“Será entonces cuando el recuerdo agradecido de los hijos del mañana mire con nostalgia, devoción y admiración los objetos, símbolos e imágenes que hayamos sabido legarles, como pruebas tangibles, que ilustren estás décadas de la historia de Chile” [1]

El antropólogo Leslie White propuso que los seres humanos debíamos ser denominados como “animales simbolizantes”, ya que según él es imposible omitir el papel que han ocupado los símbolos en las ciencias, la política, la expresión artística y corporal en nuestras vidas. Y dado que los símbolos son culturalmente dependientes, tanto en la factibilidad como interpretación, abordar su vasta y compleja problemática expresaría, en parte, lo que hemos interpretado acerca del poder que éstos poseen.

Durante estas décadas del siglo XXI, son diversos los análisis que han rescatado las características visibles del poder en uniformes, insignias, armas, creaciones artísticas, edificios, entre otros. Pero un ejemplo de complejidad simbólica es el que nos presentan los diferentes objetos y ornamentos que integran los emblemas de una dictadura. Porque es ahí donde la pasión agresiva de un dictador aparece y, al revisar sus perturbaciones indomables, comprendemos las ideologías con las que éste pretendió instalar su poder. Por eso, cuando re-estudiamos estas iconografías que otorgaron legitimidad a varios dictadores que ejercieron su poder en el vecindario sudamericano, observamos que la imagen diseñada exclusivamente para difundir su patriotismo fue más allá de lo elemental.

Estas dictaduras que otros irresponsablemente denominaron “dictablandas” crearon una estética que exacerbó un conflicto social y político sin precedentes. Una iconografía que va de la mano con hechos, consecuencias y objetos que conforman una estetización de la violencia; son estos objetos abyectos e imprecisos que cumplieron el cometido principal de esa historia “reciente”. Por lo que al ver unas medallas condecorativas, comprendo que la vanidad de sus creadores sólo evidencia una simbología que sucumbe ante la desdicha política y republicana que muchos sorteamos durante las décadas del setenta y ochenta en Chile. Incluso, hasta el día de hoy, este asunto se prolonga de manera solapada.

Es por estos motivos que cuando Claudio Correa conceptualiza la función representativa de las medallas y su resignificación denomina a su obra Misión Cumplida. Un proyecto que hoy podemos ver en la exposición Historias del Objeto curada por el colombiano José Roca en la Galería Gabriela Mistral.

Claudio Correa, vista parcial Misión Cumplida, sala 2, Galería Gabriela Mistral, 2013

Claudio Correa, vista parcial Misión Cumplida, sala 2, Galería Gabriela Mistral, 2013

Claudio Correa, vista parcial Misión Cumplida, sala 2, Galería Gabriela Mistral, 2013

Claudio Correa, vista parcial Misión Cumplida, sala 2, Galería Gabriela Mistral, 2013

Claudio Correa, Reconocimiento a la gestión, escultura de cera y mechas de algodón,40 cms x 1 m x 15 cms. aprox., 2013

Claudio Correa, Reconocimiento a la gestión, escultura de cera y mechas de algodón,40 cms x 1 m x 15 cms. aprox., 2013

La revelación del poder en estas medallas perpetra una simbología clásica con la que Correa ha conformado dos esculturas provenientes de ese mundo militar tan ligado a la dictadura. Estas esculturas de cera –material combustible– van modificando su forma, pero al mantener su esencia son homologadas a ese imaginario que interroga el devenir de su forma cuyo contenido autoritario es inalterable. De esta manera, las esculturas se desenvuelven en la sala de la misma forma que una bomba racimo, deconstruyéndose en 2.500 medallas a escala 1:1 de las originales. Estas medallas corresponden al Ejército de Chile y hacen referencia al llamado Tanquetazo” del 19 de junio de 1973. La otra pieza corresponde a la Medalla al Valor, otorgada por el Ministro de Defensa Nacional en reconocimiento al acto de “valor y arrojo” en el sector del Cajón del Maipo el 7 de septiembre de 1986.

Pero estas medallas no están solas, les acompañan dos fotografías digitales que simulan una ceremonia de premiación militar y en donde su característica fundamental es presentar una chaqueta que ya posee la medalla 11 de septiembre de 1973 —insignia entregada por servicios distinguidos durante el Golpe de Estado del 73— y que está recibiendo otra medalla que lleva por nombre Misión Cumplida —insignia al mérito que se otorgó al término del Régimen Militar en 1990– y que destacaron en las solapas de varios civiles que colaboraron con la dictadura pinochetista. No obstante, al ver estas fotografías en HD se evidencia un montaje en torno a esa visualidad específica, un espacio en donde el tiempo no existe.

Adicionalmente, para rematar el sentido de estas fotografías, yace una frase que remarca la encarnizada estrategia política de estos objetos: Después de su condecoración, debe desprenderla de su guerrera, meterla dentro de un sobre y destruirla. Tampoco puede mencionar a nadie que fue condecorado.

Al parecer, el montaje descrito exterioriza la paradoja que se aprecia entre el hermetismo de la iconografía y los textos que acompañan a las medallas. En este caso, la iconografía simbólica de las medallas alude a elementos luminosos como estrellas, rayos de luz, alas, etc. Sin embargo, esa simbología en combinación con los textos, son una sola imagen que encubre la comprensión que posee un grupo de personas que sabe de lo que se habla. Así, Correa contrarresta y expone esa paradoja entre lo reservado y lo indiscreto que significó la entrega de estas medallas y en donde nos interrogamos ¿cuál es la misión cumplida?

Claudio Correa, Misión Cumplida (díptico), impresión sobre papel fotográfico y montadas en trovicel, 1,40 x 1,20 mts., 2013

 
 

[1] Este texto fue encontrado por Claudio Correa en el prólogo del libro Medallas y Condecoraciones. Es un protocolo de medallas que fue entregada a la Escuela Militar por S.E. el presidente de la República Capitán General Augusto Pinochet Ugarte. Impreso en el Instituto Geográfico Militar de Chile, Santiago, 23 de agosto de 1989.

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Rodolfo Andaur

Curador de arte contemporáneo. Su trabajo de campo se ha enfocado entre la contingencia política y los conceptos que rodean la antropología latinoamericana. Además ha organizado una serie de seminarios y talleres que reflexionan en torno al arte contemporáneo y la práctica de la curaduría.

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