LA CAÍDA DEL CIELO: RITUALES PARA SANAR EL MUNDO
Nuestro tiempo es especialista en crear ausencias.
— Ailton Krenak
En las prácticas espirituales de distintos pueblos amazónicos, existen rituales que buscan sostener el equilibrio entre presencias humanas y no humanas. Estos rituales individuales y comunitarios buscan devolver, de manera simbólica y material, aquello que ha sido tomado de la tierra, estableciendo relaciones de mutualismo y de colaboración.
Entre los pueblos Yukuna, Letuamas, Matapí y Tanimuka, el baile del chontaduro constituye una ceremonia ancestral de curación y gratitud. A través de una serie de danzas en las que los danzantes portan máscaras que les permiten transmutarse en espíritus animales —acuáticos, terrestres y aéreos—, ingresan a la maloca —casa comunitaria— para compartir alimento y bebida durante varios días. La máscara no cumple la función de ocultar el rostro; por el contrario, abre la posibilidad de otro cuerpo, permitiendo que quien baila sea habitado temporalmente por espíritus animales que se integran a su propio espíritu.
La ceremonia inicia con una curación colectiva compuesta por rezos y palabras rituales antes del ingreso a la casa comunal, y concluye con el agradecimiento y homenaje a los espíritus de la selva. Uno de los propósitos de todo el ritual es manifestar respeto a los antepasados, a los primeros sabios, a los animales y a las fuerzas que sostienen la selva, renovando así los pactos de convivencia que hacen posible la continuidad de la vida común y, con ella, la posibilidad de sanar el mundo.





Un relato del pueblo Yanomami advierte que, cuando desaparezca el último chamán, desaparecerá también el encargado de sostener las alianzas y el equilibrio del mundo; entonces nadie podrá cargar el cielo y este volverá a caer sobre la tierra, como ocurrió en el origen de los tiempos. La caída del cielo no opera aquí como metáfora, sino como advertencia o un diagnóstico de las rupturas contemporáneas que amenazan las condiciones materiales y simbólicas que hacen posible la continuidad del mundo.
Como señala Bruno Latour: «No hace mucho tiempo, contemplar el cielo significaba reflexionar sobre la materia o la naturaleza. Hoy, nos vemos en presencia de una confusión sociopolítica, pues el agotamiento de la capa de ozono provoca una controversia científica, una disputa política entre el Norte y el Sur, así como importantes cambios estratégicos en la industria. Acostumbrábamos a burlarnos de los pueblos “primitivos” por creer que un desorden en la sociedad amenazaría al orden natural. Ya no nos reímos tanto, porque dejamos de usar aerosoles con miedo de que el cielo caiga sobre nuestras cabezas. Como los ‘primitivos’, tememos a la polución causada por nuestra negligencia, lo que significa, claro, que ni ellos ni nosotros fuimos alguna vez ‘primitivos’». Latour nos devuelve al mito yanomami por una vía inesperada: la caída del cielo ya no es una advertencia lejana, sino una descripción bastante precisa de nuestra condición geopolítica actual.
En nuestro contexto, donde los procesos de mercantilización y consumo de la naturaleza han sobrepasado nuestra capacidad de regenerarla —multiplicando los vacíos y ausencias—, resulta urgente volver la mirada hacia estos pueblos para encontrar herramientas que nos permitan equilibrar nuestras formas modernas de vida con la salud del metabolismo del cuerpo que nos alberga. Esto resulta necesario al detenernos y pensar que las preocupaciones y urgencias que nos atraviesan en este momento son las mismas que tuvieron y continúan existiendo en los pueblos amazónicos.
Tomando el ejemplo de algunas cosmovisiones sudamericanas —particularmente aquellas en las que lo humano, lo animal, lo vegetal y lo mineral participan de un mismo universo simbólico y material—, esta exposición propone desplazar la comprensión de la naturaleza como fuente de recursos a explotar, para pensarla como una red activa de mediaciones materiales, simbólicas y afectivas. En este marco, la noción de ritual vegetal no se plantea como una herramienta instrumental, sino como un sistema de conocimiento capaz de articular percepciones, transformaciones y vínculos entre entidades humanas y no humanas.




La exposición reúne a diez artistas provenientes de El Salvador y Guatemala cuyas prácticas investigan estas zonas de encuentro. Su punto de partida es el reconocimiento de que tanto los cuerpos humanos como los entornos vegetales, animales y minerales que habitan —en este caso, el ecosistema específico que rodea a LFBK— existen en una relación de afectación mutua. Esta condición excede lo biológico: involucra dimensiones simbólicas, técnicas y energéticas que configuran formas específicas de coexistencia.
Junto a las obras, instalaciones y performances, la exposición incorpora la participación de una ingeniera agrónoma y otros agentes vinculados a proyectos que trabajan desde la relación entre territorio, conocimiento y prácticas de cuidado entre lo humano y lo vegetal. Estas participaciones amplían el espacio expositivo hacia el bosque de LFBK y lo presentan como un lugar de encuentro entre distintas formas de comprender y actuar sobre el mundo, articulando la reflexión con experiencias concretas de relación con los ecosistemas.
En este contexto, cada participante ha sido invitado a desarrollar un ritual o ceremonia íntima. El ritual se entiende aquí como una tecnología operativa: un dispositivo capaz de producir espacios reales de afectación mutua entre cuerpos, materiales y entorno. Más que representar una reconciliación entre humanidad y naturaleza, estas prácticas ensayan modos concretos de recomponer vínculos fracturados. Frente a un tiempo marcado por la producción sistemática de ausencias, la exposición propone un espacio para imaginar, activar y sostener formas de relación capaces de impedir, aunque sea provisionalmente, la caída del cielo.
Si el mito yanomami nos advierte que el cielo se sostiene mediante alianzas, quizá la tarea del arte contemporáneo sea ensayar o posibilitar nuevas alianzas allí donde las viejas se han roto.
Obras citadas
-Alimonda, Héctor. Los tormentos de la materia: aportes para una ecología política latinoamericana. Editado por Héctor Alimonda, 1a ed. CLACSO, 2006.
-Kopenawa, Davi y Bruce, Albert. La caída del cielo: palabras de un chamán yanomami. Capitán Swing, 2024.
-Krenak, Aiton. Ideas para postergar el fin del mundo: Pueblos indígenas y medioambiente. Traducción por Rodrigo Alvarez, 1a ed. Prometeo Libros, 2021.
-Museo Etnográfico de Leticia. “Baile del chontaduro.” Museo del Oro, 2024, https://storymaps.arcgis.com/stories/4d410c4ac5f241d8b88a63be977c5429. 2026.
La caída del cielo: Rituales para sanar el mundo se presentó en LFBK Espacios de Creación, San Salvador, hasta el 4 de julio de 2026.
Artistas participantes: Salvador Cúmez, Marié-Noëlle Fontan, Yavheni de León, Ronald Morán, Paula Nicho, Gabriela Novoa, Eugenia PG, Inés Verdugo, Verónica Vides y Cecilia Porras Sáenz (Lia)
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