La Casa Encendida, en Madrid, presenta un recorrido completo por la obra de la artista brasileña Anna Bella Geiger (Río de Janeiro, Brasil, 1933), una figura imprescindible en la historia del arte conceptual brasileño. Titulada Geografía Física y Humana, la muestra es comisariada por Estrella de Diego, y cuenta con la colaboración del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) y el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (MUNTREF) de Buenos Aires.

Alrededor de cien obras, entre videos, fotografías, libros de artista, fotocollage y objetos, dan cuenta de las dos propuestas que han atravesado toda la carrera de Geiger: la geografía física y la geografía humana. A través de estas dos líneas y, sobre todo, a través de los mapas, elemento protagonista en su obra, reflexiona sobre las políticas coloniales, los estereotipos culturales, las exclusiones, los discursos impuestos por la hegemonía y, especialmente, los modos de cuestionarlos.

Pese a la radicalidad de la obra de Geiger, de ser una de las primeras artistas que usó el video en Brasil como forma de expresión en el arte, de la delicadeza y belleza que convierten a sus objetos políticos en objetos poéticos, y la importancia de sus aportaciones al arte brasileño, la alta calidad de su trabajo no se corresponde con su proyección.

Si bien en los últimos años su obra se ha puesto en valor por críticos, galerías e instituciones como el MoMA de Nueva York o el Museo Reina Sofía de Madrid, ésta no ha tenido la visibilidad de la que han gozado los artistas hombres de su generación. Así, esta muestra se corresponde con una de las líneas expositivas de La Casa Encendida dedicada a recuperar a artistas del siglo XX que han tenido repercusión en la configuración de lo contemporáneo y que son referencias clave para los artistas actuales.

Vista de la exposición "Anna Bella Geiger. Geografía física y humana", en La Casa Encendida, Madrid, 2017. Cortesía: LCE

“La artista aparece de espaldas, dibujando sobre una mesa. Lleva a cabo su labor con cuidado, de un modo primoroso que nos hace pensar en una tarea solitaria y concentrada, casi artesanal (…) Hay algo de esmero y de profundo decoro en la imagen que recoge el video: la de una mujer hacendosa y paciente -como siempre hemos tenido que ser las mujeres-, sólo que, en este caso, pinta mapas. Mapas para no perderse, mapas para no equivocar el camino a seguir, para encontrar su lugar en el mundo. O tal vez no. Mapas para trastocar el lugar más bien y volver a narrarlo desde el principio, desde un comienzo inesperado que busca otro comienzo, uno en el cual no haya que renunciar siempre por el mero hecho de ser mujer. De pronto, la mujer hacendosa que dibuja el mundo -espacio, territorio históricamente masculino- se desvela como una radical: a través del mapa trastocado, desdibujado, vuelto a narrar”, señala Estrella de Diego en su texto curatorial.

La trayectoria de Geiger es fructífera desde los orígenes, abandonando muy pronto sus comienzos abstractos de los años 50 para entrar de lleno, especialmente tras su viaje a Nueva York en la década de 1970, en el desarrollo de su etapa conceptual.

Tras finalizar sus estudios de literatura inglesa en la Universidad de Brasil, en 1956, se casa con el geógrafo Pedro Geiger. Incluso aquellos años iniciales dedicados a la pintura abstracta, en los que ya participa en la Primera Exposición de Arte Abstracto de Petrópolis, estaba influenciada por la enseñanza de Fayga Ostrower, la maestra polaca de origen judío con quien Geiger aprendió el grabado. Esta técnica la llevó también a aprender la libertad de crear sin la presión de la obra única. El concepto mismo de la repetición y las series asociado al grabado constituyen, poco a poco, una fascinante estrategia contra del discurso de autoridad.

Anna Bella Geiger, Carta a un amigo, 1974 Cortesía de Henrique Faria Fine Art
Anna Bella Geiger, Carta a un amigo, 1974 Cortesía de Henrique Faria Fine Art

Desde muy temprano empieza a trabajar con collages y dibujos, fotomontajes, video, fotografías, libros de artista e instalaciones. En 1954 viaja a Nueva York, donde asiste a cursos y conoce a Henry Kahnweiler, famoso marchante de los artistas surrealistas, quien se interesa por su trabajo y adquiere algunas de sus obras. Regresará a Nueva York en los años 70 para entrar en contacto con personalidades como Vito Acconci y Joseph Beuys.

La artista recurre a nuevas fórmulas narrativas, sobre todo aquellas que buscan revertir las maneras de contar el mundo desde una posición masculina. Adopta, pues, una identidad y narración quebradas, repletas de falsas repeticiones de esas que tanto gustaron a Duchamp, uno de sus artistas preferidos.

Geiger dibuja mapas, territorio históricamente asignado a los hombres, en tanto concepción espacial para revisar el concepto político de dicho espacio. Con este planteamiento aspira a que las mujeres recuperen ese territorio que les ha sido negado y se pregunta cuántos mapas hay que subvertir para dar la vuelta a la narración y empezar a contar de nuevo. Para la artista, “los mapas son la representación del mundo, con todas las implicaciones de control y dominio que el propio término representación, conlleva”. El mapa se convierte, como en el caso del uruguayo Torres García, en un territorio de subversión.

Anna Bella Geiger. Equations No 11, 1978 Cortesía de Henrique Faria Fine Art
Vista de la exposición "Anna Bella Geiger. Geografía física y humana", en La Casa Encendida, Madrid, 2017. Cortesía: LCE
Vista de la exposición "Anna Bella Geiger. Geografía física y humana", en La Casa Encendida, Madrid, 2017. Cortesía: LCE
Vista de la exposición "Anna Bella Geiger. Geografía física y humana", en La Casa Encendida, Madrid, 2017. Cortesía: LCE

ANNA BELLA GEIGER. GEOGRAFÍA FÍSICA Y HUMANA
La Casa Encendida, Madrid
Del 27 de septiembre al 7 de enero de 2018