CARLOS CASTILLO. C.C.T.V.: CASI TODO 1963-2011
Por Renato Bermúdez Dini
Carlos Castillo es sin duda un creador politécnico. A lo largo de su obra ha sido capaz de desplegar distintas prácticas, medios, soportes y estrategias tanto materiales como conceptuales, en modulaciones que oscilan entre la picardía y la tragedia, preocupado siempre por la realidad venezolana y determinado a incidir en ella con sus imágenes.
Esta exposición despliega y articula casi toda la obra de Carlos Castillo, en una labor que ha sido titánica, más específicamente sisífica, pues justo cuando se cree que ya se ha visto todo, aparece un boceto antiguo, una escultura olvidada, las anotaciones para un performance o una versión distinta de alguna película. Se trata, en ese sentido, de una oportunidad invaluable para conocer y discutir el extenso y complejo trabajo de uno de los más importantes exponentes del arte contemporáneo de Venezuela.
Por primera vez en su carrera, se reúne un conjunto de películas, videos, fotografías, esculturas, instalaciones, dibujos y performances en los que Carlos Castillo se instala en un campo de tensión entre lo visible y lo invisible, enfatizando aquello que no se deja ver fácilmente, lo que la vista no puede atrapar por sí misma. Sus obras requieren una mirada de soslayo, (re)torcida, vacilante. Para verlas, hay que entrecerrar o bizquear los ojos en un gesto que va del humor al asombro, del juego al espanto, del placer al lamento.
Cámaras que caen abruptamente al vacío, televisiones que se suspenden en lo alto de una asta, recetas de sopa de pollo que se convierten en historias de suspenso, y ráfagas de cuchillos que desgarran el aire son tan solo algunas de las configuraciones tan insólitas como cotidianas que se reúnen en esta exposición. Recorriendo décadas de trabajo, la muestra incluye desde sus películas más destacadas como Matiné 3:15 (1976), Hecho en Venezuela (1977), T.V.O. (1979) e Intento de vuelo fallido (1982), hasta trabajos poco conocidos como sus exploraciones fotográficas en la serie El Dorado (1974) y sus dibujos tempranos.
Esta exposición de casi toda la obra de Carlos Castillo es una invitación urgente a despojarnos de nuestras certezas –sean históricas, identitarias, sensibles o de cualquier otro tipo– para aventurarnos en la búsqueda de nuevas formas de habitar la realidad y seguir activando los engranajes de nuestra imaginación.














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