Skip to content

NATALIA MEJÍA: AFTER WIND

De pronto me percato de la poca importancia que tiene mi temor a fracasar. Constato que los míos no son los únicos sueños, ni las mías, las únicas palabras que narran su maravilla. Acepto la alta probabilidad del fracaso porque cedo ante el deseo de compartir el hecho de que la vida es un misterio que da vértigo, y que podemos asombrarnos en compañía. Nunca hay soledad en la escucha y la escritura del sueño.

La canción detrás de todas las cosas, Gabriela Damián Miravete


La figura del camello cargando el mundo a cuestas, aparece y se diluye. Durante casi 40.000 años, han movido sus extremidades sobre una Tierra que guarda en sus capas la memoria de esos largos pasos. La pregunta «¿qué carga un camello?» es un punto de partida para un diálogo inabarcable en torno a la memoria y su constitución matérica. Ya sea de manera literal o metafórica, esta interrogante encierra otra menos evidente en su abstracción: ¿qué es aquello que conecta nuestra animalidad con la de estos seres, con la Tierra y con el Universo?

En After Wind, la artista colombiana Natalia Mejía reúne una serie de obras en las que despliega una elasticidad temporal que difumina los límites entre imágenes, revelando cómo la historia se construye a partir de sus propios residuos. Distintos elementos entre los que están la representación de camellos, huesos, instrumentos de medida y constelaciones conforman un palimpsesto que, pese al borrado de su contenido, con el tiempo saca a la luz aquello que estaba oculto.

Este proceso se configura en dos gestos clave: la búsqueda de materiales encontrados y la raspadura deliberada de imágenes previamente grabadas, pegadas o dibujadas por la artista. Dichas estrategias desmenuzan la naturaleza de la memoria –tanto individual como colectiva– que se compone de fragmentos dispares, unidos por conexiones que no siempre son evidentes.

Tablillas, huesos de vidrio y una piel-muro resultan en hallazgos arqueológicos de un pasado reverberante y un futuro-presente. Cada fragmento nos lleva hacia tiempos profundos de lo micro y lo macro, inscritos en la composición mineral, química u orgánica de nuestros cuerpos.

La memoria no es sólo evocada a través de una imagen, sino que es contenida en la materia misma. Entre una red de pulsos surgen conexiones neuronales-constelaciones que se apagan e iluminan en una relación de interdependencia que rebasa lo humano y lo no humano, fuera de la existencia en la Tierra. Al excavar a profundidad esta memoria, se crea un punto de fuga a un tiempo imposible de asir que, sin embargo, está contenido en cada partícula que nos compone e interconecta.

Natalia Mejía, After wind, 2024. Transferencia, dibujo, grabado láser, impresión digital en piel de oveja, lentes, cristal, abrazaderas, tuberías de cobre, reglas, impresión 3D, rama, papel de aluminio, tacos de aluminio, video reproducido en iPhone, placas de cobre y aluminio grabadas. Cortesía de D. D. D. D. y la artista. Foto: Andrew Schwartz
Natalia Mejía, After wind [detalle], 2024. Cortesía de D. D. D. D. y la artista. Foto: Andrew Schwartz
Natalia Mejía, Fractura e ilusión, 2024. Vidrio soplado, grabado láser, arena del desierto de Sonora, calibradores de vernier y aguafuerte de punta seca impreso en papel de periódico. Cortesía de D. D. D. D. y la artista. Foto: Andrew Schwartz
Natalia Mejía, Fractura e ilusión [detalle], 2024. Vidrio soplado, grabado láser, arena del desierto de Sonora, calibradores de vernier y aguafuerte de punta seca impreso en papel de periódico. Cortesía de D. D. D. D. y la artista. Foto: Andrew Schwartz

Desde niña tuve hiperestesia. Esta condición, que supone sensibilidad exacerbada a una multitud de estímulos, con el tiempo se transformó en una intuición aguda. Recuerdo tomar la mano de mi madre y sentir cómo nuestras líneas de vida se entrelazaban, trascendiendo tiempo y espacio, convirtiéndonos en un todo cósmico: un misterio que apenas podíamos vislumbrar. Aunque ella no lo sabía, percibía la opresión en su pecho como si fuera mía. Su cuerpo me hablaba y, a veces, lograba intuir sus pensamientos.

Con los años, este sexto sentido se intensificó. Pasé de captar emociones a través del tacto a descifrar los significados emocionales que un objeto podía tener para alguien. Había algo mágico en ese viaje al pasado que después convertía en un lenguaje secreto, plasmado en cartas que enviaba a direcciones desconocidas.

Explorar las formas contenidas en un artefacto me conectaba con sus historias hasta alcanzar su esencia más pura. Esto me llevó a reflexionar sobre cómo la materia orgánica y mineral que formaba mi cuerpo también residía en esos objetos impregnados de afecto.

Natalia Mejía, After wind, 2024. Poste, tacos de aluminio, madera contrachapada, hueso de camello, piel de oveja y papel de aluminio. Cortesía de D. D. D. D. y la artista. Foto: Andrew Schwartz
Natalia Mejía. Still de video After wind, 2024. Cortesía de D. D. D. D. y la artista
Natalia Mejía, Dos colapsos, 2024. Vaciado de cáscara de huevo. Cortesía de D. D. D. D. y la artista. Foto: Andrew Schwartz

Un día, mientras recorría una tienda de antigüedades, una vitrina llamó mi atención. En su interior había un hueso con marcas que despertaron mi curiosidad. La etiqueta decía: “Hueso de babuino, periodo Paleolítico superior”. Me sorprendió encontrar algo así en un lugar tan poco concurrido. Con un nudo en la garganta, pedí al encargado permiso para tocarlo, explicándole mi conexión especial con los objetos antiguos. Su mirada escéptica y el cartel de “Prohibido tocar” me desanimaron.

Ante la negativa, decidí tocar la vitrina. Mi pulso se aceleró y, de pronto, sentí cómo un portal se abría en mi mente. Desperté en una oscuridad húmeda, rodeada de olor a tierra mojada y hojas en descomposición. El aroma me resultaba extrañamente familiar, como un sueño olvidado. Mi cuerpo había viajado a través de conexiones neuronales hasta encontrarme con esa fiera animal que aún no se nombraba humana.

Me sentía diferente. Palpé mi cabello largo y enmarañado; mis manos, aunque parecidas, eran más pequeñas, con uñas largas y fuertes. En cuclillas, toqué la tierra rugosa de lo que parecía una cueva. Allí estaba el hueso. Lo toqué con entusiasmo y descubrí sus incisiones. De manera instintiva, tomé una piedra cercana, húmeda al contacto con mi sudor.

Gateé hacia una salida. Bajo un cielo estrellado y una luna llena, regresé a la cueva con el hueso y la piedra. Grabé una marca que representaba la fase lunar actual. Sentí mi cuerpo: senos hinchados, vientre abultado, un hilo de sangre corriendo por mis piernas. Estaba viva, plenamente consciente de estarlo.

Al salir del trance, el encargado me miraba inquisitivamente y señaló el letrero de “Prohibido tocar”. Con voz desganada añadió: “Tampoco puedes tocar los muebles”.

No me importó. Recordé haber leído que el “hombre” descubrió su evolución al usar un hueso como arma. Sin embargo, tras mi experiencia, entendí que fue el reconocimiento de la existencia del tiempo lo que realmente marcó esa transformación. Y ese tiempo, estoy segura, fue calculado por un cuerpo femenino al observar su ciclo lunar.


NATALIA MEJÍA: AFTER WIND

D.D.D.D Pictures, 179 Canal St., Ste 3B/4D, Nueva York

Del 13 de diciembre de 2024 al 26 de enero de 2025

fernanda ramos mena

Ciudad de México, 1991. Curadora y gestora. Su investigación se centra en la noción de activismo curatorial con el objetivo de dar salida a proyectos que cuestionen las narrativas lineales, patriarcales y hegemónicas del arte. Entre 2019 y 2022 formó parte del equipo curatorial del Museo de Arte Moderno en CDMX. Además, ha curado proyectos independientes para el ASU Art Museum (Tempe, Arizona, 2022-23) y Salón Silicón y Pequod Co (2023) en CDMX. Es curadora de la obra/repositorio “Último día del verano” de la artista chilena Paulina Silva Hauyon, que desde la literatura activa los archivos personales vinculados a mujeres y sexodisidencias. Es cómplice permanente de Dinamita plataforma, iniciativa editorial enfocada en el cruce entre los activismos transfeministas, el arte y la cultura, donde co-editó la publicación de dibujo “Trazar las disidencias”.

Más publicaciones

También te puede interesar

MARÍA ELVIRA ESCALLÓN: ENCUENTRO CON SERES NOTABLES

En estos escenarios míticos ubicados en algún presente/pasado, modelando el barro, trabajando con agua, polvo, video, fotografía y tiempo, Escallón hace descender los dioses a la tierra, reversando el claro. En este espacio de...

LA CERCA SUENA LEJOS…

Pronto se hizo evidente que el interés de las y los artistas pasaba por formular otros escenarios. Como si cuestionaran el límite mismo. Como si señalaran su carácter arbitrario. ¿Por qué la cerca y...