El próximo 24 de noviembre se inaugura en Madrid el III Congreso Internacional: Los museos en la Educación, con el título Repensar el Museo. Desde Bogotá, el laboratorio de pensamiento creativo NC-LAB es uno de los proyectos seleccionados para participar en este encuentro que se realiza cada cuatro años. Este texto describe lo que fue la última edición del NC-LAB en octubre pasado, un evento que permitió a más de ciento cincuenta personas experimentar, a través de talleres, conferencias y otras situaciones de encuentro, la creatividad como un motor de conocimiento.

Dentro del contexto sudamericano, Colombia es hoy día uno de los núcleos más activos de esta máquina imparable en la que se ha convertido el arte actual. En su capital, Bogotá, museos públicos e instituciones privadas acogen con regularidad grandes proyectos expositivos, con artistas de relevancia internacional; allí se ha levantado uno de los espacios privados más exitosos de la región en los últimos años, FLORA ars + natura, residencia de artistas y, hoy también, escuela de arte. Bogotá tiene además un nutrido grupo de prestigiosas galerías y es la sede de una de las ferias de arte más reconocidas del continente. Todos estos espacios y plataformas se sustentan sobre una vital y sólida escena artística, con creadores que aunque no residan de forma regular en su país, trabajan de manera muy próxima las problemáticas de su territorio.

Junto a esta vertiginosa actividad, desde una acera más reflexiva, Bogotá y otras ciudades como Medellín han acogido proyectos de carácter experimental en torno a procesos de aprendizaje donde el arte, las obras y los artistas son el punto de partida para abordar otras urgencias culturales y sociales. Por citar sólo dos ejemplos, la Fundación Casa Tres Patios funciona desde el 2006 como “una plataforma glocal abierta que entrecruza el Pensamiento (investigación), la Pedagogía y las Prácticas artísticas” en iniciativas como Instituto para la incertidumbre, donde reflexionan sobre “cómo se pueden articular las prácticas artísticas contemporáneas con procesos pedagógicos, y también cómo un proceso pedagógico puede a su vez asumirse como una práctica artística”.

El colectivo Laagencia y su proyecto Escuela de Garaje destaca como otra iniciativa en una línea de trabajo similar. De esta experiencia se desprende el libro recientemente publicado, Fábrica de conocimiento, “una visión de las tantas posibles que se despliegan entendiendo el arte y la educación como territorio, desde la curaduría, la visibilización de la producción inmaterial y las prácticas instituyentes en Colombia a principios del siglo XXI”. Estos y otros proyectos que se posicionan en el territorio donde friccionan arte y educación tienen múltiples orígenes; nacen en el taller de un grupo de artistas, en espacios de gestión independiente o al alero de instituciones, cuyas inquietudes programáticas van más allá de los tradicionales “programas educativos” y se interesan por promover experiencias de aprendizaje experimentales.

Jaydy Díaz y Javier Vaquero, acción de bienvenida al NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Emilio Barriga. Cortesía de NC-LAB
Espacio Corporal, taller de Jaydy Díaz y Javier Vaquero durante NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Gina Navarro. Cortesía de NC-LAB

Es dentro de este contexto donde surge el NC-LAB en 2014, como parte del Proyecto Educativo de NC-arte, espacio cultural privado ubicado en la ciudad de Bogotá y perteneciente a la Fundación Neme. Desde su apertura en 2010, NC-arte se ha destacado por programar especialmente proyectos site-specific y un programa educativo intenso y versátil donde, cada dos años, el NC-LAB es la “estrella”. Con un formato de laboratorio, el encuentro se concibe como “un evento de participación colectiva que plantea el pensamiento creativo como motor de conocimiento, a través de talleres, paneles y situaciones de encuentro que se llevan a cabo entre personas interesadas en posicionar la creatividad como elemento transversal y esencial para el desarrollo humano”.

En su edición 2016, los contenidos y dinámica de trabajo del NC-LAB fueron acordados por un grupo de estudio formado por distintos profesionales que participaron en la edición 2014 del laboratorio. Las temáticas, experiencias y reflexiones surgidas en el encuentro anterior permitieron diseñar colectivamente el nuevo evento, que se centró en la noción de espacio y su relación con el pensamiento creativo. Las estructuras y mobiliario donde se desarrollaron los distintos talleres del NC-LAB también fueron un territorio de creación colectiva. Cada uno de los espacios fue pensado en conjunto entre los arquitectos y los profesionales que realizaron los talleres, con la idea de diseñar lugares de trabajo en sintonía con los que sucedería en su interior. Ocho estructuras de madera móviles y versátiles, con una arquitectura singular a cargo del estudio de Antonio Yemail, se distribuyeron en distintos espacios al interior de un polígono industrial activo, con trabajadores y maquinarias en pleno funcionamiento.

Durante cuatro días, más de 150 personas participaron en diez talleres diferentes, cuyo desafío común fue producir estrategias creativas respecto al espacio interior y exterior en el que habitamos. Profesores, artistas, curadores, gestores culturales, publicistas, diseñadores, cineastas, galeristas, sicólogos, educadores y mediadores de museos y centros de arte; el perfil de quienes participaron en el NC-LAB era diverso, tanto en sus profesiones y ocupaciones, como en sus trayectorias y rango de edades. Esta diversidad fue una satisfactoria sorpresa para quienes fuimos invitadxs como “panelistas” a esta edición 2016, con el objetivo de dinamizar los debates al final de cada taller. Renata Cervetto, Coordinadora de Educación en el MALBA; el filósofo y semiólogo colombian Armando Silva; Nancy Mansilla, parte del Área de Educación del Consejo Nacional de la Cultura de Chile; y Pablo Martínez, Jefe de Programas del MACBA, estuvieron entre los panelistas encargados de promover conversaciones que, dado el carácter heterogéneo de los grupos, tuvo inspiradores cruces conceptuales.

Espacio Interior, taller dictado por la artista colombiana Beatriz Eugenia Díaz durante NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Gina Navarro. Cortesía de NC-LAB
Conferencia del curador chileno Rodolfo Andaur durante NC-LAB 2016, Bogotá. Espacio Interior, taller dictado por la artista colombiana Beatriz Eugenia Díaz durante NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Gina Navarro. Cortesía de NC-LAB

A excepción del taller realizado por el curador chileno Rodolfo Andaur, quien presentó en formato conferencia su investigación y proyectos curatoriales en el norte de Chile y el desierto de Atacama, la mayor parte de los talleres utilizaron el juego grupal como estrategia para estimular procesos, reflexiones y soluciones creativas a los diferentes “problemas” planteados en cada actividad. “Espacio corporal”, taller liderado por los artistas Jaydy Díaz y Javier Vaquero, invitaba a reconocer el espacio exterior estimulando recónditos fragmentos de lo que Jaydy Díaz llamó “nuestra primera arquitectura”, el cuerpo, con movimientos, sonidos e interacciones con otros.

“Espacio virtual”, el taller que realizó el artista colombiano Raúl Marroquín, uno de los pioneros del art media en su país, invitó a los participantes a utilizar todas las herramientas digitales existentes hoy día para comunicarse y comunicar creativamente, incorporando otros lenguajes como la performance o la interpretación. Mónica Hoff, artista, curadora e investigadora brasileña, propuso el taller “Espacio de desencuentro”. A través de una serie de juegos, primero con las manos – el clásico juego del cordel- y luego con el cuerpo en el espacio, el taller ponía a los participantes en situaciones de encuentro y cercanía, pero también de confusión y desencuentro donde, según Hoff, afloran procesos de co-aprendizaje que son imposibles desde el consenso.

“Espacio Interior”, el taller liderado por la artista colombiana Beatriz Eugenia Díaz, puso el acento en la introspección y el encuentro con un hipotético ‘mundo interno’, a través de la observación, el silencio y utilizando herramientas como el dibujo para explorar en esta suerte de archivo visual interno. Verónica Lehner, artista también colombiana propuso, por el contrario, un ejercicio dinámico de traducción, desde un texto literario al espacio físico donde se desarrollaba el taller, impulsando a los participantes a crear instalaciones y esculturas con materiales diversos.

En todos los casos, los talleres permitieron el encuentro físico e intelectual, pero también afectivo entre los participantes. Una empatía desbordante, quizá propia del carácter colombiano, anuló cualquier situación de incomodidad e hizo que todas las dinámicas propuestas en los talleres, por extrañas que fueran, fuesen acogidas con enorme entusiasmo.

Espacio de Desencuentro, taller de Mónica Hoff durante NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Gina Navarro. Cortesía de NC-LAB
Espacio Virtual, taller de Raúl Marroquín durante NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Emilio Barriga. Cortesía de NC-LAB
Verónica Lehner durante su taller en NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Gina Navarro. Cortesía de NC-LAB
Obra resultante del taller de Verónica Lehner en NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Gina Navarro. Cortesía de NC-LAB

El último día se permitió a los participantes asistir libremente a nuevos talleres que se articularon desde la arquitectura, la comida, el teatro o la biopolítica, como el taller realizado por Pablo Martínez (MACBA), quien centró la actividad en la forma en que habitamos políticamente el espacio que nos circunda. “La disidencia nos construye como grupo”, argumentó, y propuso una serie de ejercicios de “posicionamiento político” desde el cuerpo, el juego y el manifiesto como herramienta. Como fin de fiesta, se realizó un gran picnic colectivo preparado por la artista María Buenaventura, donde comer también se transformó, además del disfrute colectivo, en una instancia de reflexión.

En un momento en que los cruces entre arte y educación son múltiples e inevitables, en que la pedagogía convencional ha demostrado su fracaso definitivo como modelo de aprendizaje y que el sistema educativo público, en muchos países, sufre la peor crisis de su historia, urge validar espacios, no sólo para el debate y la reflexión crítica sobre estos asuntos: son igualmente urgentes los lugares donde sea posible ensayar otros modelos, soñar otros paradigmas y reivindicar otros saberes, tradicionalmente marginados por una lógica racional, reduccionista y castradora. El NC-LAB viene a ser uno de esos lugares. Un territorio que reivindica el placer como un elemento esencial del aprendizaje colectivo y, por tanto, de la producción de conocimiento (común) bajo la premisa de que la creatividad se produce, de forma caótica y simultánea, desde el nivel intelectual al emocional, desde el cuerpo a los afectos.


Nota:

“Descolonizar el deseo: plantando flores en el Valle de la Muerte de la Educación”, texto de María Acaso, escritora, académica e investigadora española, especializada en Educación Artística, realizado a partir de su experiencia de la edición anterior del NC-LAB, en 2014 y que fue un precedente para la edición actual.
Picnic de despedida. NC-LAB 2016, Bogotá. Foto: Emilio Barriga. Cortesía de NC-LAB
The following two tabs change content below.

Andrea Pacheco

Es curadora y directora de la Residencia FelipaManuela, una plataforma dedicada a la investigación artística y curatorial, con sede en Madrid. Ha desarrollado su práctica profesional entre Chile y España, organizando exposiciones y programas de residencia, con énfasis en el intercambio entre España y Latinoamérica. Fue Coordinadora del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago (MAC), sede Quinta Normal, entre 2013 y 2016, donde trabajó con artistas como David Shrigley y el colectivo Superflex. El humor como estrategia crítica ha sido uno de sus temas de investigación. Actualmente prepara dos exposiciones del colectivo Los Carpinteros para Bogotá, Colombia.