My veins do not end in me (Mis venas no terminan en mí), en The Mistake Room (TMR), Los Ángeles, explora cómo heredamos pasados que no nos pertenecen directamente y cómo los recuerdos que estos pasados conjuran viven dentro de las familias, entre las comunidades y entre las naciones.

La exposición se concibe como un retrato de familia que es a la vez íntimo y mundano. Al reunir el trabajo de Eddie Rodolfo Aparicio (Los Ángeles, 1990), su padre Juan Edgar Aparicio (El Salvador, 1954) y su abuela María de la Paz Torres de Aparicio (El Salvador, 1917-2000), esta muestra investiga la herencia cultural de la Guerra Civil Salvadoreña, rastreando su impacto en el presente y abriendo la puerta a una parte poco conocida pero vital de la historia del arte de Los Ángeles arraigada en los inicios del movimiento de Derechos Civiles de América Central.

Vista de la exposición "My veins do not end in me (Mis venas no terminan en mí)", en The Mistake Room (TMR), Los Ángeles, 2018. Cortesía: TMR
Obra de Juan Edgar Aparicio en "My veins do not end in me (Mis venas no terminan en mí)", en The Mistake Room (TMR), Los Ángeles, 2018. Cortesía: TMR

Extendiéndose desde 1980 hasta 1992, la Guerra Civil Salvadoreña se libró entre el gobierno militar del país respaldado por Estados Unidos y las fuerzas guerrilleras del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), una coalición de grupos revolucionarios formados en respuesta a una larga historia de disparidad socioeconómica y violaciones de los derechos humanos perpetrados por el Estado.

La guerra es uno de los períodos más violentos en la historia moderna de América Central; más de 75.000 personas fueron asesinadas e incontables desaparecieron por la fuerza. Al igual que en otros casos de participación militar, económica y política de Estados Unidos, la guerra creó vínculos profundos y conflictivos entre los dos países. Como resultado de la violencia, una cuarta parte de los habitantes de El Salvador se vio obligada a huir, en su mayoría a Los Ángeles, donde estaban protegidos por las leyes de asilo de Estados Unidos. Hoy en día, Los Ángeles, en particular, sigue siendo el hogar de una de las mayores poblaciones salvadoreñas fuera de El Salvador, y se considera el corazón de su diáspora.

Vista de la exposición "My veins do not end in me (Mis venas no terminan en mí)", en The Mistake Room (TMR), Los Ángeles, 2018. Cortesía: TMR
Vista de la exposición "My veins do not end in me (Mis venas no terminan en mí)", en The Mistake Room (TMR), Los Ángeles, 2018. Cortesía: TMR

El constante movimiento de personas entre Los Ángeles y El Salvador, tanto históricamente como en la actualidad, es el ritmo de vida que contextualiza Mis venas no terminan en mí. Durante cuatro décadas, cada generación de la familia Aparicio desarrolló prácticas visuales distintivas en respuesta a las cambiantes circunstancias psicológicas, políticas y materiales de sus experiencias de vida dispares.

Juan Edgar Aparicio se convirtió en uno de los miles de refugiados que abandonaron El Salvador durante la guerra después de que su esposa, hermano e hija fueran desaparecidos por las fuerzas gubernamentales en represalia por su activismo como líder estudiantil. Sus obras pintadas y esculpidas, cuyos temas a menudo surgieron de esta dolorosa historia personal, buscaron materializar las luchas políticas y las esperanzas de los refugiados salvadoreños en un nuevo país.

María de la Paz Torres de Aparicio, que permaneció en El Salvador, cosió muñecas con ropa usada que su hijo le enviaba de Estados Unidos, que luego fueron devueltas a Laos y vendidas a familiares y amigos como parte de una economía en auge basada en las remesas. Junto con periodistas, activistas y migrantes en ambos países, Juan Edgar y María de la Paz participaron activamente en las etapas formativas de un imaginario diaspórico, que comenzó a lidiar con los desafíos de la realidad de la posguerra..

Eddie Rodolfo Aparicio creció rodeado de evidencias visibles e invisibles de la Guerra Civil, pero sin experiencia directa en el conflicto. Su propio lenguaje expresivo, que involucra directamente a los vecindarios donde creció en Los Ángeles, describe poéticamente cómo el residuo físico y psíquico heredado de la guerra y la migración da forma al presente, usando materiales como caucho, savia de pino y ropa encontrada, que tienen un significado simbólico y vínculos prácticos con la diáspora salvadoreña. Estos objetos, que el artista llama «documentos» y que son huellas tomadas de árboles vecinales, se sitúan entre una impresión, un mapa o un archivo de y para una comunidad para quien la historia tiene un persistente y largo alcance.

Curada por Nicolás Orozco-Valdivia, Curador Asistente de TMR, y César García, Director Ejecutivo y Artístico de TMR, Mis venas no terminan en mí toma su nombre de una frase de Como tú, un poema del poeta salvadoreño Roque Dalton. El poema sugiere una subjetividad en la intersección de pasados y presentes múltiples y controvertidos, una conciencia con responsabilidades hacia una historia y un futuro más allá del yo.

Obra de María de la Paz Torres de Aparicio en "My veins do not end in me (Mis venas no terminan en mí)", en The Mistake Room (TMR), Los Ángeles, 2018. Cortesía: TMR

MY VEINS DO NOT END IN ME (MIS VENAS NO TERMINAN EN MÍ)

The Mistake Room (TMR), 1811 E. 20th Street, Los Ángeles

Hasta el 15 de septiembre de 2018