Marcelo Pombo presenta en Barro, Buenos Aires, 16 obras realizadas entre el 2014 y el 2015, compuestas por una serie de vitrinas y dos arpilleras en las que se asocian elementos de las vanguardias pasadas del arte argentino, la artesanía y lo telúrico, consolidando así su proyecto de recuperación histórica de la pintura latinoamericana.

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Marcelo Pombo. Arte concreto post inundación, 2015. Arcilla, acrílico, cajas de cartón y esmalte en aerosol en caja de madera con vidrio. 77 x 97 x 10 cm. © Bruno Dubner

La utilización del barro en muchas de estas obras continúa con la línea de trabajo de Marcelo Pombo en torno a materialidades vinculadas con lo popular, llevada adelante por el artista desde comienzos de su carrera a fines de la década de los años 80. En esta ocasión, los materiales característicos en su trabajo, como la pintura en aerosol y los esmaltes sintéticos, se hunden en los colores terrosos y se mezclan con la textura craquelada del elemento. Universal, de bajo costo y austero, de fácil acceso y manipulación, el barro establece relaciones por un lado con lo autóctono y, por el otro, en un sentido esencial, con lo primigenio de la producción de imágenes. A la vez, se vincula con la zona portuaria del sur de la ciudad donde se ubica la galería.

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Vista de la exposición Marcelo Pombo. Obras Recientes, en Barro, Buenos Aires, 2015. Cortesía de la galería

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Vista de la exposición Marcelo Pombo. Obras Recientes, en Barro, Buenos Aires, 2015. Cortesía de la galería

Las obras de la muestra orbitan alrededor de referencias formales y conceptuales del arte concreto y del informalismo argentino de los años 50. En ellas, planteos vanguardistas estéticamente opuestos como la rusticidad de la arpillera utilizada por Kenneth Kemble y la geometría compositiva de las esculturas lineales de Enio Iommi, se superponen formando nuevas combinaciones híbridas apartadas de sus programas originales. Tal es el caso de la obra Satélite (2015), donde bolsitas rectangulares flotantes de arpillera funcionan como elementos rítmicos en la composición abstracta, o El decorador Raúl Lozza (2014), en la cual las estrictas geometrías puntiagudas del Perceptismo de Lozza fueron enjoyadas con gemas de colores y canutillos.

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Marcelo Pombo. Satélite, 2015. Arpillera sobre bastidor, almohadones de arpillera con guata, arcilla, acrílico y esmalte en aerosol. 110 x 173 x 12 cm. © Bruno Dubner

En otras obras, como Luna hechicera sobre los cerros (2014), combina cielos del paisaje visionario y místico surrealista con referencias al folclore popular de la samba andina. Pierrot tango (2015) es una arpillera dedicada a Santiago Stagnaro, pintor fallecido a temprana edad y admirado por sus colegas del grupo de la Boca, pero olvidado por la historia del arte.

Marcelo Pombo vuelca en estas obras su interés por el desplazamiento de las “artes menores” en relación a las “bellas artes” y recurre a técnicas manuales como el brigolage por medio del cual pega moños, stickers y piedras semi-preciosas que restituyen de forma ornamental la sacralidad de los objetos. La muestra despliega citas, referencias y materialidades que se identifican con el pasado del arte argentino desde una mirada de cierta nostalgia que busca, a modo de homenaje, dialogar con el mismo.

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Marcelo Pombo. Ornamentos sobre el mar seco, 2014. Arcilla, acrílico, cajas de cartón, cadenas y esmalte en aerosol en caja de madera con vidrio. 88 x 77 x 10 cm. © Bruno Dubner

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Marcelo Pombo. Ornamentos sobre el mar seco, 2014. Arcilla, acrílico, cajas de cartón, cadenas y esmalte en aerosol en caja de madera con vidrio. 88 x 77 x 10 cm. © Bruno Dubner

Marcelo Pombo (Buenos Aires, 1959) es un referente de los artistas radicales que a fines de los 80 se aglutinaron en torno al Centro Cultural Rojas, donde una estética alejada del conceptualismo promovió debates teóricos sobre lo kitsch, el arte light, lo guarango y el arte gay.

En su trabajo es característico el interés por lenguajes y materialidades desplazadas de las jerarquías sociales y de las “bellas artes”. Desde comienzos de su carrera recurrió a técnicas “menores” y a materiales populares, por ejemplo, incluyendo objetos ready-made como las cajas de jugos de fruta que utilizó en los 90, las cuales decoraba como joyas por medio de bricolages, con stickers y moños brillantes buscando restituir su sacralidad.

Durante los años 90 y 2000 realizó pinturas con esmaltes sintéticos mediante una técnica minuciosa que bordeaba el límite artesanal. En ellas, asociaba el paisaje surrealista, el costumbrismo, la pintura geométrica, el expresionismo abstracto y el comic. Actualmente, al interés por el rescate de lo marginal se suma el diálogo con artistas argentinos y latinoamericanos que fueron desplazados de la historia del arte.

Entre sus recientes exposiciones destacan Marcelo Pombo, un artista del pueblo (Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, 2015), Los duendes del campo decoraron el patrimonio durante la noche (Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional del Litoral, 2013), y Mi primera exposición en Galería Witcomb (Castagnino-Roldán, 2012).

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Vista de la exposición Marcelo Pombo. Obras Recientes, en Barro, Buenos Aires, 2015. Cortesía de la galería

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Vista de la exposición Marcelo Pombo. Obras Recientes, en Barro, Buenos Aires, 2015. Cortesía de la galería

Marcelo Pombo. Obras Recientes en Barro

Barro, Buenos Aires

Hasta el 5 de septiembre de 2015