Al pasar por la vereda que da con la gran vitrina de la Galería Gabriela Mistral (GGM), en pleno centro de Santiago, la mirada advierte una imagen surrealista: la de un bote pesquero artesanal a escala real con el perfil de una gran nariz incrustada en su superficie. Lúdica y seductora vista desde la calle, su significado cambia radicalmente cuando, al entrar a la exposición, nos enteramos de que la imagen, del artista chileno Javier González Pesce (1984), es una metáfora de la tortura.

La pieza forma parte de un proyecto más amplio del artista que incluye varias embarcaciones transportando otros elementos del rostro: dos ojos y dos orejas, para ser liberados en las costas del norte de Chile; una boca, para ser liberada en el centro; y la nariz, en el sur. Partes del cuerpo que, agrandadas como para resaltar su importancia vital, habrían pertenecido a las víctimas de la dictadura militar chilena que fueron arrojadas al mar.

“El mar no comprende una superficie estática (como la habitualmente habitada por proyectos escultóricos), por lo que esta configuración de un rostro va a ser desarticulada por el movimiento del mar. El naufragio de las partes del rostro en una relación plácida pero desfragmentada por el mar pretenden citar una triste historia nacional de esta relación (la del mar y el cuerpo)”, señala González Pesce.

Titulada Esta tierra es tal que para vivir en ella y perpetuarse no hay mejor -frase tomada de un extracto de la carta enviada por Pedro de Valdivia para informar al Rey de España de la situación local-, la muestra está compuesta por un conjunto de obras que, según el artista, buscan “instalar en paisajes determinados realidades territoriales silenciosas, olvidadas, escondidas”, e “invocar unas presencias discretas al hacerlas visibles en el territorio por medio de operaciones e intervenciones artísticas”.

La obra de González Pesce suele tener un carácter que oscila entre lo escultórico y lo teatral, lo lúdico y lo perturbador, siempre aferrado al sentido del humor (un humor negro) para abordar temas que nos inquietan a todos. En su muestra del 2012 en el Museo de Artes Visuales (MAVI) –a propósito de haber ganado el Concurso Arte Joven MAVI-Minera Escondida- el artista transformaba el desamor en la perfecta excusa para invocar diversos medios de disrupción a partir de íconos, aproximaciones juguetonas y soluciones formales. A través de varios objetos e instalaciones de aspecto llamativo, aludía al amor (juvenil), el desamor (el despecho) y el sufrimiento.

Pocos años después, Javier González Pesce se fue a estudiar a Suiza. Ahora que regresa para esta individual nos sorprende con un trabajo mucho más maduro. Acaso por el mismo hecho de haber tomado distancia de su país, el artista vuelve y toca temas precisamente relacionados con su territorio y su pasado violento, así como de su historia política reciente, deteniéndose aquí en una problemática subyacente y urgente, como es el rápido y súbito crecimiento de la inmigración.

Este asunto lo aborda en un registro audiovisual de una acción que involucró a un grupo de ciudadanos peruanos residentes en Santiago que, portando carteles con imágenes del cielo de Perú, caminaron desde la simbólica Plaza de Armas hasta la cima del -también simbólico- cerro Santa Lucía, instalando así el cielo del país vecino en el paisaje del centro de la capital. “Ese día, a modo de un collage activo gracias a la acción de estas personas, una imagen del cielo de su nación de origen fue infiltrada en el cielo del país en el que viven actualmente”, dice el texto museográfico que acompaña a la muestra. Las 33 pancartas utilizadas en la acción se exhiben también en el espacio de la galería.

La tercera obra que compone esta exhibición es un rack con 14 banderas impresas con close ups de stills del video del bombardeo de La Moneda el 11 de septiembre de 1973. Las impresiones fueron diseñadas de tal manera que la violenta imagen icónica se abstrae en manchones en blanco y negro, como masas de humo, polvo o alguna materia indefinida. Inicialmente, las 14 banderas tenían como destino original los 14 mástiles que se encuentran en la Plaza de la Constitución desplegando banderas chilenas en representación de las regiones. La idea era reinstalar estas imágenes para devolver las explosiones a su lugar de origen (no así a su tiempo original), en un gesto poético de memoria. En cualquier caso, el proyecto será articulado gracias a la colaboración de algunos espacios institucionales de Santiago, que han facilitado sus mástiles. Posteriormente, las banderas itinerarán por los cielos de las 15 regiones de Chile.

“Esta muestra es política porque se trata de este territorio. Este territorio es doloroso porque contiene una historia. Esta historia es materialidad porque se condensa habitando, con fricción, espacios reales”, concluye el artista.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.
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