EXPOSICIÓN “EL OJO DESARMADO” CUESTIONA LA MIRADA PATRIARCAL
El Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET) presenta la exposición El Ojo Desarmado, una reflexión sobre el patriarcado como superestructura tentacular que atraviesa las diversas manifestaciones culturales, políticas y sociales. Curada por Nerea Ubieto (España) y producida por la Agencia de Cooperación Española, la muestra ha itinerado por Guatemala, Honduras, Argentina y España.
“De todos los sistemas que gobiernan nuestras mentes (capitalismo, neoliberalismo, productivismo), el patriarcado es el más antiguo de todos y se replica en los demás”, señala Nerea Ubieto. “Como apunta Rita Laura Segato, no es una religión o una cultura -estos son sus disfraces-, sino un orden político que es necesario desarticular desde sus cimientos”.
Ubieto articula la exposición como un espacio de interpelación crítica, donde el «ojo», entendido como dispositivo de percepción y procesamiento de la realidad, se despoja de los filtros implantados por una hegemonía masculina, blanca, heterosexual y occidental. Como señala la curadora, el patriarcado opera como un camaleón, mimetizándose con su entorno para perpetuar la dominación y la violencia. Las obras de lxs nueve artistas internacionales que conforman la muestra desvelan estas estructuras ocultas y proponen nuevas formas de mirar, libres de los condicionamientos que naturalizan el abuso y la opresión.

La selección de obras evidencia los múltiples «disfraces» del patriarcado: la religión y los mitos, explorados por Cristina Lucas; la moral y los hábitos, diseccionados por Valeria Andrade; el lenguaje y el imaginario visual, cuestionados por Olalla G. Valdericeda; y la cultura y la historia del arte, subvertidas por Núria Güell. Por su parte, Regina José Galindo analiza el poder de las leyes y mandatos, mientras que David Martín, Marta Pujades y Arantxa Boyero critican los estereotipos y creencias naturalizadas. Shoja Azari cierra el recorrido con una incisiva reflexión sobre el patriarcado integrado en el sistema neoliberal capitalista.
Uno de los puntos más destacados de El Ojo Desarmado es su capacidad para desplazar la atención desde las víctimas hacia los perpetradores y el sistema de pensamiento que ampara la violencia. Este giro conceptual no solo visibiliza la magnitud del problema, sino que también resalta la responsabilidad colectiva en la desactivación de patrones nocivos. En este sentido, las obras proponen alternativas, promoviendo una comprensión sana de la masculinidad y una nueva ética relacional que trascienda los géneros.
En palabras de Ubieto, «nuestra forma de mirar nunca es inocente». Este axioma se traduce en un recorrido expositivo que confronta al público con sus propios condicionamientos culturales y lo invita a cuestionar la naturalización del poder y la violencia. Al abordar temas como la cultura de la violación, las obras desarticulan las narrativas hegemónicas, trasladando la carga del discurso hacia quienes perpetúan las estructuras de opresión.

Entre las piezas destacadas, encontramos Habla (2008) de Cristina Lucas, una performance en la que la artista destruye con un martillo una réplica exacta de la escultura del Moisés de Miguel Ángel Buonarroti, una de las figuras más icónicas del Renacimiento y del arte occidental. Este acto se inspira en un episodio histórico: el propio Miguel Ángel golpeó la rodilla de su escultura mientras exclamaba «¡Habla!», frustrado por la imposibilidad de darle vida. Lucas retoma este gesto, cargándolo de nuevos significados al contextualizarlo en una reflexión contemporánea sobre el poder, la religión y el género.
La elección de Moisés no es fortuita. La escultura encarna valores asociados con las tres principales religiones monoteístas (cristianismo, islam y judaísmo), todas ellas basadas en estructuras jerárquicas que históricamente han perpetuado la superioridad masculina. Además, al situarse en el Renacimiento, momento en que se consolidó la noción de «genio» como atributo exclusivamente masculino, Lucas confronta directamente las raíces patriarcales de la Historia del Arte. La genialidad, vista durante siglos como un rasgo innato reservado a los hombres, ha ignorado sistemáticamente los contextos sociales y formativos que determinan el éxito artístico, dejando fuera a las mujeres y otras identidades marginadas.
La acción de Lucas no debe interpretarse como un ataque personal al legado de Miguel Ángel ni a la belleza de su obra, sino como una deconstrucción crítica de los discursos hegemónicos que han dominado la disciplina. Al destrozar la figura del «genio por excelencia», la artista hace añicos los conceptos que sostienen una narrativa desigual y excluyente, proponiendo en su lugar una Historia del Arte más justa e inclusiva.
La obra de la artista ecuatoriana Valeria Andrade, Cañón de carne (Serie Prácticas Suicidas) [2006], combina la crudeza de un testimonio telefónico real con una intervención performativa en las calles de Quito, exponiendo la violencia cotidiana del acoso callejero y la vulnerabilidad que enfrentan las mujeres en espacios públicos.
En el video, se escucha la grabación de una llamada a una línea de ayuda, donde una mujer comparte sus sentimientos de tristeza, impotencia y coraje frente al constante acoso sexual y los comentarios denigrantes de los hombres. Mientras tanto, la artista recorre las calles de la ciudad, siendo observada y piropeada con morbo.
-¿Usted sabe por quién votar?
-Perdón, yo no sé por quién votar. Igual siento que estoy vulnerable todo el tiempo. Parece que siempre estamos siendo abusados.
-¿Tiene ganas de hacerse daño?
-A veces sí, pero no quiero hacerlo. Es como si no supiera qué hacer. Todo el tiempo los hombres dicen cosas horribles.
-¿Qué le dicen?
-No puedes salir a la calle sin que te digan algo. Hace unos días, un hombre me dijo cosas horribles, como «venga mamita, le mamo la rajita». ¿Sabe lo terrible que es eso?
-¿Cuándo le pasó eso?
-Recién, hace unos días. Te miran de forma asquerosa, morbosa. Creo que los hombres nunca se dan cuenta de cómo nos hacen sentir. Siempre creen que exageramos. Te sientes como un pedazo de carne.




Las obras de la artista española Olalla G. Valdericeda abordan con incisiva inteligencia la cultura de la violencia y su naturalización en el lenguaje y las prácticas sociales cotidianas. En ¿Qué tienes en la cabeza?, la artista presenta una serie de dibujos de armas que, organizadas como una taxonomía científica, evidencian la relación entre el falo y los instrumentos de violencia. Desde términos menos obvios como “mástil” o “martillo” hasta los más explícitos como “verga” y “trabuco”, la obra pone en evidencia cómo el lenguaje legitima y perpetúa la asociación entre masculinidad y agresión.
En Polvo eres, Valdericeda transforma una frase aparentemente inocente –“Este niño será el terror de las nenas”– en una reflexión inquietante sobre la normalización de la violencia de género desde la infancia. Escrita con tiza en una pizarra con caligrafía infantil, la frase hace un paralelismo entre el lenguaje cotidiano y el legado de feminicidios que estas dinámicas sociales perpetúan. En palabras de la propia artista: “Ese polvo amontonado hace alusión al cementerio de feminicidios acumulados. Las tizas tienen en su mayoría carbonato cálcico como los huesos”.
Ambas obras, profundamente críticas, nos invitan a mirar con extrañeza aquello que hemos aceptado como normal y a replantear las estructuras que sostienen estas violencias invisibilizadas.

En Hombres coronados, la artista española Marta Pujades utiliza la tradición del retrato decimonónico y los arquetipos masculinos clásicos como herramientas para cuestionar las construcciones de la masculinidad y los roles de género. En un estudio improvisado al aire libre, retrata a hombres de torso desnudo con características individuales (tatuajes, piercings, barba) que contrastan con poses y actitudes asociadas a la juventud masculina idealizada, como la suavidad, el refinamiento o la androginia, propias de la pintura clásica.
Con humor e ironía, Pujades desacraliza el mito del hombre como ícono de poder, proponiendo otras formas de concebir la masculinidad y su relación con las políticas de género. La serie actúa como plataforma para explorar la identidad, el juego de roles y las dinámicas entre sexos desde una perspectiva crítica y generacional.
En Room With a View, el artista iraní Shoja Azari retrata la desconexión entre la realidad y la percepción mediada por el entretenimiento. La obra muestra cómo, a pocos metros de una violación, una pareja mayor disfruta de un melodrama de Hollywood en la televisión, completamente indiferente a los hechos que ocurren más allá de su salón.
La escena plantea una paradoja: el hogar, que suele interpretarse como un refugio seguro, se convierte aquí en una burbuja de aislamiento emocional y social. A través de la ventana, el espectador puede observar un jardín que combina una belleza idílica con actos de violencia entre los jóvenes que allí se encuentran. Sin embargo, los protagonistas permanecen absortos en la narrativa televisiva, ignorando deliberadamente lo que sucede fuera de su pequeño mundo.
Azari denuncia cómo el consumo pasivo de entretenimiento transforma los problemas sociales en asuntos lejanos y ajenos, permitiendo a las personas evitar cualquier responsabilidad o acción ante el sufrimiento real.
Desde 1997, Shoja Azari ha colaborado en diversas instalaciones cinematográficas con la destacada artista iraní Shirin Neshat, entre ellas Turbulent, que recibió el prestigioso León de Oro en la Bienal de Venecia de 1998.
El Ojo Desarmado se erige, así, como una cartografía de resistencias y una plataforma para imaginar futuros más equitativos. En su invitación a desarmar la mirada, la exposición no solo confronta, sino que también transforma: un recordatorio urgente de que la emancipación comienza con la capacidad de ver con ojos nuevos.

EL OJO DESARMADO
Cristina Lucas, David Martín, Marta Pujades, Arantxa Boyero, Olalla G. Valdericeda, Núria Güell (España), Valeria Andrade (Ecuador), Regina José Galindo (Guatemala), y Shoja Azari (Irán).
Curaduría de Nerea Ubieto
Del 29 de noviembre de 2024 al 22 de febrero de 2025
Centro Cultural de España en Tegucigalpa, Honduras
La exposición se ha presentado previamente en Centro Cultural de España en Guatemala, Museo de Arte y Diseño (MDAC) de Costa Rica, Centro Cultural Parque de España en Rosario (Argentina), Centro Cultural de España en Córdoba (Argentina), Marq – Museo de Arquitectura de Buenos Aires, y Sala Aljibe del CIC El Almacén en Las Palmas de Gran Canaria.
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