Entramos a la sala enfrentando una imagen, fotografía en blanco y negro montada en una caja de luz de gran formato. Un hombre, parado sobre un montón de escombros se asoma por el ruinoso umbral de una construcción destrozada. Su traje, su cuerpo, se inclinan hacia adelante y se aferran a lo que queda de muro manteniendo el equilibrio. Es imposible entrar sin enfrentarse a la imagen, las grietas, la carne viva del edificio, su herida, el gesto del hombre.

El espacio se recorre con simetría. Al rodear la primera imagen debemos subir una escalera cuyas proporciones nos recuerdan a todas las otras escaleras que se suben en los puentes de Venecia. Llegamos al volumen central, vemos una pileta. El pabellón es una cámara oscura de cielo alto y su arquitectura nos propone posibles recorridos cuadrangulares: subir, bajar, bordear en tramos rectos.  El agua verdosa de la pileta refleja la turbia luz ambiente, se mueve, burbujea discretamente. Las caras de los otros se asoman por sobre el borde metálico del contenedor escuchando el murmullo del agua. Estamos esperando.

 

Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia. En la imagen: Milán, 1946 (Lucio Fontana visita su estudio a su regreso de Argentina © Archivos Farabola), caja de luz con transparencia en blanco y negro, 244 cm x 244 cm x 18 cm. Foto: Agostino Osio

Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia. En la imagen: Milán, 1946 (Lucio Fontana visita su estudio a su regreso de Argentina © Archivos Farabola), caja de luz con transparencia en blanco y negro, 244 cm x 244 cm x 18 cm. Foto: Agostino Osio

 

Fin de siglo XIX: el origen de la feria internacional Europea y la Bienal italiana. En Venecia comienza el proyecto de un jardín que va a contener los pabellones, mausoleos de estilo, construidos en distintos momentos de apogeo económico de las potencias europeas. Claramente delimitados, aislados unos de otros, los edificios se imponen con su particular arquitectura para representar su soberanía en el arte. El tamaño no alcanza al de una ciudadela; la escala de los jardines está pensada para exhibir estacionalmente y no para ser habitada.

El pequeño jardín con sus edificios monocromos emerge del agua en su pileta bautismal, solo para volver a sumergirse.

Fin de la segunda guerra mundial. El artista-inmigrante retorna desde América del Sur a su taller en Milán para encontrarse con la ruina. Vemos su mirada al horror reflejando el término de una época. Presenciamos el momento del encuentro, el momento crítico. Lucio Fontana formará parte de una generación de posguerra que reinventará el arte italiano. El progreso europeo se hará cargo de la reconstrucción de la infraestructura destrozada.

Medio siglo después. Venecia se hunde. Venecia se inunda. Los jardines, el corazón de La Biennale, están sumergidos bajo un cielo que no escampa. Los pabellones se inauguran con micrófonos y prosecco. Fuera del jardín, en el Arsenale, los otros arriendan espacios para instalar sus escenas en la ciudad-bienal. En los off-sites repartidos por la ciudad, otros países, curadurías independientes y fundaciones de algunas marcas de lujo organizan sus muestras en espacios alquilados. El Arsenale, la construcción que albergó el astillero de Venecia hasta la revolución industrial y alcanzó cuarenta y seis hectáreas, data del siglo XIV. Desde 1980 la bienal ha ido ocupando poco a poco secciones del Arsenale para exhibiciones de arquitectura, arte emergente y otras curadurías.

Los países que no están en la planimetría original de los 28 pabellones arriendan espacios en el remendado astillero. En el micromundo de Venecia, Chile se encuentra entre Kosovo y El Líbano.

 

Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia, depósito de metal, modelo del Giardini en resina a escala 1:60, sistema hidráulico, 100 cm x 500 cm x 500 cm; estructura de madera, metal, 100 cm x 1600 cm x 1400 cm. Foto: Agostino Osio

Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia, depósito de metal, modelo del Giardini en resina a escala 1:60, sistema hidráulico, 100 cm x 500 cm x 500 cm; estructura de madera, metal, 100 cm x 1600 cm x 1400 cm. Foto: Agostino Osio

Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia, depósito de metal, modelo del Giardini en resina a escala 1:60, sistema hidráulico, 100 cm x 500 cm x 500 cm; estructura de madera, metal, 100 cm x 1600 cm x 1400 cm. Foto: Agostino Osio

Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia, depósito de metal, modelo del Giardini en resina a escala 1:60, sistema hidráulico, 100 cm x 500 cm x 500 cm; estructura de madera, metal, 100 cm x 1600 cm x 1400 cm. Foto: Agostino Osio

 

Alfredo Jaar exhibió por primera vez en la Biennale di Venezia en la sección Aperto (1986) como el primer artista lationamericano invitado a la curaduría internacional. Como artista que representa a Chile en la tercera ocasión de su pabellón en Arsenale, Jaar plantea que los países que han estado excluídos de los pabellones originales en los jardines de la Bienal (para Occidente) no existen. Continentes enteros, como Africa, no existen para el paradigma representado en la Bienal y, por extensión, la cultura de esas regiones, tampoco. Un artista africano, por ejemplo, no se siente representado dando un paseo por los jardines.

La obra que Jaar expone en el pabellón chileno en 2013 es ciencia ficción. “He intentado crear un futuro en que hayan desaparecido los Giardini de la Bienal. Al emerger tan brevemente, es un fantasma de la historia. Venezia, Venezia es una invitación poética a repensar el modelo de la Bienal”, escribe Jaar [1]. El artista acelera la tasa del hundimiento de Venecia (1,5 milímetros al año) y nos presenta una vista general de su desaparición. Nos enfrentamos al pasado y su ruina desde un lugar que nos saca del tiempo. Este espacio alquilado, sala de espera que contiene un recuerdo de Venecia, nos lleva a transitar por un puente, para asomarnos al estado de cosas del arte, y vemos lo que inefablemente ocurrió en el futuro: la desaparición de las potencias del siglo XX y el sinsentido de los nacionalismos.

“¿Por qué importa centrarse en el modelo de Venecia?”, se pregunta Jaar. “Porque los artistas crean modelos para pensar el mundo. ¿Si se mira hoy al estado del mundo actual, que vemos? Vemos muros que se erigen, vemos inmigrantes expulsados, vemos como crece el desequilibrio entre ricos y pobres, vemos economías que colapsan” [2]

 

Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia, depósito de metal, modelo del Giardini en resina a escala 1:60, sistema hidráulico, 100 cm x 500 cm x 500 cm; estructura de madera, metal, 100 cm x 1600 cm x 1400 cm. Foto: Agostino Osio

Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia, depósito de metal, modelo del Giardini en resina a escala 1:60, sistema hidráulico, 100 cm x 500 cm x 500 cm; estructura de madera, metal, 100 cm x 1600 cm x 1400 cm. Foto: Agostino Osio

 

Venezia, Venezia quizás desconcierta. Mas allá del humor del dispositivo mecánico que insiste en sumergir La Biennale cada tres minutos, el artista realiza una operación crítica hacia la institucionalidad de la grisácea bienal histórica de la cual él mismo forma parte. Jaar indica que la obra es un llamado “melancólico” a pensar en cómo representar la cultura contemporánea en un contexto global-mundial. La melancolía histórica de la instalación nos recuerda que está representando la bienal como monumento. Asimismo, la obra no demanda la inscripción de los excluidos en el jardín, no pide un nuevo mausoleo para cada región no representada, sino que ahoga el discurso obsoleto que originó esa exclusión. Si todo lo que se construye se basa en un modelo de pensamiento, un nuevo modelo tendrá que surgir cuando éste haya desaparecido y tenemos la responsabilidad de pensarlo durante los tres minutos en que estamos contemplando el agua turbia de Venecia.

 


[1] Jaar, Alfredo. Notas sobre Venezia, Venezia. 2013.

[2] Jaar, Alfredo. Notas sobre Venezia, Venezia. 2013.

*Imagen destacada: Alfredo Jaar, detalle de la instalación Venezia, Venezia para el Pabellón de Chile en la 55va Bienal de Venecia, depósito de metal, modelo del Giardini en resina a escala 1:60, sistema hidráulico, 100 cm x 500 cm x 500 cm; estructura de madera, metal, 100 cm x 1600 cm x 1400 cm. Foto: Agostino Osio

 

 

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Claudia Del Fierro

Nace en Santiago, en 1974. Es artista visual y actualmente vive en Berlín. Es Licenciada en Artes Plásticas y Magíster en Artes Visuales por la Universidad de Chile, y Master of Arts, Critical and Pedagogical Studies, Malmö Konsthögskola, Universidad de Lund. Del Fierro trabaja en una variedad de medios, incluyendo video, fotografía e instalación. Sus proyectos utilizan la observación, acción y las prácticas performativas para señalar o reconstruir situaciones, por medio de etnografías personales. Uno de los intereses que atraviesan su obra es la relación entre comunidad y su entorno. La artista ha desarrollado su obra entre Sudamérica y Escandinavia. Ha participado en la Bienal Mercosur, Bienal de La Habana y numerosas exposiciones individuales y colectivas en Europa y Sudamérica.