MACARENA CUEVAS: MATERIA MUERTA, ENCONTRADA DE LUZ
La práctica artística de Macarena Cuevas (Chile, 1994) se centra en una investigación material que surge del acto de «aprender haciendo». Sus últimos procedimientos parten de la recolección de objetos en el espacio público, que luego transforma en esculturas a través de técnicas de vaciado y fundición en metal. El resultado son objetos de carácter ambiguo que invitan al espectador a interrogar el origen de sus formas, a desafiar su percepción del espacio y del tiempo, lo real y lo ilusorio, en un juego constante de revelación y misterio.
Cuevas concibe sus esculturas como elementos que activan el espacio que ocupan. Lejos de ser objetos autónomos, actúan como intermediarios que alteran y resignifican su entorno, estableciendo una interacción desconcertante y abierta, sin significados cerrados. A través de reflejos, dobleces y juegos de luz y sombra, los materiales empleados cobran una agencia vívida y misteriosa, como si su condición inerte adquiriera vida propia.
Algunas de sus esculturas incorporan afiladas estructuras de soporte, reminiscentes de garfios de carnicero o sistemas de tortura, lo que intensifica la lectura de sus obras como un testimonio de las acciones humanas más terroríficas y del absurdo de nuestras concepciones de progreso y utilidad.
Al deambular por la ciudad, Macarena recolecta desperdicios, restos de accidentes y vestigios de una actividad humana marcada por su frenética búsqueda de lo nuevo y un consumo voraz, para crear con ellos dispositivos de artificio. Esta práctica, explica la artista, se inspira en la Teoría de la bolsa de la ficción de Ursula K. Le Guin, quien sostiene que la ficción no solo narra hazañas heroicas, sino que también sirve para transmitir y preservar saberes vitales, como la forma de recolectar, almacenar y proteger los recursos necesarios para la supervivencia.

Las esculturas de Cuevas son fragmentos de realidad que reflejan contradicciones materiales y simbólicas. Moldes industriales, partes de automóviles y contenedores de uso efímero, que han perdido su función original, adquieren una dimensión estética en el acto de ser recolectados y alterados. En su esencia, estas estructuras aluden a lo transitorio y a la naturaleza pasajera del tiempo. Al agruparse, crean una atmósfera de desencanto en la que los seres humanos somos apenas una partícula insignificante dentro de un todo mayor.
Para Cuevas, el acto de recolectar y dar nueva vida a los objetos, a la vez que expone la lógica desechable de lo humano, invita a reconsiderar la brecha entre la apariencia de los materiales y su realidad tangible. Reconfigurar lo desechado en una obra de arte representa, en última instancia, una reflexión sobre la profundidad simbólica y el potencial de las cosas, más allá de su uso inmediato o de su función práctica.
Macarena asegura que su práctica encuentra resonancia en la “ecología oscura” de Timothy Morton, quien cuestiona la concepción humana de la naturaleza como un recurso disponible y subalterno. Esta postura filosófica se expresa en la obra de Cuevas no como activismo ambiental directo, sino a través de una relación crítica y arqueológica con los objetos que toma, manipula y recontextualiza.

En su actual exposición Materia Muerta, Encontrada de Luz, abierta hasta el 22 de diciembre en el Museo de Artes Visuales – MAVI UC de Santiago, Cuevas presenta un conjunto de 20 piezas inéditas, creadas especialmente para la ocasión, que celebra su reconocimiento con el Premio MAVI UC Arte Joven 2023.
El título de la muestra proviene de un verso del poema Nieve de primavera de la poeta estadounidense Louise Glück, a quien la artista ha citado en trabajos anteriores. La imagen de la luz de la luna reflejada sobre la tierra, evocada en el poema, se traduce aquí en los destellos y los negros profundos de las esculturas, acentuados por un cuidado trabajo de iluminación. En esta exposición, los efectos lumínicos y el acto de recorrer el espacio adquieren una relevancia casi equivalente a la de las propias obras. Así, ‘Materia muerta’ se refiere a estos objetos descartados que, tras su transmutación material, emergen como ‘encontrados de luz’, es decir, como tesoros resignificados desde una nueva perspectiva.

La exposición se divide en cuatro series de esculturas. La primera, Esquirlas, está formada por 10 piezas hechas en aluminio fundido mediante la técnica de molde perdido, utilizando como matriz fragmentos de poliestireno expandido, un material comúnmente empleado para proteger objetos frágiles durante el transporte.
Lo primero que llama la atención al observar detenidamente cada escultura es su apariencia engañosa. Es preciso golpear ligeramente sobre la superficie para verificar que, en realidad, se trata de un objeto macizo de aluminio. Cuevas genera una fascinante tensión entre la ligereza del material original y la densidad del metal, efecto que amplifica con la suspensión de estas pesadas piezas en el espacio.
La instalación Esquirlas despliega una ingeniosa tensión formal entre lo arcaico y lo futurista. Las esculturas bien podrían ser reliquias de un pasado remoto o vestigios de un tiempo aún por venir, piezas de una colección arqueológica perteneciente a una civilización perdida, donde las tecnologías más avanzadas conviven con técnicas tan antiguas como el fundido de metales. ¿Estamos, acaso, frente a tótems de un neoliberalismo tan hiperproductivo como ferozmente destructivo?

En la misma sala se encuentra Sombras, dos piezas de auto recubiertas con una pintura negra de alta absorción (Black 3.0), que les otorga la apariencia de un recorte, un vacío o incluso un agujero en el espacio. Estas obras juegan con el efecto de trampantojo: ¿son planas o tridimensionales? ¿Flotan en el espacio o se funden con él? La artista parece emplear estos trucos de percepción de manera intencionada, aunque podrían también ser fruto de una exploración abierta a la sorpresa, más que de una búsqueda de resultados definidos.

Ambos trabajos resuenan con El ojo se acostumbra a las desapariciones, la obra por la que Cuevas recibió el Premio MAVI UC Arte Joven 2023. En esta pieza, un elemento que formaba parte de un paradero de buses, quemado y deformado tras las manifestaciones de octubre de 2019, conserva su forma original. Sin embargo, la artista quiso borrar cualquier rastro de su procedencia y carga política al recubrirlo con el pigmento negro intenso. Al acentuar su silueta y dotarlo de una ambigüedad material, Macarena nos invita a cuestionar de qué está hecho, cuál es su peso y volumen, cuál es su origen.
Macarena Cuevas, El ojo se acostumbra a las desapariciones, 2023. Pintura Black 3.0 sobre acrílico encontrado. Medidas variables. Cortesía de la artista
En el piso superior se presentan la serie Incruentas, compuesta por dos capós de automóvil a los que se les ha removido la pintura y pulido hasta lograr una superficie espejada, y Dobles, conformada por un parachoques doblado y tres réplicas de este, creadas en bioplástico y resina. Ambas series pueden leerse en relación con la materialidad y el simbolismo del automóvil desde una perspectiva de crítica cultural, consumo, reproducción y serialidad en el arte contemporáneo.
Al verlas, recordé el trabajo del artista estadounidense John Chamberlain, célebre por sus obras con piezas de automóvil de metal triturado y llenas de color. Estas grandes esculturas, que combinan el vigor gestual del expresionismo abstracto con el consumismo vernáculo del arte pop, surgieron en un momento en que el automóvil en Estados Unidos era símbolo de libertad, estatus social y tecnología avanzada. Lo que planteaba Chamberlain era tanto una crítica como una glorificación de la cultura consumista estadounidense.

Pero las esculturas de Cuevas creadas con partes de automóviles apuntan más bien hacia una reinterpretación del minimalismo al integrar la teatralidad y la ilusión perceptual, dos conceptos profundamente analizados por Michael Fried y Rosalind Krauss. Para Fried, el minimalismo (o “literalismo”) produce una experiencia “teatral” en la que la obra demanda la presencia activa del espectador para cobrar significado. Esta necesidad de interacción transforma la obra en una experiencia espacial, es decir, en algo que depende del contexto y del entorno inmediato, alejándose de la autonomía y autosuficiencia que él valora en el modernismo.
Rosalind Krauss, en cambio, subraya el potencial ilusorio y ambiguo del minimalismo, que contradicen su apariencia inicial de neutralidad. Según Krauss, las esculturas minimalistas generan experiencias perceptuales inestables que invitan al espectador a confrontar sus propias certezas visuales. A través de su proximidad y ángulos de observación cambiantes, la percepción se transforma, revelando en la obra una dualidad entre presencia y opacidad.
En las esculturas de Cuevas, el «engaño perceptual» funciona de manera similar. Aunque estos objetos mantienen formas reconocibles como componentes automotrices, la intervención de la artista –mediante pulido, replicación y modificaciones de color– genera una ambigüedad que oculta su origen industrial.
Este tratamiento resignifica los objetos como entidades visuales autónomas, invitando al espectador a reconsiderar sus connotaciones de consumo y desecho desde una nueva perspectiva simbólica. Cuevas nos incita a «suspender el juicio», permitiendo que la experiencia estética y sensorial prime y que surja, de manera orgánica, una mezcla de familiaridad y extrañamiento en la relación con estos objetos transformados.
Otras dos obras en la exposición, una fotografía y un video, derivan de las esculturas y nutren el relato de ficción especulativa de Materia Muerta, Encontrada de Luz. El video Junk City (Ciudad Basura), inspirado en la serie Esquirlas, presenta una fantasía apocalíptica en la que las piezas de poliestireno expandido configuran una mina a cielo abierto en el desierto de Atacama, cuyo producto —los Cristales Esquirla del plumavit— son explotados.

Para crear este ensayo audiovisual, Cuevas colaboró con la artista digital Valentina Maldonado, quien modeló en 3D cada una de las piezas mediante la técnica de fotogrametría. La intención era imaginar estas esculturas a una escala mayor como parte de un relato fantástico sobre el consumo y el extractivismo.
Ciudad Basura se inserta en contextos imaginarios y absurdos de un futuro distópico, donde sus habitantes llevan más de 60 años explotando los cristales del cercano Yacimiento Esquirla. Para extraerlos, utilizan la garriña, una herramienta de acero que imita las garras de aves rapaces. Mientras el yacimiento sigue rebosante del cristal que será destinado al empaque de productos de lujo, los ecologistas advierten que esta extracción desmesurada podría desencadenar consecuencias catastróficas y sistémicas.
En el piso superior, junto a las obras hechas con partes de autos, se ubica Incruenta, una fotografía tomada por Ignacio Gutiérrez en la que la artista recrea una célebre imagen moderna: el llamado «suicidio más hermoso». En 1947, Evelyn McHale saltó desde el piso 86 del Empire State Building en Nueva York y, al caer, impactó contra una limusina de las Naciones Unidas estacionada en la calle 34.
Robert Wiles, estudiante de fotografía en ese momento, capturó la imagen apenas unos instantes después, convirtiéndola en una de las más enigmáticas de la cultura popular estadounidense. En su nota de suicidio, McHale pidió que su cuerpo fuera incinerado sin ser mostrado. Sin embargo, tras ser publicada en la portada de Life, la fotografía no ha dejado de circular. En su deseo de desaparecer, McHale logró todo lo contrario.
Macarena Cuevas quedó profundamente impactada por esta fotografía, que resonó con las piezas de su serie Incruentas, creadas a partir de capós de autos siniestrados. En su reconstrucción de la escena, la artista yace sobre una de estas esculturas, su cuerpo lánguido, como el de Evelyn McHale, postrado sobre el metal frío. Cuevas sigue los pasos de otros artistas que se han apropiado y reinterpretado esta mítica imagen, desde Andy Warhol hasta la banda R.E.M. y la cantante Taylor Swift.
A pesar de la tragedia que encierra, esta fotografía ofrece una imagen “incruenta”: no hay sangre ni vísceras, solo sublimidad y una aparente serenidad. Es el perturbador encanto de un bello cadáver. Como dijo Edgar Allan Poe, «la muerte de una mujer hermosa es, sin duda, el tema más poético del mundo».

Materia Muerta, Encontrada de Luz, de Macarena Cuevas, se encuentra abierta hasta el 22 de diciembre de 2024 en el Museo de Artes Visuales – MAVI UC, José Victorino Lastarria 307, Plaza Mulato Gil de Castro, Santiago de Chile.
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