Skip to content

LAS (MUCHAS) VITALIDADES DEL JARDÍN: LAS PARCELAS FLORIDAS DE AURORA NOREÑA

Cuando el conquistador español Bernal Díaz del Castillo llegó a las cuencas Central y del Valle de México, se encontró con ciudades construidas entre el agua y la tierra, con extensos corredores vegetales colmados de flores, hierbas y árboles frutales. La exuberancia de jardines como los de Iztapalapa o Huaxtepec podía ser disfrutada, no solo con los ojos, sino que también era intensamente olfativa: el aroma de los ahuehuetes, de las cempohualxochitl, las yauhtli y otras especies sagradas y medicinales dominaba el entorno y manifestaba la predilección de los gobernantes mexicas por las plantas aromáticas. El jardín precolonial era entonces el producto de una gestión multidimensional de las ecologías olfativas y sensoriales, que desbordaban la tendencia taxonómica y disgregadora del cientificismo europeo.

Aunque el jardín mesoamericano—al igual que el chino o el egipcio—encarnaba múltiples dimensiones de sentido y de uso (ideológicas, científicas, medicinales, recreativas, nutritivas y espirituales) la historia europea solo comienza su narración del jardín botánico-científico en 1544, con la apertura del Jardín Botánico de Pisa. En cambio, la historia de los jardines mesoamericanos suele ser diluida en una suerte de prehistoria botánica, un paisaje borroso —o borrado— que se ve fuera de foco desde la óptica etnocéntrica colonial.

Desestimar el conocimiento botánico desarrollado en Mesoamérica significa una pérdida patrimonial y epistémica crucial: la conexión vital entre seres y entidades orgánicas e inorgánicas del jardín es invisibilizada para darle paso al concepto de recurso natural, singular y dislocado, que reconfigura las marañas vegetales como objetos de estudio y como mercancías. Este borramiento ha sido fundamental para apuntalar los procesos extractivos desde Abya Yala hacia Europa que se establecieron entonces y que continúan hasta el día de hoy.

Vista de la exposición Parcelas Floridas, de Aurora Noreña, en Casa Wabi Sabino, Ciudad de México, 2024. Foto: Rubén Garay

Aurora Noreña es consciente de que las prácticas de borramiento colonial tienen consecuencias profundas sobre la psique colectiva y sobre las formas en las que se construyen las identidades postcoloniales. Como estudiosa del patrimonio material mesoamericano, la artista mexicana ha escarbado múltiples historias de extracción y coleccionismo; ha perseguido intrigas detectivescas sobre robos y apropiaciones patrimoniales; ha desarrollado ejercicios de restitución simbólica y material en diferentes comunidades; y, crucialmente, ha puesto su material de investigación al alcance de quien quiera visitarlo, por medio de bases de datos open-source.

El trabajo de Noreña es tan afectivo como intelectual, y entiende la interconectividad (temporal, social y epistémica) como un horizonte de acción política donde el arte puede apoyar las luchas culturales por el patrimonio. Sus objetos realizados en la técnica de la silla Acapulco, por ejemplo, conectan historias de saqueo y apropiación antiguas y modernas con los extensos linajes de la producción artesanal de diferentes siglos. El resultado ya no es un simple artefacto que evoca una suerte de lo vernáculo mexicano, sino un elaborado tejido de materialidades, especies, comunidades y saberes que constituye un cuerpo crítico, estético y didáctico.

Vista de la exposición Parcelas Floridas, de Aurora Noreña, en Casa Wabi Sabino, Ciudad de México, 2024. Foto: Rubén Garay
Vista de la exposición Parcelas Floridas, de Aurora Noreña, en Casa Wabi Sabino, Ciudad de México, 2024. Foto: Rubén Garay

Parcelas Floridas confiere una nueva dimensión expresiva al trabajo de investigación y creación de Noreña, al unir las historias patrimoniales con el interés por el jardín mesoamericano. En esta instalación-ambiente, presentada en la terraza de Casa Wabi en la Ciudad de México, en el contexto de la exposición Americanas, las ideas de ornamentación y diseño del jardín europeo se encuentran con especies fundamentales del jardín mesoamericano, como la salvia (o tlacote) y una colorida variedad de cempasúchil llamada clemolito.

El espacio está definido por tres sistemas de plantas, petates y escultura que forman un espacio planeado para un ocio activo: cada conjunto invita a lxs asistentes a sentarse, para descansar, conversar o meditar. La parcela central funciona como una paradójica alusión a la fuente del jardín francés: al ser un falso recipiente, fabricado en la técnica de la silla Acapulco, no puede contener agua. Sin embargo, estas parcelas tienen una naturaleza activa permanente, gracias a los olores que emanan de sus especies vegetales.

En Parcelas Floridas, las cualidades organolépticas y ecológicas introducidas por las plantas contribuyen en la reconstrucción de ensamblajes materiales, culturales y biológicos que habían sido desmantelados por las divisiones duras de la ciencia moderna. Situada en la extensa investigación sobre plantas mesoamericanas de la antropóloga estadounidense Doris Heyden, Noreña revisita las trayectorias rituales, sensoriales y fenomenológicas del jardín mesoamericano.

Vista de la exposición Parcelas Floridas, de Aurora Noreña, en Casa Wabi Sabino, Ciudad de México, 2024. Foto: Rubén Garay

Después de atravesar sus estímulos sensoriales iniciales, los jardines ofrecían una ventana a las intensas relaciones entre lo humano y lo vegetal en el mundo mesoamericano: algunas flores servían para mantener la energía del cuerpo, otras como agente aglutinante en la fabricación de herramientas; unas eran de forma simultánea plantas y deidades, mientras que otras estaban relacionadas, simplemente, con el placer. Para los mexicas, la vitalidad de la existencia estaba siempre y a priori ligada a una existencia-con las plantas, en oposición a una existencia jerarquizada, que posicionaría a las plantas como un recurso explotable por lo humano. 

En este sentido, el problema de la restitución en Noreña cobra un orden diferente, al invocar la reparación de otras dimensiones de lo sensible en las relaciones entre los órdenes vegetales y humanos. Parcelas Floridas señala una diferencia fundamental entre los jardines mesoamericanos y su contraparte europea: si el jardín europeo es un espacio acotado, cuya experiencia está más relacionada con el recorrido, el consumo visual, la taxonomización, el control y el aprovechamiento productivo, el jardín mesoamericano era además un espacio vital, cuya experiencia se ramifica en diferentes prácticas—culturales, espirituales, científicas y de ocio.

Adicionalmente, los arreglos de petates circulares de los conjuntos laterales de Parcelas Floridas hacen referencia a los chalchihuites, una denominación que remite a la vez a piedras semipreciosas como el jade, y a las “aguas preciosas”; esto es, a la sangre de los sacrificios humanos. Así, las conexiones etimológicas, estéticas y rituales de estos objetos señalan la profundidad de la trama biológica, ecológica y material representada en el trabajo de Noreña, y que demanda una atención y una permanencia que excede nuestras costumbres de consumo visual del objeto-arte.

Vista de la exposición Parcelas Floridas, de Aurora Noreña, en Casa Wabi Sabino, Ciudad de México, 2024. Foto: Rubén Garay
Vista de la exposición Parcelas Floridas, de Aurora Noreña, en Casa Wabi Sabino, Ciudad de México, 2024. Foto: Rubén Garay

En su totalidad, el proyecto —su instalación-ambiente, sus invitaciones a la interacción sensorial, y su intrincada construcción semiótica—parece ofrecer una resistencia, o lo que la antropóloga Marisol de la Cadena entiende como una destrucción permanente de mundos del canon (en plural) colonial, que ignora la comunión entre las diferentes entidades y que busca la consolidación de un mundo único y sus excesos.

Parcelas Floridas sugiere una vitalidad más extensa y compleja, que no busca recomponer líneas de tiempo desde dualismos ontológicos entre lo local y lo colonial. Al contrario, funciona como una matriz un tejido multidimensional— que considera y consolida la potencia de diferentes mundos que, aunque se entrelazan, aún son reconocibles.

El proyecto de Noreña también ejemplifica cómo el seguimiento de trayectorias materiales puede expresar de forma extensa un campo político que excede la producción artística para proponer nuevos mundos posibles, plurales y simultáneos, que creíamos que ya era imposible reconstituir.

Vista de la exposición Parcelas Floridas, de Aurora Noreña, en Casa Wabi Sabino, Ciudad de México, 2024. Foto: Mariana Vinalay
Vista de la exposición Parcelas Floridas, de Aurora Noreña, en Casa Wabi Sabino, Ciudad de México, 2024. Foto: Mariana Vinalay

Americanas, de Aurora Noreña, Lisa Saldivar, Clara de Tezano, se presenta del 19 octubre de 2024 al 12 enero de 2025 en Casa Wabi Sabino, C. Sabino 336, Atlampa, Cuauhtémoc, Ciudad de México.

David Ayala-Alfonso

David Ayala-Alfonso es curador, escritor e investigador. Vive y trabaja en Ciudad de México.

Más publicaciones

También te puede interesar

GERDA GRUBER: ENTRE VERDE Y AGUA

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) presenta "Gerda Gruber: Entre verde y agua", la primera y más amplia revisión dedicada a los cincuenta años de trayectoria de la escultora, considerada una figura...

¡HIJA DE SU MADRE! UNA EXPOSICIÓN DE MÓNICA MAYER

La muestra traza un fascinante recorrido por las distintas etapas creativas de la artista, abarcando más de cien piezas históricas y recientes creadas a lo largo de las últimas cinco décadas, en torno a...