JENNY JARAMILLO: GESTO Y SÍNTOMA
Jenny Jaramillo es un referente imprescindible para comprender el surgimiento de lo que hoy se reconoce como arte contemporáneo en Ecuador. Su obra revela características que marcan una ruptura con las concepciones del arte moderno y se acercan más a la noción de arte contemporáneo, tal como se ha desarrollado globalmente desde la segunda mitad del siglo XX.
Reconocida recientemente con el galardón a la Trayectoria Artística de la última edición del Premio Nacional de Artes Mariano Aguilera, la artista ecuatoriana (Quito, 1966) se distingue por apartarse de la formación académica en artes plásticas en la década de los 90 en el país, optando en cambio por ampliar las prácticas artísticas visuales. Su exploración abarca diversas formas de producción artística, una fusión de dibujo, grabado, prácticas performativas, pintura expandida, instalación artística y video arte.
Estas características son claves para entender la importancia de que Jenny Jaramillo sea reconocida como la primera mujer ganadora del premio, a la vez que permiten valorar su vínculo con el campo de la docencia y su relación con el espacio arquitectónico del actual Centro de Arte Contemporáneo de Quito, donde mantuvo su taller durante la década de los 90. Estas dimensiones históricas, estéticas y políticas constituyen los cimientos para la exposición antológica en el CAC, que recopila de forma singular una serie de obras consideradas hitos en la carrera de la artista.
Este proyecto fue llevado a cabo en colaboración con la curadora Lupe Álvarez, quien, además de mantener una estrecha relación con Jenny Jaramillo, aporta una amplia experiencia en el ámbito curatorial gracias a su contribución crítica en la construcción y desarrollo de las nociones de arte moderno y contemporáneo en Ecuador y América Latina.
La exposición se gestó a lo largo de un año, durante el cual se elaboró un enfoque curatorial que dialogó, junto con la museografía, con los fundamentos sensibles presentes en la obra de Jaramillo. En este aspecto específico, se contó con el respaldo del artista Patricio Dalgo, quien contribuyó al desarrollo del montaje expositivo y la narrativa de la exposición.


La exposición antológica, presentada entre mayo y octubre de 2023 en los pabellones 1 y 2 del Centro de Arte Contemporáneo de Quito, se aparta de una visión histórica cronológica. En lugar de centrarse en aspectos lineales de la producción de Jenny Jaramillo, propone un recorrido que indaga en los cuestionamientos recurrentes que la artista ha explorado a lo largo de su vida.
Los quiebres de la identidad, la ruptura e imaginarios relacionados con las concepciones del cuerpo femenino, y el cuestionamiento de las normas de lo bello son inquietudes que se manifiestan como gestos reiterativos, transformando estas ideas en propuestas expresadas a través de diversos medios.
Esto desencadena acciones poéticas en las que se recopilan, editan y organizan elementos a los que se les insufla nuevos significados. Así, en gesto y síntoma nada es definitivo. Se juega con el dinamismo de lo inacabado y los relatos de aquello que vuelve a existir.
Los espacios de la exposición toman la forma de vasos comunicantes que guían a los visitantes a través de estados emocionales, incertidumbres y acontecimientos hacia lo imprevisto. Y no solo lo hacen de forma simbólica sino también espacial, al abrir ventanas que eliminan la distancia entre la primera y la segunda sala.
De esta forma, es posible recorrer libremente el espacio y adentrarse subjetivamente en las inquietudes definidas por la artista, sin un punto de inicio o cierre preestablecido. En sintonía con estas intenciones, a lo largo del espacio se encuentran burbujas con textos escritos por la artista, en los cuales realiza apuntes sobre su obra, reflexiones sobre el contexto histórico local y recuerdos de diversos eventos significativos de su trayectoria artística.

Dada la naturaleza efímera de la producción de Jenny Jaramillo, pocas de sus piezas se encuentran en colecciones públicas o privadas del país. Por este motivo, la exposición presenta en mayor medida obras reinterpretadas o producidas para la muestra. Esto genera una interesante discusión con respecto a las implicaciones de una exhibición antológica como parte del Premio y la necesidad de la artista de presentar obras inéditas.
Ejemplo de esto es la instalación audiovisual ubicada al final del pabellón 1. Aquí se presenta a la artista mientras realiza una acción performativa en la que recorre en línea recta uno de los antiguos pabellones del ala norte del Centro de Arte Contemporáneo.
Ella carga sobre su espalda un cúmulo de ramas forradas con pelaje animal y cucharas metálicas que van cayendo sobre el suelo de madera. Sobre la proyección de esta imagen, se ha pintado en la sala la representación de una puerta idéntica a la ubicada en el antiguo pabellón. La intervención fue realizada por Patricio Ponce, artista de la misma generación que Jaramillo. Este vestigio casi fantasmagórico del objeto es una superposición y alegoría a antiguos espacios habitados por la artista, en diálogo con un ejercicio corporal que produce una imagen casi grotesca de sí misma.



El tratamiento de los registros de acciones performativas también implica una postura conceptual en relación con su formato de exhibición, toda vez que se cuestionan las posibilidades de su permanencia más allá del documento y se replantea la manera de interactuar con este vestigio. En este sentido, se consideró ampliar la noción de soporte para pensar en estos archivos desde una dimensión instalativa.
Este es el caso de una de las piezas ubicadas en el pabellón 2, compuesta por tres videos. Dos de ellos documentan acciones realizadas en 1999 como parte de la residencia de Jenny Jaramillo en la Rijksakademie Van Beeldende Kunsten de Holanda, mientras que el tercero registra la obra Huelo a quemado del año 2022.
Los videos se disponen de manera circular sobre armazones de acero, acompañados por un objeto sonoro que se vincula con las imágenes. Este artefacto sonoro, producido por el artista Patricio Dalgo, advierte una intención que permea toda la exposición: el uso de dispositivos de tecnología básica (low tech).
En esta serie de obras se refleja la intención de Jenny Jaramillo de explorar la performance y el video performance desde finales de la década de los 90, planteando discusiones en lenguajes pioneros y poco visibles incluso en la actualidad.
Este es el caso del video Sin título (1999), adquirido como parte del Premio Mariano Aguilera a la Trayectoria Artística. En esta obra vemos un plano cerrado de la artista mientras ejecuta una suerte de coreografía frente a la cámara. Su rostro no es visible, y la atención se centra en su camiseta quemada, que se desplaza delante de la silueta de un paisaje costero. En este acto corporal se vislumbra el ímpetu de un acto performativo que indaga en los límites del retrato, la identidad y los juegos de la representación en su dimensión política y estética.
Otro testimonio que queda plasmado en una de las paredes de la sala de exhibición es el registro del performance Piel, pared, galleta (1995), la primera performance de la artista. Dentro de la propuesta expositiva, este acto se representa nuevamente a través del trabajo del artista Patricio Ponce. La pintura reinterpreta la fotografía de registro original de la acción, llevada a cabo en el Antiguo Hospital Militar, ahora el Centro de Arte Contemporáneo. Con pintura al óleo, se reescribe de forma especulativa un instante en el que se observa la cadena de galletas expandiéndose en la pared, mientras la artista, cubierta de pintura blanca, espera la llegada de los visitantes.


gesto y síntoma es una puesta en marcha hacia lo indefinible. Un encuentro con inquietudes que rozan la obsesión, camufladas en narrativas que se asemejan a un uroboro. Es un eterno retorno a preguntas que responden a estados emocionales y experiencias de un entorno aparentemente feroz.
Madera, cartón, periódico, ramas, telas y objetos son seleccionados cuidadosamente por la artista para articular lenguajes que se expanden más allá de las paredes, que trascienden los soportes que los contienen.
La narrativa curatorial, cuidadosamente diseñada, refleja un intenso trabajo de revisión por parte de la curadora y una decidida voluntad de la artista de compartir su trayectoria artística. Al tratarse de una artista que trabaja con lo efímero, el haber podido reunir gran parte de su carrera en un mismo espacio es algo inusual, casi irrepetible.
gesto y síntoma se permite revisitar piezas poco vistas o creadas específicamente para este lugar, lo que genera una sensación de vitalidad sumamente palpable. Las menciones al pasado no se manifiestan como rígidos bloques de información, sino como guiños que fluctúan entre la historia personal de la artista y las experiencias del contexto social y político del país.




El aporte sostenido de Jenny Jaramillo al campo artístico local es evidente, a pesar de la falta de visibilidad de sus prácticas y las múltiples incertidumbres que caracterizan a una profesión con más interrogantes que certezas. A esto se suma la escasa revisión del trabajo de artistas mujeres pioneras en el campo del arte, no solo en Ecuador sino también en la región.
De allí la importancia del Premio Nacional de Artes Mariano Aguilera, que visibiliza propuestas de investigación-creación en procesos artísticos poco conocidos en el ámbito local y se ha consolidado como el programa de fomento más longevo y relevante en Ecuador.
Consta de dos categorías: Becas para proyectos de arte contemporáneo y Trayectoria artística. La segunda apunta a reconocer la trayectoria de un/a artista o colectivo que, a través de su carrera, haya aportado a la escena del arte contemporáneo nacional de forma sostenida durante al menos veinte años.
El galardón incluye un incentivo económico de 20.000 dólares, la donación de una pieza del/la artista para formar parte de la colección del Premio Mariano Aguilera, la producción de una exposición antológica en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito y la publicación de su respectivo catálogo.
En un contexto como el de Ecuador, estos incentivos son fundamentales para fortalecer la infraestructura cultural y saldar una deuda histórica con aquellos agentes culturales que han cimentado con su práctica la difusión del arte contemporáneo en el país.
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