SARA GARCÍA: UN VASO DE AGUA SALADA
La práctica de Sara García indaga en la hospitalidad como un gesto de apertura hacia lo desconocido. A partir de plantas recolectadas, arcillas locales y alimentos fermentados, la artista española configura experiencias sensoriales que transforman acciones cotidianas —compartir, ofrecer, probar— en formas de conocimiento y vínculo. Su trabajo se sitúa en ese territorio donde lo doméstico y lo ceremonial convergen, invitando a repensar las maneras en que los cuerpos se relacionan con el entorno y entre sí.
La exposición Un vaso de agua salada, presentada en el Centro Culturas Pérez de la Riva, reúne imágenes, videos, cerámicas, trajes rituales, estructuras de madera y vestigios de acciones efímeras. El conjunto despliega un espacio intermedio entre lo cotidiano y lo ancestral, en el que cada pieza convoca a una experiencia compartida de apertura y resonancia. Muchas de las obras son de reciente producción y se exhiben por primera vez en España.
El título de la muestra remite a un ritual vietnamita descrito por Vinciane Despret, donde probar el agua de un pozo permite comunicarse con los ancestros. Fascinada por esta conexión entre gusto y memoria, García incorpora la metáfora del “vaso de agua salada” como un modo de activar formas sensibles de percepción, hospitalidad y transmisión.


La exposición reúne tres proyectos recientes que nacen de un procedimiento lento: largos periodos de investigación en fuentes escritas, conocimiento directo del territorio, manipulación de materiales naturales y experimentación alimentaria. Desde allí, la artista convoca encuentros performativos en los que comparte alimentos elaborados por ella misma.
Sus obras capturan tanto el preludio como la huella de esos encuentros: la vajilla, las dudas de los comensales, el origen de los ingredientes y los restos de las ofrendas. Las piezas activan en quien las contempla la posibilidad de probar, oler, escuchar y observar, y muestran que recibir al otro —sea un microorganismo, un visitante o un ser querido ausente— supone siempre entregarse a lo desconocido.

Sara García, Fuegos de alto grado, 2022. Vasijas realizadas con varios tipos de barro recolectado y gres blanco. Esmaltes realizados con restos de varias plantas no identificadas de un vecino; hierbas, hojas de abedul, hojas de chopo; y cardo de los terrenos aledaños a la FCAYC. Contenedores de vidrio. Tela negra, 400cm de diámetro. Estructuras de madera pintadas. Cerezas en fermentación láctica y deshidratadas; hongos en fermentación láctica, infusionados en agave y deshidratados; miel en fermentación láctica con romero; sopa de miso a base de habas de Cerezales y cebada; dulce de leche con miso de habas y de cebada de Cerezales; mantequilla con miso hecho de maíz y arroz de Cerezales; tempeh de habas de Cerezales; tempeh de muelas; pan negro con carbón activado; bebida de tomillo y lavanda fermentada en una colonia simbiótica de bacterias y levaduras; bebida de malva y rosa fermentada en una colonia simbiótica de bacterias y levaduras; bebida de manzanilla y trébol fermentada en una colonia simbiótica de bacterias y levaduras; bebida de remolacha fermentada en una colonia simbiótica de bacterias y levaduras; sal negra; remolacha ahumada, en fermentación láctica, inoculada con koji y deshidratada; aceite de garum de polen de abeja; nueces con garum de polen de abeja; koji de cebada; koji de trigo.
FUEGOS DE ALTO GRADO
Este proyecto explora el comensalismo y las relaciones de cuidado entre humanos y otros seres —plantas, hongos y bacterias—, replanteando la hospitalidad, la cooperación y el vínculo con la tierra a través de la práctica artística y los alimentos. Se estructura en tres fases: la recolección de materiales naturales (arcillas y plantas) para producir vasijas y esmaltes; la transformación de alimentos locales mediante microorganismos; y, finalmente, encuentros colectivos donde se comparten saberes y comidas, generando una conexión sensorial y afectiva con el entorno.



MOULDING MOURNING MOUTHS
Aquí, García reflexiona sobre el duelo planetario por la pérdida de biodiversidad y los efectos extractivos de la alimentación. En la sala se presentan un traje y una máscara elaborados con apliques de pan y utilizados en performances realizadas en Ostende y Tournai (Bélgica) en noviembre de 2025, dentro del programa Rituales del Festival Europalia. Un video documenta ceremonias en las que la artista ofrece pan a la Tierra, a seres más-que-humanos y al público, retomando la dimensión ancestral de este alimento como símbolo de hospitalidad, muerte y renacimiento.
El pan, presente en rituales desde hace 14.000 años, vincula lo sagrado con lo cotidiano y acompaña la evolución de la agricultura: del trigo salvaje al cultivo intensivo que transformó nuestra relación con el planeta. El proyecto trae al presente rituales agrícolas y funerarios vinculados al pan —desde los cultos a Osiris hasta tradiciones asturianas como la puya l’ramu— para subrayar nuestra interdependencia con otras especies y la posibilidad de una hospitalidad ética hacia la diferencia.

NUNCA SE SABRÁ CÓMO HAY QUE CONTAR ESTO
El video muestra un amasado de pan que dura casi nueve minutos. La masa comienza clara, blanca y luminosa, y progresivamente se oscurece hasta confundirse con el fondo. La imagen, de carácter hipnótico, alude a la integración de lo desconocido y a la transformación de aquello que ingresa al cuerpo, como si la masa procesara en tiempo real la tensión entre materia, memoria e incertidumbre.
SARA GARCÍA: UN VASO DE AGUA SALADA
Comisariada por Nuevos públicos/oficina curatorial.
C.C. Pérez de la Riva, Calle Principado de Asturias, 28, Las Rozas, Madrid
13 de noviembre – 11 de diciembre de 2025
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