Como en cada edición anual, el Festival de Arte Contemporáneo SACO –que hasta el año pasado se llamó Semana del Arte Contemporáneo- presenta en el histórico Muelle Melbourne Clark de la ciudad de Antofagasta la exposición que reúne el trabajo de un grupo de artistas internacionales seleccionados mediante una convocatoria abierta.

Provenientes de Alemania, Costa Rica, Bulgaria, Brasil, Polonia y Chile, los siete artistas de esta versión fueron seleccionados por un jurado internacional de entre más de 227 propuestas de 22 países que atendieran a la invitación de pensar en intervenciones site-specific para el muelle bajo el concepto de Origen y Mito, tomando en cuenta, además, las duras condiciones climáticas de este singular espacio expositivo.

Así, del 9 de agosto al 14 de septiembre de 2018, el muelle de la capital minera de Chile estará ocupado por obras inéditas de Valeria Fahrenkrog (Chile/Alemania), Juan José Alfaro (Costa Rica), Barbara Schall (Brasil), Gergana Elenkova (Bulgaria), Thiago Guedes (Brasil), Tomasz Matuszak (Polonia), y Rodrigo Toro (Chile).

La selección de sus trabajos estuvo a cargo de un jurado compuesto por Inés R. Artola, historiadora del arte, curadora y musicóloga española; Gloria Cortés Aliaga, historiadora del arte chilena y curadora del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Chile; Sebastian Cichocki, curador en Jefe del Museo de Arte Moderno de Varsovia; la costarricense Lola Malavasi, co-directora y encargada de proyectos de educación de TEOR/éTica (Costa Rica); y Dagmara Wyskiel, artista y gestora cultural polaca, fundadora y presidenta del Colectivo SE VENDE y directora del Festival de Arte Contemporáneo SACO.

Gergana Elenkova, Chánove, 2018, instalación sonora compuesta por campanas colgadas con cáñamo. Cortesía de la artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7

La exposición en el muelle de la séptima edición de SACO se enmarca dentro del circuito expositivo museo sin museo de este festival organizado por el Colectivo SE VENDE y presentado por Minera Escondida/BHP, y que este año se ha expandido en tamaño y alcance geográfico para presentar 11 muestras en Antofagasta y una en San Pedro de Atacama, además de un nutrido programa de charlas, conferencias, talleres de formación y residencias artísticas que activan el contexto local y lo vinculan con otras regiones de Chile y con el extranjero.

El concepto curatorial de SACO7, Origen y mito, gira en torno a ideas sobre nacionalidades o pertenencias étnicas, ideológicas, económicas, religiosas y personales. Como señala Wyskiel en su texto curatorial, “el ‘¿quién soy?’ depende en gran parte de ‘¿de dónde vengo?’, aunque la relación entre ambas interrogantes resulta mucho más compleja que la simple causa y efecto. ¿Qué tanto influye lo pretérito, lo genealógico, el saber quién era mi abuelo, en lo que proyecto ser? (…) Seleccionamos piezas de este rompecabezas y levantamos nuestro relato, a nuestra medida (…) Resulta justo que podamos hoy, como personas, familias, barrios, ciudades, etnias, regiones y naciones, influir en nuestro origen, y no solamente recibirlo. Nos enseñaron que somos parte activa del presente y parte pasiva del pasado. Nada más falso. No hay campo más propicio para la creatividad que la historia”.

Los artistas de esta exposición han desarrollado instalaciones sonoras y escultóricas inspiradas en este concepto curatorial, abordándolo consecuentemente desde perspectivas y narrativas que van desde lo histórico a lo personal, e influidos por el contexto social, geográfico y cultural de Antofagasta y el Desierto de Atacama.

Buena parte de las obras fueron producidas durante la residencia a la que son invitados los artistas diez días antes de la inauguración de la muestra, y que tiene lugar en ISLA (Instituto Superior Latinoamericano de Arte), fundado por el Colectivo SE VENDE. Tras la inauguración del 9 de agosto, los artistas realizaron un viaje de contextualización a Quillagua, el lugar más árido del planeta.

Valeria Fahrenkrog, Fragmentos de Memoria, 2018, escultura. Cortesía de la artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7
Rodrigo Toro, Hummingbird #3, 2018, instalación sonora. Cortesía del artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7

OBRAS EN EXPOSICIÓN

Coronando el único espacio techado del muelle, la obra Like my father – Like my son, del polaco Tomasz Matuszak, consiste en una especie de gran letrero que reproduce –con tipografía Impact- esta frase tomada de un proverbio inglés que alude a la continuidad de la historia, de aquellos hechos que se van repitiendo –para bien o para mal- de generación en generación. El artista toma en cuenta la historia del Muelle Melbourne Clark como un factor determinante en el pasado de Antofagasta, y que puede influir tanto en su presente como en su futuro.

Continuando con el recorrido nos encontramos con Fragmentos de Memoria, de Valeria Fahrenkrog, una copia del Monumento al “Chango” López de Osvaldo Ventura que se inspira en los mitos que rondan a esta figura, primer habitante de Antofagasta y del que se tiene poca información. El Monumento de Ventura fue inaugurado en 1974 y quedó destruido años más tarde en un fallido intento de traslado. “El acto de reconstruir este Monumento es una forma de homenaje personal a la ciudad, una pregunta sobre la identidad propia y la colectiva, y para mí, el origen de un acto reconstructivo, partiendo simbólicamente con el destruido primer homenaje al mítico primer habitante y descubridor de Antofagasta”, señala la artista.

Detrás de esta escultura, en la primera grúa a la izquierda, se sitúa Chánove, una instalación de la artista búlgara radicada en España Gergana Elenkova compuesta por 32 campanas de diferentes tamaños, que están colgadas en distintos niveles mediante cuerdas de cáñamo. La obra construye un paisaje sonoro-visual dentro del contexto particular de Antofagasta. Los chánove son tipos de campanas que pueden ser hechas en cobre, zinc o estaño y sus sonidos místicos son patrimonio único de la etnia búlgara. El mito dice que el sonido de las campanas –que en el muelle puede ser activado por el viento o por la interacción del público- se considera un símbolo de alegría, salud, riqueza y felicidad, y que su fuerza ahuyenta el mal.

Bárbara Schall, ¡En tu seno, oh Libertad!, 2018, bandera, mástil, pedestal. Cortesía de la artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7
Bárbara Schall, ¡En tu seno, oh Libertad!, 2018, bandera, mástil, pedestal. Cortesía de la artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7

A su derecha, a mitad del Muelle, se asoma una bandera a medio mástil como símbolo de protesta. Titulada ¡En tu seno, oh Libertad!, esta obra de Bárbara Schall está hecha con trozos de telas de variados tonos correspondientes a los colores y tipos de piel brasileña, haciendo así alusión a la diversidad étnica que históricamente ha compuesto y definido la cultura de Brasil. El estandarte tiene además otra lectura con el bordado de frases de mujeres extraídas de testimonios de violencia desde la época colonial hasta hoy. Una interpretación de la violencia de género como el origen del mito de la diversidad, según la artista.

Otra obra de arte sonoro presente en la exposición tiene un diálogo importante con el entorno. Hummingbird #3, del artista chileno Rodrigo Toro, es un dispositivo que funciona como un tocadiscos activado por el viento del muelle. “Las variaciones en el viento causan cambios en la velocidad de reproducción, distorsionando el sonido de los discos, consistentes en música y relatos locales. La máquina se opone a los medios técnicos que preservan la información porque es un instrumento que la destruye, facilitando el olvido pero otorgándole materialidad y voz”, explica el artista.

Juan José Alfaro, Topófano, 2018, instalación sonora en el Muelle Histórico de Antofagasta, Chile. Cortesía del artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7
Juan José Alfaro, Topófano, 2018, instalación sonora en el Muelle Histórico de Antofagasta, Chile. Cortesía del artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7
Thiago Guedes, Mineralogía del ser, 2018, barras metálicas, cable de acero, tornillos, película espejada. Cortesía del artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7

Casi al final del recorrido, se encuentra Mineralogía del ser, del artista e investigador brasileño Thiago Guedes, una escultura geométrica de película espejada y piedras alineadas en el paisaje para la orientación espacial de los pueblos ancestrales. El conjunto de formas emerge de la geometría fractal de piedras reales de las minas desactivadas de Antofagasta y trae la memoria mineralógica del lugar. “El espejo absorbe y refleja el espacio tal como es. Pero esta imagen no siempre es real, después de todo, ¿cuántos mitos se necesitan para crear una realidad? En este juego de preguntas y respuestas frente al espejo, la única certeza es que nuestro reflejo siempre ganará, porque es inagotable, y en el todo está contenido”, dice el artista en su propuesta.

Finalmente, Topófono, de Juan José Alfaro, es una canalización del paisaje sonoro mediante conos. La propuesta del artista y arquitecto costarricense busca evidenciar el Muelle Melbourne Clark como un límite que filtra las sonoridades del espacio, para encontrar vibraciones genuinas que tienen al mar como entorno originario y al muelle como eco de las circunstancias humanas.


Imagen destacada: Tomasz Matuszak, Like my father – Like my son, 2018, vista de la instalación en el Muelle Histórico de Antofagasta, Chile. Cortesía del artista. Foto: Sebastián Rojas/SACO7