A finales de 1988, Pierre Restany hizo su último viaje a Argentina y, en la comida donde se despidió de Jorge Romero Brest, juntos recordaron a los artistas que admiraban. Fue el último acto de una larga relación en el que repasaron las infinitas exposiciones y momentos que habían compartido. Yves Klein era admirado por ambos, pero cada uno tenía sus preferencias: Romero Brest consideraba que la invención del color Blue le garantizaba a Klein un lugar privilegiado en la historia del arte del siglo XX, mientras que Restany rescataba la inmaterialidad, el vacío, y las performances del artista. Una admiración genuina y compartida que les permitía demorar el adiós.

La participación directa de Restany en algunas muestras de Yves Klein y su contacto personal con el artista quedaron plasmados en su libro La otra cara del arte. Fueron Romero Brest y aquella publicación de Restany quienes me mostraron la importancia de los “nuevos realistas”, del diálogo entre París y Nueva York, y de la obra de Klein. Hoy, casi tres décadas después de aquella despedida, y tras muchos años de pensar junto a Daniel Moquay la posibilidad de presentar la obra de Klein en Argentina y hacerla itinerar por Sudamérica, Fundación Proa inaugura con enorme ilusión y pasión esta gran retrospectiva de uno de los artistas más sobresalientes del pasado siglo, cuya influencia sigue siendo enorme en las prácticas artísticas contemporáneas.

La obra de Klein exige una gran puesta, y es así que a través de setenta y seis obras y más de cien documentos, el visitante podrá recorrer la sucinta pero excepcional producción de Klein: la invención del color, los albores de la performance, las “antropometrías”, los monocromos, el Dimanche con su salto al vacío, su bosque de esponjas, videos, y el enorme enigma que siempre se presenta cuando estamos frente a la obra de arte.

En uno de los textos contenidos en el catálogo y que actualizan la importancia de Klein, Denys Riout escribe: “Después de haber inmaterializado el azul, después de haber superado la problemática del arte, ¿se puede ir más lejos? Sin duda no, pero ir a otra parte, sí, con seguridad. Y eso es precisamente lo que hizo Klein. Paralelamente al eje monocromía/sensibilidad pictórica inmaterial, no deja jamás de explorar otros caminos, conquistar dominios hasta ahora desconocidos e inventar territorios posibles”. Por su parte, para Klaus Ottmann, la importancia de Klein puede resumirse con una única afirmación: “Haber reimaginado el rol del arte en la sociedad del modo más radical, un modo que no se queda corto en honrar su promesa utópica, aun si eso significara el fin del arte mismo”.

Este volumen también reúne una serie de textos históricos y las repercusiones que tuvo en la prensa y en el sistema del arte cada una de las exhibiciones de Klein. Y son sus escritos, publicados aquí en español, los que apoyan su visión trascendente del arte y muestran la multiplicidad no solo de su voraz personalidad, sino de su energía para trascender. Una exhaustiva cronología sobre su vida, un apartado especial en las que se reproducen la totalidad de las obras exhibidas, cierran este catálogo con las cariñosas y profundas palabras de Routreau Klein Moquay, quien fuera esposa del artista.

La exhibición Yves Klein en Fundación Proa llega acompañada de un extenso programa de actividades: un concierto donde se interpretará la Sinfonía Monótona, un coloquio internacional, un desfile de los jóvenes estudiantes de la carrera de Diseño de Indumentaria de la Universidad de Buenos Aires inspirado en la obra del Klein, y una serie de performances dedicadas al artista.

La riqueza de episodios y anécdotas con las que Daniel Moquay, el curador de esta exposición, relata su relación con Klein merece esta pequeña entrevista donde su palabra pueda tomar ese espacio.

Vista de la exposición "Yves Klein. Retrospectiva", en Fundación PROA, Buenos Aires, 2017. Cortesía: PROA

Adriana Rosenberg: ¿Cómo es tu encuentro con la obra de Yves Klein?

Daniel Moquay: Mi encuentro con la obra de Yves ha sido en 1968. Es el momento en que conozco a Rotraut, su viuda, quien estaba organizando una retrospectiva en Dinamarca, en el Museo Louisiana, donde por primera vez se exponía un conjunto de obras. Fue una exposición fenomenal, el museo también es magnífico. Allí también me encontré con otras personas que conocían bien la obra de Yves Klein como el galerista Iolas, uno de los mejores galeristas del mundo del arte en ese momento.

Al volver, Rotraut me mostró unas cajas de cartón llenas de papeles, literatura y de páginas escritas por Yves que nadie había leído. Allí estaban todos sus escritos. Desde el fallecimiento de Yves, Rotraut no había tenido oportunidad de ver todo el material que él había dejado. Pasé varios meses leyendo esos escritos en la misma habitación donde Yves realizó su obra. Viví meses tratando de clasificar todo. Había muchas páginas que parecían decir lo mismo una y otra vez pero en realidad no decían exactamente lo mismo. Yves escribía y reescribía sus textos. Me encontré, por ejemplo, con ocho páginas que parecían la misma, ¡pero que no lo eran!. El material que Yves dejó es inmenso. Durante 4 o 5 meses leí y estudié todo lo que fui encontrando; y así entré en la parte más íntima de Yves Klein… y me fascinó. Yo era un novicio y estaba descubriendo un universo increíble; me enamoré de ese universo y de la personalidad de Yves que me parecía extremadamente interesante.

AR: Este material conforma el actual Archivo Yves Klein. ¿Cuándo y cómo surgió? ¿Y cuáles son sus objetivos futuros?

DM: El archivo Yves Klein se estableció hace más o menos 25 años. Antes estuvimos organizando muestras e, incluso, produjimos algunos libros, pero no teníamos la posibilidad de tener una estructura como la que representa hoy el archivo. Al principio, yo trabajaba solo. Luego tuvimos una colaboradora, pero todo se hacía de manera muy artesanal. Desde ese entonces hasta hoy, la celebridad de la obra de Yves ha cambiado mucho, también el mercado del arte. He organizado más de 50 exposiciones en el mundo entero. Estuvimos en la XX Bienal de San Pablo, Brasil, en 1989, realizamos exposiciones en casi todos los países de Europa, por supuesto, muchísimas en Alemania, en Japón, en fin… Ahora estamos preparando la gira en América Latina, pero luego iremos al norte de Europa, e incluso a Rusia. En este momento estamos planeando una exposición Yves Klein – Gunther Uecker – Lee Ufan que irá a 5 o 6 museos de Asia donde hay un gran interés por el arte de post-guerra. También colaboramos mucho con museos; de hecho, constato que cada vez hay más personas e instituciones que se interesan por la obra de Yves Klein, quien ha sido seguramente uno de los pioneros del arte contemporáneo de la segunda mitad del siglo XX. El caso es que hoy en día los archivos están trabajando intensamente. Somos un equipo de siete personas dedicados a la obra de Yves; como sabemos, el mundo se ha vuelto más pequeño y comienza a ser difícil responder a todas las demandas.

El objetivo ineludible es el de añadir al catálogo razonado lo que hemos descubierto en más de 50 años de ejercicio e investigación. A la fecha, el único catálogo razonado existente — publicado en 1969— no está actualizado. Nuestro deber es hacer público todo la que sabemos sobre la obra de Yves.

AR: ¿Y la colección de obras de Klein?

DM: La colección de Klein está constituida por las obras que quedaron en manos de Rotraut en el momento de su repentina muerte. Yves siempre había dicho que todo lo que él hacía pertenecía a Rotraut. Lo que ella tiene hoy es un fondo histórico, que ha ayudado a desarrollar gracias a su labor para que se reconozca como una de las mayores expresiones artísticas de la segunda mitad del siglo XX, y que se considere una obra mayor.

Vista de la exposición "Yves Klein. Retrospectiva", en Fundación PROA, Buenos Aires, 2017. Cortesía: PROA

AR: ¿En qué radica a tu parecer la actualidad de su obra?

DM: Es interesante comprender que los mejores defensores de la obra de Yves Klein son los propios artistas. Son sus primeros admiradores y aquellos que reconocen perfectamente el alcance de su obra. Yves es un gran creador que, en muy pocos años, ha dejado una producción que no se agota ni se repite, una obra que seguimos descubriendo aún hoy. Actualmente comienza a revelarse cómo su trabajo ha cambiado la forma de pensar el arte. Es difícil darse cuenta cómo era la escena de los años 50, luego del final de la Segunda Guerra Mundial. Estoy convencido que gracias a su obra hay más espiritualidad y más libertad en el mundo.

Comenzamos a diseñar esta exhibición hace varios años y para Proa es un orgullo poder inaugurar Yves Klein. Retrospectiva. Acordamos la necesidad de presentar todo el conjunto de obras, como fue la selección para su gira Sudamericana.

La exposición en PROA —que irá a México y a Brasil— recorre prácticamente toda la producción de Klein. Toma como punto de partida la doble exposición Pinturas monocromas que Yves realizó en 1957 en las galerías de Iris Clert y Colette Allendy. El recorrido por las diversos núcleos hasta sus últimas obras permitirá conocer estas nuevas perspectivas y formas de ver el mundo, y dejar constancia de cómo artistas como Lucio Fontana e Yves han sido capaces de confrontar la escena artística de los años 60, que está monopolizada por los artistas americanos. También creemos que cumpliremos con la demanda de una generación de artistas que han oído hablar del trabajo de Yves pero no conocen su obra.

AR: Recorramos juntos algunos puntos de su trabajo presente hoy en Proa…

DM: Pienso que Yves Klein se planteó desde el comienzo una mirada muy amplia de lo que era una obra. Durante toda su vida, utilizó todos los instrumentos, todas las cosas que le habían servido para hacer obra, pensándolos como obra en sí mismos; ya sea el pincel, el rodillo o el plato donde mezclaba los colores. Él consideraba absolutamente todos los instrumentos que había utilizado como una obra en sí. Tanto sus escritos, como incluso todo lo que tocaba, estaban dotados de un valor máximo para Yves. Era una persona muy atenta a todo a su alrededor. Para él, el entorno que posibilitaba la obra era factible de ser obra. En el periódico Dimanche [Domingo, 1960], por ejemplo, todos los artículos fueron escritos por él y cada uno era considerado, también, como obra de arte al mismo nivel que un monocromo.

En un comienzo, Yves pintaba a partir de modelos, dentro de la tradición académica de la pintura. Él pintaba monocromos azules por lo que las modelos se extrañaban de ver cómo hacía un mundo de color, pero no hallaban absolutamente nada que representara la persona o el cuerpo. Yves solía decir: para crear yo necesito un ambiente. Un día pensó que era necesario hacer más explícita la participación de las modelos en la obra. En vez de dejarla como una especie de objeto ella empieza a ser protagonista.

Es así que la modelo pasa de ser representada dentro de una tela a dejar su propia huella en ella. La idea surgió de una de sus modelos. Frente al monocromo, propuso: “¿No sería mejor si hacemos nosotras el cuadro? ¿Por qué no participamos directamente?”. Así es como Yves empezó a hacer huellas. Las primeras fueron estáticas y luego incursionó en el movimiento. Era la unión de la sensibilidad del cuerpo y de la emoción de las modelos y el artista. Sería interesante que se pudieran leer las entrevistas con las modelos. Era un mundo ajeno en el que ellas se sentían bien. Él se dio cuenta que había que mostrar cómo se hacían estas cosas. Yves siempre pensó las Antropometrías como obra colectiva. Esa obra colectiva rememoraba otros tiempos, un tiempo lejano. En ese momento Yves resucita, o, mejor dicho, crea un lazo con el arte parietal treinta mil años después.

Vista de la exposición "Yves Klein. Retrospectiva", en Fundación PROA, Buenos Aires, 2017. Cortesía: PROA

AR: ¿Cómo llega a realizar las obras de fuego?

DM: El fuego… Siempre he pensado que Yves Klein era una suerte de Prometeo que ha dado a la humanidad otra forma de mirar al fuego, conocimiento que ha cambiado la forma de ser y de pensar. Otra vez quiso registrar todo esto. Hizo un film donde se ve todo lo que hizo e intentó convencer al público que las obras de fuego eran la huella de la personalidad del ser humano. Yves Klein era una persona muy espiritual y los cuadros de fuego tienen este mensaje. La unión de los modelos y el fuego son obras excepcionales.

También incursiona en la música, en la Sinfonía-monótonasilencio; un silencio prolongado es gran parte de la obra y se presenta en PROA.

AR: Qué nos puede decir sobre ese silencio, que algunos postulan anterior a John Cage…

DM: ¡No es una competición! La última representación se realizó hace unos meses en San Francisco y fue verdaderamente fantástica. El director que estuvo a cargo fue el mismo que trabajó con John Cage. Todo lo que estamos haciendo, ya sea firmado por John Cage o por Yves Klein, se llama música.

El salto en el vacío , Octubre 1960, 5, rue Gentil-Bernard, Fontenay aux Roses. (Según el título dado en su periódico, Dimanche, 27 de noviembre de 1960, el título es: «¡Un hombre en el espacio! ¡El pintor del espacio se echa al vacío!»). Acción artística de Yves Klein. © Succession Yves Klein, ADAGP, Paris / SAVA, Buenos Aires, 2017. Foto: Shunk-Kender © J. Paul Getty Trust. The Getty Research Institute, Los Angeles

 

N.d.E: Agradecemos a Adriana Rosenberg y Fundación PROA por cedernos el derecho a republicar esta entrevista

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Adriana Rosenberg

Directora y Presidenta de la Fundación PROA desde 1996. Como Presidenta de la Fundación se encarga de diseñar el programa de exhibiciones, las actividades culturales y el fondo editorial. También escribe artículos sobre arte para publicaciones y presentaciones. Fue Curadora del envío argentino en la 4° Bienal del Mercosur, en Porto Alegre, en 2003. Luego fue designada Curadora por la Cancillería Argentina para la 51° Exposición de Arte Internacional de la Bienal de Venecia.