La Semana de Arte Contemporáneo de Antofagasta es más que una semana, en el sentido literal y en sus implicancias. La diversidad de actividades que involucra este encuentro organizado por el Colectivo SE VENDE abarca tres meses del año y se irradia a Antofagasta y más allá, porque cada experiencia de montaje, exhibición, diálogos, coordinación y camaradería entre los distintos actores involucrados constituye – y está comprobado- una transferencia de información a otras ciudades, otros países, otras escenas. Así, cada artista, curador, gestor u otro profesional de las artes que participe en SACO se transmuta en una suerte de chasqui, esos corredores mensajeros que llevaban información de un lugar a otro en el periodo incaico. Es por eso que la noticia de este encuentro concebido desde la región ha llegado a muchos oídos y eso se ve reflejado en la impresionante respuesta latinoamericana frente al primer ejercicio de llamado por convocatoria de proyectos para la muestra central de SACO, AMOR. Decadencia y Resistencia.

Este artículo, sin embargo, no refiere a esa instancia ni a esos desplazamientos territoriales sino a las repercusiones locales que está teniendo el encuentro, ya de lleno en su sexta versión. Este año, las actividades En el marco de SACO, que tienen lugar antes y durante la exhibición internacional, se concentran desde el pasado mes de julio en el conjunto de exposiciones que conforman Aluvión Visual, un título evocativo de las inclemencias geográficas a que ha estado expuesta la zona norte de Chile en los últimos años, y que a la vez busca reflejar los movimientos y las corrientes que se suscitan en una ciudad cuando las imágenes se toman los lugares y ofrecen una alternativa o una respuesta a la avidez de conocimiento, de discusión y de reflexión.

Cuatro salas culturales de Antofagasta inauguraron el mismo día propuestas visuales disímiles, conformando un recorrido que altera, y en cierta medida subvierte, los espacios y las dinámicas de esa ciudad.  

El Museo Artequin, que forma parte del centro educacional Inacap, ofrece un recorrido expositivo inserto en la temática central de SACO6, AMOR. Decadencia y Resistencia.

Proponiendo una curaduría de carácter mediador, la educadora Carolina Contreras y su equipo seleccionaron imágenes de su propia colección de historia del arte universal, compuesta por reproducciones autorizadas de obras de todos los tiempos. Así, elaboraron una narración en torno a distintas manifestaciones del amor, como los afectos, las pasiones, la devoción religiosa, el misticismo o las ideologías, cruzando épocas, autores y líneas artísticas. La exposición, montada en paneles, está organizada y conceptualizada para la enseñanza y transmisión de herramientas de apreciación y comprensión del devenir de la experiencia estética.

Como ganadora del X Concurso Premio Arte Joven del Museo de Artes Visuales (MAVI), Pilar Elgueta expone en la sala Balmaceda Arte Joven de la Fundación Minera Escondida su video-instalación 1/8 por el todo, título extraído de la definición de Metonimia, figura retórica por medio de la cual se designa un todo por una de sus partes, o viceversa, por relación de inclusión o contigüidad espacial, temporal o lógica.

Pilar Elgueta apunta a un problema fundamental del arte contemporáneo como es la representación, estableciendo una serie de metáforas sobre el quehacer, entre heroico y absurdo, de intentar asemejar la realidad a través de una imagen manufacturada por el oficio pictórico.

Adentrándose en el escenario quizás más inabarcable e irrepresentable que podría escoger un artista, el paisaje austral, Pilar Elgueta documenta el recorrido en bote de una pintura suya que representa un iceberg, y cómo ésta busca infructuosamente dirigirse y alcanzar a su referente real. En la sala, el registro audiovisual de esa hazaña, una gran poza llena de agua sometida a un complejo mecanismo de irrigación y el propio lienzo, creación de la artista maltratada por las inclemencias del clima y el oleaje en su particular proeza, conforman un montaje envolvente, cuya atmósfera se acentúa con elementos como la iluminación y el sonido.

También trayendo consigo una exitosa participación en un evento metropolitano, como es la Feria de Arte FAXXI, el artista oriundo de Calama, David Corvalán, expone en la Sala Mezanina de la Biblioteca Regional de Antofagasta su serie escultórica Polvo eres, con figuras humanas hechas de palos y carbón de fósforo. Individuos en diferentes posiciones -acaso afligidos, apesadumbrados- coexisten con algunos elementos bidimensionales en la exposición donde, a través de la precariedad material conjugada al gran virtuosismo técnico, Corvalán busca cuestionar los moldes para el amor, sean estos impuestos desde la sociedad, la religión, la familia o el estado. Materiales frágiles que hablan de la fragilidad de nuestras libertades y de qué manera las distintas etapas de la historia elaboran estructuras simbólicas o económicas que nos determinan y disponen nuestra forma de desenvolvernos.

EFECTO PERIMETRAL

La localidad costera de Pisagua, como referente, como modelo y de cierta manera también como soporte de obra, cruza la exposición Efecto perimetral en el Centro Cultural Estación Antofagasta, del colectivo que conforman las artistas visuales Juana Guerrero, Vania Caro Melo, María Inés Candia Pérez y Catalina González. Ellas representan cuatro generaciones de mujeres que por distintas razones han habitado o habitan en la Región de Tarapacá. Y ninguna de ellas pudo permanecer indiferente ante la potencia de ese territorio frente al mar, donde conviven conflictivamente la belleza y la amplitud del paisaje, con las diferentes y contradictorias etapas que ha atravesado ese territorio a través de la historia, desde el esplendor económico hasta el terrorismo de estado, el deterioro y el abandono.

Antaño ciudad de prosperidad salitrera, en otro momento leprosario y  cárcel, pero principalmente conocida como uno de los más grandes y brutales campos de concentración de la dictadura militar chilena, Pisagua está allí silenciosa y abandonada, como una zona fantasma que estas cuatro artistas reutilizan para generar tramas de significación.

En un acto performático desgarrador, Juana Guerrero excava en la arena azotada por las olas sugiriendo una acción análoga a la de las familiares de detenidos desaparecidos que transitan el desierto buscando alguna huella, algún rastro del paradero de sus deudos. El título de su obra, Necia, enfatiza el tono desolador de esta acción repetitiva que Juana registró en video, instalando tres pantallas a ras de suelo, que muestran diferentes momentos y tomas en los varios días que ella acudió a la playa, pala en mano, a realizar esta utópica acción de rescate.

Vania Caro Melo utiliza El Sonido para evocar, en una pulcra caseta al estilo de los  teléfonos públicos previos a la telefonía móvil, el rumor del mar grabado desde el interior del antiguo Teatro Municipal de Pisagua, que en un periodo duro de la historia reciente de Chile albergó un centro de detención femenino. El espectador entra al compartimento, ajusta los audífonos a sus oídos e instantáneamente se traslada a ese espacio y se reposiciona en el lugar de aquellas mujeres privadas de libertad, a través del lejano sonido del mar que acompañaba sus rutinas diarias.

En su instalación De cilicios y silencios, la artista María Inés Candia revisa parte de la historia de Pisagua, aportando con su propia investigación sobre las tinturas que utilizaban las mujeres del período salitrero para hermosear sus vestimentas. En el piso de la sala, elabora un tablero de arena, polvos coloreados y diferentes texturas y elementos de esa zona que ella fue recolectando y que dispone expuestos al trajín propio de una exposición, las pisadas de los espectadores, la brisa que se cuela por la ventana, como una metáfora del territorio de Pisagua, que carga una angustiosa historia y se presenta desnuda y expuesta a la ruina en tiempo presente. En forma complementaria, María Inés Candia instala en el muro una serie de pequeñas cajas con un agujero para observar u oír relatos, recuerdos, imágenes que ilustran y evocan la historia de Pisagua.   

Catalina González, en tanto, instala también en el suelo la bella imagen correspondiente al registro de Circonvoluciones, un performance que realizó junto a un grupo de mujeres de Tarapacá, todas víctimas o familiares de detenidos durante el régimen militar en Chile, desplazándose y deambulando en el territorio de Pisagua, circunscritas a líneas y círculos similares a los geoglifos, pero que en realidad son marcaciones de puntería militar que hasta el día de hoy pueden encontrarse en esa zona del norte de Chile. La imagen audiovisual se desarrolla en loop, sobre una plancha de metal con cal y yeso, lo que proporciona una textura a la escena, encarnando también la sensación o idea de la arena desértica. Paralelamente a su participación en Efecto perimetral, Catalina González expone este y otros trabajos en torno al territorio en la Galería Patricia Ready de Santiago. Unidas por una necesidad espontánea de abordar, exponer y reflexionar desde la visualidad la aún conflictiva e irresuelta problemática del atropello a los derechos humanos en Chile, estas cuatro artistas siguen complementando sus procesos autorales individuales con este proyecto colectivo, que ya prepara una próxima aventura expositiva en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile.

VEN A MI CASA  

El Aluvión Visual de SACO6 expresa una irrupción de imágenes en una ciudad vertiginosa, de acelerado crecimiento demográfico, migratorio y también inmobiliario. Ciudad de lujos por una parte, donde se manejan capitales inestimables producto de la actividad minera, opulentos estilos de vida, edificaciones que reproducen la arquitectura de los más glamorosos balnearios del Mediterráneo o de millonarias zonas residenciales de Miami. Y del otro lado, la pobreza, la cesantía, la inestable situación económica y habitacional de cientos de inmigrantes provenientes de distintos países de Latinoamérica.

Antofagasta es la ciudad más cara de Chile y ostenta también uno de los más altos costos de vida del continente, coexistiendo con ello la miseria y la basura, así como la desafortunada tasa de enfermedades letales producto de la contaminación atmosférica y marina.

Una ciudad contradictoria, constituida en gran parte por la inmigración europea de fines del siglo XIX y convertida, con el pasar del tiempo, en ciudad de paso o ciudad-dormitorio para empresarios, ejecutivos y mineros; ciudad que no genera un orgullo de origen, pero que a la vez detenta en sus habitantes una cierta altanería como representantes de la llamada “Dubái de Latinoamérica”.     

En esta ciudad, capital de la II Región, no existe una escuela universitaria de arte desde que fueron desarticulados los estudios superiores humanísticos y artísticos por la dictadura militar. Esta situación no impide que sean muchos los interesados, aficionados y más avezados en las diversas prácticas de la visualidad, desde las tradicionales pintura y escultura, hasta las expresiones más actuales del arte experimental y los géneros conceptuales y procesuales.

A esas varias generaciones de artistas auto-formados, quizás los principales encargados de reflexionar y generar pensamiento crítico en este gran territorio de contradicciones, apuntó la convocatoria Ven a mi casa que lanzó el Colectivo SE VENDE para esta primera etapa de SACO6. Nueve propuestas fueron seleccionadas para conceptualizar una exposición colectiva que constituye el primer trabajo curatorial de la directora de este encuentro, la artista y gestora polaca Dagmara Wyskiel.

En el Centro Cultural Estación Antofagasta, en el ala del edificio contraria a Efecto perimetral, los nueve artistas de la región ocupan la amplia sala con propuestas instalativas y audiovisuales que nos llevan a elucubrar sobre cómo el arte contemporáneo se cuela en los lugares y en las sociedades, aún ante la precariedad formativa, aún ante la ausencia de referentes.

Como si fuese una necesidad imperiosa en una ciudad que vive en emergencia, esta generación de “emergentes” talentos locales plantea sin tapujos sus propios conflictos y contradicciones con el lugar que habitan. La exposición complementa la estética de cada una de sus narrativas y soluciones formales con un afán documentalista como auténtica respuesta a la convocatoria de pensar la ciudad.

Colgando desde el cielo raso, la obra Tapete de Gabriel Navia aparece haciendo alusión a los telares decorativos tan características del mundo árabe. Son cinco metros de imagen fotográfica del principal basural de Antofagasta, confundiéndose la trama de cientos y miles de elementos de desecho con la imaginería más emblemática de la action painting estadounidense.  La imagen aérea cautiva al espectador en la búsqueda de nuevos detalles entre la basura, las aves que la sobrevuelan o el vagabundo que hurguetea con la esperanza de encontrar restos de comida o algún objeto de valor. Su título propone una doble lectura entre los bellos tapetes ornamentales y la idea de tapar lo que la sociedad oculta o se niega a ver, expresado particularmente en el personaje perdido entre la basura, un sin casa, un ser invisibilizado, que la fotografía presenta difícil de captar a primera vista.     

Avanzando en el recorrido, la artista Patricia Díaz nos da la bienvenida a su Hospital vegetal, una especie de laboratorio in situ donde ella misma establece un horario para dar tratamiento a diferentes plantas, que habitan y desbordan el espacio. La obra propone una reflexión sobre los vínculos que establecemos con la naturaleza y, a su vez, acarrea un claro gesto de alerta, un grito de denuncia sobre la “enfermedad” que experimenta hoy el mundo verde, particularmente en una ciudad como Antofagasta donde la flora autóctona es reemplazada en lugares y espacios públicos por costosas vegetaciones externas, donde se está incentivando hace ya algunos años una progresiva especulación inmobiliaria, junto con la pavimentación de los espacios públicos.

La acompaña en forma contigua la instalación Transacciones de la artista colombiana Claudia León, quien actualmente reside, estudia y trabaja en Antofagasta. Dado el alto costo de la vida en esta nueva etapa, se propuso anotar en un cuaderno cada uno de sus gastos diarios. Esas anotaciones de carácter personal y rutinario son exhibidas en el muro, enfrentando al cuaderno mismo, que para la artista cobra un valor sentimental-biográfico pues resume, por medio de cifras, su aterrizaje en este país, y las costumbres, gustos, actividades, a las que consagra esta etapa de su vida. De alguna manera, el cuaderno de Claudia León adquiere vida propia y da cuenta de los procesos de adaptación que esta inmigrante experimenta en la ciudad, su adopción de términos como “micro” (bus de la locomoción colectiva) o “chela” (cerveza) y el valor del dinero que constituye un registro de época del espacio y tiempo que representa.

Continuando se encuentra la video instalación de Francisco Vergara, proyectada en el piso, que alude precisamente a la irrupción de un urbanismo cortoplacista y sin mucha lógica. La obra Maritorio surge de una audaz acción performática emprendida por Vergara, quien se sumergió a pocos metros del borde costero, cargando adoquines en sus  espaldas para instalarlos sobre la arena, como una absurda intención de pavimentar el mar. El artista registró toda su operación submarina, que se ve desplegada en el piso con una narrativa evanescente, de un movimiento acuoso que nos retrotrae a ciertas formas clásicas del video arte o video experimental y el cine abstracto. La obra de Francisco Vergara es una crítica directa al vertiginoso avance de las pavimentaciones en Antofagasta, que en efecto, han disminuido los alcances costeros, preguntándose y abriendo la pregunta ¿Quién es el dueño del mar?

La artista Antonieta Clunes literalmente “se toma” un rincón del antiguo edificio, colindante a la escalera de nobles maderas, para crear un fragmento de escenografía de una casa añosa, característica de una familia antofagastina burguesa de principios del siglo XX. Polvo al polvo se titula esta pieza en que muebles, objetos y papel mural se ven deteriorados por el paso del tiempo y el polvo acumulado. A través de esta escena, la artista articula un guiño muy local, evidenciando uno de los graves problemas ambientales que por mucho tiempo han afectado a Antofagasta, con consecuencias devastadoras en términos de salubridad y calidad de vida, sin despertar, no obstante, la preocupación ni la disposición de medidas paliatorias o resolutivas por parte de las autoridades. Por muchos años, el ferrocarril traía plomo a la ciudad, sin la más mínima regulación, lo que al mediano y largo plazo generó deterioros y enfermedades irreversibles en muchos de sus habitantes, recordándose con tristeza la muy local denominación de “los niños de plomo”, nacidos con limitaciones físicas debido a esta contaminación solapada.

Dedicado de lleno al fotoperiodismo, que desarrolla como reportero del diario La Estrella de Antofagasta, Sebastián Rojas realizó, a modo de extensión de sus actividades, un taller de fotografía de retrato para un grupo de mujeres y hombres de distintas edades con algún tipo de discapacidad física o psíquica. En las clases revisaron libros de retratos de destacados fotógrafos nacionales y extranjeros; Sebastián Rojas les propuso a cada uno elegir el retrato que más lo identificara, y fotografiándose unos a otros, intentaron emular la fotografía modelo. Ese ejercicio lo trasladó a la sala del Centro Cultural Estación, instalando un muro de madera con pequeñísimas perforaciones, ubicadas a diferentes alturas. Los orificios son iluminados conformando un mapa horizontal lumínico de Antofagasta. A su vez, el público puede asomarse por estos agujeros, en algunos empinándose, en otros agachándose, para encontrarse, en cada uno, con un retrato de los talleristas discapacitados. La obra Altura de miras nos hace ver de frente a esos “otros”, sujetos con capacidades diferentes, que nos generan distancia, que no sabemos si nos comprenderán o si los comprenderemos; una obra sobre amor y empatía, enmarcada en la invitación curatorial de repensar el territorio propio y también, en forma muy efectiva, en el tema macro de SACO6, AMOR. Decadencia y Resistencia.  

Pamela Canales se hace cargo también de una problemática realidad de su ciudad, haciendo eco de los apelativos y usos populares que con ironía se van instalando en el habla, como “Antofa-pasta”, que alude a la proliferación del tráfico de drogas en esa ciudad, con sus consecuentes peligros derivados de la nomenclatura juventud-pobreza-delincuencia. La artista recogió durante un tiempo los papelillos que quedaban tirados tras contener la pasta base consumida por cientos de jóvenes a muy temprana edad. La gran mayoría corresponde a páginas de cuaderno, que fueron instaladas a modo de muestrario u objeto bidimensional en el muro de la sala. Con el título Jornada completa, alusivo a los horarios de clase de estos escolares consumidores, Pamela Canales instala la evidencia del progresivo consumo no responsable entre la población adolescente e incluso más joven.  

La muestra continúa con una gran estructura de calamina de Julio Morales que hace alusión al corte simbólico generado históricamente en Antofagasta por la línea del tren, diferenciando a la población más pobre de la parte alta de la ciudad con las familias de más estabilidad u holgura económica, en la planicie. Morales responde a la convocatoria con la obra Ven a mi casa, vivo al frente de la cachimba del agua que rediseña la geografía en forma plana, con estructuras encontradas como desecho, añadiendo pequeñas casitas básicas de cobre, el metal estrella de la industria minera nacional.

La exposición concluye, o comienza, dependiendo del recorrido individual, con el video Livin de Jordán Plaza, que él mismo protagoniza envuelto en una especie de rutina del divagar, del darle vuelo a la imaginación o a los espacios muertos de la jornada diaria. Estudiante de ingeniería, Jordán Plaza se muestra en sus labores de aprendizaje o en su pasatiempo tocando la guitarra, y es interrumpido y a la vez acompañado por un personaje que parece extraído de la realidad virtual y que probablemente es su propio alter ego. A veces esta especie de cyber muñeco se presenta atormentado en un cuerpo formado por la tabla química de los elementos, otras veces da paso a la estatuilla del Oscar, pero bastante más robusta, bailando con un contagioso ritmo, y vuelve el protagonista a sus rutinas en una proyección en loop que logra inquietar e incitar a una segunda mirada.

Particulares y a la vez complementarias, estas nueve propuestas corresponden a individuos de distintas generaciones que, en su mayoría, no cuentan con estudios formales de arte. Sin embargo, todos van y vienen de este tipo de saberes, todos se conocen porque han coincidido a lo largo de su vida en los más diversos talleres que se imparten en la región. Unidos por una vocación o por un intenso interés en las artes de la visualidad, se someten a este ejercicio colectivo que refleja ciertos modos propios del arte contemporáneo, como la edición de diversas materialidades externas, la práctica audiovisual, el site specific, la concepción del espectador activo o la utilización de la arquitectura propia del espacio de exhibición. Todos reflejan además las sensibilidades colectivas frente al espacio tiempo que les toca habitar, transmitiendo, tal vez, a través del arte, las demandas y la sensación de vulnerabilidad de muchos más, padres y abuelos, generaciones anteriores que han respondido a moldes sociales muy fijos e inmutables.

Este Aluvión Visual trae el arte de la contemporaneidad a Antofagasta. Contemporáneos en tanto están en su propio tiempo, se imbuyen en el vértigo del cambio y, a la vez, son capaces de percibirlo, estos artistas chilenos van sosteniendo la marcha de la Semana de Arte Contemporáneo de Antofagasta hacia los tiempos venideros, como una necesaria observación de las visualidades locales en el marco de la agenda de actividades transnacionales que contiene SACO.

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Elisa Cárdenas

Periodista chilena con alrededor de 15 años de experiencia en medios escritos, dedicada al área cultural con énfasis en artes visuales. Ha trabajado en los principales periódicos chilenos, como El Mercurio, La Tercera, La Nación, La Época y colabora en forma permanente en revistas culturales como La Panera y PAT, entre otras. Ha complementado estas labores con la creación de contenidos y difusión para espacios artísticos como las galerías Animal, Florencia Loewenthal y D21, además de proyectos independientes como el Taller Huelén de Fotografía y el Festival Internacional de Cine de los Pueblos Indígenas. Es autora del libro “Alfredo Jaar. Gritos y Susurros” (Editorial Contrapunto) y desde 2009 está a cargo de las comunicaciones de la Dirección de Asuntos Culturales (Dirac) del Ministerio de Relaciones Exteriores.
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