Hace pocos meses que la terraza y los dos pisos de este espacio artístico de la Universidad Católica están en pie. Galería MACCHINA se inauguró en noviembre de 2010 con la exposición Proyecto Piloto, de Bernardita Bennett y Felipe Sepúlveda, y siguió en marzo su programación con la singular muestra Conversations in Light, de los artistas Tony Hornecker y Manuel Vazquez, una recopilación de los distintos eventos Pale Blue Door del mundo, incluido el de Valparaíso.

Dos exhibiciones más le han seguido: Entrestiempos y, hasta el 15 de julio, La Sombra de un Eco, de Leonardo Portus. MACCHINA se suma así al pequeño circuito de galerías universitarias, pero con una misión más experimental: la de convertirse en una especie de laboratorio de investigaciones visuales contemporáneas. “Lo que hemos querido es traer muestras que sean reflexivas y provocadoras, para que tanto la comunidad como nuestros alumnos puedan verlas y sentirse provocados con ellas”, dice su directora, la artista Mónica Bengoa.

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Inauguración Galería MACCHINA. Cortesía Galería MACCHINA

¿Cómo surge Galería MACCHINA?

La verdad es que el proyecto tiene muchísimos años. Ha sido un anhelo de la Escuela de Arte desde hace más de una década, pero por distintos motivos se fue atrasando. El habernos cambiado de sede y haber llegado a Campus Oriente nos dio un impulso, pero luego surgió el dilema de que el campus era muy costoso por la poca gente que lo habitaba. Aquí cabrían cinco mil personas, pero somos alrededor de 700. Recién el año pasado se decidió que no nos íbamos a San Joaquín y que nos quedaríamos por al menos 10 ó 15 años más. Ésa fue la razón  para tomar la decisión de remodelar e instaurar el espacio.

¿Cuál es el perfil de la galería?

Tener un ambiente de arte contemporáneo en donde convivan producciones desarrolladas en el espacio académico, tanto por alumnos, ex-alumnos, como docentes, pero fundamentalmente crear un puente con el exterior, no sólo para mostrar lo que nosotros hacemos, sino también para atraer a otros. Esta galería funciona por convocatoria abierta, que es algo muy diferente a cualquier espacio de exhibición que se convoca en una escuela de arte.

¿Quiénes y cómo se eligen las obras que se exhiben?

Este año el jurado estuvo conformado por miembros del Comité Asesor de Extensión de la Escuela, los artistas y docentes Voluspa Jarpa, Ricardo Fuentealba, Tomás Rivas y yo. En cuanto a los criterios, no somos distintos a cualquier otro espacio. La idea es abrirse. Nos interesa mucho darle la oportunidad a proyectos externos a la universidad. Eso es un criterio importante; y el otro es que sean investigaciones que aporten a la reflexión del arte contemporáneo. Si las propuestas están hechas por gente que egresó hace poco de las universidades o consolidadas hace mucho, da lo mismo. Lo importante es que sean contemporáneas, reflexivas y que abran el diálogo. Nuestro interés también es lograr que en las siguientes convocatorias participe un mayor número de artistas con una trayectoria mayor, para que tengamos un panorama variado, que vaya desde investigaciones muy nuevas, hasta otras más consagradas. En cuanto a los medios, estamos abiertos a todo

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Proyecto Piloto, de Bernardita Bennett y Felipe Sepúlveda. Vista de instalación. Cortesía Galería MACCHINA

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Proyecto Piloto, de Bernardita Bennett y Felipe Sepúlveda. Vista de instalación. Cortesía Galería MACCHINA

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Proyecto Piloto, de Bernardita Bennett y Felipe Sepúlveda. Vista de instalación. Cortesía Bernardita Bennett

 

El turno de Portus

Además presentar a artistas extranjeros, como en el caso de Conversations in Light, Galería MACCHINA también se ha dedicado a la exhibición de artistas chilenos. En la primera exposición, Proyecto Piloto, se generó un vínculo entre el hacer del oficio manual y la producción digital a través de las obras de Bernardita Bennett y Felipe Sepúlveda. Entrestiempos, una exposición que reunió a Fabiola Burgos, Claudia Müller y Paula Rojas, giró en torno a una reflexión objetual sobre el tiempo y la activación de procesos tecnológicos y orgánicos. Las artistas son tituladas de la Universidad Católica de Valparaíso, la Universidad Finis Terrae, y el Arcis.

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Entrestiempos, vista de instalación. Obras de Fabiola Burgos, Claudia Müller y Paula Rojas. Foto: Patricia Novoa

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Entrestiempos, vista de instalación. Obras de Fabiola Burgos, Claudia Müller y Paula Rojas.Foto: Patricia Novoa

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Entrestiempos, vista de instalación. Obras de Fabiola Burgos, Claudia Müller y Paula Rojas. Foto: Patricia Novoa

Hasta el 15 de julio, MACCHINA exhibe la obra del artesano retablista y artista visual autodidacta Leonardo Portus, “el artista de mayor trayectoria que tenemos para este año”, según Bengoa.

La Sombra de un Eco se titula la exhibición de Portus, y consiste en la construcción de una maqueta abstracta de un edificio a base de blister de mica transparente del embalaje de microprocesador INTEL -material reciclado de particular belleza proveniente de la tecnología actual- para conjugar en su diseño dos tipologías modernistas de la arquitectura: la super manzana y el edificio placa.

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La Sombra de un Eco, de Leonardo Portus. Vista de instalación. Foto: Patricia Novoa

Con esto, lo que Portus crea es una silueta de dos estilos arquitectónicos para “evocar melancólicamente la integración utópica del arte y la arquitectura, implícitas en las grandes vanguardias del siglo XX”[1].

La maqueta está situada en el suelo de la galería, encima de una serie de espejos que asemejan baldosas, y sobre ella se proyectan imágenes de murales y teselas de cerámica de distintos diseños y colores. Al despliegue de imágenes se suma el audio de canciones tales como la famosa Brazil de Frank Pourcel, que no puede causar sino alegría o risa cuando se escucha, o Playa Solitaria, de Los Rockets, un tema que sin duda tiene un componente de nostalgia.

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La Sombra de un Eco, de Leonardo Portus. Vista de instalación. Foto: Patricia Novoa

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La Sombra de un Eco, de Leonardo Portus. Detalle de instalación. Foto: Patricia Novoa

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La Sombra de un Eco, de Leonardo Portus. Detalle de instalación. Foto: Patricia Novoa

Tengo entendido que además de las exhibiciones organizan charlas con los artistas que exponen…

Todas las muestras van acompañadas de una conversación con el artista. El día de la inauguración tenemos el catálogo listo con las fotos y las descripciones, todo en español y en inglés –cortesía del Instituto Británico de Cultura–, y dos semanas después se hace una nueva invitación para que la gente venga a conversar con el artista y un colaborador. Es un encuentro súper coloquial porque la gente se para a tomar un café y después a comerse una galleta. Partimos con ocho personas y ahora vamos por 40. Nos parece importantísimo poder preguntarle al mismo artista como surgió y evolucionó la idea, y para eso el contacto directo es fundamental.

¿Qué misión cumple la galería en el ámbito académico y en el ámbito de la escena galerística de Santiago?

Son principalmente tres cosas. Primero, la extensión, que vendría a ser la visibilización de la Escuela de Arte tanto para el escenario académico como para el artístico y el público en general. Después está la investigación, propiamente de la muestra que se esté presentando, la cual debe ser un aporte al arte contemporáneo, y también de nuestro catálogo para que pueda retratar todo el proceso de construcción. Finalmente está el diálogo, que vendría a complementar y acercar a los mundos que tenemos como objetivo. La idea es instaurar una galería de investigaciones visuales contemporáneas que traiga muestras reflexivas y provocadoras, tanto para el público, como para nuestros propios alumnos.

Aún así, ¿no les parece que el perfil de MACCHINA aún es bajo y no tan conocido? ¿A qué se debería esto?

A que somos nuevos, llevamos muy poco tiempo, pero están todos al tanto y gratamente sorprendidos. Como artistas visuales estamos todos cruzados, por lo tanto el bajo perfil es relativo. Estamos creciendo.

¿No les juega en contra la ubicación? Lo digo porque Campus Oriente queda lejos de cualquier centro galerístico o espacio cultural.

Eso es lo más complejo, hacer que la gente llegue.

¿No han pensado en hacer algo? ¿Más difusión, por ejemplo?

Sí, estamos tratando de implementar que venga gente de colegios a visitarnos. Mientras más personas vengan mejor. Pero eso es algo que todavía estamos armando con Loreto Matta (la mano derecha de Bengoa).

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Conversations in Light, obras de los artistas Tony Hornecker y Manuel Vazquez. Foto: Manuel Vazquez

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Conversations in Light, obras de los artistas Tony Hornecker y Manuel Vazquez. Foto: Manuel Vazquez

¿Cuáles son los desafíos que quedan por superar?

Necesitamos consolidar un presupuesto porque no tenemos ningún financiamiento oficial de parte de la universidad. Y no puede ser que todo esto dependa solo de esfuerzos personales.

¿Cómo se financian entonces?

Hay un pequeño presupuesto de extensión -que no cubre ni la mitad de los 24 millones de pesos que cuesta anualmente la galería- que da la universidad a modo de visibilizar a la Escuela de Arte, pero el resto ha sido pura gestión para conseguir auspicios. Tenemos a Smartprint para todo lo que es impresión de catálogos, invitaciones y afiches. El Instituto Británico de Cultura nos apoya para que todos nuestros catálogos sean bilingües e hizo posible también la venida de Hornecker y Vazquez; fueron ellos los que los invitaron. También hemos tenido otro auspicio para el cóctel, pero no todo es gratis, porque igual tenemos que desembolsar varios millones al año, alrededor de la mitad de nuestros costos.

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Conversations in Light, obras de los artistas Tony Hornecker y Manuel Vazquez. Foto: Manuel Vazquez

¿Qué esperas a futuro de esta galería?

Garantizarla a largo plazo y poder implementar más ciclos de conversación y ojalá seminarios. Hacer más exposiciones al año es imposible si queremos mantener la calidad que tenemos y si no aumentamos el financiamiento, pero es posible que a las seis muestras que ya sostenemos anualmente podamos agregar una séptima para mostrar las investigaciones visuales de nuestros profesores artistas. Dentro de esas, también esperamos que al menos una sea una invitación para algún artista internacional como lo fueron Tony Hornecker y Manuel Vazquez.


[1] Portus, Leonardo; La Sombra de un Eco; Galería Macchina. Texto de la exhibición.

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Ignacia Inostroza

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