HABITAR LA INCOMODIDAD: PRÁCTICAS DE CUIDADO EN EL MUSEO TENTACULAR
Hablar de Museo Tentacular implica aproximarse a un proyecto cuya amplitud y complejidad desbordan las categorías habituales del trabajo institucional. Más que un programa definido, es un tejido en expansión: prácticas, cuerpos, afectos, metodologías y alianzas que se reorganizan constantemente. Esa condición movediza —siempre en proceso y siempre vinculada a otras redes— hace que cualquier descripción sea necesariamente parcial y, a la vez, permite comprender el marco desde el cual emergen sus gestos, decisiones y modos de hacer.
Lejos de regirse por estructuras fijas, Museo Tentacular se desliza entre los parámetros institucionales del Museo Reina Sofía para trabajar desde el presente, atender lo urgente y seguir tejiendo vínculos. En las líneas que siguen me propongo desplegar algunas de las tramas que configuran este proyecto —sus redes de trabajo, sus desplazamientos y la complejidad metodológica que lo caracteriza— atendiendo también a sus ejes de trabajo y, en especial, a Museo Situado, espacio que he acompañado de manera más continua y desde el cual puedo trazar una lectura más precisa de los vínculos, prácticas y formas de cuidado que lo sostienen.

A raíz de una nueva etapa institucional, en 2023 Museo en Red dio paso a lo que hoy se conoce como Museo Tentacular[1]. El cambio de nombre permitió subrayar que el trabajo que allí se realiza es poroso, co-diseñado y en constante reformulación, un espacio donde prácticas, territorios y temporalidades se vuelven cada vez más permeables. Al mismo tiempo, esta transición hace visible que las redes no operan como unidades separadas, sino que se tocan, se entrelazan y se sostienen mutuamente para cuidarse y alzarse juntas frente a los diferentes contextos locales e internacionales.
Sin embargo, nada ha cambiado en lo esencial: se continúa trabajando desde el cuidado, avanzando con cautela, protegiéndonos entre todxs y manteniendo vivo un modo de hacer que solo es posible desde el consenso y el apoyo mutuo. Más allá de los ajustes de nomenclatura propios del nuevo plan institucional, Museo Tentacular no ha alterado ni su hacer ni su espíritu.

Los tres ejes que articulan Museo Tentacular son Ciudadanía y Comunes, Arte y Transformación Social y Solidaridad Institucional. Si bien en la presentación de Museo Tentacular estos aparecen diferenciados, no funcionan como compartimentos fijos, sino como zonas porosas donde las prácticas se mezclan, se contaminan y se sostienen mutuamente. Cada eje atiende a particularidades distintas, pero se enlazan para abordar problemáticas que requieren miradas multidisciplinares y modos de trabajo complejos.
En este caso, el eje de Ciudadanía y Comunes reúne los proyectos que trabajan desde la vida colectiva y la defensa de lo común, poniendo en diálogo comunidades, territorios y metodologías de investigación colaborativa. Lo “común” aparece como práctica: formas de relación, procesos de co-aprendizaje y modos de cuidado que sostienen lo que se construye juntas. Este eje lo conforman Museo Situado —red territorial de colectivos, organizaciones y vecinxs del barrio de Lavapiés—, La Laboratoria —espacio de investigación y metodología feminista— y Fundación de los Comunes —red aliada que expande el trabajo hacia marcos políticos transnacionales—.
Un ejemplo fue el ciclo Investigaciones militantes: compartir saberes desde las luchas / Nodo Crítico, realizado junto a La Laboratoria, Fundación de los Comunes y el Institute of Radical Imagination. A lo largo de varias sesiones se compartieron herramientas, mapas, relatos y metodologías nacidas de luchas territoriales y procesos comunitarios, generando un espacio donde la producción de conocimiento se concibió como práctica colectiva y situada. La actividad mostró cómo este eje moviliza saberes que no provienen de la academia, sino de la experiencia organizada y del hacer en común.

El eje Arte y Transformación Social articula redes que conciben el arte como herramienta para activar pensamiento crítico, intervenir en lo político y ensayar formas de imaginación institucional. El Museo se desplaza de su rol prototípico como contenedor de obras hacia un espacio que acompaña luchas, amplifica voces y se deja transformar por quienes lo habitan. Este eje conecta los procesos locales con discusiones internacionales, mostrando cómo las prácticas artísticas se entrelazan con los conflictos y deseos que atraviesan nuestras sociedades.
Lo conforman Red Conceptualismos del Sur, Institute of Radical Imagination y Red de Museos por la Igualdad: tres redes cuya labor —desde archivos vivos hasta experimentación institucional y políticas de igualdad— traza puentes entre memorias, cuerpos y territorios. En 2023, el Museo Reina Sofía organizó Archivos del común V: Memorias fúngicas, un encuentro que reflexionó sobre los archivos no como depósitos de documentos, sino como espacios vivos de memoria, comunidad y resistencias compartidas. A través de talleres, mesas de debate, activaciones simbióticas y experiencias colectivas inspiradas por la metáfora del reino fungi, se exploraron formas de archivo que piensan la memoria desde lo colectivo, lo orgánico y lo comunal.

Por último, el eje de Solidaridad Institucional reúne alianzas y articulaciones que buscan repensar el rol de las instituciones como agentes capaces de sostener, proteger y acompañar prácticas colectivas frente a contextos de precarización, censura o desfinanciamiento. En este caso, el Museo opera junto a redes que permiten que los proyectos existan, se cuiden entre sí y encuentren refugio cuando las condiciones externas son adversas.
Aquí se inscriben L’Internationale —confederación de museos y organizaciones que trabaja desde perspectivas críticas y colaborativas— y Red Teja —dedicada a crear espacios seguros y mecanismos de protección institucional para artistas y trabajadorxs de la cultura en situaciones sociopolíticas complejas—. Ambas alianzas amplían el campo de acción del Museo, abriendo posibilidades de solidaridad transnacional y estrategias compartidas de resistencia. Un ejemplo paradigmático fue Palestine is everywhere, encuentro-proyección organizado junto a Cinema as Assembly que combinó recital-vídeo, debates, reflexiones críticas y arte contemporáneo, situando el conflicto palestino dentro de una red global de solidaridades, memoria y acción cultural.

Si bien podríamos seguir enumerando el sinfín de proyectos y actividades de Museo Tentacular, considero importante detenerme en Museo Situado, uno de los que ha obtenido mayor alcance a nivel nacional e internacional y que ha posicionado al Museo Reina Sofía como un espacio de trabajo comunitario. Museo Situado es una red de colectivos, organizaciones y vecinxs del barrio de Lavapiés que trabajan de modo cooperativo, político y comunitario, donde se unifican luchas y se construyen formas de vida en común. El Museo es una organización más dentro de la red y, aunque las asambleas, Escuelas, Picnics y Voces Situadas ocurran en su espacio, las decisiones, prácticas y alianzas responden a una lógica colectiva. Su fuerza reside en la continuidad: acciones, caminatas, actividades públicas y procesos de cuidado que se sostienen en el tiempo.
El trabajo de Museo Situado se materializa en prácticas que sostienen la red día a día. No son actividades en el sentido convencional, sino espacios donde se ensayan otras formas de estar juntxs, de aprender, de cuidarnos y de responder colectivamente a las urgencias del barrio. Cada red convoca cuerpos, saberes y temporalidades distintas, pero su unión potencia el trabajo más allá de lo estrictamente cultural.
Museo Situado despliega diversas líneas que se entrelazan entre sí: el Picnic del Barrio, encuentro festivo y político para fortalecer vínculos comunitarios frente a urgencias sociales; Voces Situadas, espacio de diálogo donde activistas, artistas e investigadorxs comparten saberes desde sus territorios; la Escuela de español para personas migrantes, que acompaña a población migrante en el aprendizaje del idioma desde necesidades cotidianas; la Escuela de Derechos, que ofrece herramientas jurídicas y comunitarias ante situaciones de vulneración; la Escuela de Mediación Situada, que forma mediadorxs desde una perspectiva feminista, territorial y basada en el cuidado; y el Curso de manipulación, embalaje, transporte y montaje de bienes culturales, que abre acceso a saberes técnicos del ámbito museístico y cuestiona la exclusividad profesional que históricamente los rodea. Presentarlo así solo permite ofrecer una mirada global del proyecto, sin pretender abarcar su extensa complejidad.

Comencé a vincularme al proyecto en el marco de las prácticas del Máster que realicé en el Museo Reina Sofía entre 2022-2023. Aunque formalmente eran prácticas, desde el primer día el rol fue sumamente activo: acompañar procesos, participar en asambleas, sostener tareas de producción, escucha y coordinación, y estar implicada en lo que el día a día demandaba. Lxs compañerxs de Museo Tentacular hacen un enorme esfuerzo por integrar a las personas nuevas, sin jerarquías rígidas y con muchísima complicidad y cuidado. A lo largo de este periodo confirmé algo que intuía: la gestión comunitaria no solo puede convivir con la gestión cultural, sino ampliarla, complejizarla y dotarla de un sentido político que transforma la manera de entender lo institucional. Ese primer contacto fue decisivo para reconocer que el trabajo situado y el trabajo cultural no son dos planos separados, sino capas que se tocan todo el tiempo.
Durante 2024 y 2025 acompañé a lxs compañerxs de las Escuelas de Español, Derechos y Mediación Situada. En esa cotidianeidad se generó un fuerte sentido de complicidad. Sostuvimos juntxs momentos de alegría y de duelo, aprendiendo a navegar las tensiones y los cuidados que atraviesan cada espacio. En ese tiempo reflexioné sobre los límites entre trabajo, goce e implicación política, que se diluyen hasta volverse indiscernibles. Pocas veces sentí que puse el cuerpo tanto como entonces.
En Museo Situado entendí que trabajar allí implica exceder cualquier definición laboral. El cuerpo es la primera herramienta y la primera frontera que se desplaza: el tiempo invertido, la dedicación y la atención hacia lxs compañerxs vuelven imposible mantener una distancia profesional estricta. Muchas veces nos encontramos en situaciones, horarios y espacios que desbordan lo que podría pensarse como el trabajo de un “museo”. Las luchas que acompañamos terminan encarnándose, y lo político atraviesa los gestos mínimos: escuchar, sostener, mediar, esperar, caminar juntas.
Las luchas de lxs compañerxs terminan siendo nuestras porque también nos afectan: nos afecta la persecución policial a lxs vecinxs, la falta de papeles o de acceso a salud básica, la crisis de vivienda, Palestina. Trabajar en este entramado supone dejarse permear por lxs otrxs, volverse porosx, permitir que sus historias y urgencias transformen la propia manera de estar.
Se crean círculos de confianza y de cuidado donde es fundamental reconocer los ritmos del barrio y de quienes lo habitan; es un ejercicio constante de consenso, escucha y protección mutua. Pero puede resultar agotador porque la frontera entre lo personal y lo profesional se difumina hasta desaparecer: el cuerpo queda disponible casi por completo y la implicación no se detiene al final de la jornada; nos llevamos los problemas a nuestros hogares porque esos problemas también nos atraviesan.
Esta forma de trabajo revela tensiones que no pueden ignorarse. La disponibilidad constante y la porosidad afectiva pueden exigir más de lo que las estructuras institucionales están preparadas para sostener. El compromiso colectivo convive con la dificultad de establecer límites claros, y no siempre es sencillo equilibrar la responsabilidad política con el descanso, la vida personal o la estabilidad material. Estas tensiones no anulan la potencia del proyecto, pero sí invitan a pensar cómo cuidar los cuerpos que lo sostienen y cómo redistribuir las tareas para evitar que la entrega —una de sus mayores fuerzas— se transforme también en una forma silenciosa de desgaste.
Acompañar procesos, visitar organizaciones, escuchar problemáticas de primera mano y caminar el barrio en grupo —formando una masa colectiva— modifica la manera en que concebimos nuestro cuerpo y la relación con el afuera. Ya no somos elementos aislados, sino un tejido que se sostiene a sí mismo, donde todos los hilos ejercen la tensión suficiente para mantener vivo el proyecto. Museo Situado transforma porque te hace parte de algo que no se piensa en singular.

En el presente, el trabajo de Museo Situado atraviesa un momento de incertidumbre marcado por el desfinanciamiento, la reconfiguración institucional y un clima político cada vez más hostil hacia los proyectos comunitarios, feministas y antirracistas. Estas transformaciones generan un miedo concreto: que un proyecto construido durante años de trabajo territorial, afectivo y colectivo pueda desvanecerse por la falta de apoyo material. La fragilidad no es nueva —siempre existió como condición estructural de cualquier iniciativa que desafía las lógicas extractivas y verticales—, pero hoy se intensifica. El riesgo no es solo la interrupción de actividades: es la posible pérdida de un espacio de escucha, acompañamiento y protección para muchas personas que encuentran en la red un modo más digno y seguro de habitar el barrio y la ciudad.
Al mismo tiempo, la amenaza revela algo fundamental: Museo Situado incomoda, y esa incomodidad es una de sus fuerzas políticas. Incomoda porque señala desigualdades, cuestiona dinámicas institucionales, denuncia violencias y articula solidaridades que no siempre son bien recibidas por quienes prefieren una cultura despolitizada y aséptica. Incomoda porque produce comunidad real, porque pone cuerpos en movimiento, porque crea vínculos que no pueden traducirse en indicadores. Pero esa incomodidad requiere condiciones materiales para sostenerse: tiempo, recursos, estabilidad mínima y cuerpos no agotados.
Hoy el proyecto oscila entre la precariedad y la potencia, entre el desgaste y el deseo, sabiendo que lo que allí se produce —formas de estar juntas, de cuidarnos, de pensar la cultura desde lo común— no solo merece continuidad, sino que resulta indispensable en un contexto que precariza justamente aquello que mantiene vivas a las comunidades. Aunque el presente sea frágil, la fuerza colectiva que sostiene Museo Situado permanece como una base desde la que resistir, reimaginar y persistir.
[1] El término “tentacular” retoma la metáfora propuesta por Donna Haraway para pensar formas de relación no jerárquicas, multisituadas y enredadas, donde los saberes y los cuerpos se conectan de manera porosa y transversal.
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