La 13ª Bienal de La Habana, que se celebra desde el pasado 12 de abril y hasta el 12 de mayo de 2019, cuenta con la participación de los artistas chilenos Camilo Yánez y Enrique Ramírez, quienes han recibido el apoyo de la Dirección de Asuntos Culturales (DIRAC) del Ministerio de Relaciones Exteriores, así como Benjamín Ossa, con el respaldo de Galería Artespacio, Fundación Colección Ca.Sa y NG Art Gallery (Panamá/Cuba).

La Bienal de La Habana 2019, cuyo curador principal es el cubano Nelson Herrera, apuesta a que la capital de la isla se convierta en un «corredor cultural» en el que interactúen los creadores y el público, bajo el tema La Construcción de lo Posible, un espacio para aquellas tipologías del arte contemporáneo que entiendan la creación como «acontecimiento vivo o experiencia en curso».

Además, en las últimas ediciones ha tenido un proceso de continuidad en algunas líneas de trabajo que se mantienen en 2019 con proyectos que tienen puntos de contacto con otras manifestaciones como la música, la literatura y la danza. Para este año, se propone abarcar un espacio público mayor -de unos seis kilómetros de calle- donde instalar obras con el fin de «hacer del arte un acto cotidiano», según el curador.

Los representantes del Consejo Nacional de las Artes Plásticas y del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam -ambas instituciones del Ministerio de Cultura de Cuba- insistieron en su objetivo de que el arte «invada la ciudad», al celebrarse el 500 aniversario de La Habana.

A la Bienal han sido invitados más de 200 artistas procedentes de 20 países, entre ellos, Portugal, Brasil, Colombia, Argentina, México, Francia, Perú, España y Chile. Esta nueva versión del principal evento de las artes visuales de Cuba propone incentivar la interacción entre artistas, curadores, expertos e instituciones, según explicó la subdirectora del Centro Wifredo Lam y directora artística de la Bienal, Margarita González.

Como novedad, para 2019 el evento se extiende por primera vez fuera de La Habana -su sede habitual desde 1984- para llegar a otras provincias del país caribeño, como Matanzas (Occidente), Cienfuegos, Sancti Spíritus (Centro) y Camagüey (Centro Este).

Enrique Ramírez, Proyecto Semilleros, 13° Bienal de La Habana, 2019. Cortesía del artista y DIRAC

Proyecto Semilleros, de Enrique Ramírez

El proyecto curatorial de Luz Muñoz (Chile), con la participación del artista Enrique Ramírez, donde también participa el educador chileno Emiliano de la Maza, contempla reflexiones y acciones desde el contexto del arte, a través del proyecto artístico y educativo de Ramírez, además de un diálogo abierto con la comunidad sobre ecología, biodiversidad y conciencia planetaria.

Semilleros invita a poner en común lo que tenemos, desde la riqueza y diversidad del planeta y en el contexto local con el pueblo cubano, cruzando opiniones y experiencias de la comunidad, teóricos y artistas, en la búsqueda de promover el intercambio y la generación de conocimiento en una triangulación de actores en espacios comunes de diálogo y acciones.

A través de una reflexión y acción transversal, se trazan nuevas formas de habitar el planeta, visibilizando experiencias y saberes ancestrales, de convivencia y de vida en común, en un viaje por la memoria, la historia de sus habitantes, a través del paisaje y su biodiversidad, en un momento de crisis global.

Ramírez participa con dos obras, entre ellas su video La Memoria Verde, filmado en el Parque Almendares y presentado en la Casa Simón Bolívar. El proyecto educativo implica la creación de huertos urbanos y un diálogo abierto con la comunidad, con la participación de botánicos, paisajistas, jardineros, artistas y la comunidad en general, sobre la memoria, la extinción, la biodiversidad y la conciencia planetaria.

Poética, podredumbre y polyvisión, de Camilo Yáñez. 13° Bienal de La Habana, 2019. Cortesía del artista y DIRAC

Poética, podredumbre y polyvisión, de Camilo Yáñez

Esta obra, creada especialmente para la Bienal de La Habana, visibiliza los procesos orgánicos de vida y muerte, de putrefacción, descomposición, fermentación y regeneración observados desde la microbiótica y confrontados con imágenes mediales que documentan diversos procesos políticos en el mundo actual.

Por medio de trípticos visuales en movimiento, proyectados en tres pantallas, acciones secuenciales y simultáneas, se presentan distintos puntos de vista focales sobre el transcurrir de nuestra existencia en una micro y macro escala, llamando la atención sobre los procesos que ocurren después de la muerte de una planta, de un animal o en medio de un colapso social o una catástrofe natural.

La video-instalación propone una reflexión a través de la simultaneidad de las imágenes que combinan e intercalan sucesos biológicos y sociales leídos a través de la prensa, las imágenes noticiosas, los sonidos de la calle, entrevistas y titulares de distintos periódicos y semanarios, enfatizando en este gesto la idea de que la decadencia de lo viviente pareciera ser la única perspectiva de la vida y que, a su vez, el engendramiento de lo vivo provendría inevitablemente de la muerte.

“Así como los hongos y los microorganismos descomponen materia orgánica muerta para regenerarla y convertirla en materia vida, el ser humano descompone y desarticula en nombre de un bien superior abstracto (ideologías, corporaciones, naciones y empresas), su propio hábitat, trastocando su natural sentido de comunidad a la velocidad del turbocapitalismo”, apunta el artista.

Un invisible faro, de Benjamín Ossa. 13° Bienal de La Habana, 2019. Foto: Cristián Aninat. Cortesía: Fundación Colección Ca.Sa

Un invisible faro, de Benjamín Ossa

Bajo la curaduría de Juan Delgado, esta obra de Benjamín Ossa consiste en 3.966 discos de aluminio de 100 y 150 mm de diámetro, suspendidos por medio de cables de acero inoxidable desde una estructura conformada por tubos de acero dispuestos en grupos de triángulos equiláteros.

Ésta pretende situarse como una suerte de faro, monumento que recoge y evidencia los fenómenos naturales que ocurren en el Malecón, un espacio que se extiende como una línea de la vida, un trazo donde habitan y sueñan los cubanos, una delgada franja humana que bordea a Cuba en el tiempo. La obra es un cuerpo tubular y semi-traslúcido que indaga en la noción de lo visible, de la pertenencia y de la situación fenomenológica que ocurre en el espacio: ¿Cómo el sol parpadea sobre el mar?, ¿cómo el viento golpea y desplaza lo frágil?, ¿cómo un color se convierte en una identidad extendida en el tiempo?

“La instalación de una obra pública en el Malecón de La Habana en el contexto de la Bienal es una oportunidad única; de alguna manera, es un hito en mi trabajo, ya que introduce en un contexto cultural, social y político mis investigaciones sobre fenomenología y percepción del espacio. Ver cómo se contrasta esa investigación y cómo cuela en este contexto distinto y lejano sin duda abrirá nuevas vías para mi investigación”, asegura Ossa.

 


Imagen destacada: Un invisible faro, de Benjamín Ossa. 13° Bienal de La Habana, 2019. Foto: Cristián Aninat. Cortesía: Fundación Colección Ca.Sa