ESTATUA DE SÍ MISMA
Una exposición sobre la violencia y la resistencia en comunidades indígenas de México y Perú, que prometía ser un hito en la trayectoria de Adela Goldbard, terminó por naufragar en un montaje mal articulado, una curaduría poco crítica y una gestión institucional negligente. A pesar de la potencia simbólica de algunas imágenes, “Bi xa ra ndumu̱i, aya p’ampay. Enterrar un cadáver / suspender la aflicción” se extravía en una retórica grandilocuente y un exceso de referencias que opacan el núcleo sensible del proyecto.
