El trabajo curatorial realizado con la obra de Sebastián Calfuqueo nos ha llevado a insistir en un cuestionamiento permanente a la noción de identidad, constitutiva de cada sujeto, y que es el espacio para la conformación de subjetividades. Asociado a este concepto existen una serie de presupuestos sociales que se van configurando en torno a las ideas de raza, sexo/género y clase. Todos estos asuntos atraviesan la producción artística de Calfuqueo, que hoy se articula bajo el concepto de Kangechi, y que nos presenta a través de tres obras en el Parque Cultural de Valparaíso.

Kangechi es un vocablo en mapuzungun, que en el español se puede interpretar desde dos acepciones: como referido a “lo otro”, o como aquello que es “de otra manera”.

Detenerme en lo que esta palabra nos quiere decir, busca hacer evidente una distancia lingüística; en este caso, porque se trata de un habla diferente, es necesario definirla. Su elección como título pasa tanto por su significado, como porque simboliza un desencuentro cultural. Sabemos que la mayoría de la población chilena no habla mapuzungun, no obstante, la lengua persiste y es necesario hacerla circular, mostrar sus posibilidades.

Volviendo a la idea de divergencia que planteé al comienzo, habría que consignar que hablar de el otro siempre está en tensión con el universal como categoría normativa. En el caso de las personas, el Hombre –sujeto universal– responde a ciertos parámetros: es masculino, blanco, heterosexual, occidental, de clase alta y adulto, por ende, todo lo que no se ajuste a estas características identitarias podría conformar lo otro, lo diferente, lo minoritario, cuestión que nos permite también visibilizar los cruces que configuran las identidades.

Lo otro es también todo aquello que escapa al yo; la individualidad se consigue únicamente marcando distancia respecto de los demás. No obstante, Kangechi es una exposición que surge de pensar lo otro, lo que es diferente, pero que al mismo tiempo somos nosotrxs. Esto que puede resultar paradójico, sin embargo, se sustenta en lo biográfico, en lo particular, instancia en que los cruces identitarios confirman que los presupuestos respecto del deber ser de un mapuche, un adolescente, un chileno, no son más que eso, proyecciones de un yo respecto del otro.

En la muestra se articula entonces un espacio para experimentar con las multiplicidades a partir de las cuales se configuran los roles, los que tienden a ser normalizados. En el caso de la sociedad chilena, el universal se adapta acorde las condiciones históricas y contextuales; un ejemplo de esto, es la relación que existe entre la cultura mapuche y la chilena, donde esta última desde una institucionalidad colonial se impone, mediante diversos dispositivos disciplinarios, por sobre la primera. Reivindicar la diferencia entre ambas culturas es, a mi juicio, fundamental y radical, ya que los esfuerzos por construir una identidad multicultural tienden a consensuar de manera perversa los disensos preexistentes en cada cultura, favoreciendo así el universal occidental de nación, república y democracia. Las obras que conforman Kangechi abordan estos asuntos desde distintas posibilidades, al mismo tiempo que permiten que nos identifiquemos individualmente con ellas, ya que se despliegan en un territorio que es común.

Sebastián Calfuqueo, Kangelu, 2018, fotografía, performance. Registro de Diego Argote
Sebastián Calfuqueo, Kangelu, 2018, fotografía, performance. Registro de Diego Argote

Kangelu es una obra que invitó a seis personas con intereses y de lugares muy diferentes a describir a un supuesto individuo a partir de tres enunciados: “homosexual y mapuche”, “maricón sushi” y “Millaray Calfuqueo Aliste”. ¿Qué prejuicios aparecen cuando imaginamos a un otro a partir de una sentencia, un apellido, una condición identitaria? Esa podría ser la pregunta implícita detrás de esta obra que, en su título, ya en otro idioma, hace referencia a ser de otro tipo. Cada enunciado es representado por dos imágenes, las que surgen a partir de dos descripciones diferentes realizadas cada una por alguno de los invitadxs. En estas imágenes vemos a Sebastián con su cuerpo modificado, en un intento por adaptarse a la expectativa y el imaginario de quienes participaron. Es decir, personifica lo que otros suponen sería un “maricón sushi”, por ejemplo, y esa personificación es tan divergente como quienes la construyeron. Los textos escritos de puño y letra que podemos ver a un costado de cada fotografía están escritos en mapuzungun, portugués, inglés y español, entregándonos pistas sobre quienes los escribieron. Estos textos dan cuenta también del traspaso entre palabra e imagen, la que muchas veces no coincide de modo exacto, lo que permite a Sebastián completar la expectativa que existe en la descripción.

Otro de los asuntos a considerar con esta obra es que los tres enunciados escogidos se asocian a la biografía de Sebastián, cuestión que podemos saber al conocer sus otros trabajos. Millaray Calfuqueo es el nombre que su madre había reservado para él de ser una niña; este nombre él también lo usa en su acción Millaray Calfuqueo Aliste: Nombre para un posible nacimiento (2017), que fue realizada en la Galería Gabriela Mistral en el marco de la exposición Cómplices y representantes del colectivo Piñen, con curaduría de Claudio Guerrero. En esta acción realizada en la vitrina de la Galería, Calfuqueo configura una serie de opciones para dar vida a Millaray mediante la representación a través de lo que los espectadores proponían. Frente al público, Calfuqueo se fue vistiendo y desvistiendo como si fuera una mujer, replicando poses y confundiendo a los transeúntes que se detenían para comprender la propuesta. La acción terminó con una frase escrita con labial por Calfuqueo en la vitrina: “Identidad es cosplay”, es decir, con una declaración que denuncia la condición artificial de toda identidad.

“Maricón y mapuche” son dos conceptos que también aparecen en el video-acción You will never be a weye: “El colegio y su bullying decían: ‘maricón y mapuche’, como si no hubiese un ser de inferior categoría, como si no existiese algo peor”, dice Sebastián en alusión a lo que vivió en el colegio, etapa en la que se consolidan ideas en torno al ser por parte de adolescentes que buscan constituir una identidad propia, y que al mismo tiempo sea aceptada por los pares. Una variación de esta categoría la vemos replicada en la prensa cuando se habla de Sebastián: la necesidad de etiquetar lleva a que se repita constantemente que se trata de un artista homosexual y mapuche, como si esto nos permitiera determinar y alcanzar lo que él es. Finalmente, “Maricon sushi” es el apodo que le fue dado a Calfuqueo también en su etapa escolar debido a que le gustaba el animé y pertenecía a la tribu urbana de los Otaku-Visual. Todos estos enunciados, que se transforman en las seis representaciones que conforman Kangelu, son encarnados por el propio Calfuqueo a lo largo de su vida y resignificados ahora mediante diferentes propuestas de obra.

Sebastián Calfuqueo, Buscando a Marcela, still de video. Realización: Juan Pablo Faus
Sebastián Calfuqueo, Buscando a Marcela, still de video. Realización: Juan Pablo Faus
Sebastián Calfuqueo, Buscando a Marcela, still de video. Realización: Juan Pablo Faus

Buscando a Marcela Calfuqueo, otra de las piezas que compone la curaduría, es un video que da cuenta de una situación fortuita que desencadena una búsqueda poco convencional. Marcela Monsalve es una chica sorprendentemente parecida a Sebastián Calfuqueo; ellos se conocieron porque él decidió contactarla, luego de que una amiga le mandara el Facebook de ella, motivada por el evidente parecido entre ambos. Una vez que ellos toman contacto mantienen una breve amistad, la que se pierde cuando Marcela decide eliminar todas sus redes sociales y cambiar su número de teléfono. En esta joven Sebastián encontró una suerte de versión biológicamente mujer de sí mismo, cuestión que lo obsesionó considerando que ha pasado una vida intentando feminizarse. Por esta razón, Calfuqueo nos hace parte de una búsqueda poco convencional, la que lleva a cabo mediante la ayuda de un radioestecista. En este video se confunde realidad y ficción con el fin de proponernos un camino hacia lo raro, lo raro ya no asociado exclusivamente a lo que somos, sino que a aquellas cuestiones irracionales que si nos detenemos a observar muchas veces son parte de nuestro cotidiano.

La última obra de la muestra es Mínimo Común denominador, Serie Kangechi, un trabajo que Calfuqueo viene desarrollando desde el 2014 a partir de la reconstrucción de juguetes. Desde estos objetos que apelan a la infancia como instancia formativa, desarrolla una serie de estereotipos representados por estas piezas para cuestionar aquellas identidades que se suponen inamovibles. Esta serie representa una variedad de oficios designados socialmente como femeninos, mediante cuerpos que evidencian ser masculinos. Los raros aparecen acá como muñecos que buscan encajar entre el deseo y lo que socialmente son. La obra busca visibilizar una realidad desde la construcción de pequeñas figuras asociadas a la infancia, etapa en la que se va arraigando lo que se aprende de los adultos.

La identidad, en tanto que espacio de construcción de los sujetos en múltiples direcciones, constituye uno de los ejes que atraviesa toda la exposición. Al mismo tiempo busca pensar la noción de otro, proponiéndonos un asunto contradictorio, pero no incompatible: vivir tu subjetividad siendo parte de una comunidad, formar una agrupación de otros que articulen un nosotros, apostar por el otro. Rimbaud decía en una de sus cartas a finales del siglo XIX yo es un otro, en alusión a que nos configuramos en relación con los demás y estos nos modifican e influyen. Los diferentes cruces que nos constituyen dependen de nuestra relación con el entorno. Finalmente, el recorrido curatorial que se propone alude a que el “Encuentro de dos mundos”, título que se le dio al encuentro entre españoles y americanos, es un fenómeno que ocurre día a día, independiente de que esté únicamente consignado el 12 de octubre de 1492.

Vista de la exposición Kangechi, de Sebastián Calfuqueo, en el Parque Cultural de Valparaíso, Chile, 2018. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición Kangechi, de Sebastián Calfuqueo, en el Parque Cultural de Valparaíso, Chile, 2018. Foto cortesía del artista
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Mariairis Flores

Es Historiadora del Arte por la Universidad de Chile, cursa el Magíster en Teoría e Historia del Arte y es profesora del área de Historia del Arte en la misma casa de estudios. Actualmente es parte del equipo de D21 Proyectos de Arte e investigadora en el proyecto FONDART "Arte y Política 2005-2015 (fragmentos)", dirigido por Nelly Richard. Es co-autora del libro "En Marcha" y ha participado en una serie de proyectos de arte contemporáneo