Hay un fantasma en la galería. Anda a mediodía por la casa de la calle José Manuel Infante que hace esquina con Clemente Fabres. En Die Ecke habita el fantasma de una artista que, en una reposición temporal del hábito privado de archivar, clasificar y cuestionar los límites de la pintura, ha convertido por estos días el espacio expositivo en un segundo taller. Un limbo, un no lugar, una fisura, un set, un piso intermedio (el 7 ½ de Being John Malkovich)Un laboratorio y también un refugio.

Grace Weinrib sigue trabajando en su actual exposición en Die Ecke durante las horas muertas de la galería, esas cuando no opera y no hay visitas. Interviene la instalación a muro apropiadamente llamada Intersession, compuesta por una serie de investigaciones sobre lo pictórico que partieron en su taller en Providencia y que prosiguen y culminan -por ahora- en el propio lugar de exhibición.

Imaginándome un paralelismo entre esta labor y la rutina del oficinista con horario extra, es como si Weinrib llegara, marcara tarjeta, rellenara formularios, revisara el fichero, tomara té, pintara papeles y volviera a casa. Y así otro día. La instalación se modifica a lo largo de la exposición mediante capas visuales que aportan un sentido tanto experimental, poético y metafórico, como metódico y analítico. La acción involucra al tiempo y al cuerpo. Es ficción y es realidad. Pero no es performance.

En esta Visita Guiada, Grace Weinrib habla sobre las motivaciones y el destino de esta acción escurridiza y semi-secreta, y desglosa la lógica de los objetos, estudios de color, bitácoras, apuntes, diagramas, listas, citas y narraciones fragmentadas desplegados en la sala a través de variados dispositivos de montaje. En el recorrido afloran -con honestidad- incertidumbres, vacilaciones, datos biográficos, sensaciones de asombro, pudor y extrañeza.

 

Vista de la exposición Piso 7 ½, de Grace Weinrib, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2014. Foto: Jesús Monteagudo

 

Travel Kit (Maletín de Viaje)

Este trabajo es el resultado de algo espontáneo, de la necesidad que tenía de clasificar las cosas que estaba juntando en el taller y que necesitaba saber dónde estaban cuando quería acceder a ellas. Tenerlas acá parte de una necesidad. En Travel Kit hay estudios de color. Esta caja es lo más próximo a estar en mi taller. Y tiene que ver con intereses recientes. Pero también incluye piezas del 2011, retazos de obra de esa época, que se remiten a Gabinete de Dibujo, un proyecto super importante porque cambió mi trabajo y mi forma de trabajar en muchos aspectos. Yo tenía problemas al trasladar la imagen a la pintura y este proyecto me puso en la situación de que el taller está arriba de tus espaldas. Era como el paseo de curso. Siempre me ha atraído esa idea de que todo esté en una mochila, en un maletín, esa actitud nómade de trabajar con lo que tienes encima. Este maletín es un anclaje a la materia prima. Contiene objetos que no han sido muy alterados por mi. El maletín, como el maletín de Duchamp, remite a un mundo muy personal, a la memoria, a los recuerdos que uno tiene, a las sorpresas, a las herramientas. Su ubicación espacial en la muestra -en un rincón, casi que detrás de la puerta- tiene que ver con que quería que se vieran otras cosas a primera entrada, y porque me gusta la idea de ver esto como algo que está a tras mano. Esto está separado como una materia prima, y me gusta que sea así y tenga su lugar.

 

Grace Weinrib, Travel Kit (Maletín de Viaje), 2014. Vista de la exposición Piso 7 ½ en Die Ecke Arte Contemporáneo. Foto: Jesús Monteagudo

 

Intersession

Estoy en proceso de cambiarle el nombre a esta pieza por su carácter procesual. Tiene una dimensión cromática que es super importante pero la parte que me interesa más es lo de las capas de la pintura, las capas de pensamiento de la pintura, cómo se va articulando una composición o una imagen. Es como hacer una insición en el proceso de hacer una pintura. Que se saca que se corta, qué se borra… entonces este trabajo, aunque tiene aspectos visuales y formales, el tema no es formal, sino revelar lo que no se muestra, el lado inverso de la pintura. Es de igual manera un gran mapa sobre diferentes maneras de hacer pintura: la pintura atmosférica, la pintura en el campo de lo objetual, la imagen que se borra… Acá también hay una cajita (fichero), que como la otra (Travel Kit) tiene potencialidad, es decir, tienen el potencial de cambiar. Tienen un formato que se puede cambiar. En este caso, las fichas que contiene son de esta caja, pertenecen a ella, son fichas hechas para ir en estas cajas. Esta caja es el archivo mismo de estas fichas. La ocupaba para guardar estas fichas en mi taller, y lo que he hecho es trasladarla acá a la exposición. Tiene una cosa silenciosa que me gusta mucho. Esta pieza además es la continuación de un trabajo que venía haciendo en mi taller, que era un montaje de piezas al muro. Me interesaba el factor temporal que tenia ese trabajo; iba cambiando todo el tiempo. Las piezas cambiaban de lugar y me gustaba la idea de ir registrando ese proceso. Hay un libro de Gerhard Richter, La práctica diaria de la pintura (The Daily Practice of Painting: Writings 1960-1993), al que me remito con este trabajo, porque habla de la práctica de la pintura como una forma de pensar. Este ejercicio no tiene que ver con un esquema específico ni con una imagen terminada, sino sobre otros aspectos de la pintura, un mapa de preguntas; tiene que ver con hacer de la pintura un trabajo con horario, quitar el factor místico del pintor que está en su taller. Es venir acá a la galería, fuera de los horarios de la galería, con mi carpeta, mis materiales, a trabajar directamente en la galería, a agregar y cambiar cosas (no tanto sacar). Me gusta venir a la galería en ese horario medio fantasmal, cuando no hay nadie. La intención no era hacer de esto algo performático, ni abierto al público. Lo voy a trabajar hasta el último día de la muestra, y se verá el fin del proceso en un evento de cierre. Ponerle una fecha tope hace que este trabajo se cierre. En definitiva, veo a la exposición misma como un espacio de diálogo, donde se pueden generar cosas, nuevo contenido. Para que valiera la pena, esta exposición tenia que ser un proceso de aprendizaje.

 

Grace Weinrib, Intersession, 2014. Día 0 – Capa 0. Vista de instalación en Die Ecke, Santiago. Foto: Jesús Monteagudo

Grace Weinrib, Intersession, 2014. Día 1 – Capa 1. Vista de instalación en Die Ecke, Santiago. Foto: Jesús Monteagudo

Grace Weinrib, Intersession, 2014. Día 2 – Capa 2. Vista de instalación en Die Ecke, Santiago. Foto: Jesús Monteagudo

Grace Weinrib, Intersession, 2014. Día 3 – Capa 3. Vista de instalación en Die Ecke, Santiago. Foto: Jesús Monteagudo

Grace Weinrib, Intersession, 2014. Día 4 – Capa 4. Vista de instalación en Die Ecke, Santiago. Foto: Jesús Monteagudo

 

Composición 1,2,3,4,5,6,7

Quería darle otra textura a la exposición con este trabajo, así enmarcado. No quería presentar este trabajo de manera muy frágil, y además me gustaba la idea del calendario enmarcado. Son siete meses de 12; los que no están no es por nada en especial, es porque simplemente no los tenía. Estaba haciendo pruebas de un nuevo material, tempera, sobre estos ficheros, y así me di cuenta cómo se vinculaba al ejercicio clasificatorio y de trabajo de hormiga, de hacer del ejercicio diario una obra. De repente jugando uno se topa con cosas más ricas. Ir completando las casillas tenía que ver con la composición, los vacíos, algo bien atmosférico, pero al mismo tiempo me gustaba que fuera un calendario. No es un calendario pintado, sino que el material mismo es un calendario.

 

Grace Weinrib, Composición 1,2,3,4,5,6,7, 2014. Foto: Jesús Monteagudo

 

Piso 7 ½

Este trabajo está compuesto de croqueras pequeñas. Siempre he hecho este tipo de trabajo y nunca lo habría mostrado. De hecho, durante mucho tiempo trabajé más en croqueras que pintando. Es un trabajo de collage, de dibujo y escritura; son anotaciones de ideas para pinturas e imágenes. Es como el punto de reunión. Hay frases que se repiten en varias páginas y la forma como están escritas además describen un limbo. Hay muchas preguntas, temas que me interesan… es súper difícil explicar todo el contenido que hay acá, pero se puede ver mi interés por el color, ejercicios de manchas, ciertas frases y citas. Es un trabajo que voy a seguir desarrollando y editando en el tiempo. A lo mejor en unos años más haga un librito. Hay textos en inglés y español, y algunos ofrecen pistas. De toda la muestra, éste el único trabajo que tiene escritos propios. Esto representa la parte hablada de la exposición y la pared de enfrente la parte silenciosa. Este es el trabajo que me daba más miedo mostrar porque es súper íntimo y de hecho no tenia intención de mostrarlo. Pero era algo que tenía que hacer. Es la pieza medular de la exposición porque es como un statement, descarnado, que no tiene traducción de ningún tipo. Es crudo. No está pasado en limpio. Hay frases, citas, fragmentos, experimentos… me gusta lo abierto de este trabajo… es un espacio de ideas diversas y tiene que ver también con el ejercicio de enfrentar el miedo a exhibir. Parte de este trabajo es que me costara emocionalmente mostrarlo. Tiene además que ver con artistas que me interesan por cómo trabajan, por su carácter multidisciplinario, como Guillermo Deisler. Me inspiró la libertad que se permitía en su trabajo: usaba lo que tenía al mano, recortes, fotos… había una búsqueda súper íntima. Alvaro Oyarzún también es un referente, y bueno, también somos amigos, pero me gusta esa manera que tiene de pensar imágenes. Porque no son sólo las imágenes sino también el interlineado. Ese vacío que hay entre una y otra. Ese espacio intermedio, ese limbo, tiene un cuerpo, una densidad importante.

 

Grace Weinrib, Piso 7 1/2 (detalle), 2011-2014, técnica mixta sobre páginas de croquera, 80 x 70 cm c/u. Foto: Jesús Monteagudo

Grace Weinrib, Piso 7 1/2 (detalle), 2011-2014, técnica mixta sobre páginas de croquera, 80 x 70 cm c/u. Foto: Jesús Monteagudo

Vista de la exposición Piso 7 ½, de Grace Weinrib, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago, 2014. Foto: Jesús Monteagudo

 

 

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.