Relational Undercurrents: Contemporary Art of the Caribbean Archipelago (Subcorrientes Relacionales: Arte Contemporáneo del Archipiélago Caribeño), la muestra que presenta actualmente el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), en Long Beach, California, ofrece una mirada sin precedentes a las actuales manifestaciones artísticas del Caribe insular, una región del continente americano difícil de categorizar y que generalmente se pasa por alto.

Curada por la investigadora, académica y doctora en historia del arte venezolana Tatiana Flores, la exposición propone un “modelo archipielágico”, el cual define al Caribe desde la perspectiva de su archipiélago de islas en contraste con la experiencia continental, para estudiar problemas sobre raza, historia, el legado del colonialismo y el medio ambiente.

La exposición –cuya apertura coincidió con el paso de los recientes huracanes por el Caribe- presenta a 80 artistas caribeños provenientes de las islas hispanoparlantes, anglófonas, francófonas y holandesas, enfatizando las continuidades temáticas del arte realizadas en el archipiélago y sus diásporas, desafiando los límites conceptuales y geográficos convencionales de Latinoamérica.

Este enfoque hace hincapié en los problemas que surgen del legado colonial que son relevantes para Latinoamérica como conjunto, pero que surgen como un tema central para la obra de artistas caribeños del siglo XXI, como Janine Antoni (Bahamas), Humberto Díaz (Cuba), Jorge Pineda (República Dominicana) y Allora & Calzadilla (Puerto Rico).

Conversamos con Tatiana Flores sobre la investigación y líneas temáticas de esta muestra, que es parte de Pacific Standard Time: LA/LA, la iniciativa de la Fundación Getty que reúne a más de 70 instituciones culturales para llevar a cabo una exploración ambiciosa y de gran alcance del arte latino y latinoamericano que converge en Los Ángeles.

Vista de la exposición "Relational Undercurrents: Contemporary Art of the Caribbean Archipelago (Subcorrientes Relacionales: Arte Contemporáneo del Archipiélago Caribeño)", en el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Long Beach, California, 2017: Foto cortesía MOLAA

Florencia San Martín: En una entrevista sobre Subcorrientes Relacionales, Jacqueline Bishop, artista y poeta jamaiquina que ha abordado el tema de los desastres naturales en su trabajo, comienza haciendo referencia a los recientes huracanes que coincidieron con la apertura de la exposición. Tú mencionaste que los artistas habían sido severamente afectados –por ejemplo, David Gumbs, de St. Martin, se ofreció como voluntario para proporcionar ayuda, mientras que algunos artistas puertorriqueños se vieron varados en Los Ángeles después de la apertura-, diciendo: «De este modo, la exposición quedó impregnada de muchos de los problemas relacionados con el medio ambiente y pudimos constatar la vulnerabilidad de los espacios insulares, un tema presente en la exposición, ocurriendo frente a nuestros propios ojos”. Creo que es inevitable comenzar esta entrevista, una vez más, apuntando a los desastres recientes que afectan dramáticamente al Caribe. ¿Puedes ampliar el tema de la «vulnerabilidad» como una preocupación compartida por las islas y América Latina en general?

Tatiana Flores: He estado pensando mucho sobre ese tema desde que inauguramos la exposición. Por un lado, tenemos una hermosa exhibición de arte contemporáneo del Caribe con más de ochenta artistas -y un impresionante catálogo diseñado por Nancy Stem, de Fresco Books, y distribuido por Duke University Press- que llena todas las galerías del MOLAA. Dentro de PST: LA / LA, esta es una declaración importante de reconocimiento para el Caribe en el contexto de una iniciativa de arte latinoamericano. Cerca de treinta artistas llegaron a la inauguración, y todos estábamos muy felices, triunfantes, de hecho. Por otro lado, los huracanes ensombrecieron los días previos y posteriores a la inauguración, y la exposición inevitablemente se asociará con estos devastadores desastres naturales.

Cuando pensaba en los temas de la exhibición, la vulnerabilidad para mí significaba el exterminio de las culturas indígenas en las islas, la imposibilidad de escapar para los africanos traídos como esclavos, la cultura de la dependencia forzada por el colonialismo, el desafío de la sostenibilidad económica para las sociedades post-coloniales, la necesidad de migrar, la amenaza al medio ambiente y la falta de reconocimiento de la región y sus artistas. ¿Pero quién podría haber imaginado que Barbuda estaría tan devastada como para ser apenas habitable? ¿Que Puerto Rico, un país con más de tres millones de habitantes, podría perder toda su infraestructura eléctrica? Mi colega Yarimar Bonilla, profesora de la Universidad de Rutgers, hizo una declaración perceptiva sobre esto en un reciente artículo de opinión para el Washington Post: «La vulnerabilidad no es simplemente un producto de las condiciones naturales; es un estado político y una condición colonial». Creo que la declaración es relevante para toda América Latina.

Vista de la exposición "Relational Undercurrents: Contemporary Art of the Caribbean Archipelago (Subcorrientes Relacionales: Arte Contemporáneo del Archipiélago Caribeño)", en el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Long Beach, California, 2017: Foto cortesía MOLAA

FSM: Me encantó el marco teórico de la exposición, centrado en mirar obras de arte contemporáneo no a través de la «heterogeneidad» y la «fragmentación» del Caribe que, como tú y Michelle A. Stephens mencionaron en el primer párrafo de la introducción al catálogo de la exposición, «casi se ha convertido en un cliché.” Y lo que sigue en ese mismo párrafo me hizo pensar que, hasta cierto punto, el cliché opuesto, el de las islas del Caribe como intercambiables, también es válido: una larga playa turquesa desierta con arena blanca y palmeras meciéndose con la brisa como lo imagina la industria del turismo. Sin embargo, el Caribe como «destino vacacional» evita, obviamente por fines económicos, el marco de «diversidad» a través del cual el Caribe ha sido concebido por las ciencias sociales y las humanidades. Pero lo que está en juego aquí es que dicha «diversidad» -colonial, étnica, lingüística y cultural-, como tu argumentas, también ha sido problematizada, lo que no es lo mismo que negada, por pensadores como Édouard Glissant, Kamau Brathwaite, y Derek Walcott, quienes proponen una lectura del Caribe a través de sus diversas experiencias compartidas e interconexiones. Eso es lo que Subcorrientes Relacionales revela a través del marco del archipiélago y, por lo tanto, a través del Caribe insular tanto geográfica como conceptualmente, y lo hace mediante una cartografía desde donde tú y Stephens imaginan «conjuntos archipielágicos» y una «geografía performativa que deliberadamente piensa las conectividades de la región, conexiones que se extienden para incluir a las diásporas caribeñas en las costas continentales”. ¿Podrías ampliar más esta idea del archipiélago como lente a través de la cual mirar las islas del Caribe y conectar sus espacios insulares?

TF: Para responder a esta pregunta, debería comenzar con la génesis intelectual del proyecto, aunque siempre es difícil precisar un momento de origen. Soy una persona del Caribe continental, originalmente de Venezuela, aunque he vivido en Estados Unidos durante gran parte de mi vida. El Caribe para mí es un lugar de nostalgia. Al crecer lejos de Venezuela, los recuerdos del mar fueron los más potentes, junto con la añoranza de mi familia. Como estudiante en la Universidad de Columbia, me topé con el trabajo de Derek Walcott a través de David Damrosch, un reconocido profesor de literatura universal que se convirtió en mi asesor de tesis. Escribí sobre el poema épico de Walcott, Omeros, la obra literaria más inspiradora y conmovedora que jamás había leído. Es una visión contemporánea de La Odisea a través de la vida de los pescadores y las comunidades de la isla de Santa Lucía. No volví a investigar sobre el Caribe hasta más de una década después. La historia del arte sobre América Latina todavía estaba en su infancia en la academia de EEUU cuando comencé mis estudios de posgrado, y el Caribe era casi inexistente en ese espacio intelectual.

Me uní a la facultad de Historia del Arte en Rutgers en 2007 con un nombramiento conjunto en el Departamento de Estudios Latinos y Caribeños. Rutgers es único al tener un departamento enfocado en los latinos de Estados Unidos y en el Caribe, pero no en América Latina. De este modo, se enmarca dentro de los sitios de pensamiento decolonial según lo teorizado por Walter Mignolo. En su opinión, América Latina es profundamente eurocéntrica, pero el Caribe y la diáspora latina en Estados Unidos se modelan de manera diferente. A través de una iniciativa de contratación centrada en Estudios del Caribe, Michelle Stephens y Nelson Maldonado-Torres se unieron a la facultad de Rutgers. Ellos encabezaron un programa en Estudios Críticos del Caribe en 2011, que hoy se llama el Instituto Avanzado Rutgers para Estudios Críticos del Caribe (RAICCS). El RAICCS enfatiza cuatro vías de investigación, entre ellas «Estudios archipielágicos y creolización», cuyo objetivo es «proponer nuevos enfoques teóricos para el estudio de los desarrollos políticos y culturales» en la región. Cuando surgió la oportunidad de curar esta exposición, invité a Michelle Stephens para que se desempeñara como asesora formal del proyecto y como coeditora del catálogo. Ella lideraba en ese momento un seminario de un año de duración con otra colega de Rutgers, Yolanda Martínez-San Miguel, en torno al tema de los archipiélagos, abordando los estudios archipielágicos como una metodología a través de la cual explorar diferentes disciplinas.

Cuando Stephens trajo su experiencia archipielágica al proyecto, yo brindé mi experiencia crítica en el campo del arte latinoamericano. Una metodología archipielágica no tiene que centrarse exclusivamente en las islas, pero para mí la geografía insular fue fundamental como corrección del sesgo continental que explicaba las fronteras conceptuales de América Latina. La definición de una geografía caribeña exclusivamente alrededor de las islas desafió tanto el campo de los estudios latinoamericanos, con su enfoque continental y su tendencia a minimizar la experiencia africana en la región, como el campo de los estudios caribeños, donde predomina la narrativa de la diáspora africana, pero también trata estos espacios como una pizarra en blanco, atribuyendo características insulares a todos los territorios en su ámbito y anulando así los grupos indígenas que siempre pueblan las costas continentales del Caribe. Un enfoque archipielágico busca relaciones entre las regiones que define y también se abre a las diásporas precisamente a través de la cartografía crítica que tú mencionas. Quizás el aspecto más atractivo de lo archipielágico para mí es la forma en que desbloquea nuevos espacios de investigación que no dependen ni se adhieren a las geografías impuestas. Como tal, una metodología archipielágica es intrínsecamente un proyecto descolonizador.

Vista de la exposición "Relational Undercurrents: Contemporary Art of the Caribbean Archipelago (Subcorrientes Relacionales: Arte Contemporáneo del Archipiélago Caribeño)", en el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Long Beach, California, 2017: Foto cortesía MOLAA
Vista de la exposición "Relational Undercurrents: Contemporary Art of the Caribbean Archipelago (Subcorrientes Relacionales: Arte Contemporáneo del Archipiélago Caribeño)", en el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Long Beach, California, 2017: Foto cortesía MOLAA

FSM: Si entendí correctamente, lo que propones es leer el archipiélago del Caribe, es decir, un Caribe con «experiencias compartidas» que van más allá de las historias y prácticas coloniales, lingüísticas, culturales y étnicas, identificando cuatro temas principales, que son las secciones temáticas que organizan la exposición. Estas son Mapas Conceptuales, Horizontes Perpetuos, Ecologías del Paisaje y Actos de Representación. ¿Cómo llegaste a estos temas y qué aspectos comunes están abordando? Y, los cuatro, como el archipiélago, ¿también están conectados entre sí?

TF: Subcorrientes Relacionales enfatiza la continuidad sobre la fragmentación y la claridad sobre la cacofonía. Los cuatro temas de la muestra se desarrollaron para subrayar los aspectos regionales en común tal y como se manifiestan en las artes visuales. Emergieron de diálogos con artistas y con Michelle Stephens. Mapas conceptuales era crucial como la sección introductoria de la exhibición porque muestra un trabajo que es de naturaleza archipielágica, lo que subraya procesos de contra mapeo: reencuadrar paradigmas diferentes, trazar nuevos puntos de conexión e imaginar y crear nuevas coordenadas. El trabajo de Nayda Collazo-Llorens, una artista de Puerto Rico para quien las «conectividades imaginarias» son igualmente importantes, fue crucial para mi investigación. Firelei Báez, Ewan Atkinson y Juana Valdés, cuyo trabajo deconstruye el mapa colonialista de formas completamente creativas y distintas, también informaron mis primeras investigaciones.

Horizontes Perpetuos destaca el horizonte, una de las características visuales propias de la geografía isleña, que emerge repetidamente tanto como un límite como un umbral de posibilidades. O bien se trate como tema o de manera incidental, el horizonte señala una experiencia común. Mi relación con el horizonte se inspiró en Tony Cruz, cuyos dibujos llaman la atención sobre el hecho de que la línea que identificamos como horizonte no existe en realidad. El artista está representado en la muestra por una impresionante serie de nueve dibujos prestados por la Colección Patricia Phelps de Cisneros.

Ecologías del Paisaje considera al Caribe como una región de ecosistemas y hábitats compartidos. Es una de las secciones más emblemáticas de la exposición, que presenta Mar invadido de Tony Capellán, una gran instalación de diversos objetos arrastrados por el mar hacia la orilla dispuestos en tonos degradados de azul, además de potentes videos de Allora y Calzadilla.

Actos de Representación examina la representación como un proceso activo. A diferencia de la función mimética asociada a la representación en la historia del arte tradicional, los artistas cuyas obras componen esta sección consideran la representación en un sentido político. El Caribe no puede disociarse de su legado colonial y, como resultado, la representación adquiere mayor urgencia. Los artistas aquí toman el control de los instrumentos de representación como actos de resistencia y empoderamiento. Muchos de los trabajos se centran en el cuerpo humano, lo que atestigua el potencial de la figuración en el arte contemporáneo. Artistas como Ebony G. Patterson, Jorge Pineda y Sofía Gallisá Muriente, entre otros, crean obras visualmente deslumbrantes que subrayan la humanidad al mismo tiempo que meditan sobre el proceso de representación en sí mismo.

Los cuatro temas de la exposición se conectan entre sí, y muchas obras pueden colocarse en más de una sección. New Level Heads, de Christopher Cozier, que se refiere al aumento del nivel del mar y las relaciones sociales a través de los medios más escasos, podría encajar en cualquiera de ellos. Cozier ha sido para mí un interlocutor crucial sobre el arte caribeño. Co-curamos la exposición Wrestling with the Image: Caribbean Interventions para el Museo de Arte de las Américas en Washington DC en 2011, que también fue un progenitor intelectual de Subcorrientes Relacionales.

Vista de la exposición "Relational Undercurrents: Contemporary Art of the Caribbean Archipelago (Subcorrientes Relacionales: Arte Contemporáneo del Archipiélago Caribeño)", en el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Long Beach, California, 2017: Foto cortesía MOLAA

FSM: Tal vez influenciada por mi propia investigación, me parece que un tema importante del enfoque teórico de la exposición es la cuestión del lenguaje y, por lo tanto, la inclusión cultural y geográfica, la exclusión, o la ambivalencia entre ambas, de pueblos y lugares coloniales y narrativas neocoloniales. El problema del lenguaje, del nombrar, no se pretende resolver en las obras exhibidas sino que se señala, se piensa, como ocurre en la obra Continental (2007-2010) de Karlo Andrei Ibarra. Como mencionas en el catálogo, Continental recuerda una muy conocida preocupación de los activistas, poetas y artistas latinoamericanos que se esfuerzan por definir la noción de América desde el siglo XIX, como es visible en el manifiesto poético de José Martí, Nuestra América ¿Puede expandirte más sobre el tema del lenguaje en la exposición y sobre cómo esto también está en diálogo, o no, con los debates actuales en el arte latinoamericano?

TF: El lenguaje ha sido quizás el mayor impedimento para una lectura holística de la cultura caribeña, o, para ser más precisa, las múltiples tradiciones lingüísticas de la región han obstaculizado una evaluación integral de su producción cultural. Como Stephens y yo escribimos en el catálogo, por su propia naturaleza, «las artes visuales están singularmente equipadas para vincular las divisiones lingüísticas y culturales de la región». Los investigadores literarios tienen una larga tradición en buscar las “subcorrientes relacionales” en la literatura de la región, pero es un desafío. Además de los diálogos con artistas visuales, la crítica literaria en torno al Caribe ha tenido una influencia decisiva en mi pensamiento. América Latina tiene un profundo respeto por lo literario, por lo que este es un punto interesante de comparación. Múltiples críticos literarios han publicado textos recopilatorios sobre literatura latinoamericana, pero los historiadores del arte han tendido a evitar tales narrativas sintetizadoras. Pero el mismo concepto de «Nuestra América» ​​postulado por Martí o la categoría de «arte latinoamericano» dependen de aceptar la posibilidad de un denominador común, como sea que éste se identifique. Lo que nos enseña un enfoque archipielágico es a usar nuestras acciones para replantear los mapas que son limitantes y forjar conexiones que propongan formas más diversas, justas y complejas de concebir el mundo.

Vista de la exposición "Relational Undercurrents: Contemporary Art of the Caribbean Archipelago (Subcorrientes Relacionales: Arte Contemporáneo del Archipiélago Caribeño)", en el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Long Beach, California, 2017: Foto cortesía MOLAA
Vista de la exposición "Relational Undercurrents: Contemporary Art of the Caribbean Archipelago (Subcorrientes Relacionales: Arte Contemporáneo del Archipiélago Caribeño)", en el Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA), Long Beach, California, 2017: Foto cortesía MOLAA
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Florencia San Martin

Nace en Santiago, en 1982. Es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Rutgers, NJ. Posee además un MFA en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York y un BA en Artes Visuales por la PUC. Se especializa en arte contemporáneo en las Américas, historia de la fotografía, estudios de memoria, y pensamiento decolonial. En la actualidad dicta cursos de arte latinoamericano en The School of Visual Arts (SVA) y es Editora de Art Nexus en Nueva York.