“ La continua metamorfosis de un rostro
permanece fiel a un “aire”, a una
forma evanescente que nada puede captar
pero que habla de la singularidad de un hombre”

“ Todo hombre lleva su rostro, pero nunca el mismo. La ínfima variación de uno de los elementos que le dan forma deshace su orden y significación”

Una cartografía extensa de pliegues, superficies y materiales constituyen las cotas de los mapas que Rosario Perriello exhibe actualmente en la Sala Gasco. Un conjunto de imágenes de adolescentes son vueltos retrato bajo la mirada pictórica. Pintura que se abstiene del uso de los pigmentos y las fluideces de los medios tradicionales, para hacer retornar los rostros de rasgos distendidos, vaciados en el espacio ubicuo, efímero e inmaterial de la red.

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Vista de instalación Si yo fuera tú, me agregaría, de Rosario Perriello, en Sala Gasco. Todas las imágenes son cortesía de la artista

¿Qué persigue esta traducción persistente y obsesiva que insiste ordenada y sistemáticamente en superponer objetos desechados para reconstruir la planimetría barroca de una singularidad desvanecida en la proliferación continua de la web?

¿Cual es el fin de esta dislocación material y discursiva de llevar a la naturaleza material lo que es pura imagen? ¿Ese retorno a la corporeidad a qué responde?

¿Por qué hacer de estas imágenes, cuya naturaleza son el espacio digital, una materialidad que bajo una perspectiva pictórica se pixela con desecho?

Me aventuro a señalar que se trata de una obsesión propia del ojo que mira cargado de historia pictórica, que insiste en los procedimientos de la pintura así como en la propia significación que el rostro adquirió en la modernidad con la institución del retrato y el advenimiento del individualismo.

Esa separación indolente entre cuerpo y alma, resultado de las fracturas del modelo unificado, social y colectivo, daría el lugar al rostro que hoy le asignamos tanto como umbral, como máscara, ventana o escondite.

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Las imágenes que Rosario Perriello utiliza de referencia para esta muestra son aquellos encuadres evanescentes que circulan por internet demandando la mirada deseante a través de poses deformadas por la lente digital y un plano en picada que revela el propio agenciamiento de la producción. Estos adolescentes se observan al mismo tiempo que se registran. Modelo y espectador unidos en la pantalla, imponen su imaginario administrando la forma y la distancia bajo las cuales debemos observarlos.

Diseño de imagen, agenciamiento de la fachada, circulación proliferante, la obra de Rosario Perriello enfatiza en el vaciamiento que la circulación por Internet le hace a estas carencias particulares. Poses reguladas bajo un esquema andrógino que enfatiza en el encuadre de los ojos, allí donde el rostro liso y terso se inscribe como pura superficie y demanda.

La obra de Rosario Perriello pesquisa tales rasgos; su desechabilidad y normalización se tornan, bajo un nuevo encuadre, en la excusa para un retrato. Aquella singularidad, fallidamente solicitada en un medio que no hace más que desmaterializar el cuerpo, retorna corpóreamente, en forma de grilla cromática, artificiosamente organizada. Capas de papel impreso, plásticos, envoltorios y envases son reutilizados siguiendo el mismo proceso que la imagen: recuperados de su destino efímero y contaminante, se vuelven materia prima para la configuración de un reencuadre que enfatiza los rasgos particulares de un rostro.

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Lo que la artista hace bajo el mismo proceder fragmentario de los encuadres digitales es poner en escena la carencia propia de aquellos cuerpos que interpelan al espectador, mientras se definen en un travestismo que maquilla su adolescencia. Allí donde el rostro es el lugar de nuestra individualidad, la superficie que nos caracteriza, el lugar de nuestro cuerpo que exhibimos y la marca aparente de un singularismo, las imágenes “pintadas” de Rosario Perriello vuelven a insertar en el mundo real de los cuerpos esa demanda que es el rostro del otro.

Si el rostro es el lugar de nuestro cuerpo donde se aloja la cultura, la carne de los lenguajes, el idioma de nuestras relaciones bajo el constructo de nuestros gestos, ¿qué imaginario corporal, qué nueva subjetividad nos interpela en esta era de la imagen digital?

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El ejercicio fragmentario y reconstructivo de la obra de Perriello alude a estas preguntas. Lo que sus imágenes insisten en desplegar materialmente es la soledad de una demanda que bajo un modelo encuadra una estética de la superficie, la superficialidad y el vaciamiento de la red en la proliferación constante de presentes, en la ubicuidad de los textos, en la disposición desterritorializada, inmaterial e intangible de los cuerpos. Así como la red provee a las imágenes de un sistema indiscriminado de circulación y consumo, la obra de Perriello inserta el material despojado de su utilidad y circuito en la trama de una imagen que se expone en el espacio institucional del arte.

Se trata, además, de la sobrerotización de una mirada que exhibe y expone abiertamente, bajo el close up morboso de la lente, el reencuadre y cambio de escala, el imaginario estético de cuerpos que adolecen de identidad.

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Rosario Perriello. Nació en Buenos Aires Argentina. Es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Arcis de Santiago, Chile. Ha participado en diferentes  exposiciones colectivas e individuales, entre las que se cuenta “Humedal”, Galería Tajamar, Santiago (2012);  “Súper Glue” , galería YONO, Santiago (2011);, “Paraíso”, Galería Gabriela Mistral, Santiago (2009); Museo Imaginario, Galería Local 2702, Escuela de Arte, Universidad ARCIS, Santiago (2007); Escenario, Galería Pancho Fierro, Lima, Perú (2006); Naturaleza muerta para una vitrina pública, Galería h-10, Valparaíso, Chile; Mimesis, nuevo realismo, Galería Cecilia Palma, Santiago; Estudio Abierto, Buenos Aires, Argentina (2005); Pinturas para intervenir un modelo, Museo de Arte Contemporáneo, Santiago (2002); 3+1, Museo de Arte Contemporáneo, Santiago; Figurativa, Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia, Chile (2001); y Tapada, Galería Posada del Corregidor, Santiago Chile (1998). Obtuvo el primer lugar del concurso Pequeño formato convocado por la  Corporación Balmaceda 1215 de Valparaíso y ha ganado el Fondo de las Artes (FONDART) del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en 2002, 2006, 2009, 2010 y 2012. En el año 2010 fue nominada a la Beca AMA. Actualmente, trabaja como docente en la Universidad Arcis en la cátedra de Color y Pintura.

Alejandra Wolff. Nace en Chile. Es Licenciada en Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Magister en Artes Visuales de la Universidad de Chile y candidata a Doctor en Literatura Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Sus temas de interés circulan en torno a imaginarios y representaciones del cuerpo y la ciudad, así como los estudios visuales, el arte y la literatura latinoamericana. Se desempeña como artista y editora independiente de exposiciones de arte contemporáneo. Es docente en la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Su trabajo pictórico asume las estrategias narrativas del realismo e incorpora imaginarios domésticos cuyas representaciones giran en torno al cuerpo y la objetualidad en su escenario privado. Ha realizado y participado en varias exposiciones en Chile y el extranjero y ha dictado seminarios y ponencias en varios congresos e instituciones.

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Rosario Perriello: Si yo fuera tú, me agregaría

Sala Gasco Arte Contemporáneo, Santo Domingo 1061, Santiago

Del 9 de agosto al 5 de octubre de 2012

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