Cuando era más joven, nadie sabía que yo era pintora. Ahora están empezando a saber que lo soy. He esperado tanto tiempo. Existe un dicho: si perseveras, triunfarás. Y yo digo que sí. Perseveré durante casi un siglo (se ríe). ¡Y triunfé! (a carcajadas)

Carmen Herrera, 2016

Carmen Herrera es una de esas grandes artistas mujeres latinoamericanas que hoy están siendo redescubiertas tanto por la academia como por la crítica y el mercado. No ha sido sino hasta hace una década aproximadamente cuando su obra fue finalmente puesta en valor, pese a que siempre se ha mantenido activa. A sus 101 años, la artista cubana aún trabaja casi todos los días en su estudio. Se levanta, va a su mesa de dibujo cerca de la ventana y saca sus pinceles, reglas y una pila de papel de calcar, y empieza a trabajar con distintas iteraciones de composición. Para ella, es la belleza de la línea recta lo que la hace seguir adelante.

“Tardé mucho en tomar el ritmo con el estilo hard edge, el cual me encanta. Porque me gustan las líneas rectas. Me gustan los ángulos. Me gusta el orden. En el mundo caótico donde vivimos, me gusta poner algo de orden. Es por eso que, supongo, soy una pintura del estilo hard edge. No soy una pintora de figuras geométricas”, afirma la artista. “Siempre recuerdo algo que las personas dicen que es un cliché: ‘menos es más’. Lo hago todo el tiempo. Tengo algo que creo que está terminado y luego quito algo, porque para mí queda mejor”, añade.

Carmen Herrera: Lines of Sight, en el Whitney Museum of American Art hasta el 2 de enero de 2017, es su primera exposición en la ciudad de Nueva York en casi dos décadas. La curadora de la muestra, Dana Miller, cuenta que se acercó por primera vez a Herrera en el 2014, cuando intentaba llenar vacíos en la colección del Whitney con obra suya.  Tras varias reuniones con la artista, se dio cuenta de que mientras más observaba su trabajo, más podía apreciarlo. “Para comprender totalmente su ingenio y cuán ingenioso, creativo, disciplinado y sofisticado es su trabajo, es necesario apreciar muchas de sus obras. Y es así como me convencí de que necesitábamos organizar una exhibición. Con ver solo una obra, no es suficiente. Tener solo una obra en la colección del Whitney no era suficiente para hacerle justicia”, recuerda.

Centrándose en los años 1948 a 1978, el período durante el cual Herrera desarrolló su singular estilo, la muestra presenta más de cincuenta trabajos, incluyendo pinturas, obras tridimensionales y en papel. Comienza con el período formativo que siguió a la Segunda Guerra Mundial, cuando Herrera vivió en París y experimentó con diferentes modos de abstracción antes de establecer el lenguaje visual que exploraría durante las cinco décadas siguientes. Muchas de estas obras nunca se han mostrado antes en un museo.

“Lo que se ve en esta exhibición es a Herrera en su desarrollo y en su lucha con las diferentes formas abstractas hasta que finalmente logra su estilo emblemático durante las próximas seis o siete décadas. Es como un proceso de destilación. Al ponerse límites y reducir su trabajo a lo más esencial, creó algunas de las obras de arte más llamativas de las décadas de 1950, 1960 y 1970”, explica la curadora.

La segunda sección de la muestra es una reunión sin precedentes de las obras que Herrera considera su serie más importante, Blanco y Verde (1959-1971). Para la artista, esta es una combinación de colores particular -es como decir “sí” y “no”- y una organización de formas que resultan atractivas. Volvió a este tipo de composición una y otra vez entre los años 1959 y 1971, cuando experimentó diferentes combinaciones de triángulos y de rectángulos blancos. En la exposición, nueve obras de esta serie ilustran la forma altamente innovadora en que Herrera conceptualizó sus pinturas como objetos, utilizando la estructura física del lienzo como herramienta de composición e integrando el entorno. También la división, o la separación entre dos paneles es, en la obra de Herrera, otra forma de reproducir una línea sin realmente dibujarla.

“En esa época esto era algo sumamente innovador. Era bastante revolucionario que alguien pensara en la pintura como algo más que un objeto y utilizara el lienzo no para representar algo como si la pintura fuera una ventana hacia el mundo, sino para atraer la atención a los aspectos físicos reales de la pintura”, apunta Miller.

Con obras que datan de aproximadamente 1962 a 1978, la sección final de la exposición ilumina la continua experimentación de Herrera con la relación figura/fondo y destaca la base arquitectónica de muchas de sus composiciones. Esta sección incluye cuatro esculturas de madera -las “estructuras”-, así como sus Days of the Week, una serie de siete pinturas de vivos colores.

Luego de haber trabajado con muy bajo perfil por décadas, y haber sido rechazada por galeristas –incluso, una galerista mujer en la Nueva York de los años 50-, este adeudado reconocimiento de la su obra en el Whitney se produce como el último desenlace de una cadena de eventos, que comenzaron hace poco más de una década cuando su inclusión en una colectiva llamó la atención de la crítica. De ahí vino después una serie de ventas en subastas y ferias, la realización del documental The 100 Years Show (2015) y una muestra con total éxito de ventas que inauguró el espacio en Nueva York de la Lisson Gallery.

UA-20141746-1