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LA TIRANÍA DE LA ORIGINALIDAD

Como ganador de la Bienal de Pintura y Dibujo Enrique Guzmán 2022, Enrique López Llamas presenta la exposición La maldita primavera en el Museo de Contemporáneo no. 8 de la Ciudad de Aguascalientes, México. La muestra, inaugurada en septiembre de 2023, sucede en la sala contigua a la colección permanente del museo conformada por pinturas del artista neomexicanista Enrique Guzmán (Guadalajara 1952 – Aguascalientes, 1986).

Quienes conocen el trágico desenlace de la vida de Guzmán y sus pinturas inundadas de simbolismos autorreferenciales bajo cielos azules de color pastel, además de la influencia que tiene en la obra de Enrique López Llamas, entenderán que su cruce en el espacio del museo no es casual. Ambos artistas construyen cosmogonías personales por medio de la recolección de imágenes provenientes de diferentes contextos sociales, interpelados por situaciones similares: la cercanía a las enfermedades de salud mental y la angustia de llegar a ser un artista prestigioso.

Para este proyecto, López Llamas hace uso del espacio expositivo de forma particular, creando una disposición escenográfica que funciona como cuadro teatral para las cincuenta y siete pinturas suspendidas, realizadas con antidepresivos, ansiolíticos, analgésicos molidos y pintura acrílica sobre cartón. Dos murales revisten las paredes de la sala, mientras que una pieza de video resulta ser la pieza angular de La maldita primavera.

La maldita primavera, de Enrique López Llamas, en el Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes, México, 2023-2024. Cortesía del artista
La maldita primavera, de Enrique López Llamas, en el Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes, México, 2023-2024. Cortesía del artista

Destacan las pinturas semejantes a props o recortes que hacen referencia a pinturas canónicas de la historia del arte. El paisaje escenográfico se ve tapizado de flores de todos colores. Lirios, girasoles, narcisos, rosas conviven con logos de empresas farmacéuticas, extremidades humanas amputadas, animales muertos y objetos punzocortantes.

Las referencias pictóricas van una a una manifestando su simbolismo. Entre ellas, sobresalen el brazo de La Muerte de Marat (1793, Jacques-Louis David), los alcatraces del Retrato de Natasha Gelman (1943, Diego Rivera), el hombre afligido de Melancolía (1892, Edvard Munch) y los murales verde con azul como Homenaje al cuadrado de Josef Albers (1950) y Rojo con azul de Ellsworth Kelly (1964).

Sin embargo, las referencias no deben entenderse desde su literalidad, sino en el conjunto de su selección como resultado de una narrativa personal articulada durante más de dos años por el artista. Tal es el caso de Saturno devorando a su hijo de Francisco de Goya (1819-1823) como referencia directa al silencioso trastorno maniacodepresivo instalado por años en la vida de Enrique y de su padre.

De pronto, una melodía de xilófono se escucha por toda la sala. Da la sensación de estar ante un espectáculo a punto de comenzar. Es la melodía de la popular canción que comparte el nombre de la muestra (La maldita primavera), mientras que por la pantalla corre el texto de sala a manera de guion expositivo.

A lo largo de cinco actos, López Llamas articula una narrativa en espiral llena de dilemas personales y cuestionamientos en torno a la originalidad de una obra de arte y la expectativa de alcanzar el reconocimiento entre el vórtice de los cánones de la historia del arte.

La maldita primavera, de Enrique López Llamas, en el Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes, México, 2023-2024. Cortesía del artista
La maldita primavera, de Enrique López Llamas, en el Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes, México, 2023-2024. Cortesía del artista

Pareciera que la pieza de los bailarines con cabeza de pastillas cobra vida tomándose de las manos para revivir La danza de Henri Matisse (1910). Giran, sonríen y saltan al ritmo de la melodía sobre la pila de fármacos.

¿Qué sucede en esta maldita primavera? No es una escena bucólica, mucho menos deliciosa y paradisíaca. Es un escenario que muestra pinturas vivas, realizadas con medicamentos pulverizados para hablar sobre la angustiante presencia de las enfermedades mentales en la sociedad contemporánea.

Inevitablemente, pienso en el universo farmacéutico de Damien Hirst, en su famosa instalación Pharmacy (1992) y sus proyectos consecuentes en donde la fe espiritual tradicional se ve trastocada por la fe moderna en las drogas medicinales.

Especialmente, me remite a Lullaby spring (2002), pieza que reproduce una vitrina clínica de casi tres metros de largo repleta de cápsulas y pastillas hechas en bronce y pintadas a mano en colores brillantes, generando un juego caleidoscópico para evocar el ciclo natural del paso de las estaciones, en referencia directa a la icónica pintura de Sandro Boticelli Allegoria della primavera (1477), obra que también aparece en esta puesta escenográfica.

La maldita primavera, de Enrique López Llamas, en el Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes, México, 2023-2024. Cortesía del artista

De inmediato recuerdo una pregunta que aparece en el monólogo de la pieza central de video: ¿Y ustedes se preguntarán para qué realizar una reproducción más de imágenes que han sido reproducidas hasta el cansancio? A pesar del aparente paralelismo entre estos dos artistas, la apreciación estética de Hirst y su adoración por la farmacéutica difiere de la insistencia benjaminiana de López Llamas por evidenciar formas de reproducir la imagen tanto en su condición formal como simbólica, apuntalando hacia lecturas contemporáneas de problemáticas del pasado aún vigentes, como son los temas vinculados a las enfermedades de salud mental. 

Ahondar en zonas donde aspectos de la reproductibilidad de la obra, su originalidad y validación en el sistema del arte contemporáneo parecen fundirse, ha sido una preocupación constante en el trabajo de Enrique López Llamas.

Recurrentemente hace uso de recursos cinematográficos, no como director de arte sino como editor que corta y pega fragmentos de narrativas para producir videos que resultan el nudo tensor entre sus pinturas y piezas de instalación que contienen códigos socioculturales, episodios de su vida personal y planteamientos políticos que intentan pulverizar los cánones historiográficos.

La práctica de Enrique guarda afinidades con el performance y la producción de video, evidentes en proyectos anteriores como El deseo entró por la ventana (2014-2015), El vencedor Subvertido (2016-2018),y Furia Norteña (2019).

La maldita primavera, de Enrique López Llamas, en el Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes, México, 2023-2024. Cortesía del artista

No es hasta 2021 —desde su apacible y reiterativa paleta de colores pastel— cuando comienza su investigación en torno al consumo de fármacos prescritos para tratar la depresión, retomando la pintura como uno de los medios para cuestionar el uso de las imágenes más allá de los confines del mundo del arte, a merced de voraces industrias de consumo, como la farmacéutica.

Así lo vemos en su exposición [Transición fundido a blanco] (2021), en donde intervino una de las salas del Museo de Arte Carrillo Gil con un mural hecho a base de pintura acrílica y antidepresivos molidos, reproduciendo a gran escala el diseño de un empaque de antidepresivos por toda la habitación.

En La maldita primavera hay una traslación entre medios: del montaje escenográfico al performance, de la pintura a la edición de video, del corte y confección de materiales a la escritura. Esta puesta en escena es la culminación de una investigación artística de más de dos años, en la que se congregan todos los elementos simbólicos e íntimos del universo del artista en un festín que no es ya una naturaleza muerta, ni un homenaje a los anales de la historia, sino una celebración con pinturas que cobran vida, que celebran el prestigio pero, sobre todo, la muerte de su tiránica originalidad.


La maldita primavera, de Enrique López Llamas, se presenta hasta el 21 de enero de 2024 en el Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes, José María Morelos y Pavón S/N, Centro, Aguascalientes, Ags., México.

Adriana Flores

Ciudad de México, 1993. Historiadora del arte de formación, curadora y gestora de profesión. Le interesan las redes que se tejen entre agentes independientes del circuito del arte, para visibilizar formas colaborativas de trabajo al margen de la institución. Ha curado exposiciones en distintos espacios independientes y galerías, como Studio Croma y Espacio Cabeza, y ha impartido talleres sobre historia del arte y curaduría contemporánea. Actualmente es directora de Lava, plataforma curatorial que propicia encuentros transversales entre curaduría, gestión e investigación de prácticas artísticas.

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