Nelly Richard ha sido de las pocas intelectuales chilenas que se ha movido con atención en los “abismos temporales” de leer críticamente los signos de una genealogía presente en el feminismo o los feminismos, en la diferencia sexual, en las políticas de género como potencialidad o como sospecha epistemológica para pensar las sexualidades críticas y la disidencia sexual enfrentando sus contradicciones. La simultaneidad de las escenas como operación de su libro permite entender las trayectorias que configura N. Richard. Lo primero que me llama poderosamente la atención es la factura de armado del libro cuyo título entonces es una marca, una seña que dirige el itinerario de lectura como una maquinaria deseante o como un dispositivo intencionado para repensar las huellas o los propios residuos. Me seduce enormemente el montaje que ha construido N. Richard: su levantamiento de cuerpos como si fuese un cuadro criminal para buscar las huellas del crimen perfecto y exhibir y resituar las huellas de esa misma escena. Recuerdo a Ricardo Piglia en la idea del crítico literario como de-constructor del complot, puesto en ese sitio para desarmar la trama o el procedimiento escritural. N. Richard ha jugado estratégicamente con el tiempo y los punctums que nos ha dejado el territorio del cuerpo, del arte y la política como grandes sintagmas o devenires.

El libro Abismo temporal  termina -o se inicia- burlándose del tiempo al  remontarse a los años 90. La escena que abre N. Richard al cierre de su libro es la exhibición de Paris is Burning: una escena instigada por ella y cuyo evento fue organizado por el MOVILH histórico, más bien desde su brazo armado de insurgencia cultural que fue Triángulo Abierto, programa de radio que armamos junto a Víctor Hugo Robles en los 90 y que Víctor Hugo (el “Che de los gays”) condujo intensamente y con algarabía crítica por muchos años. ¿Por qué privilegiar este cierre del libro? Quizá la respuesta tenga que ver con la economía crítica de agrupar una serie de micro-acontecimientos que se contaminan inversamente a través de lo sincrónico o diacrónico. La selección y el rigor interpretativo del libro proponen una lectura o varias lecturas que tensionan la movilidad temporal, que la vuelven abismo pero, también, que le dan muchas capas para releer en direcciones a veces contiguas y a veces simultáneas. N. Richard ha jugado retrospectivamente a entregar su mirada como un caleidoscopio que remueve la realidad de su continuidad aparente y gestiona o dispone configuraciones y tecnologías de la mirada que se fugan de una historicidad atrapada en el consenso de la historia. Cerrar con la problematización de París is Burning le sirve a N. Richard para proyectar o redibujar las tensiones de la teoría queer metropolitana con la escena local de la “loca” latinoamericana. Cortar las interrogaciones colonizadoras del queer por una parte y, por otra, realizar una taxidermia del tiempo que expone su cuestionamiento respecto a las lecturas metropolitanas de los saberes. También expone el procedimiento para pensar el género, el feminismo y sus revueltas en el signo “mujer” o en la política de identidad o de representación de los años 90.

 

La autora cierra un rito simbólicamente al insertar un texto histórico escrito por ella sobre Las Yeguas del Apocalipsis que Pedro Lemebel le reclamará por su no publicación en la misma entrevista. Es decir, el “abismo temporal” se abre y se cierra, se dispone y se moviliza por dar cuenta de una cicatriz luminosa que conjuga el reclamo-admiración de Lemebel por el escrito de N. Richard nunca publicado.

 

N. Richard entrevista a Pedro Lemebel en la Revista de Crítica Cultural cuando Pedro ya había arribado a la fama de star que le conocimos a mediados de los 90. La entrevista reproducida en el libro tiene un aura de “abismo temporal”, de imposibilidad pero de captura o fotografía no sólo de Lemebel sino de una forma de pensar lo político, de habitar el cuerpo. La entrevista problematiza la figura inédita de un autor-firma-personaje como Lemebel que siempre está banalizando, parodiando y fugándose de la pregunta intensa, cálida e impertinente de N. Richard. La entrevista leída desde hoy resulta de una belleza crítica impresionante pues no sólo se aprecia en ella la contundencia y la maquinaria cultural detrás de Lemebel ya puesto en el parnaso de lo consagratorio. También es, en sí misma, una caja de herramientas que N. Richard despliega con rigor en la idea de compartir un devenir crítico con Pedro.

Es revelador este juego crítico y lúdico de N. Richard con Lemebel pues da cuenta de las coordenadas en juego, del tiempo y los modos de pensar la escena local. Su  lenguaje es un gesto del tiempo pero además un conjunto de estrategias e intensidades en torno a un Lemebel que N. Richard conoce bien. Me parece  estratégico ubicar esta entrevista en el desborde travesti que siempre le interesó a N. Richard  desde los años 70, 80 (J. Dávila, C. Leppe, P. Errázuriz). La autora cierra un rito simbólicamente al insertar un texto histórico escrito por ella sobre Las Yeguas del Apocalipsis que P. Lemebel le reclamará por su no publicación en la misma entrevista.  Es decir, el “abismo temporal” se abre y se cierra, se dispone y se moviliza por dar cuenta de una cicatriz luminosa que conjuga el reclamo-admiración de Lemebel por el escrito de N. Richard nunca publicado. Nosotros como lectores presenciamos ahora esa deuda ya cerrada o esa promesa ya diluida en un tiempo que lee a Las Yeguas del Apocalipsis de mil maneras. La eficacia, la productividad oportuna y la lucidez de N. Richard parecen operar sobre el acontecimiento-Yeguas del Apocalipsis con una atención crítica que era muy escasa en los 80 para estos territorios.

La persistencia crítica de N. Richard tiene momentos fundamentales que marcaron e inscribieron referencias obligadas para pensar el feminismo crítico y la literatura chilena contemporánea. N. Richard, junto a Diamela Eltit, Eliana Ortega, Raquel Olea, Eugenia Brito, Carmen Berenguer, Soledad Bianchi, entre algunas, fueron ejes fundamentales para resolver en un gesto fundacional cómo leer, cómo habitar la escritura, cómo pensar la “escritura femenina” o la “escritura de mujeres” con la tensión y diversidad de la toma de posiciones frente a uno y otro lugar.  La conversación que meticulosamente realiza Jorge Díaz con N.  Richard es fundamental para entender el proceso en su marca territorial y política. Nos recuerda que N. Richard ha mantenido durante todo su trabajo intelectual una marca feminista, una configuración ensayística que responde a un lugar por fuera de los disciplinamientos formales de los géneros tanto en su dimensión teórica y crítica como desde sus proyectos editoriales que albergaron aportes fundamentales para el pensamiento en Chile y Latinoamérica. En ese horizonte, el Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana de 1987 trabajó en la intersección “mujer y escritura”, repensó el lenguaje y subjetividad, desmontando la oposición masculino – femenino. A N. Richard le interesó ir develando la geopolítica de estos nudos de saberes, atención que ya venía desplegando e interrogando en la academia global, en las agendas internacionales, con su forma de saber situado para conjugar mapas, territorios que pudiesen exponer las tensiones y fugas de saberes interceptados por las hegemonías. El aporte del feminismo deconstructivo y crítico vino a potenciar nuevas lecturas y formas de acceder a la ciudad letrada. Sin el Congreso la labor escritural de quienes trabajamos coordenadas próximas -cuerpo, poder, sexualidad, discursos- habría tenido una   dificultad mayor a la que siempre hemos tenido. El Congreso repensó y actualizó los procedimientos de lectura que venía realizando en otras latitudes la crítica feminista, rediscutió la tradición. Lo más relevante fue desalojar los tecnicismos literarios, como bien señala N. Richard, para oponer estrategias informales desplegadas localmente por “unas políticas de la teoría algo salvajes cuyos objetos -sacados de la rutina del conocimiento- delatan la huella de los contextos de emergencia”. Muchos trabajos críticos, antológicos, ensayísticos que vinieron después le deben a N.  Richard en particular, y al Congreso, ese conjunto de intensidades que provocaron “desbordes” y “utopías” para todos.

 

N. Richard conoce bien los registros, las versiones, la diversidad de movilidades y actuaciones que ha desplegado el activismo homosexual como el feminista, aunque no son homologables de facto.  Esta operación de DJ del tiempo que pincha acontecimientos relevantes para ponerlos de nuevo en escena es de una sensibilidad crítica impecable que desborda la propia práctica.

 

Hay un fantasma que recorre Abismos temporales -“fantasma” no en la idea de desaparición sino de política de presencia- y ese fantasma es la CUDS (Colectivo Universitario de Disidencia Sexual), siendo la CUDS  uno de los actores más vistosos y productivos de la disidencia sexual en los últimos años. Percibo en Abismos temporales  un ánimo consagratorio que pasa por la instalación de la inscripción individual en lugar de la autoría colectiva como cuestión que se mueve al interior del libro como dobleces de lo macro y lo micro resignificados en los nombres. El “abismo temporal” es interesante aquí para exhibir esa tensión entre lo comunitario, la firma autoral y las nuevas escenas como flujos casi imperceptibles de delimitar.  Es claro el posicionamiento de N.  Richard respecto a las coordenadas críticas de instalación de la CUDS, marco que me lleva a pensar las mismas líneas de tensión que discutíamos 23 años atrás con la exhibición de Paris is burning. Se vuelven a poner en el mapa, en el territorio, los vacíos, los abismos, las temporalidades, la inflexión política como una poética que interroga los lugares de habla, los saberes situados. Sin duda que la CUDS ha realizado una insistente y reveladora puesta en escena de su política cuya operación quirúrgica tiene sus hallazgos, pero también sus propias trampas o desvíos. N. Richard destaca por una parte las políticas zigzagueantes de la CUDS como fundamentales para las interrogaciones a las políticas de identidad ya sometidas a la institucionalización del abecedario GLBTI que irrumpe, despolitizado, luego de 30 años de movimiento homosexual. Y,  por otra parte,  las sospechas respecto a la maquinaria colonizadora de la teoría queer, todo ello sin dejar de apreciar  los beneficios de lo queer como interrogación al signo “mujer” y las políticas de un feminismo esencialista.

N. Richard conoce bien los registros, las versiones, la diversidad de movilidades y actuaciones que ha desplegado el activismo homosexual como el feminista, aunque no son homologables de facto. Esta operación de DJ del tiempo que pincha acontecimientos relevantes para ponerlos de nuevo en escena es de una sensibilidad crítica impecable que desborda la propia práctica. Al pinchar el tiempo a través de acontecimientos, N.  Richard opera en la discontinuidad, en el desmontaje, en la vuelta de tuerca y en el posicionamiento geo-referencial de prácticas y saberes. Es decir, N. Richard pone de nuevo en circulación su texto brillante y epifánico de Las Yeguas del Apocalipsis, como también la fotografía de Ismael Hammet -en la que figuran Pancho Casas y Pedro Lemebel-  que retrata un tiempo pero que fija la huella como un extrañamiento en el presente. N. Richard ha tenido la capacidad para pensar estructuralmente las escenas y ubicarlas o enfrentarlas entre sí. Ese ejercicio me parece notable pues su productividad penetra la bruma de la linealidad histórica y la desbarata sin más. La disidencia sexual puede hoy ser tan simultánea en el pasado histórico como Las Yeguas del Apocalipsis y el primer momento liberacionista del movimiento homosexual. La CUDS comparte un ánimo del tiempo crítico y desestabilizante con las poéticas también erráticas de pensar el presente de aquellos sujetos que no se normalizan con las políticas de la actual institucionalidad GLBTI imperante.  La posibilidad de atención crítica que exhibe Abismos temporales da la posibilidad de leer inversamente, oblicuamente, las temporalidades de las escrituras presentes. En este sentido, el título del libro re-significa cómo pensar la historicidad de las prácticas y propone una teoría de los acontecimientos en medio de una historia donde los cuerpos se cruzan con sus propios “desbordes” y sus “utopías”, como dijera N.  Richard hace 30 años atrás en el Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana.

 


*Versión editada del texto de presentación de Abismos temporales. Feminismo, estéticas travestis y teoría queer (Ediciones Metales Pesados, 2018), realizada en Galería Metropolitana, Santiago de Chile.

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Juan Pablo Sutherland

Escritor, ensayista, Magíster en Estudios Culturales y Doctor © en Literatura Chilena e Hispanoamericana por la Universidad de Chile. Docente del Programa de Género del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de FACSO, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Ha sido invitado por las Universidades de Harvard, Pittsburgh y Texas en diversos momentos para exponer su trabajo literario y crítico. Entre sus libros publicados destacan Ficciones Políticas del Cuerpo (Editorial Universitaria, 2017), Ángeles Negros (Editorial Planeta, 1994), A Corazón Abierto: Geografía literaria de la homosexualidad en Chile (Editorial Sudamericana, 2002), Nación Marica, prácticas culturales y crítica activista (Ripio Ediciones, 2009), Cielo dandi, escrituras y poéticas de estilo (Eterna Cadencia, 2011) y Cuerpos y hablas disidentes en la poesía de Carmen Berenguer (Mago Ediciones, 2016).

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