EDGAR CALEL: RU RAXAL QA RAYB’ÄL
En el corazón de la obra de Edgar Calel late la cosmovisión maya kaqchikel, alimentada por las raíces familiares y comunitarias de su pueblo natal, Chi Xot (San Juan Comalapa, Guatemala). Su práctica entrelaza lo espiritual, lo físico y lo emocional, configurando un espacio donde el conocimiento comunitario se nutre de la tierra, de los ancestros y vínculos afectivos. El artista nos invita a experimentar el arte de manera viva, alejada de la monumentalidad y el distanciamiento que a menudo caracterizan los espacios artísticos tradicionales.
La exposición Ru Raxal qa Rayb’äl (El verdor de nuestro deseo), que se presenta en La Nueva Fábrica hasta el 27 de octubre, marca un punto de inflexión en la carrera de Edgar Calel. No solo es su primera muestra individual institucional en Guatemala, sino que expande su repertorio de ofrendas transformadoras (y en constante transformación): espacios de sanación compartida, contemplación y «sentipensar» que abren múltiples formas de dar sentido al mundo. Las instalaciones presentadas no son meros objetos estáticos, sino entidades vivas que evolucionan con el paso del tiempo y la energía del público.
El título Ru Raxal qa Rayb’äl (El verdor de nuestro deseo) sugiere un anhelo profundo de regresar a una naturaleza que no es solo paisaje, sino también fuente de conocimiento, espiritualidad y protección. En Guatemala, donde las dinámicas coloniales han explotado la tierra y el agua durante más de cinco siglos, esta búsqueda de retorno se siente casi como un acto de resistencia. El “verdor” no es solo un color o un estado, sino un deseo compartido de reconectar con lo esencial, con aquello que ha sostenido la vida a lo largo de generaciones.
Según el artista, las obras expuestas en Ru Raxal qa Rayb’äl se basan en «prácticas que los pueblos nunca olvidaron, que nunca fueron apagadas y que continúan siendo el centro de la vida en nuestro territorio». Curada por Calel e Ilaria Conti, directora ejecutiva de La Nueva Fábrica, en colaboración con la familia del artista y el equipo del espacio, la muestra no busca ser una representación explícita de lo espiritual; más bien, convoca al público a acercarse a formas de cuidado comunal, donde la reciprocidad y el vínculo con la tierra emergen como ejes fundamentales.


La exposición abre con Rute’ q’aq / Madre del fuego (2024), una instalación donde el artista recrea la cocina de su abuela con arcilla y carbón. Este espacio doméstico, donde se enciende el fuego, se prepara la comida y se tejen relaciones, se convierte en una cálida bienvenida que rompe la distancia habitual entre el arte y el espectador. Como dice Calel: “En el mundo del arte nadie te invita a su casa, cerca del fuego”.
En lugar de observar desde lejos, el público es invitado a llevar consigo una ofrenda de frutas y flores, así como a recibir una pequeña piedra para sostener durante su visita. Calel centra la atención en la piedra como compañera y fuente de conocimiento. Al final del recorrido, se pide a los visitantes que devuelvan la piedra y contribuyan a la creación de un “archivo” de las energías que han atravesado la exposición. Este gesto, simple pero cargado de simbolismo, convierte a la piedra en un puente entre la experiencia individual y la colectiva.
Esta noción se amplía en la segunda sala, donde las ofrendas cobran protagonismo. Qa K’obomanik Roma ri qa K’aslem / Nuestras ofrendas por nuestras vidas (2024) forma parte de una serie de instalaciones en las que Calel honra a sus ancestros mediante ofrendas de frutas, verduras y plantas medicinales dispuestas sobre piedras que han pertenecido a la familia Calel durante generaciones. El artista honra a sus ancestros a través de un acto que es espiritual y material a la vez. Las ofrendas no son solo gestos de agradecimiento, sino una reafirmación de la continuidad de la vida y de los saberes que los pueblos mayas han protegido a lo largo del tiempo.



La exposición también cuenta con una serie pinturas y dibujos que amplifican estas ideas. Ru Raxal qa Rayb’äl / El verdor de nuestro deseo (2024) rinde homenaje al bosque como un espacio seguro de alimentación y comunión con la naturaleza. Otra obra, Como luciérnagas son cada uno de mis pasos (2024), materializa la sabiduría de la tierra y de las relaciones filiales, con los pasos de los familiares de Calel brillando en la oscuridad del bosque.
En el dibujo en carboncillo titulado E qa rik’ik’en ri cholaj richin ni qi k’ ul ri nab’ey taj Job’ / Estiramos los surcos para que reciban las primeras lluvias (2024), Calel representa la tierra preparada para sembrar el maíz y el frijol, alimentos que sustentan la vida. «Me gusta que con pocos trazos se pueda compartir el deseo de dar continuidad a la vida asegurando los alimentos», dice el artista.
El recorrido culmina con Ru naq’ Q’aq’ / Semillas de fuego (2024), una instalación que invita al público a sentarse junto al fuego, dibujar y contemplar una constelación de 13 velas. Al final, los visitantes pueden llevarse una vela y colgar sus dibujos en las paredes de la galería, creando así un autorretrato colectivo que gira en torno al poder transformador del fuego. Es un gesto final que, más que clausurar la exposición, la abre hacia algo más poderoso: una reflexión compartida sobre lo que significa cuidar, sanar y sostener la vida en comunidad.
A lo largo de la exposición, Edgar Calel, en colaboración con LNF, ha venido desarrollando una serie de programas públicos que profundizan en las prácticas y preocupaciones del proyecto, fomentando su dimensión participativa y de reciprocidad.


EDGAR CALEL: RU RAXAL QA RAYB’ÄL
La Nueva Fábrica, Plazuela Central de Santa Ana #55, Aldea Santa Ana de La Antigua Guatemala.
Del 1° de junio al 27 de octubre de 2024
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