LA TEXTURA DE LA MEMORIA. ARCHIVO Y BORRAMIENTO EN LA OBRA DE MAURICIO SAMAYOA
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[lectura breve]
En el marco de la residencia del artista salvadoreño Mauricio Samayoa (1989) en Lab of Experimental Art (LEA), en Madrid, se realizó un conversatorio en el que participaron el curador de la residencia, Jorge de la Cruz, la curadora Josseline Pinto y el propio artista. A partir de ese intercambio, este texto recorre las principales líneas de su práctica reciente, desde las series Memory Bundles y Bit by Bit hasta las nuevas obras desarrolladas durante su estancia en LEA.
A través de estos cuerpos de trabajo, Samayoa explora la identidad como un lugar inestable donde toda reconstrucción implica también borrar, ocultar y reorganizar. El artista transforma documentos personales, fotografías y rastros biográficos en dispositivos que cuestionan las formas en que la experiencia individual se archiva, se administra y, en ocasiones, se vuelve deliberadamente inaccesible. Desde allí, indaga en las nociones de archivo, trauma, migración e historia política de El Salvador, articulando una práctica en la que la ausencia adquiere tanto peso como aquello que permanece visible.

La memoria es táctil. El cuerpo le dice a la memoria qué recordar. Le dice cómo tocar un instrumento después de 20 años y cómo se siente volver o alejarse de casa. El trabajo artístico de Mauricio Samayoa (San Vicente, El Salvador, 1989), no tiende a leerse como un ejercicio de memoria, pero a medida que el artista se reexplora, es claro que se trata de la búsqueda de su identidad a partir de la destrucción de la misma.
Nacido en El Salvador, desde muy joven encontró su vocación artística. Para poder desarrollarla y salir de un contexto político inestable, Samayoa se muda a Buenos Aires en un autoexilio premeditado. Desde allí, la exploración de su identidad se siente más abstracta, más segura. La construcción de la memoria comienza a asentarse no en la urgencia del presente, sino en el proceso de borramiento de traumas y la calma meditativa de poder reconstruir y rehacer un archivo personal.
Es de ahí donde surgen los Memory Bundles, dispositivos iconoclastas que reúnen documentos originales, fotografías, obras de arte, dibujos de la infancia, certificados importantes, en una carpeta imposible de abrir. Cada acta del expediente se pega con un engrudo industrial para impedir su consulta, para cerrar la posibilidad de reabrir esa memoria. Este paquete se convierte en un anti-archivo, una estructura de memoria borrada. Sabemos que su acta de nacimiento, su certificado de matrimonio, los informes que lo constituyen como ciudadano en un sistema de datos están ahí, pero ahora son inaccesibles.
Más que un juego macabro de manipulación o un gesto de censura, se trata de una operación sobre las condiciones mismas del acceso a la información. Foucault describe el archivo como un sistema de funcionamiento[1]: no se trata de la suma de sus contenidos, sino de las relaciones entre enunciados que emergen a partir de sus reglas de operación. En ese sentido, escribe que “entre la tradición y el olvido, el archivo hace aparecer las reglas de una práctica que permite a la vez a los enunciados subsistir y modificarse regularmente”. ¿Qué ocurre, entonces, cuando el archivo existe, pero ha sido clausurado deliberadamente? El artista no solo plantea la necesidad de reescribir su historia bajo sus propias reglas, sino que también activa una lectura más inquietante: la forma en la que el poder administra la memoria.


El 27 de marzo de 2022, la Asamblea Legislativa de El Salvador aprobó el estado de excepción que sigue vigente hasta hoy (junio de 2026). Como una estrategia para “luchar contra la delincuencia”, esta medida ha provocado (según cifras oficiales)[2] una reducción drástica de los homicidios contabilizados en el país. En agosto de 2025, el gobierno del presidente Nayib Bukele declaró 1.000 días no consecutivos sin registrar homicidios. Sin embargo, este escenario convive con más de 81.900 personas detenidas y más de 300 muertes bajo custodia estatal, muchas sin debido proceso[3].
Más allá de la transformación de la vida cotidiana en el país, lo que aquí interesa es volver al archivo, a la memoria. La memoria histórica no se limita al recuerdo de la guerra civil; también implica cómo una sociedad documenta, gestiona y permite -o impide- el acceso a los registros de la violencia presente. ¿Cómo maneja el Estado los archivos de sus detenidos? ¿Cómo conserva los registros de la guerra civil entre 1979 y 1992? ¿Qué formas de opacidad produce? En este contexto, los Memory Bundles pueden leerse como una metáfora material de esos sistemas de clausura: archivos que existen, pero cuya consulta ha sido bloqueada.
Aunque la obra de Samayoa trastoca la memoria a un nivel profundamente personal, esta destrucción simbólica de su identidad dentro de los sistemas institucionales y familiares no es ajena a la realidad política de su país. Ambas dimensiones dialogan mutuamente. En ese cruce, emerge un comentario implícito sobre el efecto que la política salvadoreña ha tenido en su vida personal y familiar y un cuestionamiento constante sobre esa opresión disfrazada de libertad.

BITS DE SAL
Este texto se escribe en el marco de la residencia artística de Mauricio en Lab of Experimental Art (LEA)[4], en Madrid. Para el artista, esta instancia representa una oportunidad para redefinir su práctica y experimentar con nuevos medios en relación con sus series anteriores.
Anteriormente, en paralelo a los Memory Bundles, su serie de trabajo Bit by Bit suponía un ejercicio meditativo e incisivo sobre el papel. Si los primeros operan como dispositivos de clausura, esta serie propone una reconfiguración del archivo desde su descomposición. Con una técnica milimétrica, y casi quirúrgica, el artista corta el papel con un bisturí para crear una retícula aleatoria que libera la textura del papel entre vacíos y sombras. Aunque una primera lectura nos invita a mirar el trabajo desde su estética y formalidad, el proceso revela cómo, en palabras del artista, “se transforman recuerdos específicos en mapas de bits abstractos que reflejan temas de identidad cultural, tiempo y la naturaleza repetitiva de las acciones disciplinarias”.
Esta práctica, rigurosa y obsesiva, funciona también como una forma de meditación: cada gesto está sometido a control, mientras la estructura general se abre a la contingencia. Entre disciplina y deriva, el dibujo se convierte en un campo de procesamiento de la memoria. En este sentido, surgen algunas preguntas: ¿Cómo se verían los documentos de los Memory Bundles en un lenguaje informático? ¿Cómo se codifica la identidad? Bit by Bit puede entenderse como un sistema de transcripción donde la memoria deja de ser narrativa para volverse estructura. El resultado es un archivo inventado, igualmente inaccesible, donde los rastros se reorganizan en otro lenguaje y donde el aislamiento del proceso termina por borrar el gesto humano como una capa adicional de ocultamiento.
Las nuevas obras presentadas en LEA introducen un desplazamiento más explícito hacia la relación del artista con El Salvador. En conversaciones sostenidas durante la residencia, emerge una necesidad de rearticular su vínculo con el país desde una posición más consciente y situada. No se trata simplemente de asumirse como artista salvadoreño, sino de interrogar qué implica esa identidad y desde dónde se enuncia, viviendo actualmente en Birmingham. Este proceso de reflexión incluye reconocer las verdaderas razones políticas y familiares que lo hicieron salir del país, los recuerdos de su infancia, su relación actual con su familia, entre otras experiencias que comienzan a salir después de procesar el trauma de su salida.
Ya en series anteriores, a través del concepto de memoria, aparecen dimensiones biográficas. En Bit by Bit, por ejemplo, el artista vincula su práctica repetitiva con experiencias formativas en un entorno educativo católico, donde la disciplina, el castigo y la repetición estructuraban el aprendizaje. La escritura reiterativa, las planas de caligrafía y las manualidades aparecen aquí como antecedentes directos de su método de trabajo. A esto se suma la memoria de las labores manuales como el bordado y la costura realizadas en espacios domésticos, entendidos como refugios frente a un entorno hostil. En este cruce, el bit, unidad mínima de información, se transforma en una unidad de experiencia: un gesto mínimo que construye imagen, memoria y estructura.

Esta lógica se expande en la instalación presentada en LEA, donde los cortes del papel se traducen en granos de sal que conforman una alfombra al centro del espacio expositivo. Las alfombras de sal son una tradición de la Semana Santa en El Salvador, elaboradas colectivamente en el espacio público para marcar el paso de las procesiones. Se trata de imágenes destinadas a desaparecer. Anteriormente, las alfombras eran hechas de aserrín de madera como en otros países como Guatemala, pero debido a la desaparición del trabajo de carpintería más barrial, los salvadoreños comenzaron a hacerlas de sal teñida con anilina.
El artista recupera aquí una memoria de infancia: levantarse temprano, diseñar la composición, arrodillarse en la calle y trabajar durante horas en una imagen efímera. Una imagen que, inevitablemente, será destruida. Al paso de la procesión, el diseño queda revuelto, todos los colores forman uno solo. Es de allí donde surge la metáfora de una alfombra uniforme, totalmente blanca. El dispositivo de la alfombra es un nuevo bundle: un dispositivo de memoria que, aunque visible, permanece intocable, frágil y condenado a su desaparición.



Durante la residencia, también se crearon nuevas obras en papel que recuerdan a los primeros ejercicios del artista. Con más color y menos rigidez, las imágenes del papel saltan de la cuadrícula ante nuestros ojos. El Dibujo 4, por ejemplo, es una ilustración de archivo del “Árbol de Fuego”, uno de los más comunes de El Salvador, y aunque es una imagen figurativa, es clara la cuadrícula en el fondo del papel que intenta controlar y contener estos recuerdos.
Dibujo 2, es también una alusión a la naturaleza, en este caso vista desde arriba, contradiciendo su usual punto de vista y permitiendo transmitir lo aleatorio de lo natural en tensión con la necesidad humana de ordenamiento. La memoria como tema principal sigue presente en obras como Dibujo 6. Esta es una reinterpretación de la fotografía de pequeño que aparece en la portada del Memory Bundle titulado “Mau”. En la imagen se ve al artista de niño en un campo con vegetación completamente seca. El dibujo es un intento de reconstruir la imagen a través de técnicas de reintegración pictórica usadas para reconstruir la pérdida de color o información en una imagen. Intentando restaurar cromáticamente la imagen desde cero, el artista borra del centro la figura de sí mismo, dejando solamente el paisaje y el color del fondo, formándose otra vez al borrarse del relato y el recuerdo.
La obra de Mauricio Samayoa es un ejercicio de reconstrucción de la memoria a través de su borramiento. Una intención de recordar a partir del olvido. El artista nos recuerda que la memoria es algo que se puede interpretar como información, pero también como un gesto. Un gesto táctil que levanta el papel para crear texturas que podrían describir memorias en un nuevo lenguaje, uno que a veces ejerce más control sobre la realidad de lo que debería.


BIBLIOGRAFÍA
Foucault, M. (1969). La arqueología del saber. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina S.A. https://monoskop.org/images/b/b2/Foucault_Michel_La_arqueologia_del_saber.pdf
Human Rights Watch. (2024). El Salvador. En World Report 2024. https://www.hrw.org/es/world-report/2024/country-chapters/el-salvador
Human Rights Watch. (2026). El Salvador. En World Report 2026. https://www.hrw.org/es/world-report/2026/country-chapters/el-salvador
Human Rights Watch. (s. f.). El Salvador. https://www.hrw.org/es/americas/el-salvador
Krauss, R. (1979). Grids. October, 9, 50–64. https://imprografika.com/wp-content/uploads/2024/08/Krauss-Grids-1979.pdf
Policía Nacional Civil de El Salvador. (2025, enero 8). El año 2024 se posiciona como el más seguro de la historia de El Salvador. https://www.pnc.gob.sv/el-2024-se-posiciona-como-el-mas-seguro-de-la-historia-de-el-salvador/
Samayoa, M. (s. f.). Sitio web oficial. https://mausamayoa.com
Vivanco, J. M. (2020, noviembre 9). Con el respaldo de Bukele, el Ejército bloquea una investigación sobre la masacre de El Mozote. Los Angeles Times en Español. https://www.latimes.com/espanol/opinion/articulo/2020-11-09/con-el-respaldo-de-bukele-el-ejercito-bloquea-una-investigacion-sobre-la-masacre-de-el-mozote
[1] Foucault, M. (1969). La arqueología del saber. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina S.A. https://monoskop.org/images/b/b2/Foucault_Michel_La_arqueologia_del_saber.pdf
[2] Policía Nacional Civil de El Salvador. (2025, enero 8). El año 2024 se posiciona como el más seguro de la historia de El Salvador. https://www.pnc.gob.sv/el-2024-se-posiciona-como-el-mas-seguro-de-la-historia-de-el-salvador/
[3] Human Rights Watch. (2026). El Salvador. En World Report 2026. https://www.hrw.org/es/world-report/2026/country-chapters/el-salvador
[4] LEA es un laboratorio de experimentación artística en Madrid que busca hacer el mundo del arte más sostenible, auténtico y accesible. Ofrece a los artistas un espacio seguro de creación, con residencias, acompañamiento profesional y conexión con instituciones culturales. Al mismo tiempo, involucra a empresas y público a través de un club de mecenazgo que apoya la producción artística y fomenta la circulación y colección de obras, ampliando su impacto más allá del espacio físico hacia experiencias culturales a nivel nacional e internacional. https://www.labofexperimentalart.com/
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