Por Conrado Uribe Pereira, curador, gestor e investigador colombiano

 

1. Las relaciones entre las prácticas artísticas en el campo de la visualidad y lo alimentario son de larga data, amplias y diversas, y no referidas exclusivamente a la representación. Desde Leonardo da Vinci y su interés técnico-artístico en la comida, pasando por movimientos como el Futurismo y el Surrealismo, el Pop norteamericano y el Neorrealismo europeo, el Fluxus y el Arte Povera, o figuras contemporáneas como Carolee Schneemann y su Meat Joy, Daniel Spoerri y su Restaurant Spoerri o Marta Minujín con sus esculturas efímeras y happenings en los que empleaba queso, maíz o pan -por hacer unas pocas y emblemáticas menciones-, el fenómeno alimentario ha sido abordado por artistas de diferentes maneras y utilizado con fines disímiles. Aunque quizás una cosa atraviesa a todas estas propuestas, y es el hecho de que trascienden la centralidad de la contemplación en la experiencia estética, al tiempo que el hecho creativo se aborda desde perspectivas más lúdicas, participativas y poli-sensoriales.

No resulta posible, sin embargo, hacer aquí una revisión exhaustiva de los devenires históricos de tales procesos artísticos, en los que la obra de Antoni Miralda ocupa indiscutiblemente un lugar destacado. Y aunque hay individuos con concepciones conservadoras con respecto a lo que debe ser el arte (cuestión paradójica puesto que hablar de una deontología para el arte es contradictorio en sí mismo), a pocos sorprende actualmente los devaneos formalistas que se soportan en experimentaciones con materiales -comida incluida- para justificar su entidad artística. Tanto así que es ya un tópico decir que cualquier verbo y/o sustantivo puede devenir en procedimiento artístico o en objeto de arte respectivamente; al igual que argumentar que cualquier persona tiene el potencial de ser un artista. Estos son prácticamente unos “axiomas” de las artes contemporáneas.

Así las cosas, deben formularse las preguntas que resulten más pertinentes para nuestro aquí y ahora. Para complementar lo dicho hasta ahora, vale la pena señalar algunos asuntos relevantes con respecto al fenómeno de lo alimentario. Es indiscutible el hecho de que la comida y la cocina se han convertido en elementos centrales para la cultural actual; y que, en consonancia, los chefs más reconocidos han devenido en agentes con una enorme capacidad de influencia en la vida contemporánea. En relación con el campo de las artes visuales y plásticas, proyectos como Counter Space: Design and the Modern Kitchen (Museo de Arte Moderno de Nueva York, septiembre 2010 – mayo 2011); Ferran Adriá y el Bulli. Riesgo, libertad y creatividad (Palau Robert, Barcelona, febrero 2012 – febrero 2013); o el reciente El Somni del Celler de Can Roca (Arts Santa Mónica, Barcelona, mayo-junio 2013), son ejemplos que dan cuenta de la enorme visibilidad de la que gozan. ¿Acaso somos testigos de un momento como el vaticinado por aquel adagio popular que reza que “cuando todas las artes se hunden, el noble arte de la cocina permanece vivo”?

 

Antoni Miralda, Sabores y Lenguas, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2013. Foto: Andrés Cruz

Antoni Miralda, Sabores y Lenguas, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2013. Foto: Andrés Cruz

 

2. ¿Cómo aproximarse entonces a la obra de Miralda en un momento en el que -según parece- se ha reordenado la valoración social de las artes? Y en esta reorganización, ¿dónde quedan conceptos como los de provocación y complacencia, asociados como factores constitutivos en su producción? Con el objeto de responder esta interrogante de manera más contundente, se repasarán algunas de las características generales del singular trabajo de este artista.

En primer lugar es primordial poner en cuestión la manera en la que se ha comprendido el trabajo de Miralda, tematizado según concepciones que ordenan casi cinco décadas de producción artística en tres períodos-parcelas que responden a unas etiquetas: el Miralda de los soldaditos, el de los ceremoniales y el de la comida. Resulta más enriquecedor pensar su obra articulada en torno a nodos o ejes no consecutivos ni lineales en el tiempo sino desplegados en simultáneo, vehiculándola a partir de continuidades antes que diferencias, lo que le permite hacer ciertos énfasis en asuntos relativos a la política, la liturgia y la alimentación.

Según el propio artista, existe un primer período que le sirvió para deshacerse de obsesiones personales. Era la década de 1960, un momento muy marcado por movimientos contraculturales y sociales; pero también una época en la que la represión de la dictadura franquista en el contexto español lo hizo salir. Y como le sucedió a otros artistas de su misma generación, viajar se convirtió en una metodología de conocimiento que ha motivado su trabajo y le ha servido para poner en cuestión todos los aparatos institucionales, sean estos de enseñanza, culturales o de control.

Una vez el artista pudo tomar distancia de lo que denomina “las ambiciones del ego”, entró en contacto con lo que realmente buscaba: los espacios de lo público y las dinámicas colectivas. De este proceso de maduración surgieron proyectos soportados en las ceremonias y carnavales, eventos públicos en los que, al provocar reuniones y procesiones, le servían para oponerse y resistir el carácter opresivo del sistema de la España de entonces. Estas obras le posibilitaron trabajar con otros artistas y compartir; discutir ideas y explorar maneras de anudarlas; tomar consciencia de la importancia que tiene la experiencia del acontecimiento artístico; evadir tanto el énfasis en un resultado objetual como el lugar del artista en tanto que creador único; y preguntarse por la manera en la que su trabajo podía resultar útil para un determinado grupo, sea una organización de campesinos, los niños de una escuela o los funcionarios públicos de una alcaldía. Estas nociones son fundamentales y deben ser examinadas en los detalles de sus obras, las que recogen la coherencia subyacente en toda su producción. Proyectos como Fête en blanc (1970), Rituel en quatre couleurs (1971), o Sangría 228 West B’Way (1972) pueden mencionarse para acompañar estas ideas.

 

Antoni Miralda, Sabores y Lenguas, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2013. Foto: Andrés Cruz

Antoni Miralda, Sabores y Lenguas, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2013. Foto: Andrés Cruz

 

3. Son pues los aspectos fenomenológicos relativos al proceso y la experiencia, la participación y la coautoría, orientados de acuerdo con las particularidades económicas y necesidades socio-políticas de cada contexto, los que sirven a modo de vasos comunicantes entre los diferentes proyectos del artista. Esto es identificable en el proyecto Honeymoon, (Barcelona-Nueva York, 1986-1992), en el que Miralda casa simbólicamente a la Estatua de la Libertad de Nueva York y el Colón de Barcelona. La obra es una metáfora expandida con respecto a los intercambios históricos entre América y Europa determinados por operaciones pendulares de conquista y liberación, ideas que adquieren una ganancia semiótica cuando son comprendidos en el marco de este “matrimonio”.

Hacia el año 2000, Miralda consolida sus intereses artísticos en torno a lo alimentario con el Food Pavilion, realizado en el marco de la Exposición Universal de Hannover. Descendiente directo del proyecto Food Cultura Museum -gestado a finales de la década de 1990-, el pabellón fue un ambicioso proyecto centrado en la experimentación amplia con lo alimentario y su valor para las diferentes culturas. El proyecto incluyó archivos, imágenes, recetas, alimentos, objetos, instalaciones y más de cien experiencias culinarias con chefs procedentes de todo el mundo, las cuales tuvieron lugar en el corazón de la propuesta: la Infinity Table. El Food Pavilion y los proyectos sucedáneos (como la serie Sabores y lenguas o la apertura reciente de Food Cultura en 2011 en Barcelona), pueden ser comprendidos bajo el interés por interpretar, organizar y preservar artísticamente las tradiciones culinarias planetarias. El resultado es una suerte de archivo-museo-escenario-biblioteca-laboratorio-taller-cocina que viabiliza maneras inéditas de comprender situaciones y fenómenos culturales asociados a la alimentación.

Es necesario anotar que la comida como materia y sustrato conceptual había aparecido en sus proyectos desde finales de la década de 1960 (Traiteurs Coloristes, 1967, en coautoría con Dorothée Selz). Y alcanza un momento de gran reconocimiento en El internacional (Nueva York, 1984-1986, en coautoría con Montse Guillén), una obra procesual y participativa con forma de restaurante, a caballo entre el performance, las ceremonias, las instalaciones artísticas y la propia práctica culinaria. Miralda y Guillén trabajan dos años en esta Food-situation no institucionalizable que alcanzó gran renombre en el ámbito alternativo de la Manhattan de la época.

Lo que hace fascinante el fenómeno de lo alimentario para Miralda es que permite vincularlo todo, desde lo más noble y elevado, hasta lo más mundano y escatológico. Y su amplia experiencia en este terreno le ha permitido tomar consciencia crítica de los riesgos y las limitaciones implícitos en su práctica. ¿Cómo hacerla efectiva y real? ¿Qué es construible y comunicable desde el arte? ¿Qué estrategias seguir? Estas son algunas de las interrogantes que debe encarar en función de las complejidades que enfrenta en cada proyecto.

 

El artista Antoni Miralda, en Sabores y Lenguas, Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2013. Foto: Andrés Cruz

El artista Antoni Miralda, en Sabores y Lenguas, Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2013. Foto: Andrés Cruz

 

4. El proyecto que ahora realiza Miralda en Chile hace parte de la serie Sabores y lenguas. El artista comprende este nuevo despliegue como un taller de trabajo, un intercambio de saberes; una primera etapa en la que buscará tomar conciencia del espacio, establecer conexiones con ciertos colectivos, y explorar la posibilidad futura de exhibir dichos resultados en Food Cultura. ¿Cuáles resultados? Si bien este texto se escribe un mes antes del viaje del artista, es muy probable que Sabores y lenguas Chile incluya objetos seleccionados durante sus exploraciones en relación con el contexto específico; elementos que serán el resultado tanto de análisis lingüísticos como iconográficos; imágenes procedentes de proyectos anteriores y que servirán para crear una atmósfera; y muy probablemente una nueva versión de la vajilla imaginaria, realizada por los distintos agentes involucrados en la propuesta, quienes proceden de ámbitos como el arte, la gastronomía, el urbanismo, la arquitectura, la literatura, entre otros.

Una de las condiciones de este tipo de trabajos es reconocer los distintos niveles de intermediación presentes en los grupos para que las cosas marchen con autonomía, además de tener los recursos para explorar y analizar el contexto, contar con el apoyo de los anfitriones y el tiempo para desarrollar la propuesta. No hay una única metodología, y las herramientas Miraldianas han debido ser inventadas teniendo en consideración tanto las narrativas como las estructuras particulares; echando mano en simultáneo de recursos procedentes de la etnografía, la antropología, la museología o la archivística. Para el artista cada proyecto es tan sólo un intento, en el que lo que importa es tender conexiones hacia otros contextos y lugares que generen las bases suficientes para seguir construyendo posteriormente.

Asumiendo el riesgo que entraña resumir, pero con el interés de responder a la pregunta hecha al comienzo, se señalarán enseguida algunos aspectos en los que se identifica plenamente el valor del trabajo de Antoni Miralda:

• Su obra abraza la complejidad y la diversidad, eludiendo las posturas que tienden a lanzar miradas generalizadoras sobre los fenómenos. Al proceder de este modo cuestiona las estructuras de conocimiento tradicionales.

• En su práctica valora y exalta los saberes procedentes de lo popular y lo local, destacando su condición emergente y horizontal.

• Sus proyectos contaminan los museos con los sabores de la cotidianidad y los colectivos, sobrepasando el sistema de galerías e instituciones culturales. Para ello se ha apoyado constantemente en plataformas populares. Ideas como las de guerrilla y resistencia culturales resultan afines a su trabajo.

• Comprende su práctica artística como network, en las que con un equipo crea acontecimientos complejos, poliédricos, en los que la simultaneidad y la deslocalización son factores importantes.

En esta serie de gestos se identifica una sofisticada y poética táctica para resistir el elitismo y la “fetichización” mercantilista del arte y la alta cocina. Y es en esa conexión con la realidad que su trabajo -más allá de si su orientación resulta crítica, lúdica, o estética- puede aportar.

 

Antoni Miralda y Juan Pablo Langlois, en Sabores y Lenguas, Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2013. Foto: Andrés Cruz

Antoni Miralda y Juan Pablo Langlois, en Sabores y Lenguas, Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2013. Foto: Andrés Cruz

 

5. El responsable de la presencia de Miralda en Chile es el artista Adolfo Torres, gestor de La olla común, un proyecto que comparte características con la obra del primero. La olla común se define como una propuesta teórica, visual y culinaria que indaga en aspectos ligados a las gastronomías populares y su incidencia en los cuerpos sociales. Su investigación y acción se formaliza en los denominados Cuadros Operativos de la Cocinería, los cuales se implican con las comunidades generando actividades colectivas, propiciando el surgimiento de nuevos imaginarios y fomentando la aparición de otras formas de su-pervivencia. Dicho de otro modo, La olla común plantea formas de sociabilidad, trabajo y resistencia que son cada vez más necesarias en el marco neoliberal y tecno-financiero del capitalismo actual.

 


Artistas participantes

Andrés Cruz – Angie Saiz –  Alexander Azúcar Rozas – Bernardo Oyarzún – Carolina Hernández – Christian Carter – Cristián Salineros – Cristián Velasco – Daniela Muñoz – Dulces Chilenos (Pipe Vivanco, Pacheco, Chedo, Florencia) – Enrique Flores – Hugo Cárdenas – Ignacio Traverso – Ignacio Wong – Jorge “Coco” González – Jorge Lankin – José Luis Toledo – José Pablo Díaz – Joe Villablanca / Ana Sanhueza – Juan Castillo – Julia Romero – Julen Birke – Klaudia Kemper – Leonardo Portus – Leslie Fernández – Macarena Ugarte – Marcos Durán – Mario Lagos – Natascha de Cortillas – Nevenka Pavic – Nicolás Miranda – Oscar Concha – Pablo Mellado – Francisco Papas Fritas – Patricia Valle – Pedro Lemebel – Rodrigo Vergara – Víctor Hugo Bravo

Bonus Track: Cocineros de “El Coral de Bahía Inglesa” (Carla Valderrama, Pascual Huaiquil, Pablo González, Yoryi Luiyi, Jose Pinza, Marsella)