Por Rodolfo Kronfle Chambers

El conjunto de trabajos reunidos en Objeto Diferido amplía e impele por nuevos senderos las indagaciones que por años ha desarrollado Ilich Castillo (Guayaquil, 1978). El artista trabaja alrededor de las anomalías que aparecen en su percepción ralentizada de la cotidianidad, y que interpreta como revelaciones sobre las conexiones entre las cosas. Su aproximación se basa en mantener un estado de permanente alerta que dota de significados –nunca precisos ni fijos- a los pequeños y nimios accidentes, como si reconociese en ellos una cara oculta suscitadora de intuiciones no develadas por completo o de forma categórica. Es como experimentar un fenómeno que, en clave derridiana, se torna difícil de simbolizar porque desborda la representación.

En estas “derivas perceptivas” Castillo asume su rol de artista como un médium o filtro que altera los más dispares sistemas de representación del mundo para cambiar su claridad por una opaca pero inquietante densidad semántica. Lenguajes visuales propios de la estadística, de la ilustración científica o del entorno gráfico popular se resignifican en varias obras, descentrando sus fines utilitarios. Los trabajos reunidos en esta exposición, en tanto reconfiguraciones de la realidad, procuran ofrecer nuevas experiencias del trópico donde emergen un sin fin de relaciones vernáculas con los objetos empleados, elevados ahora al grado de dispositivos cuya vocación funcional se ha tornado contingente.

Vista de la exposición "Objeto Diferido", de Ilich Castillo, en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), Quito, 2017-2018. Cortesía del artista
Puesta a Tierra, de Ilich Castillo. Vista de la exposición "Objeto Diferido",en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), Quito, 2017-2018. Cortesía del artista

En el primer pabellón de la sala expositiva del Centro de Arte Contemporáneo de Quito, aquel sentido de “percepción local” es particularmente evidente, ya que nace de un deseo –y por tanto un posicionamiento político- de trabajar con el entorno próximo, y con aquello que se ha definido como “conocimiento situado”, una aproximación al objeto de estudio desde el lugar y la subjetividad específica de alguien. La serie Productos terminados de movimiento rápido, compuesta por siete esculturas y 17 bocetos relacionados que vemos en la sala, engloba estas ideas. Este conjunto de obras tiene como génesis y antecesor simbólico el voluminoso archivo Piedra y Hacha, donde el artista acumula fotografías que ha tomado (o que aparecen en las secciones de reclamos en la prensa comunitaria) de un sin número de objetos que operan en la trama urbana ajenos a sus usos habituales, y que se encuentran –como prótesis- sirviendo alguna función de apoyo provisional. También recoge registros de situaciones anómalas o configuraciones curiosas de elementos que resultan fuera de lugar. El archivo termina por estructurar –en la clasificación tipológica y curiosa descripción que hace de las imágenes- una suerte de catálogo de anti-escultura.

Castillo somete estos objetos a transformaciones adicionales para que se conviertan en “estímulos perceptibles que se alejan del modelo original”, primero al aplanarlos en dibujos que luego, a su vez, se proyectan a una cruda tridimensionalidad. Es en este proceso donde pone en marcha su concepto de figuración blanda, un recurso ilustrativo que degrada exageradamente la naturalidad de las formas, muy en diálogo con lenguajes de representación no instruidos y poco diestros, para lo cual le resulta particularmente apto la crudeza y relativa corta perdurabilidad del papel maché para el modelado (“las esculturas son sustitutos provisionales de sus propios modelos, efímeros ambos”). El divertido resultado son estas interpretaciones escultóricas de “baja resolución”, donde se muestra una semejanza y relación distante ya de sus referentes reales. El artista nos asoma así a la posibilidad de aproximarnos a la cultura material desde ángulos más complejos: a manera de genealogías cuyas líneas de descendencia renegadas operan por fuera de la dicotomía útil-inútil.

No sabe / No contesta, de Ilich Castillo. Vista de la exposición "Objeto Diferido",en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), Quito, 2017-2018. Cortesía del artista
No sabe / No contesta, de Ilich Castillo. Vista de la exposición "Objeto Diferido",en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), Quito, 2017-2018. Cortesía del artista
Partitura para Mercalli, de Ilich Castillo. Vista de la exposición "Objeto Diferido",en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), Quito, 2017-2018. Cortesía del artista
Partitura para Mercalli, de Ilich Castillo. Vista de la exposición "Objeto Diferido",en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), Quito, 2017-2018. Cortesía del artista
Trampas Cromáticas, de Ilich Castillo. Vista de la exposición "Objeto Diferido",en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), Quito, 2017-2018. Cortesía del artista

Como diálogo complementario con estos trabajos recientes se han incluido dos piezas del 2015 donde el artista formalizó, de manera inventiva, reflexiones alrededor de una naturaleza perturbada. En Trampas Cromáticas Castillo reúne fotografías obtenidas de Internet de una serie de artefactos diseñados para atrapar insectos por medio de su atracción a ciertos colores. En Bichos de Jardín, en cambio, ha fotografiado muy de cerca plantas afectadas por plagas, aparejando aquellos detalles con un complemento geométrico que no es más que un glitch producido en la imagen del insecto causante, generado aleatoriamente al insertar el nombre científico correspondiente en el código digital de cada una.

El bug, metafórico y real, atraviesa así no solo las obras reunidas sino su propia manera de percibir la realidad.

Bichos de Jardín, de Ilich Castillo. Vista de la exposición "Objeto Diferido",en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), Quito, 2017-2018. Cortesía del artista

Texto curatorial por Rodolfo Kronfle Chambers para la muestra Objeto Diferido, de Ilich Castillo, que se presenta en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Quito hasta el 10 de marzo de 2018