Régimen: A dramatis personae

Alexander Apóstol, Gallinero feroz, 1992-1994. Cortesía del artista y Galería mor Charpentier

EL GALLINERO FEROZ (O EL ARCHIPIÉLAGO DE LENTEJUELAS) DE ALEXANDER APÓSTOL

El trabajo de Apóstol, ausente en los museos venezolanos, aunque no de la comunidad imaginaria del país, más allá de una crítica puntual al cinetismo “como tecnología y magia del estado”, propone una aguda y singular lectura de género que fue modelada en el apogeo de la crisis del sida y que hoy evidencia las falacias autoritarias de la transformación individual y colectiva del capítulo Chávez-Maduro.

ALEXANDER APÓSTOL Y LA MÁSCARA DE LA TRANS-NACIÓN

En la serie «Régimen: A dramatis personae» (2017-2018), Alexander Apóstol parte de un imaginario visual de la Venezuela reciente para elaborar un catálogo fotográfico de la identidad nacional en tiempos de autoritarismo. A través de sujetos sociales concretos, Apóstol muestra retratos de la sociedad civil a partir de la exaltación de sus clichés, físicos o discursivos que, tras ser escogidos de manera sistemática, son convertidos narrativamente en estereotipos, y así proyectados hasta configurar una identidad cultural, a sabiendas de que al hablar de Latinoamérica, los discursos identitarios “son producciones simbólicas vinculadas a determinadas prácticas institucionales de carácter populista”.