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ROSARIO ZORRAQUÍN: OCELLI

“Ocelli” son los pequeños ojos periféricos que algunos insectos usan para detectar la luz y el movimiento. Ocelli es, además, el título de la primera exposición de Rosario Zorraquín en Nueva York. En la nueva sede de la Galería Revólver, la artista presenta una serie de pinturas realizadas durante el último año que despliegan juegos de transparencias, luces, sombras, e inscripciones vinculando el cuerpo, la escucha, la traducción y el encuentro.

Hace unos años, con la serie Oruguismo (2020), Zorraquín comenzó a trabajar sobre los estados corporales, sus ciclos y los trances entre la memoria física, racional y afectiva. Inspirada en las metamorfosis de la naturaleza e investigando la potencialidad de lo informe, fue desarrollando rituales de intercambio, los cuales comenzó a oficiar metodológicamente en la intimidad entre ella y distintas personas. Las sesiones comenzaban con la lectura háptica de un glosario de signos que la artista alimenta hace más de una década, y que usa como medio para dislocar la organización más racional del lenguaje y la memoria.

Vista de la exposición Ocelli, de Rosario Zorraquín, en Galería Revólver, Nueva York, 2022. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición Ocelli, de Rosario Zorraquín, en Galería Revólver, Nueva York, 2022. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición Ocelli, de Rosario Zorraquín, en Galería Revólver, Nueva York, 2022. Foto cortesía de la galería

Los trabajos reunidos en Ocelli son una continuidad de esta investigación donde, cada vez con mayor intensidad, las obras son mapas translúcidos de ese intercambio subjetivo. Pintadas sobre gasas, tienen inscripciones y dibujos entreverados de líneas realizados con fibras, que a veces parecen visiones místicas por las que trepan manchas de colores acuosos que se extienden como vapores en la tela. Los dibujos provienen de cosas que se dijeron durante las sesiones de lectura, o a imágenes que quedaron flotando en el aire en el taller de la artista.

Una de las piezas centrales de la muestra, Plutoniana (2022), es una pintura de una silueta a tamaño real de un cuerpo formado por palabras y frases que lo vanrecorriendo como un camino de hormigas, en todas las direcciones, perdiendo y recuperando el sentido. La obra fue realizada durante una lectura donde el participante fue envuelto mientras que la artista tomaba notas y dibujaba sobre él, registrando sobre la tela lo que iba escuchando.

De estas sesiones los trabajos de Zorraquín se desprenden como sudarios. Pero en lugar de la singularidad milagrosa que suponen las imágenes producidas por osmosis divina, las obras de la artista señalan lo colectivo y lo vincular: la necesidad del otrx como medio en el arte. Equiparan la pintura con la escucha y el dibujo con la palabra, subrayando la voz a través de la trama como un conducto para salirse de unx mismx.

Vista de la exposición Ocelli, de Rosario Zorraquín, en Galería Revólver, Nueva York, 2022. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición Ocelli, de Rosario Zorraquín, en Galería Revólver, Nueva York, 2022. Foto cortesía de la galería

Si para algunos artistas la tela es una superficie compacta donde se desarrolla la imagen, las obras de Zorraquin contienen, por contacto, el tipo de memoria que se eleva del cuerpo al ponerlo en pausa y al entrar en estados alternativos de conciencia y de ensoñación. Condensan un proceso de trabajo somático, como una terapia, de numerosos pasos y superposiciones que incorpora el intercambio como una parte esencial de la obra. Son pinturas porosas, llenas de aire. Ponen en foco el encuentro, la escucha, la traducción y la notación, reteniendo el afecto de quien entró en contacto con ellas.

En el pasado, en series como Glosa (2014) y Tamizha (2017), Zorraquín investigó la monocromía, la invisibilidad, la iridiscencia como efecto y como materia pictórica. Sin embargo, con Ocelli, cada vez más su obra está desplazándose desde la superficie de la tela hacia sus aspectos internos: sus funciones de trama, de filtro, de elemento capaz de contener los límites del cuerpo y de curar. Como superficie de memoria, las obras de la muestra recuperan una experiencia, una parte de unx otrx, y con sus juegos de invisibilidad son capaz de mirar al ser miradas.

Laura Hakel

Tiene un máster en Estudios Curatoriales por el Center for Curatorial Studies (CCS), del Bard College (Annandale-on-Hudson, NY), es historiadora del arte por la Universidad de Buenos Aires, y cursó el programa curatorial de la Universidad Torcuato Di Tella (Buenos Aires). Entre sus posiciones institucionales recientes destacan: curadora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (2018-2020) y educadora del departamento de Educación del MALBA (2014-2015). Ha curado numerosas exposiciones, entre ellas individuales de lxs artistas Mercedes Azipilicueta, Liliana Maresca, Gabriel Chaile y Ana Gallardo.

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