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UNDER CONSTRUCTION: LA PERMANENCIA DE LO PROVISIONAL EN LA OBRA DE INGRID HERNÁNDEZ

La exposición Under Construction en el Centro Cultural Tijuana propone una revisión amplia de la trayectoria de la artista mexicana Ingrid Hernández, figura clave en la escena artística de la frontera norte de México. Concebida como una lectura retrospectiva —aunque no estrictamente cronológica— la muestra recorre más de dos décadas de trabajo a partir de trece proyectos, dos piezas inéditas y un archivo documental que incluye materiales vinculados a Relaciones Inesperadas, la plataforma independiente que la artista fundó junto a Abraham Ávila.

Curada por Daniela Lieja Quintanar y Rosela del Bosque, la exposición reúne más de 150 piezas entre fotografía, gráfica, instalación y documentos de proceso, componiendo un mapa de las estrategias metodológicas y los desplazamientos conceptuales que han marcado la práctica de Hernández. Más que una simple recapitulación de obra, el proyecto se plantea como una investigación sobre las condiciones sociales, urbanas y afectivas que atraviesan la vida en la frontera.

Vista de la exposición Ingrid Hernández: 20 años de arte _Under Construction_ en el Centro Cultural Tijuana (CECUT), México. Foto: Luis García. Cortesía: CECUT

A lo largo de su trabajo, Hernández ha abordado cuestiones como la migración, la formación irregular de la ciudad, las tensiones entre espacio doméstico y espacio público y los modos de aprendizaje colectivo que emergen fuera de los circuitos institucionales. En su obra, el territorio fronterizo aparece como un entramado de experiencias cotidianas, economías precarias y estrategias de autogestión que configuran modos específicos de habitar la ciudad.

Para la artista, Tijuana —su ciudad natal y hogar permanente— ha sido un verdadero laboratorio de investigación. Moldeada por migraciones internas, economías transfronterizas y procesos acelerados de urbanización, la ciudad se caracteriza por una arquitectura marcada por la autoconstrucción, la reutilización de materiales y la expansión irregular de los asentamientos. Estas dinámicas no responden a un modelo planificado de crecimiento, sino a una acumulación gradual de decisiones materiales tomadas por quienes habitan el territorio.

La práctica de Hernández se sitúa precisamente en ese punto donde las condiciones sociales, económicas y espaciales se contaminan unas a otras. Sus fotografías registran asentamientos informales que han crecido en las periferias urbanas, donde las dinámicas de desigualdad, migración y reciclaje material revelan una relación profundamente estrecha entre México y Estados Unidos. Puertas de garaje desechadas en San Diego que se transforman en muros de vivienda, empaques industriales reutilizados como estructuras domésticas o fragmentos de mobiliario convertidos en arquitectura improvisada evidencian una economía transfronteriza en la que los residuos de un lado del límite se convierten en recursos de supervivencia del otro.

Sin embargo, la artista evita convertir estas escenas en un espectáculo de precariedad. Su mirada se detiene más bien en la inventiva cotidiana que emerge en contextos de necesidad. Sus imágenes rara vez muestran a las personas de forma directa sino que registran, en cambio, los rastros de su presencia a través de objetos, disposiciones espaciales y pequeños gestos domésticos. De este modo, sus fotografías funcionan menos como documentos de marginalidad que como estudios sobre la capacidad humana de producir hogar y sentido en contextos de inestabilidad urbana.

Ingrid Hernández, Indoor (2008-2009)
Ingrid Hernández, Outdoor, 2003-2004

La dimensión autobiográfica de este interés resulta fundamental. La historia familiar de Hernández está ligada a los procesos migratorios que han dado forma a la ciudad fronteriza desde mediados del siglo XX. Su abuela llegó a Tijuana desde Ciudad de México en la década de 1950, instalándose en una urbe que crecía aceleradamente al ritmo de los desplazamientos internos y las economías transfronterizas.

Durante años, la familia habitó una casa móvil de segunda mano procedente de Estados Unidos, trasladada en partes hasta el terreno donde finalmente se instaló. Más tarde, su madre levantó la vivienda donde hoy vive Hernández junto a su hija, una construcción realizada progresivamente con materiales heterogéneos —cartón, plásticos, madera industrial, piedras— disponibles en cada momento.

Estas estructuras domésticas se desarrollaron como una suma de decisiones prácticas determinadas por las necesidades familiares y las posibilidades económicas. El resultado es una arquitectura irregular: muros compuestos por distintos materiales, habitaciones conectadas por desniveles, techos a distintas alturas. Como ocurre con muchas viviendas en los asentamientos de la ciudad, la casa parece permanecer siempre inacabada, en un estado de transformación continua.

Esta experiencia cotidiana constituye uno de los puntos de partida más claros de la práctica artística de Hernández. Sus fotografías no solo registran las formas de autoconstrucción presentes en Tijuana, sino que examinan cómo los materiales, las soluciones técnicas y las estrategias de supervivencia se acumulan con el tiempo, produciendo un paisaje urbano que refleja las mismas dinámicas de adaptación y crecimiento fragmentario que atraviesan la vida de quienes lo habitan.

Vista de la exposición Ingrid Hernández: 20 años de arte _Under Construction_ en el Centro Cultural Tijuana (CECUT), México. Foto: Luis García. Cortesía: CECUT

La noción de Under Construction, que da título a la exposición, atraviesa la práctica de Ingrid Hernández en distintos niveles. El término funciona, por una parte, como una categoría conceptual para pensar la inestabilidad material, social y simbólica que caracteriza a la ciudad fronteriza. Hernández propone entender Tijuana como una ciudad sin una definición estable, donde las formas de habitar, las arquitecturas y las dinámicas sociales parecen desarrollarse bajo lógicas distintas a las de otras ciudades mexicanas.

En ese contexto, muchas construcciones nacen como soluciones provisionales —estructuras levantadas para resolver una necesidad inmediata— pero terminan integrándose de forma duradera al paisaje urbano. Lo temporal se vuelve permanente y produce una ciudad marcada por edificaciones que parecen siempre inacabadas. Esa provisionalidad persistente constituye, para la artista, una de las claves visuales de Tijuana.

Al mismo tiempo, el concepto de Under Construction también se proyecta hacia su propia trayectoria. Durante años, el trabajo de Hernández se ha desarrollado en gran medida fuera de los circuitos institucionales tradicionales, a través de procesos de aprendizaje autodidacta y de iniciativas independientes impulsadas desde la ciudad misma. Desde esta perspectiva, Under Construction no describe únicamente una condición urbana, sino también un modo de producción artística que se construye progresivamente a partir de experiencias, colaboraciones y capas de investigación que se acumulan con el tiempo.

Vista de la exposición Ingrid Hernández: 20 años de arte _Under Construction_ en el Centro Cultural Tijuana (CECUT), México. Foto: Luis García. Cortesía: CECUT

Este aspecto se refleja en el archivo personal de la artista y en la documentación de sus actividades como gestora cultural, escritora y cofundadora de Relaciones Inesperadas. Activo desde 2012, este espacio ha funcionado como plataforma para residencias, programas educativos, exposiciones y encuentros públicos que han promovido el intercambio entre artistas, investigadores y comunidades locales, impulsando un enfoque interdisciplinario que entiende el arte como una práctica de producción de conocimiento compartido.

Parte del archivo incluido en la exposición remite también al restaurante familiar donde Hernández pasó gran parte de su infancia, un espacio que funcionaba simultáneamente como lugar de trabajo, vivienda y punto de encuentro social. Crecer en ese entorno —donde las fronteras entre lo público y lo privado eran difusas— marcó profundamente su forma de comprender el espacio. En cierto sentido, su mirada artística se formó en esa zona intermedia donde colisionaban vida doméstica y vida colectiva.

Vista de la exposición Ingrid Hernández: 20 años de arte _Under Construction_ en el Centro Cultural Tijuana (CECUT), México. Foto: Luis García. Cortesía: CECUT
Vista de la exposición Ingrid Hernández: 20 años de arte _Under Construction_ en el Centro Cultural Tijuana (CECUT), México. Cortesía: Relaciones Inesperadas

Los proyectos de Hernández suelen desarrollarse a lo largo de varios años y parten de relaciones sostenidas con las comunidades que fotografía. Para la artista, el trabajo no consiste en registrar un espacio desde fuera, sino en integrarse gradualmente en él, participar de sus dinámicas y construir vínculos de confianza con quienes lo habitan.

Sus primeros proyectos surgen de una observación casi arqueológica de los materiales que componen la ciudad. En la serie Outdoor (2003–2004), la artista comienza fotografiando fachadas construidas con elementos reutilizados —puertas de garaje desechadas en Estados Unidos, restos industriales, fragmentos de madera o metal— que en Tijuana adquieren una segunda vida como muros o estructuras domésticas. Estas combinaciones revelan cómo las desigualdades económicas entre México y Estados Unidos se inscriben literalmente en la materialidad de las viviendas.

Esta mirada se amplía poco después en Tijuana Compressed (2004–2005), proyecto en el que Hernández trabaja durante un año con habitantes del asentamiento de Nueva Esperanza, documentando las formas en que comunidades migrantes provenientes de distintas regiones del país construyen sus hogares a partir de recursos disponibles. La “compresión” a la que alude el título no se refiere únicamente a la densidad espacial de la ciudad, sino también a la acumulación de historias, materiales y experiencias que se superponen en el tejido urbano.

A partir de ese momento, su atención se desplaza progresivamente hacia los interiores. En Irregular (2004–2005) e Indoor (2008–2009), la artista abandona las fachadas para adentrarse en la dimensión íntima de las viviendas, observando cómo los objetos cotidianos —su disposición, sus agrupaciones, sus jerarquías— revelan gestos afectivos, aspiraciones y formas de cuidado. Si los proyectos anteriores analizaban la construcción material del territorio, estas series exploran la construcción simbólica del hogar: la manera en que los habitantes transforman espacios precarios en lugares de protección y pertenencia.

Ese interés por la vida doméstica adquiere una dimensión transnacional en Inside (2011), un proyecto realizado con familias mexicanas migrantes en Nueva York. Allí, Hernández examina los objetos que pueblan sus casas —algunos traídos desde México, otros adquiridos en el país de destino— como signos de una identidad en permanente negociación. Las fotografías se acompañan de cartas manuscritas dirigidas a México por los propios participantes, un gesto que introduce directamente sus voces en el proyecto y subraya las tensiones entre memoria, pertenencia y desplazamiento.

Ingrid Hernández, Tijuana Compressed (2004-2005)
Ingrid Hernández, The swallow maquila, de la serie Deserted Factory (2004)

La relación entre territorio, migración y precariedad reaparece en otros trabajos de la década siguiente. En Made in Home (2006), desarrollado durante una visita a la Comuna 8 de Soacha, en Bogotá, Hernández establece paralelos visuales entre contextos urbanos aparentemente distantes pero atravesados por experiencias similares de marginalidad y autoconstrucción. En The Swallow Maquila (2004), parte de la serie Deserted Factory, documenta el abandono repentino de una maquiladora en la que trabajaba una mujer llamada Carmen, revelando las dinámicas de explotación laboral que han acompañado el crecimiento demográfico de las ciudades fronterizas.

En proyectos más recientes, su trabajo adopta una perspectiva aún más explícitamente política. Transición (2009–2019) sigue durante dos décadas el proceso de desplazamiento de los habitantes de Nueva Esperanza hacia el nuevo barrio Margarita Morán, mostrando cómo las políticas de regularización urbana pueden reproducir las mismas condiciones de precariedad que pretenden resolver. Paradójicamente, Hernández observa que los asentamientos informales —a pesar de su fragilidad material— ofrecen a sus habitantes un margen de autonomía mayor que el de muchas viviendas de interés social.

Paralelamente, en Affective Landscapes (2018–2019), la artista vuelve la mirada hacia su propia historia familiar, fotografiando los interiores de las casas de sus parientes para reconocer en ellos los mismos patrones espaciales y afectivos que ha observado durante años en otros hogares de la ciudad.

Este recorrido culmina provisionalmente en Sedimentations (2022–2025), un proyecto que condensa muchas de las preocupaciones anteriores. A través de fotografías, entrevistas y un libro de artista de gran formato, Hernández examina los procesos de autoconstrucción en distintos barrios de Tijuana comparándolos con el fenómeno geológico de la sedimentación: la acumulación gradual de capas de materiales que transforman un territorio. Del mismo modo, las viviendas levantadas con objetos reutilizados, residuos industriales y materiales descartados van modelando el paisaje urbano hasta convertir lo que parecía provisional en una forma estable de habitar.

Ingrid Hernández, Sedimentations (2022-2025)

Aunque sus imágenes poseen una fuerte dimensión compositiva, Hernández insiste en que el interés de su trabajo no radica únicamente en la belleza formal de estas configuraciones. Los objetos y materiales funcionan más bien como síntomas visibles de relaciones económicas, políticas y sociales más amplias. Como ella misma señala, no se trata del “trapito” que sostiene un ventilador o del color de una pared, sino de las condiciones históricas que producen esas soluciones improvisadas.

De este modo, la exposición no solo revisa veinte años de producción artística, sino que también propone una lectura crítica de la frontera como territorio en permanente transformación. Entre archivo, imagen y acción pedagógica, la práctica de Ingrid Hernández se despliega como una forma de investigación situada que explora las maneras en que las ciudades —al igual que las identidades que las habitan— permanecen siempre, inevitablemente, en proceso de construcción.


Ingrid Hernández: 20 años de arte _Under Construction_ se presenta del 19 de septiembre de 2025 al 8 de marzo de 2026 en el Centro Cultural Tijuana (CECUT), Tijuana, México.

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