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KÜTRAL VARGAS HUAIQUIMILLA: PERFORMAR LA SANGRE, HABITAR SU FLUJO, DIMENSIONAR LA HERIDA

La exposición Performance de la sangre, de la artista visual, escritora y performer mapuche Kütral Vargas Huaiquimilla (Calbuco, Chile, 1989), propone un recorrido íntimo sobre la experiencia de vivir con VIH a través instalaciones, video-performances, esculturas y obra gráfica.

El proyecto, que se presenta hasta el 18 de abril en la Galería Gabriela Mistral, surge de una investigación interdisciplinaria que cruza poesía, performance, farmacología y tecnologías, y se vincula con debates sobre salud pública, derechos, educación sexual y memoria social del VIH. Aunque parte de una experiencia específica, la artista amplía la reflexión hacia el cuerpo contemporáneo y sus múltiples procesos de medicalización.

Basada en su novela homónima (2024), la muestra incorpora materiales ligados al ámbito clínico —como frascos de medicamentos y réplicas de píldoras— para construir un relato emocional que tensiona lo biográfico y lo colectivo. Además, pone énfasis en la participación del público mediante dispositivos interactivos activados por el equipo de mediación de la galería.


Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo

A modo de contextualización

V.I.H es el acrónimo para referirse al Virus de Inmunodeficiencia Humana que puede o no causar el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Hablamos de SIDA cuando la carga de linfocitos T es menor a 200 por milímetro cúbico […] unido a la aparición de una serie de infecciones o enfermedades oportunistas.

Se puede establecer el inicio de la pandemia del VIH/SIDA el día 5 de junio de 1981 con la primera notificación de la enfermedad en la revista Morbidity and Mortality del CDC en Estados Unidos (Galaxina, 2024). Desde entonces la pandemia ha desatado diferentes respuestas que imbrican al grueso de la sociedad en sus aspectos políticos, sociales, económicos y culturales.

Los principales agentes de la respuesta mundial contra el SIDA en su comienzo fueron las personas que contrajeron el virus dentro de sus redes de apoyo. Esto se explica por el conservadurismo de quienes tomaban decisiones en materia de salud pública, ya que, gracias al sensacionalismo de la prensa, el virus se vinculó a las personas homosexuales, con denominaciones del tipo “peste rosa” o “cáncer gay” (Galaxina, 2024).

Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo
Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo

Resulta importante mencionar esto pues, hasta el día de hoy, el VIH es una enfermedad estigmatizada, lo que se traduce en muchos casos en problemas de autoestima en quienes son portadores del virus, además de complicaciones de salud mental y comorbilidades asociadas al consumo de sustancias.

Por otro lado, la discusión pública sobre el virus y los activismos han cambiado. El contexto de globalización ha transformado de manera radical la forma en la que nos relacionamos con el virus. Sebastián Reyes (2019) analiza el caso de Chile. Según el autor, una de las causas fundamentales de este cambio se relaciona con la “contención de la enfermedad por medio de suministro de retrovirales gratuitos”, lo que implica “la invisibilización del virus hasta hacerlo indetectable en el cuerpo”.

Otro elemento importante son las nuevas prácticas que tienen lugar después del auge farmacéutico, no solo de los antirretrovirales, sino también de medicación preventiva como “la PrEP”. Siguiendo el argumento de Sebastián Reyes, “una segunda característica, asociada a la anterior, es el desarrollo y acceso a internet, donde se promueven nuevas comunidades, prácticas, contactos y encuentros que pueden llevar al contagio”.

La más llamativa de ellas, para nuestros fines, es el “sexo a pelo” o «bareback”. Las aplicaciones móviles de geolocalización han transformado las formas de vincularnos como comunidad, haciendo surgir iconografías, discursos, lenguajes y signos que articulan una subcultura donde el VIH está presente, pero invisibilizado por la agencia que tiene la medicación.

Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo
Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo

Resulta pertinente mencionar que los años más complejos de la crisis del VIH/SIDA se condensan en las últimas décadas del siglo pasado. Los avances técnicos en materia biomédica alcanzaron un gran logro en 1995 con la creación de la Terapia Antirretroviral de Gran Intensidad (TARGA), que da inicio al tratamiento que hoy se conoce como triterapia (Vila 22), y que transforma el virus, tal como menciona Watney, de una “sentencia de muerte” a una “afección crónica controlable”.

Los avances en la medicación cronifican la enfermedad, pero no la hacen desaparecer. Cambió el tono de urgencia, pero no las consecuencias. Con la aparición de la PrEP (profilaxis pre-exposición) el uso de antirretrovirales preventivos se masifica pero el VIH/SIDA no se elimina, solo se hacen más complejas las diferencias geopolíticas que condicionan el acceso y la calidad al tratamiento.

Para dar un ejemplo concreto, basta con mencionar que “un 43% de personas que viven en África subsahariana con VIH tiene acceso a la terapia antirretroviral frente a un 83% en la Europa Occidental y América del Norte” (Galaxina 2024), lo que se traduce en desigualdades relacionadas a la posición geopolítica y colonial de Abya Yala frente a las metrópolis coloniales.

Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo
Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo

La invisibilización del VIH/SIDA a propósito del auge farmacopornográfico (Preciado, 2008) de la medicación antirretroviral tiene su correlato, como es de esperarse, en las producciones culturales seropositivas. Ruth Martín Hernández menciona: “con el cambio de siglo ya no existe una identificación tan directa del SIDA con la muerte; la urgencia y subversión que imperaba en la década de los 90 ha dado lugar a un discurso que vuelve a relacionar la enfermedad con el ámbito de lo privado, apartándola de lo público (Martín, 2012).

La autora es ácida al mencionar que una posible causa de este desinterés por el VIH/SIDA en la actualidad puede explicarse en que se piensa que “no está de moda”, pues la sociedad en general ha perdido el interés en el tema, y ni aparece en los medios sensacionalistas (Martín 2012). Pero lo que resulta importante destacar, siguiendo el argumento de la autora, es que estos procesos de normalización ocurren mayoritariamente en países desarrollados. El acceso al tratamiento antirretroviral está condicionado por relaciones de desigualdad colonial.

Por otro lado, un estudio publicado el 15 de enero del 2026 por la Sociedad Chilena de Infectología, a cargo de William Acevedo1, da cuenta de que la indetectabilidad ya no es necesariamente el problema que debería preocuparnos, teniendo en consideración la eficacia de los tratamientos y los esfuerzos por la cobertura democrática (el 90 90 90 de ONUSIDA).

Su análisis le permitió comprobar “cómo los fármacos antirretrovirales como el efavirenz (EFV), el dolutegravir (DTG) y el bictegravir (BTG) afectan la integridad de la barrera hematoencefálica (BHE). Mediante modelos in vitro e in vivo se demuestra que estas drogas provocan una disminución de proteínas claves en la estabilidad de la BHE y un aumento de citoquinas inflamatorias, lo que incrementa la permeabilidad cerebral” (Acevedo 2026) y se traduce en daño neurológico.

Ante este escenario, donde el auge de la medicalización en el formato de tratamiento antirretroviral o profilaxis pre exposición parecen invisibilizar la tasa de contagios, donde las nuevas tecnologías transforman las maneras de relacionarnos social y sexualmente y, no menor, un fuerte conservadurismo parece dificultar la discusión sobre salud sexual y reproductiva, resulta significativo gestionar espacios para que las personas que viven con VIH puedan reconocerse y tratar, de manera colectiva, las consecuencias psicosociales del virus y del estigma asociado y, no menos importante, para que las personas seronegativas comprendan de mejor manera al virus, empaticen con las problemáticas que vive la comunidad seropositiva y puedan, también, tener una vida sexual activa e informada.

Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo

PERFORMAR LA SANGRE, HABITAR SU FLUJO, DIMENSIONAR LA HERIDA

El 6 de marzo se inauguró en la Galería Gabriela Mistral, en pleno centro de Santiago, la muestra Performance de la Sangre, una propuesta de la artista Kütral Vargas Huaiquimilla que, por medio de diferentes estrategias discursivas y estéticas, permite hacer porosa la intimidad de un cuerpo en el que se desata una pasión inabarcable: la vida con el virus del VIH.

La muestra permite tensionar el binomio de lo público y lo privado, reposicionando las discusiones que se dieron en el contexto de la pandemia del VIH/SIDA en sus años más complejos, cuando el activismo parecía ser la única forma de alargar la vida en comunidad. Como se mencionaba anteriormente, la cronificación de la enfermedad a propósito del auge farmacéutico en materia de prevención y contención ha instalado un silencio cómplice, haciendo que las huellas del virus, su archivo y su memoria se oculten bajo otros murmullos, otros trinos que no dan cabida a la enfermedad y su desborde pasional.

La propuesta de Kütral reinstala en lo público la urgencia del activismo seropositivo sin la presencia concreta y directa de la muerte. La muerte aparece en la forma de un signo que se erotiza, una bala que no entra en el cuerpo sino que lo roza con la distancia que entrega una metonimia, la pistola que apunta sin disparar, que deviene danza bolero de amor.

Quizás es la propia distancia temporal – sobre la historia política de un cuerpo colectivo y la historia personal que desplaza hacia el pasado el momento del diagnóstico– aquello que permite hacer salir a la superficie las diferentes aristas en las que se habita una enfermedad cronificada, con una dulzura que le permite al público atravesar, de la mano, la experiencia íntima de un cuerpo múltiple.

Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo
Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo

En la muestra el diagóstico se entiende desde una memoria traumática que se entreteje con la historia del activismo disidente, pero que se atraviesa con diferentes dispositivos que buscan dignificar un proceso de reconfiguración identitaria, simbólica y social, no ya como una herida abierta y supurante, sino que desde la articulación de una cronología seropositiva que cuenta una historia al revés, una historia en otro tiempo, un tiempo infectado de pasión serológica que los discursos hegemónicos sobre el VIH/SIDA no alcanzan a avizorar.

La exposición de Vargas Huaiquimilla permite redimensionar el tiempo a contrapelo de la teleología biomédica. En Performance de la Sangre, ese fluido de vida que permite establecer líneas de análisis vinculadas a la herencia, a la violencia y al corazón, se encapsula en resina, deteniendo así el tiempo y con ello su proliferación discursiva. La sangre aparece como un fluido maleable, no ya como un prurito al que no se puede controlar. La sangre se entiende como un sustrato simbólico que antagoniza la histología clínica y la estigmatización del cuerpo en sus derivas públicas. La sangre aparece como una superficie sobre la cual un cuerpo asiste a su transmutación y funciona como medio de documentación de los procesos que operan en esa performance, por medio de la cual el cuerpo se traspapela, se invierte y deviene creación artística cómplice y crítica de la medicalización.

Es en esta tensión donde radica la potencia política y simbólica de la propuesta curatorial de Kütral en Performance de la Sangre, pues indudablemente el cuerpo en esta cronología otra recorre la polarización entre su derecho a usar y a resistir a la medicina: subir las defensas simbólicas a propósito de una sangre-nación que tensiona los discursos de homogeneidad cultural, hacerse permeable a la medicación hormonal que activa un proceso de desarticulación identitaria, abrazar un diagnóstico estigmatizante dignificando su aparición desde un erotismo contenido, criticar la temporalidad de la cronificación constatando la inmovilidad de las instituciones biomédicas que profitan de la indetectabilidad como fin último, invertir la cronología del contagio, potenciar la apertura al futuro con dispositivos educativos que permiten la escritura y la creación in situ, recordar la historia del VIH/SIDA en Chile sin cerrar sus posibles interpretaciones.

Vista de la exposición Performance de la sangre, de Kütral Vargas Huaiquimilla, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2026. Foto: Fabiola Pontigo

Performance de la Sangre se puede entender como un hito que abraza una cronología de artivismo seropositivo en el territorio: Maleza en el jardín, de Lu Nuñez, una propuesta curatorial que tiene lugar en el Centro Cultural de España en septiembre del 2019, donde el cuerpo seropositivo deviene planta y promesa de resistencia y cultivo, y la obra Prospectos, de la misma autora, donde dos frascos de pastillas se transforman en un reloj de arena que marca el tiempo de la cronificación de la enfermedad. El texto “La sangre y la escritura” de Diego Zamora, presentado como Ponencia en la Universidad Austral de Chile en 2023, que dialoga directamente con la propuesta curatorial de Kütral al plantear la escritura de la sangre seropositiva como un espacio de tensión social, simbólica y política, y el Primer Encuentro de Visibilidad del VIH “PREP”, que tuvo lugar en la misma universidad el 1° de diciembre de 2023, donde se presentaron obras visuales, performance y poesía que activaron la respuesta cultural al VIH en la región de Los Ríos.

Performance de la Sangre actualiza dicha memoria recordándonos la importancia deenunciar, de “hablar del sida” -como decía Claudia Rodríguez-, de continuar haciendo del cuerpo seropositivo y su sangre un espacio en el que la disputa política, cultural y simbólica se activan, no ya desde el victimismo que se cobija en la herida, sino como un espacio de exploración estética, multidisciplinar, que traslapa diferentes materialidades y consigue articular dispositivos de mediación complejos para potenciar la creación colectiva, pública y comunitaria y reactivar así la discusión sobre el VIH/SIDA en un territorio que nos empuja constantemente al olvido.


Performance de la sangre de Kütral Vargas Huaiquimilla se presenta hasta el 18 de abril de 2026 en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile.


[1] Efectos adversos de las drogas contra el VIH: Cuando lograr la indetectabilidad ya no es el problema.

Rodrigo Ortega González

Santiago de Chile, 1993. Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica con Mención en Literatura, Diplomado en Gestión Cultural de la Universidad Católica de Temuco y Profesor de Lengua y Literatura de la Universidad de Chile. Actualmente se encuentra estudiando el Máster en Educación Artística en Instituciones Sociales y Culturales en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado “Violentista” (2010), “Salibario” (2012), “Desagüe” (2013) en Editorial Moda y Pueblo, y “Estuario” (2019) en Editorial Mar Negro. Ha ganado la Beca de Creación 2024 con el proyecto de escritura poética CODEX, la Beca ANID (2015) y la Beca Complemento Directo de la Fundación Carasso (2026). Colabora en revistas físicas y digitales con escritura poética, crítica literaria y cultural.

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