TANIA CANDIANI: OFRENDA
Por Emiliano Valdés | Curador
Ofrenda, la primera exposición a gran escala en Colombia de la artista Tania Candiani (Ciudad de México, 1974) reúne una serie de trabajos en torno al sonido, los procesos artesanales y los ríos, que hablan de distintas latitudes, pero también, y sobre todo, de Medellín. Algunas de sus obras llevan por senderos que fusionan la Tierra con sus habitantes humanos y no humanos, los acercan, y también interrogan por el sentido que cada quien le da a su breve paso por este planeta.
Vagamente estructurada alrededor de Preludio cuántico, una video instalación que pone en relación visiones místicas, científicas y estéticas del universo, Ofrenda plantea –desde el sonido y la materia– una serie de reflexiones sobre aquello que es primordial, tanto en lo audible como en lo palpable.

En el principio fue el sonido. Desde el big bang hasta el mantra om, el sonido está en el origen de la concepción del mundo de distintas culturas y tradiciones. Antes de la existencia de las estrellas y los planetas, antes de los agujeros negros y las enanas blancas, incluso antes de los átomos o los rayos de luz, el Universo reverberaba en una vibración sorprendente: el sonido.
Hoy, lo sonoro gana en importancia no solo dentro de las prácticas artísticas que encuentran en él un medio despojado de las cargas simbólicas de lo visual, sino también en la ciencia y la espiritualidad. El sonido ayuda a entender las primeras etapas del cosmos, da luces sobre procesos invisibles a los ojos humanos y ayuda a armonizar el cuerpo y la mente con las vibraciones altas: la sonoridad allega lo que es invisible y, por lo tanto, lo desconocido.
El sonido también está en el núcleo de la práctica artística de Tania Candiani, quien en los últimos quince años lo ha investigado como material, como medio y herramienta de medición y comprensión del mundo corpóreo. Su obra, que es orgánicamente multidisciplinaria, centra su interés en los procesos de traducción entre lenguajes y técnicas.
De allí que utilice los campos sonoros para entender la concepción del mundo en distintas culturas, para establecer un canal de comunicación con otras especies e, incluso, para cuestionar los procesos de industrialización y un supuesto progreso cuyas profundas consecuencias estamos viviendo hoy. La artista ha llegado a pensar el sonido como un instrumento para medir el paso del tiempo, del tiempo del trabajo artesanal, de las tradiciones y sus manifestaciones materiales.

For the Animals es un proyecto de largo aliento en el que Candiani colaboró con artistas sonoros, investigadores y científicos en un proceso de investigación-creación sobre las capacidades auditivas de distintas especies durante una residencia en el Arizona State University Art Museum.
Interesada en la relación entre humanos y no-humanos, Candiani desarrolló una serie de composiciones sonoras-arruyos en el rango de frecuencia que es audible para seis especies de animales indígenas del desierto de Sonora en México.
Las composiciones fueron reproducidas al aire libre en un dispositivo que viajó por algunos de los hábitats de éstas y otras especies. El proyecto también incluyó videos, dibujos, obras efímeras y piezas sonoras escultóricas que tradujeron las canciones de cuna de los animales a un lenguaje visual para el público humano.


La video instalación For the Animals hace parte del proyecto homónimo y constituye un paisaje sonoro o soundscape, un término acuñado por el compositor y ambientalista canadiense R. Murray Schafer. Consiste en un montaje que mezcla imágenes, texto, tonos, vibraciones y ruido de distintas fuentes.
El poema audiovisual habla de la complejidad de nuestro entorno auditivo al tiempo que pone en relación distintas dimensiones de lo sonoro: desde grabaciones nocturnas del canto de algunos animales hasta mediciones de formaciones rocosas al ritmo de un texto compuesto por la artista con fragmentos de textos de Murray, Bernie Krause y Brandon LaBelle.


Filmado en el Espacio Escultórico de la Universidad Nacional Autónoma de México y con imágenes de archivo del Gran Colisionador de Hadrones del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), Preludio cuántico se estructura alrededor de una acción sonora para voces e instrumentos en la que se entrelazan diferentes paradigmas de comprensión de la vida.
Esta pieza audiovisual de dos canales de video y ocho de sonido se presenta como una narrativa a dos voces que incluye conocimientos provenientes de cosmovisiones indígenas ancestrales, pasando por la ciencia del sonido y la estética musical hasta las implicaciones de la física cuántica.
La obra propone un paralelismo entre el Espacio Escultórico, una escultura pública circular de120 metros de diámetro realizada por los artistas mexicanos Federico Silva, Helen Escobedo, Hersúa, Manuel Felguérez, Mathias Goeritz y Sebastián en 1979 y el Gran Colisionador de Hadrones, dos paradigmas del arte y la ciencia, respectivamente.
Candiani participó en la prestigiosa residencia Arts at Cern en 2022 desde donde concibió la pieza como una “narración coreográfica” en la que las y los músicos son sujetos generadores de sonido y, al mismo tiempo, partículas elementales en nuestro acercamiento al universo sensible.
Preludio cuántico se emplaza en este espacio significativo del pensamiento artístico latinoamericano –el Espacio Escultórico– articulando los sonidos producidos por los músicos participantes en la acción. A cada uno de los 64 prismas triangulares del monumento se corresponde un sonido, en un juego de reflejos y resonancia entre el mundo material y el sonoro –entre una comprensión del mundo y otra– que replica las cualidades aritméticas, geométricas y armónicas constitutivas de la sonoridad de la música, las leyes de la física, el principio organizador de la naturaleza y la expansividad del cosmos.

Reverencia es una acción coreográfica basada en una reinterpretación de la Danza de los Quetzales, una de las pocas danzas ceremoniales prehispánicas que sobrevivió a la evangelización en Mesoamérica y que aún se realiza en la región Nahua-Totonaca de México, en el estado de Veracruz. En esta tradición, los bailarines honran al sol y piden favores divinos como buen tiempo, cosecha abundante y salud, ya que el propósito del baile es beneficiar el trabajo agrícola.
La obra propone una síntesis de la danza, y se centra en el saludo a los cuatro puntos cardinales y el gesto esencial de gratitud subyacente en la reverencia que realizan los dos bailarines. Los penachos fueron realizados por el maestro penachero Marcos Alderete, y de sus varios colores se mantienen solamente el blanco, el negro y una línea roja, en alusión a la sangre y a la vida.
Esta obra forma parte de un proyecto amplio de recuperación y relectura de danzas tradicionales de origen prehispánico y colonial a partir del análisis de las partes narrativas, simbólicas, sonoras y coreográficas que las componen.

Cuando el río suena es una obra realizada para esta exposición y deriva del interés de Candiani en los ecosistemas fluviales, específicamente, de su investigación sobre el trazo de los ríos. Característica de los procesos de industrialización de ciertas ciudades, la canalización de los ríos borra su trazo sobre el territorio y modifica profundamente su ecología.
La obra propone la recuperación del cauce natural del río Medellín que se perdió con su canalización a mediados del siglo XX y que implicó no solo la alteración de su curso y sus dinámicas, sino también la condena del río como un vertedero, al normalizar su uso como desagüe de la creciente industria en la ciudad.
Esta escultura sonora retoma el trazado original del río a su paso por la ciudad; es un instrumento que se puede tocar, como si acariciando las cuerdas del arpa gigante su vibración limpiara simbólicamente las aguas del río.

Concebida en diálogo con la escultura sonora Cuando el río suena, Tornarse montaña propone una abstracción de la geografía de la ciudad en tapia pisada y un abrazo matérico tanto al arpa como a los visitantes de la ciudad y la exposición. La escultura de gran formato se suma a otras obras en la Sala de Fundiciones del Museo que reflexionan sobre los ecosistemas que determinan Medellín y las prácticas artesanales que allí se llevan a cabo.
La tapia es una técnica constructiva tradicional que utiliza materiales naturales compactados y que, usada desde la antigüedad, ha cobrado renovada vigencia por ser un método constructivo sostenible. Tornarse montaña retoma esta técnica común en la América precolombina y trae a las salas del Museo la tierra de la ciudad, generando un vínculo simbólico pero también concreto con el territorio.
Los cerros construidos en tapia hablan de la geografía y, por extensión, de las capas geológicas sobre las que se asienta la ciudad, de unos tiempos que no responden sólo a la inmediatez del presente urbano en constante transformación, sino al lento desarrollo del planeta. La escultura es un homenaje a las montañas relativamente jóvenes que protegen el río, y que invitan a pasear por sus laderas para repensar y resentir la relación con el río y con el territorio.
Las esculturas de la serie Ofrendas tienen como punto de partida las silletas que se elaboran en el corregimiento de Santa Elena con las que los silleteros bajaban a la ciudad a vender su producción de flores, y que se han convertido en una referencia de la ciudad de Medellín, especialmente durante la Feria de las Flores. Estas, a su vez, son una modificación del sistema colonial de transporte humano utilizado ampliamente en Antioquia desde el siglo XIX.
Sin embargo, las Ofrendas de Candiani apuestan por una inversión del objeto esclavizante que suponía un esfuerzo humano desmedido en función del otro, y se convierten aquí en una celebración del cultivo, las flores y los cerros de donde viene esta tradición. De esta manera, se revierte el objeto colonial de explotación –la silleta– a través de un acto de tejido y curación.
Las flores se sustituyen por formas con una geometría propia que refieren a las ilustraciones de seres marinos y microscópicos que viven en los ríos y, al mismo tiempo, a la configuración de la materia en el universo, en un gesto de resonancia entre forma y figura, de relación entre lo macro y lo micro presente en otras obras como Preludio cuántico.
Estas esculturas, que también recuerdan a los penachos de la obra Reverencia, están concebidas como ofrendas, pero también como elementos de una danza que hace posible el diálogo y sanación entre tradiciones, formas de vida y procesos industriales y artesanales.
La obra es un acercamiento metafórico a un río que, a partir de esa modificación en aras del progreso, se volvió inaccesible e incluso peligroso. La escultura permite así la interacción con esta, en una escala en la que es posible recuperar la relación con el río; se establece una correspondencia ritual a través de un instrumento acústico que refiere a ese trazo primigenio y a la posibilidad de actuar sobre su estado actual, por medio del oído y del tacto, a través del cuidado.

Las visitas de Candiani a la ciudad de Medellín derivaron, entre otras cosas, en una serie de paisajes sonoros basados en la escucha de la manera en que la naturaleza se manifiesta en el entorno urbano y extraurbano. A partir de estas grabaciones de campo realizadas en puntos significativos de la geografía medellinense como ríos y cerros, Candiani retoma una forma recurrente en su obra –la trompeta– para amplificar metafóricamente los mensajes que ella tiene para nosotros.
La instalación Prólogo está compuesta de siete campanas tejidas en mimbre dispuestas a una altura que permiten habitarlas temporalmente, y propone una relación entre las formas de lo sonoro y las de la naturaleza que, a su vez, emergen en otras obras de la exposición como las Ofrendas.
Prólogo (Siete campanas) es también una referencia a los saberes artesanales, a sus tejidos y materiales; sus formas recuerdan también una semilla, un hongo o un ser microscópico, y propone sintonizarse con los seres que cohabitan nuestro universo, con el paisaje y con la ciudad desde el inicio de la exposición. Es una invitación a afinar la escucha, a ecualizarnos con el paisaje y a ajustar nuestros sistemas sensibles a los seres, imágenes, sonidos e ideas que propone la exposición.

Tidal Choreography (Coreografía de mareas) surge de una residencia realizada por la artista en el pueblo costero de Glin, en la costa sur del estuario del río Shannon en Irlanda, y es parte de un sostenido interés por los ecosistemas fluviales. Durante su estadía, la artista observó el vínculo entre la marea del río y los habitantes del pueblo y cómo sus ritmos se influencian mutuamente.
Candiani pasó tiempo con un club de nadadoras locales mientras se dirigían diariamente al agua durante la marea alta. El video reúne imágenes por arriba y por debajo de la línea de flotación, con marea alta y marea baja, grabaciones de campo y melodías locales, así como palabras irlandesas relacionadas con el agua.
En su último día en Glin, más de cincuenta nadadoras locales se unieron a la artista para participar en la película. A través de esta combinación de fuentes se crean patrones, cambios de gravedad y se revelan mundos en los que agentes humanos y no humanos conviven armónicamente al ritmo de las mareas.
Tania Candiani: Ofrenda se presentó del 26 de abril 2024 al 1 de septiembre del 2024 en el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM).
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