MARÍA JESÚS VALENZUELA: FLORES DE INVIERNO
«Una o dos cosas son todo lo que necesitas
para recorrer la laguna azul, la honda
hojarasca de los árboles y las rígidas
flores del relámpago —un profundo
recuerdo del placer, un filoso
conocimiento del dolor»
—Mary Oliver
Si bien el Land Art es la corriente oficial del paisaje, hubo, casi cien años antes, un coqueteo con lo silvestre que sirvió como antesala para lo que vendría después. Los impresionistas dejaron sus talleres para pintar en el parque, luego de un invento que hizo de lo pictórico un ejercicio más rápido y transportable: la pintura en tubo. Eximiéndose de la tarea de moler pigmentos y mezclar aceites, los pintores y las pintoras salieron con sus maletines de madera, telas y atriles pequeños, y se encontraron con el incesante fenómeno de la luz. Allí se dieron cuenta que las sombras, al contrario de lo que se podría pensar, respiraban color.
Muchos saben que Monet consideraba que su jardín era su verdadera obra maestra. Pocos saben que el pintor tenía un bote-taller. Es decir, no solo pintó obsesivamente el agua —y la realidad reflejada en el agua—, sino que también pinto desde el agua. Para pintar la laguna se metió dentro de ella; había entonces en su pincelada no solo la ilusión del vaivén de ese cuerpo acuoso sino la experiencia en sí, impregnada en la tela.





María Jesús Valenzuela tiene algo de esos artistas del pasado; incluso recuerda a aquellos que, antes que los impresionistas, se aventuraron en expediciones inciertas —armados hasta los dientes con sus sets de acuarela— con la ilusión de retratar paisajes jamás tocados por el hombre. Había, y hay acá también, una especie de urgencia de contemplación, y una necesidad imperante de traducirla a la libreta de notas. Flores de Invierno es, en ese sentido, un recorrido por esa libreta de anotaciones; es la forma que tiene M. J. Valenzuela —una artista del presente— de hacernos una invitación arcaica, transversal en el tiempo: aquella que busca compartir la mirada sobre la condición natural.
Como invocando a Monet, que en los inicios de ese paisaje-parisino-industrializado nos saca a dar una vuelta en su bote, M. J. Valenzuela nos lleva de la mano por el bosque; abriéndose camino por entre las ramas, ayudándose de herramientas milenarias, como el dibujo y el bordado —y de algunos inventos modernos, como la fotografía—, esta vez desde una era en la que el paisaje natural se ha convertido, prácticamente, en un recordatorio de la catástrofe. Habrá que atravesar este paisaje como lo recomienda la poeta Mary Oliver: con un profundo recuerdo del placer y un filoso conocimiento del dolor.




María Jesús Valenzuela, Rojo, 2021. Lápiz de color sobre papel de algodón, 70 x 30 cm (Marco aluminio plata a borde) | Inés, 2025. Lápiz de color sobre papel de algodón, 70 x 50 cm (Marco Altraforma aluminio grafito a borde + vidrio museo). Cortesía de la artista y NAC
María Jesús Valenzuela Vittini (Santiago, Chile, 1986)
Es Licenciada en Artes (mención Escultura) de la Universidad de Chile (2010). Estudió fotografía en la Pontificia Universidad Católica de Chile (2003) y Fotografía Contemporánea en el International Center of Photography ICP, New York (2004). También participó en exposiciones de videoarte, performance y en diferentes proyectos que combinan el mundo audiovisual con el patrimonio oral inmaterial en Chile y España. Estudió Antropología Visual en la Universidad de Barcelona (2013) y realizó el Máster en Creación Documental en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (2016) España.
De regreso en Chile, tras siete años de trabajo artístico en España, propone una nueva técnica de bordado a mano sobre diversos soportes, participando en concursos y exposiciones nacionales como internacionales. Su obra consiste en un estudio permanente del dibujo y el trazo en el espacio, estableciendo un diálogo con el paisaje a través de múltiples medios como el video, la fotografía, el dibujo y el bordado. A partir de las tradiciones textiles, desarrolla formas orgánicas que inspiran composiciones intuitivas, donde ritmos geométricos y abstractos emergen con cada movimiento de la aguja, evocando una coreografía. Al entrelazar orden y caos, su bordado expande el dibujo hacia la tridimensionalidad reflexionando sobre la naturaleza.
Su obra forma parte de colecciones privadas en Chile y en el extranjero, así como de instituciones médicas como el University of Texas Southwestern Medical Center en Dallas, EE.UU., y la Fundación Arturo López Pérez en Santiago, Chile. También integra colecciones públicas, como la Colección de Artes Visuales del Gobierno de Chile en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo en Santiago.
Ha participado en diversas residencias artísticas internacionales, entre ellas Corsicana | 100 West Artists & Writers Residency en Corsicana, Texas, EE.UU. (2024), y L’Aquila Reale; Centro d’Arte e Natura di Civitella di Licenza, Valle dell’Aniene, Italia (2023). Recientemente fue seleccionada para participar en la residencia de la Josef and Anni Albers Foundation en Connecticut, EE.UU., programada para 2026.


Su muestra en galería NAC (Américo Vespucio Nte 2878, Vitacura, Santiago de Chile) se presenta del 19 de marzo al 25 de abril de 2026. Un conversatorio con la artista tendrá lugar el 11 de abril, a las 12:30 en galería NAC.
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