Entramos a una cámara oscura en silencio. La puerta cóncava se cierra. Las fuentes de luz oscilan para alumbrar un conjunto de objetos ordenados que descansan bajo un vidrio. Sometidos a la lógica de la acumulación se ven livianos y relucientes, sistematizados por tamaño y forma. Brillan bajo la coreografía de luz artificial. El espectáculo dura unos pocos minutos. Se apaga nuevamente la luz. Hay que salir. Al recorrer el resto de las salas atiborradas de público me encuentro con otros objetos, cultura material precolombina flotando en el espacio impecable y profesionalizado de la institución. Extraídos de su origen, despolitizados, deslumbran sin dar indicios del sudor de sus condiciones de producción. En el destino obligado de miles de visitantes a la ciudad de Bogotá, el esplendor del mineral trabajado, extraído de su contexto social, es delicadamente expuesto para representar una historia remota, desapegada de su costo humano.

Estamos viviendo en el futuro de América precolombina, aún mirando con ilusión a un pasado pre-industrial inscrito en una narrativa que nos ha contado que los recursos minerales han sido explotados en función de lo “ritual” y en comunión con el medio ambiente. Sin embargo, ese aparente esplendor también ha sido producto de divisiones de clase y de la explotación desde entonces y a lo largo del conflicto que se vive en Latinoamérica desde hace más de 500 años. En las vitrinas del Museo del Oro no se encuentran esos vestigios materiales que dan cuenta la historia de los caídos. Salgo a la calle a mirar el cielo gris cálido de la ciudad.

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Miguel Angel Rojas, Tayrona.Cortesía de Desborde Galería

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Miguel Angel Rojas, Tayrona.Cortesía de Desborde Galería

Esplendor

DES-MINADO, en Desborde Galería, es una exposición curada por Santiago Rueda en colaboración con Gilberto Hernández y Julián Santana, que convoca a un grupo de artistas en cuyas prácticas ha sido recurrente el tema de la minería. Trabajos realizados en una variedad de medios -escultura, dibujo, fotografía, video, instalación- visibilizan las prácticas mineras y su impacto en Colombia y Latinoamérica.

“Mientras un kilogramo de cocaína puede costar 4 millones de pesos, un kilogramo de oro, extraído legal o ilegalmente, industrial o artesanalmente, puede costar 80 millones de pesos”, escribe Rueda, y nos recuerda el brutal costo humano que los intereses económicos de la explotación desregulada generan hoy.

En una pequeña vitrina, Tayrona, de Miguel Ángel Rojas (Bogotá, 1946), es la réplica de un lingote colonial revestido en oro. La obra forma parte de la instalación Unas de cal otras de arena (El Tesoro) realizada en 2015 que nos conecta con la explotación a la cual fueron sometidos los pueblos originarios desde la conquista. La obra forma parte de la serie que Rojas realizó para intervenir un espacio patrimonial. El lingote, hecho de materiales menos nobles, se viste de oro, denotando por diferencia el valor que los conquistadores adjudicaran al mineral. La pieza no es lo que parece. El tesoro es el objeto del deseo, el orgullo local, la leyenda y la materialización de una riqueza robada.

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Eduard Moreno, Ilusión. Cortesía de Desborde Galería Eduard Moreno, Ilusión. Cortesía de Desborde Galería

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Eduard Moreno, Ilusión. Cortesía de Desborde Galería Eduard Moreno, Ilusión. Cortesía de Desborde Galería

Fiebre

Una batea de madera contiene en su cavidad una pieza precolombina. Su peso material da indicios del trabajo manual y su crudeza. Eduard Moreno realiza un ensamble que consiste en la tradicional herramienta de trabajo para lavar oro y un holograma de una pieza arqueológica de la cultura Tayrona que representa a un anfibio. El ilusionista permite que la icónica pieza nos mande un mensaje que viaja desde una galaxia remota y que se nos aparece tridimensional, pero se desvanece al tacto. Ilusión (2016) se sitúa al centro de un problema fundamental para América: el fantasma del pasado precolombino muestra la llaga histórica que en tiempos de crisis se nos vuelve al presente.

La fiebre del Oro (2016), de Julián Santana (Bogotá, 1984), es la fotografía de una pieza del museo del oro. El personaje, como muchas figuras antropomorfas, muestra gestos cotidianos de una cultura precolombina. Vemos una secuencia en que la pequeña estatuilla de oro suda y se degrada. En la animación, la estatuilla, como víctima de una maldición se afiebra, así como un campesino o un indígena afectado por los tóxicos efectos de la minería. En una maniobra animista la pieza cobra vida y se conecta con la situación actual de los grupos afectados.

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Julián Santana, Fiebre del Oro. Cortesía de Desborde Galería

Superman va a una mina de carbón. Caminando con decisión recoge un trozo del material y aprieta con fuerza. Al abrir la palma de su mano aparece un diamante ya cortado. Sabemos que el superhéroe vive la tragedia de su dependencia de otro mineral, la Kryptonita, que le proporciona superpoderes pero sin el cual está destinado a debilitarse y morir. Tres trozos de carbón cortados en forma de diamante descansan amorosamente en sus cajas forradas en pana japonesa y satín. Superman III, de Francisco Mojica, reflexiona sobre la prosperidad económica de la minería, promesa de un futuro brillante y glamoroso, frente a la sucia realidad generada por el proceso de extracción del carbón. El objeto representado y el material empleado son el mismo elemento en distintos estados; duro como el diamante, frágil como el carbón. Otras obras de Mojica, De tripas Corazón, Pulmón e Hígado y La pesca milagrosa en partes por millón aluden al envenenamiento por mercurio, uno de los contaminantes de la minería  que se acumula en la fauna marina, afectando a animales y humanos. ¿Qué vamos a comer? Se pregunta el artista. ¿De qué vamos a llenar las latas? ¿De oro?

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Francisco Mojica, Pesca Milagrosa en partes por millón. Cortesía: Desborde Galería

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Francisco Mojica, Pesca Milagrosa en partes por millón. Cortesía: Desborde Galería

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Francisco Mojica, Superman III. Cortesía de Desborde Galería Francisco Mojica, Superman III. Cortesía de Desborde Galería

Maquinaria pesada. Tres remolques con amplias palas mecánicas se reparten simétricamente al centro del plano general, inmóviles. Un horizonte se define entre el azul del cielo y la aridez del suelo nortino. Al fondo algo arde. El video Planta de Acopio, de Gonzalo Cueto, es parte de una serie mayor titulada Líneas del vacío, realizada en el marco del proyecto Desterritorio que el artista viene trabajando desde hace algunos años en diversas partes de Chile y Sudamérica. En esta serie, Cueto trabaja con la voluntad de contextualizar una ficción distópica en las capas históricas recientes del lugar donde registra. Este trabajo en particular corresponde a una primera observación realizada en un espacio periférico de Pozo Almonte, en la región de Tarapacá, en el norte del país, donde se encuentran importantes mineras de capitales extranjeros que extraen cobre y otros derivados. Esta observación consiste en levantar y capturar una señal que deriva de un encuentro distópico entre un borde de carretera, un basural y un lugar de abandono. Según Cueto, este espacio de borde, territorio expandido, señala la posibilidad de irrecuperabilidad de un horizonte terrestre, el cual, bañado de promesas volátiles como el viento hechas a pueblos precarios del norte de Chile, sigue determinando sus formas de vida.

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Gonzalo Cueto, Planta de Acopio. Cortesía: Desborde Galería

Una mujer Wayúu carga un camión Caterpillar de enormes dimensiones, por medio de una cuerda que rodea su cabeza. Una mujer Wayúu detiene un tren de frente, con sus manos. Julián Santana hace visible el problema entre las corporaciones y las comunidades por la venta de carbón en el río César en La Guajira. En esta zona ya están muy avanzadas las negociaciones entre las empresas que extraen el mineral y las comunidades Wayúu. La investigación que realiza el artista genera material documental por medio de un trabajo de campo. En las fotografías intervenidas digitalmente, Una Mujer Wayúu cargando Caterpillar 779 (2014) y 3.750 caballos de fuerza. Mujer Wayúu interceptando locomotora de carga mineral GE B36-7 en la Guajira – Colombia (2015) se reorganiza el documento en una puesta en escena que simboliza la situación actual del conflicto. ¿Quién recibe el peso de las responsabilidades corporativas? Los documentos manipulados capturan a las superheroínas en actos extremos, augurando una situación (posible/imposible) de empoderamiento y eventual triunfo de las comunidades afectadas para frenar la explotación.

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Julián Santana, Una Mujer Wayúu cargando Caterpillar 779. Cortesía de Desborde Galería Julián Santana, Una Mujer Wayúu cargando Caterpillar 779. Cortesía de Desborde Galería

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Julián Santana, Una Mujer Wayúu cargando Caterpillar 779. Cortesía de Desborde Galería Julián Santana, Una Mujer Wayúu cargando Caterpillar 779. Cortesía de Desborde Galería

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Julián Santana, 3.750 caballos de fuerza. Cortesía: Desborde Galería Julián Santana, 3.750 caballos de fuerza. Cortesía: Desborde Galería

Transformación del paisaje

Para la confección de Trastorno de la Memoria (grabado, vidrio templado), Hernando Velandia se basa en un paisaje de Alexander von Humboldt realizado en sus viajes por el territorio colombiano a partir  del año 1800. El dibujo de Humboldt es sintetizado y vectorizado para luego ser traspasado a un vidrio de gran formato. El paisaje se materializa por medio de un minucioso tallado. El vidrio, intervenido con una línea de plomo, descansa sobre el muro proyectando su trazado como sombra: montañas, curso de agua, vegetación. La línea del grabado flota y se difumina según el punto de vista. Al lado, una pequeña pantalla de video nos muestra otro paisaje. En primer plano una fila de humanos transitan cargando sacos, línea de producción de la mano de obra local precarizada. De fondo, una montaña va desapareciendo en la medida que transcurre el video. La imagen en movimiento, también un dibujo vectorizado y animado reproduce una y otra vez la coreografía. Las obras de Velandia problematizan la desaparición del paisaje por medio de su traducción, escenificando la riqueza natural arrebatada desde la premonitoria apropiación y representación por el naturalista europeo. La solución técnico-manual consiste en desplazar el grabado hacia soportes fugaces. Velandia trabaja con dicotomías: la transparencia del vidrio y el peso del plomo, la levedad del dibujo y la gravedad del asunto. Con el manejo de la riqueza, el paisaje desaparece.

Anunciación, otra obra de Eduard Moreno, es un mural realizado en papel carbón. La imagen reúne por medio del montaje fotográfico elementos de distintos sitios de explotación mineral. Ante la mirada detenida, la fotografía, impresa por partes con matriz de punto se sirve de tecnología obsoleta para interrogarnos sobre su condición de documento. ¿Qué vemos?

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Hernando Velandia, Trastorno de la Memoria. Cortesía de Desborde Galería Hernando Velandia, Trastorno de la Memoria. Cortesía de Desborde Galería

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Eduard Moreno, Anunciación. Cortesía: Desborde Galería

Colombia es uno de los mayores exportadores de carbón en el mundo. El impacto ambiental de una mina a cielo abierto afecta a varios estratos de la tierra. El proceso de extracción en una mina de cielo abierto como Cerrejón, en la Provincia de La Guajira, comienza con la relocalización de comunidades y fauna local y el retiro de la capa vegetal para luego perforar e introducir los explosivos que despejan los mantos de carbón. “Hoy La Guajira tiene un problema gravísimo de agua, de alimentos, de las especies y todo eso en realidad ha ocurrido porque Cerrejón está ahí hace años”, comenta Camilo Bojaca (Sogamoso, Boyaca,1985). “Han desplazado a las comunidades, han matado líderes y han propiciado divisiones en los clanes. Valiéndose de la figura de responsabilidad social, las corporaciones mandan a trabajadores, a psicólogos, a antropólogos que de alguna forma sirven como emisarios de la empresa pero lo que hacen es crear divisiones en las familias para poder desplazarlos del terreno y poder seguir explotando”. Drenaje (2016), de Bojaca, toma la figura de la mina de cielo abierto cuyos residuos quedan en el fondo y se filtran para los afluentes subterráneos. Sobre un modelo a escala de la mina instala pequeños andamios hechos de minas de grafito de 0,7 mm, alegoría al soporte social. El andamio improvisado es usado para hacer reparaciones y para la vivienda de autoconstrucción. El  andamio es un módulo, una forma y una alegoría al trabajo obrero hacia el soporte social de la comunidad. ¿Es posible reparar el daño?

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Camilo Bajoca, Drenaje. Cortesía: Desborde Galería Camilo Bajoca, Drenaje. Cortesía: Desborde Galería

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Camilo Bajoca, Drenaje. Cortesía: Desborde Galería Camilo Bajoca, Drenaje. Cortesía: Desborde Galería

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Vista general de la muestra DES-MINADO, en Desborde Galería, Bogotá. Hasta el 14 de abril de 2016. Cortesía de la galería Vista general de la muestra DES-MINADO, en Desborde Galería, Bogotá. Hasta el 14 de abril de 2016. Cortesía de la galería

Condiciones de producción

Repetir las palabras es una manera de aprender por medio del castigo. La plana, la caligrafía y la repetición son el punto de partida para Plata llama a plata de Fernando Pertuz. «Todo por la plata», «el perro baila por la plata», «plata llama plata» son dichos populares. A partir de ese lugar, Pertuz señala las problemáticas de supervivencia del artista, las contradicciones en la producción de obra y la condición de los objetos en el mercado. ¿Cuántas veces tiene uno que ceder en ciertas condiciones y en ciertos espacios para avanzar en su profesión y poder sobrevivir y acceder a un dinero justo y digno que debería ser para todos los artistas?, pregunta Pertuz. Plata llama plata es un hilo de plata modelado, una joya que tiene la cualidad de atraer y desconcertar al mismo tiempo. La pieza está hecha de plata pura y se relaciona también con otras obras de Pertuz (textos como la palabra “libertad” escrita en alambre de púas). El artista se hace cargo de su rol como artesano y productor de conocimientos sensibles: incorpora el castigo y aprende -por repetición- la realidad de su oficio.

“Ya me sacaron el oro. Ya me sacaron el petróleo. Ya me sacaron la piedra”, el personaje increpa. ¿Cuánto más se van a llevar? Infiltrado tanto al interior de la galería como en los medios masivos de prensa y agudo observador, Chócolo golpea con gracia, dando voz a la problemática de las comunidades afro-descendientes, principales afectadas por la disputa por las tierras en Colombia.  El humor del artista tiene una agencia desbordante. Quizás ya nos sacaron todo.

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Fernando pertuz, Plata llama a Plata. Cortesia: Desborde Galería

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Vista general de la muestra DES-MINADO, en Desborde Galería, Bogotá. Hasta el 14 de abril de 2016. Cortesía de la galería Vista general de la muestra DES-MINADO, en Desborde Galería, Bogotá. Hasta el 14 de abril de 2016. Cortesía de la galería

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Chócolo, Sin título. Cortesía: Desborde Galería Chócolo, Sin título. Cortesía: Desborde Galería

Desde el documental y el fotoreportaje Alexandre Guzanshe y Leandro Couri registran la Tragedia Rio Doce ocurrida en 2015. Tras romperse dos diques de contención de la empresa minera Samarco en el Estado de Minas Gerais (sureste de Brasil), un tsunami de lodo y residuos mineros enterró un pueblo y contaminó toda la cuenca del río Doce. Es la peor catástrofe ambiental en la historia del país y la recuperación de la cuenca con 230 ciudades en sus márgenes tomará alrededor de 30 años. La catástrofe de Rio Doce reclamó cambios en las leyes ambientales para hacer frente a enormes desastres como éste, que dejó a 280.000 personas sin agua y mató a miles de animales. El tsunami de barro y desechos mineros alcanzó el Océano Atlántico y se extendió varios kilómetros desde la desembocadura del río. Mediante las imágenes de Couri y Guzanshe nos asomamos a la incalculable pérdida que provocó el desastre. No hay reparación posible.

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Alexandre Guzanshe y Leandro Couri, Rio Doce. Cortesía: Desborde Galería

DES-MINADO se plantea algunas preguntas fundamentales en torno a la explotación minera y sus condiciones de producción en un contexto global neoliberalizado: ¿Cómo puede el arte contribuir a imaginar, de forma interseccional, un uso de los recursos que aborde las divisiones sociales de clase, etnia, género y geografía en la región latinoamericana? ¿Cómo pueden los agentes culturales, los artistas, hacer frente al lucro de los recursos por parte de la globalización neoliberal? ¿Cómo pueden los artistas hablar de alternativas a la valorización económica de las comunidades y sus territorios o promover una nueva articulación de los comunes en oposición a las corporaciones? ¿Cómo se involucra el arte en un campo expandido del activismo mediante diferentes medios?

Si el neoliberalismo se ha dedicado a crear nuevos campos de capital en vez de proteger las reservas naturales, es el capitalismo instalado brutalmente en las economías emergentes de Latinoamérica y el mundo el responsable del cambio climático, los desplazamientos masivos y el crecimiento de la desigualdad socio-económica, especialmente en el Sur global. Si bien es fácil lamentar a una tierra que agoniza, lo interesante es imaginar vías para co-habitarla que no requieran arrasar con el futuro.

Desborde Galería es un proyecto independiente que se ha ocupado de generar una discusión pluralista sobre las relaciones entre la práctica artística, la política y lo social. El proyecto convocado por Santiago Rueda y Gilberto Hernández en colaboración con Julián Santana propicia la contaminación de las obras de 12 artistas que provienen de prácticas disímiles, infectándose entre sí desde campos como el audiovisual, la escultura, el fotoperiodismo o la caricatura. DES-MINADO es una conversación sin consenso que conforma una necesaria puesta en escena de obras que están pensando los territorios y habitantes al preguntar por una posibilidad de re-inscripción de la globalidad en la tarea de hacer arte y participar de ella desde otros orígenes discrepantes.

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Claudia Del Fierro

Nace en Santiago, en 1974. Es artista visual y actualmente vive en Berlín. Es Licenciada en Artes Plásticas y Magíster en Artes Visuales por la Universidad de Chile, y Master of Arts, Critical and Pedagogical Studies, Malmö Konsthögskola, Universidad de Lund. Del Fierro trabaja en una variedad de medios, incluyendo video, fotografía e instalación. Sus proyectos utilizan la observación, acción y las prácticas performativas para señalar o reconstruir situaciones, por medio de etnografías personales. Uno de los intereses que atraviesan su obra es la relación entre comunidad y su entorno. La artista ha desarrollado su obra entre Sudamérica y Escandinavia. Ha participado en la Bienal Mercosur, Bienal de La Habana y numerosas exposiciones individuales y colectivas en Europa y Sudamérica.