ADOLFO MARTÍNEZ: POR LA RAZÓN DE LAS COSAS, O LA FUERZA DE LOS OBJETOS
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[lectura breve]
El lustrín automático que pule una bota, el cóndor suspendido que ruidosamente desciende a la tierra, el trapecio oscilante, el tambor golpeado mecánicamente, la yunta que embiste en vaivén o las monedas aplastadas sobre rieles, conforman un paisaje chileno simbólico con todo y sus jerarquías, rituales y castigos normalizados donde se le rinde culto al patrón.
Desde una sensibilidad anclada en lo provincial y en los cruces entre lo rural y lo urbano, la exposición se nutre de imaginarios del mundo popular chileno y las labores que han sido perdidas y olvidadas. Las obras de Adolfo Martínez dialogan con el realismo social, pero desde una economía de medios deliberada en un mundo que avanza cada vez más rápido.

Hay una gran revelación gestada entre las obras que componen Trifulca, Objetos Penitentes de Adolfo Martínez que actualmente se exhibe en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Parque Forestal. A través de este escrito, haré el intento de contarla.
La muestra sugiere reflexiones claras y se enfoca en un tema específico: el vínculo entre la identidad nacional y las dinámicas de poder laborales y simbólicas que han marcado la historia de Chile. En este sentido, la exposición intenta hacer visible y literal un rasgo “chileno” a través de objetos muy propios de nuestra cultura que trabajan al igual que nosotros, en un “sin descanso”.
De manera diestra, el artista nos ofrece obras construidas en base a una serie de manipulaciones escultóricas, con la voluntad de explorar materialmente algunos relatos simbólicos e históricos que definen nuestra identidad y el lugar de los objetos en el imaginario local. Por ello, sus esculturas e instalaciones se piensan, se producen y se ejecutan a través de objetos, sus características materiales y sus significados, lo que hace que las obras dependan de estos para subsistir.


Si bien estas cosas pueden ser representativas de comunidades, clases sociales o temporalidades específicas, algunas obsoletas o ajenas a la realidad de nuestro presente, de igual forma se mantienen cercanas a la cultura general chilena. Sin problema, la mayoría sabrá lo que son, para qué sirven, dónde encontrarlas o qué representan para la historia o la política.
Más allá de su dimensión mecánica, Trifulca también propone una lectura sobre los objetos como depósitos materiales de memoria social. Tambores, botas, yuntas, monedas, cuerdas o insignias aparecen como fragmentos reconocibles de una historia cultural y política compartida. En ese cruce entre materia, trabajo e imaginario colectivo, la muestra tensiona ciertas formas de identidad construidas históricamente en torno al esfuerzo, la obediencia y la productividad.
Esto último me parece interesante: la capacidad que poseen los objetos para reconstruir un paisaje cultural, un territorio o un escenario histórico de manera tan elocuente como acostumbra la imagen de la naturaleza que nos rodea.


Es difícil no relacionar este imaginario con obras fundamentales representativas de “lo criollo” o lo chileno, como las pinturas de Pablo Burchard o las novelas de Mariano Latorre, e incluso José Donoso. Imaginarios que justamente exploraban lo local más allá de su geografía, los relatos oficiales, o imágenes estáticas de progreso, enfocándose en la descripción de fenómenos mucho más complejos, domésticos y sensibles, como las tensiones entre clases sociales, entre la vida rural y la urbana, entre los engranajes que remarcan la construcción de la sociedad “criolla” en Chile. Todos esos relatos, más que una identidad, logran evidenciar las condiciones de un presente colmado de traumas por el trabajo, el poder, el Estado y su deriva histórica.
Creo entonces que lo más valioso de esta muestra -y quizás esta es la revelación- sería el asombro que genera enfrentarse a una máquina que limpia insistentemente una bota, y poder imaginar sin esfuerzo otros contextos u otras condiciones de vida solo a partir de encuentros materiales. Aunque estos temas resuenen reiterativos o redundantes, esta muestra da cuenta de territorios fértiles de pensamiento y acción para el arte contemporáneo, especialmente si se abordan desde ópticas propias de la disciplina, es decir, desde la exploración de la materialidad de las cosas.



Trifulca, Objetos Penitentesde Adolfo Martínez Abarca, curada por Laura Ibáñez Kuzmanic, se presenta hasta el 14 junio de 2026 en el MAC Parque Forestal, Santiago de Chile.
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