo en el arte/educación?

MH: Muchos procesos y problemáticas me llaman la atención en el campo de relaciones y fricciones entre el arte y la educación, sobre todo aquellos que juegan con las nociones que tenemos de teoría y práctica y que asumen la inestabilidad como campo de trabajo y metodología, la potencia del cuerpo como motor de la existencia, el anarquismo epistemológico y el pluralismo metodológico, el juego como tecnología de pensamiento sensorial, la escucha, el convivir y el afecto.

En este sentido, hay mucha gente que me inspira en mis investigaciones y en mi práctica, principalmente personas que ponen mi pensamiento en jaque, o sea, que me hacen preguntarme y cuestionarme todo el rato sobre qué, cómo y por qué hago lo que hago de la manera que lo hago. Este grupo es enorme y no está formado solamente por lo que nos han enseñado a reconocer y llamar como “grandes pensadoras y pensadores”, sino más bien por gente que está produciendo pensamiento ahora desde sus cuerpos y vidas, que son colegxs, amigxs, compañerxs, gente que me ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva, que me saca de mis certezas y me ayuda en el largo y necesario camino de construir, más que pedagogías, procesos contrapedagógicos diariamente. En este sentido, yo no podría citar por ejemplo a Paulo Freire, Ivan Illich, Rita Segato, Suely Rolnik o Silvia Rivera Cusicanqui, gente que leo, aprendo y acompaño con ganas, sin mencionar aún con más ganas a Lia García, Daniel Sepúlveda, Jota Mombaça, Beatriz Lemos, Cristina Ribas, Nicolás Pradilla, Daniela Ortiz, el colectivo Ayllu, Jos Piña, Ventura Profana, Mc Carol, entre tantxs otrxs artistas, investigadorxs, educadorxs y activistas que producen fricciones en mi pensamiento en tiempo real, y que todos los días me posibilitan reubicar mis ideas, palabras y formas de construir conocimiento y afectos, invitándome a descolonizar el inconsciente en la práctica, como al final lo sugiere Rolnik en su último libro Esferas de la Insurrección.

Arte / Educación, taller dictado por Mônica Hoff en Fragua, Valdivia, Chile, 2019. Cortesía: Mônica Hoff/Fragua

ARC: ¿Cómo propiciar un aprendizaje significativo?

MH: Me interesa que podamos aprender entre nosotrxs. Es decir, juntxs. No me interesa meterme en algo -sea un proyecto artístico, educativo, un taller, una clase, una consultoría institucional o una conferencia- en que yo no pueda aprender. Cuando hablo de “enseñar lo que se quiere aprender” estoy hablando desde mis procesos de investigación y aprendizaje también, no desde un modelo pedagógico que me interesaría proponer a alguien. O sea, quiero vivirlo junto.

Para ello, creo que es importante trabajar desde lo más afectivo, desde lo que nos toca personalmente, tal cual proponía Freire en su metodología de alfabetización, para entonces meter las cosas en una esfera colectiva. Lo “personal es político”… es importante creer en eso. Es aquello que de verdad hace sentido a cada quién. Así como nadie desoprime a nadie, tal cual ha defendido Freire toda su vida, nadie descoloniza a nadie, sino solamente a unx mismx. Tomárselo en serio es quizás un importante ejercicio para primero cambiar a unx mismx, y entonces lograr friccionar lo que está más allá de nosotrxs.

En la práctica, en el contexto de un taller de arte y educación con 25 participantes con distintos intereses, formaciones y saberes, eso significa dar espacio a los procesos poéticos y de investigación que requieren de otros tiempos y estados personales para que afloren naturalmente. También es útil generar un contexto flexible y hasta inestable para que todo nazca desde el grupo. Sin dar certezas ni respuestas desde afuera, es decir, que el grupo mismo las plantee e intente resolver.

En este sentido yo no puedo defender una práctica en educación en la que el dominio, control o dirección esté integralmente bajo mi comando. No sería coherente con lo que pienso. Cuando propones una situación muy controlada, estás planteando una educación dirigida a algo que tu quieres, o que tu imaginas que sea interesante o relevante, y no estoy segura de que este sea el mejor camino. Los modelos pedagógicos generalmente están creados desde esta lógica: son propuestos por una o dos personas para una multitud que los pone en marcha. Me interesa mucho más la idea de organizarnos para juntos construir lo que queremos aprender y que cada quién pueda elaborar su metodología.

Tanto en el ámbito artístico como educativo, se habla mucho de trabajar desde lo colaborativo, pero en general cuando eso pasa se hace desde la división de tareas y roles, no desde la creación comunitaria ni desde las propias individualidades. Cada quién tiene que sentirse involucrado desde su individualidad, sus deseos, intereses e incomodidades para entonces poder negociar y construir algo que sea de hecho común, es decir, que haga sentido para todxs y para cada unx. Recordemos a Freire: “Las cosas tienen que tocarnos primero afectivamente”, si no, simplemente no funcionan. Yo estoy totalmente de acuerdo. En un mundo tan mediado por conocimientos normativizados e institucionalizados, aprender a escuchar lo que nos atraviesa el cuerpo, accediendo a otros saberes y modos de construir conocimiento, puede enseñarnos mucho más de lo que podemos imaginar.

¿Cómo aprender a compartir, a escuchar y a aprender del otro?, ¿cómo estar y hacer juntos?, ¿cómo comprender los procesos artísticos y educativos como procesos lentos, que no necesariamente van a generar productos? son preguntas a las cuales necesitamos estar más atentos.

ARC: Como síntesis de esta conversación, comparto una expresión que dijiste en una experiencia en el MALBA durante 2017, que condensa lo más puro de tu propuesta: “El aprendizaje es curiosidad, la curiosidad es intuición, y la intuición es salvaje”.

 


Imagen destacada: Mônica Hoff (2018). Foto: Sebastián Alonso

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Alejandra Rojas Contreras

Nace en Santiago de Chile, en 1981. Es artista visual por la Universidad Católica de Chile y titulada en educación en la misma casa de estudios. MA Fine Art, Middlesex University Londres, donde estudió con Sonia Boyce y Keith Piper (British Black Arts movement). En el contexto de su MA, realizó una investigación acerca de Antoni Gaudí y sus siete obras de patrimonio mundial en la Universidad de Barcelona. Su trabajo visual, vinculado a la investigación cromática, ha sido expuesto tanto en Chile como en el extranjero (www.alejandrarojascontreras.cl). Actualmente es estudiante de la carrera de Psicología en la Universidad Católica de Chile para complementar su experiencia en el arte y educación, y entrecruzar estas disciplinas a futuro.