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TEJAMOS NUESTRO FUTURO. BIENAL EN RESISTENCIA DE GUATEMALA

UNA CONVERSACIÓN CON MAYA JURACÁN


Somos la pareja menos infinita y menos adánica
que podría encontrarse en estos últimos 30 años de
Historia

Desde el punto de vista muscular
apenas hemos hecho poco más que dos perros.
Desde el ángulo cultural
hemos despertado bien pocas envidias

Pero este amor nos ha devuelto mejorados al mundo
y, entre nosotros, inolvidables.

Ahora vamos a hacer que alguien sonría
o paladee un pedacito de dulce tristeza
hablando de nuestro amor en este poema.

Roque Dalton, Epígrama, 1974.


La Bienal en Resistencia es uno de los eventos más inusuales, únicos y trascendentes del espacio cultural latinoamericano. Se realiza en Guatemala desde el 2019 con obras, artistas y acciones que intervienen en el espacio público, en edificios, plazas, calles y veredas. Es una Bienal que surgió desde la idea de “acción directa”, de “acuerpar los movimientos sociales”, de “activismo”, y que ha tenido un enorme impacto en la manera como se piensa tanto el circuito del arte como la relación entre el arte y la sociedad.

Su directora, Maya Juracán, la describe de la siguiente manera: “La Bienal en Resistencia surge como una forma de acuerpar la búsqueda por la dignidad humana; eso significa que somos una plataforma para acompañar todo aquel arte que busca la recuperación del tejido social y las resistencias”.

Su tercera versión estaba planificada para ser realizada en octubre de 2023, luego de un proceso de convocatoria abierta donde participaron más de 104 artistas y colectivos de toda América Latina. Producto de los sucesos políticos del mes de octubre que tuvieron profundo impacto en la ciudadanía de Guatemala, especialmente el intento de interrumpir la transición al poder del presidente electo Bernardo Arévalo, las comunidades indígenas iniciaron paros nacionales para exigir que se cumpliera la voluntad popular del voto que le dio el triunfo a Arévalo, hijo del presidente revolucionario Juan José Arévalo.

Las acciones y proyectos que estaban planificados para ocurrir en el contexto de la Bienal tuvieron que ser suspendidos. Algunos aceptaron el desafío de adaptarse a las demandas del contexto y a activarse en medio de las protestas. Finalmente, la presión ciudadana logró que se avanzara en la transición política y en marzo de este año se pudo realizar la 3.5 versión de la Bienal.

«Pegatina doméstica», de Virginia Ramírez [Chile]. Foto: Valeria Leiva

Tuve el privilegio de ser invitado como curador a su tercera edición. Las conversaciones que pudimos sostener desde octubre del año pasado apuntaron a evaluar y proponer un formato que permitiera conjugar en esta versión tanto las complejidades, peligros y amenazas que sufrió el equipo de la Bienal como a su vez sembrar una semilla de esperanza para el futuro.

En esto, la realización de un encuentro en el Centro Intercultural y Deportivo de Quetzaltenango/Xela que incluyera conversaciones, talleres, workshop e intervenciones fue la decisión más acertada. Titulado El encuentro de los necios, tuvo lugar entre 22 y 25 de marzo de 2024 (además, se realizaron dos acciones en la capital los días 20 y 21 de marzo). Las y los artistas de la Bienal en Resistencia, el equipo y la comunidad del Centro se trasladaron a Xela para pensar juntos y activar espacios que en el pasado reciente vieron tanto dolor y sufrimiento producto del conflicto armado.

Le propuse a Maya Juracán un diálogo que permitiera abarcar con profundidad todo lo vivido desde los primeros días de octubre hasta hoy. Puedo decir, con total transparencia, que haber participado en la Bienal fue una experiencia transformadora. Una cosa muy distinta es investigar, pensar y escribir desde el espacio académico e intelectual. Otra muy distinta es abrazar, reír y llorar junto a artistas, agentes y comunidades que están en una lucha constante por cuestionar el poder, el sistema y la realidad. Esta entrevista es una oda a la energía de quienes resisten día a día para hacer un mundo mejor con las herramientas del arte.

«Barricadas anticoloniales» de Rogelio Zárate. Cortesía: Bienal en Resistencia

Ignacio Szmulewicz (IS): Maya quisiera comenzar pidiéndote si pudieras compartir con la comunidad del arte en América Latina tu diagnóstico de lo que ocurrió en Guatemala durante el mes de octubre de 2023.

Maya Juracán (MJ): Guatemala ha librado una constante lucha por la libertad. Siendo nietas y nietos del genocidio, hemos venido abriéndonos camino hacia un país más digno. Recientemente, el pueblo guatemalteco inició una lucha incansable contra la corrupción, marcada por la renuncia en 2015 del presidente corrupto Otto Pérez Molina. Pero esto no fue suficiente, pues todos los poderes del Estado estaban cooptados por los corruptos.

Ante esta realidad, y tras las últimas elecciones que llevaron al poder al presidente electo Bernardo Arévalo (1958-), hijo del célebre Juan José Arévalo (1904-1990), quien fuera presidente durante la revolución y abogara por un Estado libre de corrupción, el gobierno actual se enfrentó a una serie de desafíos tras los resultados electorales. Surgieron acciones legales contra el partido vencedor, como la extracción de actas electorales por parte del Tribunal Supremo Electoral, la suspensión de partidos políticos y la criminalización de los manifestantes.

Cansados de esto, los 48 cantones de Totonicapán, una comunidad de pueblos originarios del occidente del país, se levantaron en un paro nacional indefinido que generó una dinámica de bola de nieve para todos los guatemaltecos que estábamos hartos de la corrupción. Así, los paros empezaron a reproducirse en todos los sectores del país, uniendo a barrios marginados y pueblos originarios. En el día más álgido se reportaron 180 paros nacionales en toda Guatemala, todos exigiendo la renuncia de la fiscal general Consuelo Porras, señalada de criminalizar acciones y casos de corrupción extrema.

«Barricada de flores», acción comunitaria de Wilmer Patzán junto a personas de San Juan Sacatepéquez durante las manifestaciones de octubre 2023. Guatemala.

IS: Las obras que se hicieron durante el paro de octubre del año pasado tuvieron que cambiar producto del contexto. Varias mutaron al momento de dialogar o entrar en contacto con las comunidades que estaban resistiendo. Se habló de cierta “espontaneidad” o de “acciones poéticas”. Wilmer Patzan en su obra decía: “El paro termina hasta que nos marchitemos”; Jeff Cán Xicay, “El paro cambió todo”; y Leslie Canela de Circo Peronia, “En un momento olvidamos que estábamos en el paro”. ¿Qué significó para ti y la Bienal lo que sucedió durante octubre de 2023?

MJ: No sé, es difícil de explicar, luchando por respirar, y de repente, encontrar un momento para tomar aire. Los peligros y las intimidaciones no solo nos afectaban a nosotros, sino también a nuestras familias. Me sentía en ese momento ahogándome, pero cuando hacíamos las acciones y veía cómo todas las comunidades nos apoyaban, se nos quitaba el miedo y seguíamos en el juego.

Era como tomar aire para seguir resistiendo; no sentías que alguien te rescataba, porque no era así; sentías que hacías lo posible por permanecer a flote, y creo que ese no es un sentimiento solo de nosotros, es un sentimiento colectivo como país. En ese momento usábamos todas las herramientas que teníamos para resistir y mantenernos vivos. La de nosotros era el arte y así permanecimos. Tal vez un día logremos salir del todo, pero por ahora estamos conscientes que estamos a flote, que tenemos aire, que sabemos reír.

Cada artista, al tomar conciencia del contexto en el que estábamos inmersos, no dudó en replantear sus proyectos. Algunos resultaron imposibles de realizar debido a la coyuntura que amenazaba con invisibilizar las diversas luchas sociales en curso. Así que se decidió en colectivo elaborar las acciones que la coyuntura pudiera acuerpar y correr para este año aquellas que pudieran elaborarse, manteniendo la esperanza de que las luchas sociales darían frutos y que un gobierno democrático y libre eventualmente se materializaría.

Club Social Topiario. Paulina Martínez [Chile] e Ignacio Szmulewicz [Chile] Cortesía: Bienal en Resistencia

IS: He podido conocer de cerca la pasión y entrega del equipo profesional de la Bienal en Resistencia. Cuéntame, ¿cómo se han mantenido en diálogo, escucha y producción en estos tiempos convulsionados?

MJ: La Bienal en Resistencia había elaborado una agenda que buscaba dar voz a la multiplicidad de resistencias frente a los acontecimientos actuales. Lejos de seguir con una agenda ajena al contexto, decidimos unirnos a los paros nacionales y realizar acciones que los acompañaran. Esta decisión implicó una rápida reorganización logística: dialogamos con los artistas y curadores, les informamos sobre los contextos sociales y buscamos acuerpar aquellas resistencias que se pudieran unir a la población en los paros cercanos a cada uno.

IS: En todo momento has hablado en plural para referirte al equipo de la Bienal, pero también a la sensibilidad colectiva con el arte. ¿Qué significa para ti la curaduría comunitaria?

MJ: Hoy más que nunca la curaduría comunitaria es un encuentro, un encuentro entre las prácticas artísticas y las realidades sociales de nuestro contexto. Es ensanchar el camino, abrir puertas, extender caminos. No podemos seguir pensando la curaduría desde los argumentos de propiedad o poder. Para mí la curaduría comunitaria se piensa desde los ojos de aquellos que seguimos aquí pese a todo. 

«Estampa laboral». Acción de Francisco Javier García Leyva [México] Foto: Julián Martínez
«Estampa laboral». Acción de Francisco Javier García Leyva [México] Foto: Julián Martínez

IS: Entonces, siguiendo con esta idea, ¿cómo ves a la Bienal en Resistencia en un mundo globalizado plagado de bienales?

MJ: La Bienal en Resistencia no se podría comparar con otra bienal. Creo que, en este contexto, es una bienal que tiene como mayor intención responder a su realidad, sin tener que ajustarse a presupuestos del mundo del arte ni satisfacer aspiraciones de galerías. De este modo, está directamente ligada a las comunidades, a los pueblos, a las resistencias, y es por eso que las tensiones políticas son un tema siempre. Lo que se logró en estos momentos no fueron triunfos de la Bienal en Resistencia, sino más bien la afirmación de su razón de ser como un proyecto comprometido con cumplir lo necesario en su misión.

IS: Y una vez que sucedieron las acciones de octubre, ¿cómo fueron las semanas y meses siguientes?

MJ: A diez días del inicio de los paros nacionales, es importante mencionar que sentía que estábamos seguros. Pero pronto el gobierno intentó criminalizar a las poblaciones en resistencia mediante diferentes herramientas de violencia digital y física, a las que le llamamos terrorismo. En esta línea, nos convertimos en víctimas del «doxxing», un método donde toda nuestra información personal apareció en sitios de Facebook falsos, lo que comprometió nuestros procesos de seguridad. Y tuvimos que recibir acompañamiento en materia de seguridad digital y psicológica.

«Cumbiemos el Sistema». Cortesía: Bienal en Resistencia
«Cumbiemos el Sistema». Cortesía: Bienal en Resistencia

IS: En medio de todo esto, participaste en un encuentro sobre prácticas curatoriales en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá. ¿Con qué sensación llegas a una instancia donde las plataformas institucionales son tan sólidas y fuertes?

MJ: Con miedo y rabia. Siento que este fue un buen momento para organizar mi rabia, para contar nuestras historias. Si van a permitir que nuestros cuerpos accedan a estos espacios, también deben permitir que nuestra justicia y nuestras resistencias entren. Y eso, a mi parecer, no se resuelve con una invitación. Más que nada, se resuelve con la reestructuración sistemática de cómo entendemos el poder. No se puede luchar contra el dictador si no lo reconocemos como tal, y nosotros somos parte del problema.

IS: El lema de la tercera versión de la Bienal en Resistencia fue la idea de lo “necio”, de resistir sin detenerse, de un estado de resistencia constante, implacable. ¿Crees que tuvo sentido el statement inicial?

MJ: Lo necio no es un tema, es un rizoma. Es lo que nos mantiene prudentes y atentos a las situaciones actuales de lucha y de resistencia en esta Latinoamérica. Si vivir una vida digna ya es difícil, imaginen tener el privilegio de hacer arte.

Diálogos en tiempos de resistencia. Jeff Cán Xicay [Patzicía], Wilmer Patzán [San Juan Sacatepéquez], Lesli Noemi Canela/La Papas [Guatemala], Maya Juracán [Guatemala], Ignacio Szmulewicz [Chile] y Josué Alvarado [Guatemala] Foto: Julián Martínez

IS: La Bienal en Resistencia 3.5 ocurrió en el Centro Intercultural y Deportivo de Quetzaltenango/Xela, ubicado a seis horas de la capital. El conjunto fue originalmente una estación de ferrocarriles en la década de los 30 del siglo XX. Luego se convirtió en una fábrica y finalmente fue utilizado como recinto militar con espacios destinados a la detención, tortura y muerte ¿Por qué decidieron realizar la Bienal en ese lugar?

MJ: Hay que ir donde las energías nos encuentran. Muchas veces el mundo del arte te dice que tienes que pertenecer o ir o estar en cierto lugar, pero para nosotros es diferente. La Bienal en Resistencia siempre perteneció a la calle y al espacio público. Es un lugar que piensa desde otro lugar, desde la resistencia, la calle y la memoria.

Cuando el Parque Intercultural me encontró, pensé en la memoria y en que muchas de las resistencias que nos acompañan son consecuencia de la historia que arrastramos. Es por eso que hablar de resistencias es hablar de nuestro pasado colonial, de nuestra guerra y genocidio, de nuestro intento constante de perseguir la vida. Por eso el Parque era vital para reescribir narrativas y apropiarnos de la historia. La Bienal fue uno de los primeros eventos públicos del lugar. En este espacio hablamos de resistencias colectivas, y estamos seguros de que las resistencias de aquellos que resistieron en ese lugar nos acompañaron.

«Pegatina doméstica», de Virginia Ramírez [Chile]. Foto: Julián Martínez
«Pegatina doméstica», de Virginia Ramírez [Chile]. Foto: Julián Martínez

IS: En una de las conversaciones en Quetzaltenango, Jimena Galán de Las Revoltosas utilizó la siguiente expresión en relación con las protestas: “Salimos seis, volvimos seis”. ¿Por qué los cuidados son ahora un elemento tan importante del activismo? Hace una década, las estrategias eran del tipo “hay que ir al choque”. ¿Qué ha cambiado?

MJ: Creo que el arte es una herramienta poderosa. En el transcurso de la historia, hemos visto innumerables casos de artistas perseguidos y exiliados por defender y cuidar la libertad. Yo no creo en el arte socialmente comprometido; considero que todos, como seres humanos, debemos asumir un compromiso vital en nuestras prácticas, independientemente de nuestra profesión. Por lo tanto, en estos tiempos, el cuidado es esencial. En la era de la supra comunicación, el arte brinda un elemento poderoso y crítico a la sociedad. A través de ciertos códigos y narrativas, puede respaldar y acompañar las demandas sociales, convirtiéndose en un instrumento vital para hacerse eco de las voces de las comunidades y sus luchas.

Y eso lo sabe el sistema, ya que la persecución se ha hecho permanente. Pero creo que entre más nos oprimen, más hemos encontrado maneras de no callarnos, de alzar la voz, de permanecer sin miedo. El miedo siempre retrocede, y lo hace en colectivo. No hay que olvidar que el problema también está en la institución del arte, y que muchas veces el arte es parte del problema. Tener los pies en la tierra es vital para el cuidado colectivo en el arte y el activismo. Debemos estar conscientes que acompañar la protesta es precisamente eso, acuerpar a los cuerpos en resistencia, y que por eso los cuidados desde el activismo también son colectivos.

IS: Para terminar, te quiero preguntar por una experiencia que compartiste en una de las conversaciones en Quetzaltenango/Xela. Contaste que el día que asumió la presidencia Bernardo Arévalo habías visto la manta de Jeff Cán Xicay que decía “Tejamos nuestro futuro” en un medio de comunicación internacional. ¿Qué pensaste en ese momento?

MJ: Una locura, pues en los cuidados de seguridad nos habían dicho que no podíamos hacernos presentes en ninguna manifestación pública. Me entristeció no poder llegar al Ministerio Público a celebrar con los 48 cantones su lucha, e ir a la plaza a la toma de posesión del presidente. Así que estaba viéndolo desde lejos.

En ese momento, un medio de comunicación graba la manta del artista Jeff Can Xicay y la veo e inmediatamente pienso en que sí estábamos ahí. Reflexiono sobre cómo lo que la Bienal en Resistencia provoca no es solo para el evento en sí, ni para ese momento específico. Busca que todas las obras tengan una trascendencia en la lucha social y en la conciencia humana. Y claramente “Tejamos nuestro futuro” será para siempre una frase que nos acompañe.

Las calles son nuestras. Violeta Quispe [Perú], Jimena Galán [Guatemala] y Pilar Bagur [Quetzaltenango] Foto: Julián Martínez

De la Bienal en Resistencia salí transformado. Desistí rápidamente de encontrar palabras y citas de la bibliografía común sobre activismo, arte público o intervenciones urbanas. Es un lenguaje que muchas veces no somos capaces de transmitir en la academia. La amistad, la fuerza, la alegría son todas emociones que nutrieron ocho días de experiencia en Guatemala. Escuchar las historias de vida tanto de artistas como del equipo de la Bienal me hace pensar en la dimensión humana de las luchas sociales, muchas de ellas, en base a decepciones, rabias, esperanzas, anhelos y fantasías. ¿Cómo será el mundo por venir? Uno donde el primer instinto sea encontrarse en los brazos de otros con quienes contener el dolor del presente y sembrar la semilla de un futuro mejor. Larga vida a la Bienal en Resistencia.

Ignacio Szmulewicz

Nace en Chile, en 1986. Es historiador, curador y crítico de arte. Se ha especializado en las áreas de arte moderno y contemporáneo, y arte público chileno y latinoamericano. Ha publicado los libros "Arte, ciudad y esfera pública en Chile" (2015), "El acantilado de la libertad. Antología de crónicas valdivianas" (2015) y "Fuera del cubo blanco: lecturas sobre arte público contemporáneo" (2012). Ha sido curador de las muestras Matadero (2012-2013), Spoilers (2013) y Ciudad H (2014-2015). Actualmente se desempeña como crítico de arte para la revista La Panera.

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